
Para quienes más o menos hayan seguido la literatura de Anne Rice, quizá vean extraño que haya comenzado precisamente por la octava entrega de Las Crónicas Vampíricas. Su explicación radica en que, junto con Armand, Marius es mi personaje favorito, más incluso que Louis o Lestat.
En Sangre y Oro encontramos la historia del vampiro Marius, quien en su vida humana fue ciudadano romano, por lo que es un milenario. Es cuando los recuerdos le asaltan de forma dolorosa y se siente como en un asedio que Marius relata su historia, un recorrido a lo largo de grandes épocas y momentos que, a pesar del dolor producido, no dejan de ser dignos de ser recordados. Así, en su periplo histórico descubrimos que es convertido por un druida, que huye a Constantinopla en su apogeo y allí conoce a su inolvidable Eudoxia, que su amor por Pandora es inolvidable, y que después, refugiado en su mansión veneciana -donde más tarde acogerá a Armand y a otros jóvenes con talento- vivirá en el Renacimiento italiano, hechos que configurarán su forma de ser solitaria, puesto que la inmortalidad ya le fue otorgada.
Nostalgia, folclore y ficción van de la mano en esta fabulosa novela en la que se expanden pequeños detalles y se aumenta la leyenda comenzada con «Entrevista con el vampiro». Poco a poco las situaciones aparentemente deshiladas quedan unidas bajo la mano de Marius, protector de los reyes vampíricos. Es de los mejores libros de Anne Rice, de hecho, fue el que más me gustó junto con «El vampiro Armand», antes mencionado, y «Merrick», donde Las brujas de Mayfair -que, para mí, su máximo exponente es «La hora de las brujas», - y las Crónicas Vampíricas se unen en perfecta armonía. Vigilad las ventanas por las noches, nunca se sabe si Marius puede estar esperando.


2 comentarios:
Gracias por el comentario, mi querida agregada cultural de Melilla en Guelyland!
Ojalá estuviese Marius esperando, me lo fustacaba. No sabía que fuese también tu vampiro favorito
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