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17 de noviembre de 2009

Ítaca, Constantinos Cavafis

Reconozco que no es muy ortodoxo comenzar una entrada a las seis y media de la mañana (hora española) y, quizá menos, ilustrarla con una imagen del autor al que hoy pretendo «honrar» a mi manera, pero lo que hoy os traigo no es un libro completo -yo lo he sacado de una Antología Poética de Alianza Editorial, pero quién sabe-, es el poema, que creo que es uno de los más hermosos que se ha escrito, y eso que yo no soy mucho de poemas.
De madrugada y tras haber estado pensando bastante rato oyendo aullar al viento llegué a la conclusión de que soy muy poco original en momentos de bajón emocional, puesto que, en ellos, mi imaginación, previendo el mal estado que se avecina, coge sus maletas y decide tomarse un respiro, como contrapartida, es la música de Ismael Serrano la que suele acompañarme cuando estoy así, y es precisamente que este viento me trajo al oído las palabras de una de sus canciones, una de mis favoritas, «Prende la luz», que viene a decir en un momento "Si llegaremos a Ítaca, quizá sea lo de menos...", y fue en este instante donde la iluminación bibliófila encendió una chispita y dijo: eh, Cavafis, recuerda a Cavafis, ahora más conocido -creo que tristemente- por el anuncio de un coche más que por sus obras, no debería estar olvidado.
Este griego constituye el mayor exponente de la literatura griega moderna, que Homero me perdone, y tiene mucho atípico en tanto que los temas que trata en su época no son los normales. Es decir, no era simplemente un borrego más, sino que, en su diferencia, trataba de innovar.
Es uno de los referentes de la poesía de la experiencia, de la que luego se empaparían poetas españoles de la talla de mi amado Luis Cernuda, además de contar con referencias históricas, tal vez olvidadas, que dotan a sus poemas de un aire exótico y heróico, como reflejo vivo de vidas muertas, como un rapsoda clásico anclado a lo moderno.
Esta gesta moderna comienza precisamente con esta estrofa:
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.


Revelador, ¿eh? A veces nuestra Ítaca puede ser cualquier pequeño objetivo marcado, no la gesta más rimbombante. Esta vez, mi Ítaca, ha sido volver a escribir, mejor o peor, pero balsámico y liberador en cualquiera de los casos. Esta vez no hay Poseidones que interrumpan el camino.
La canción inspiradora, aquí.


2 de noviembre de 2009

Historia de O, Pauline Réage (Dominique Aury)


Hoy no es un gran día, de hecho hasta me costó decidirme por lo que comentar y empezar este mes, y, aprovechando esta vena entre agresiva, reivindicativa y curiosa que me dio, decidí comenzar continuando el final de mes, es decir, seguir con la novela erótica, con una vuelta de tuerca más. Aunque...he de reconocer que, de no ser por H, tal vez seguiría pensando sobre qué escribir, así que...gracias, pequeña.
Me resulta imposible pensar que alguien no haya oído hablar de ella. De hecho, me resulta imposible que al menos no se haya escapado un susurro en vuestro entorno que no hiciese referencia a ella o algún comentario, dado su alcance. Y digo esto porque fue precisamente esta historia y no otra la que marcó en cierto modo el nacimiento del BDSM moderno, que ya había apuntado, como no podía ser de otro modo, el Marqués de Sade con su bendita Justine, entre otros grandes perversos y literatos.
«La Historia de O» narra la realidad de Odile y su desempeño, todo lo que hace por amor,y es que es por amor que se deja encerrar sufriendo las mayores vejaciones y humillaciones, incluso se deja regalar, y adopta una nueva vestimenta en un proceso de deshumanización tremendo y salvaje. Precisamente ese concepto y ese proceso de deshumanización comienza desde el momento en que pierde su nombre para responder sólo a una letra.
Esta deliciosa y perversa obra de Dominique Aury, bajo el pseudónimo de Pauline Réage, os hará disfrutar. Por lo menos, tener ganas de descubrir, de no temer. Lo dejo a vuestro criterio, mis pequeños curiosos.