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31 de julio de 2010

La aventura del tocador de señoras, Eduardo Mendoza


Y termino el mes como lo empecé, concluyendo, además, "la Trilogía del detective innombrado" del fantástico Eduardo Mendoza. Es algo que no quería posponer más.
Realmente esta es la más actual de las tres -entre la publicación de las dos primeras y de esta transcurrió cierto tiempo, casi parecía que nunca iba a dar la puntada final a la Trilogía- y la que, quizá, puede identificarse más por el tema de la cercanía en el tiempo; no obstante, sigue llevándose por el estilo inconfundible de Mendoza y su grandeza.
En esta vuelve a abandonar el manicomio el detective innombrado para no volver en principio, y lo que debería haberse convertido en una vida apacible después de tanta aventura frenética, vuelve a ser interrumpida y bloqueada por verse inmerso en un robo donde la más alta alcurnia de la burguesía catalana y personajes de la baja estofa de la ciudad, contando, incluso, con la clase política, contra los que tendrá que luchar para demostrar que él es más inocente que todos ellos juntos.
Lo estrambótico y lo turbio siguen acechando por doquier y, las cosas que, en principio, deberían haber cambiado con el paso de las décadas que se pudrió entre las paredes de aquel sanatorio mental, siguen siendo las mismas, solo que con otro nombre y quizá otro color.
Quizá, lo mejor de todo, es que la pauta de escritura y del final queda establecida desde el principio, desde «El misterio de la cripta embrujada», y consigue adaptar cada novela a su tiempo, siendo la primera, todavía, heredera de consignas y quejas de una Transición que comenzaba a vislumbrarse y la última, por ejemplo, dueña y reflejo de la resaca olímpica que aún emborrachaba Barcelona después de tantos años, como si se quisiera vivir de lo mismo y no abandonar esa vieja gloria otorgada por la dedocracia más recalcitrante. Viejos problemas con nuevas ropas. Además, la evolución de los personajes no se olvida. No es uno de estos casos en los que se escribe por escribir sin atender a lo importante.
Como ya dije, Eduardo Mendoza, si en algo destaca, además de en lo obvio, es en la capacidad innata que posee para dotar de realidad lo que escribe, y me explico. Se advierte la perfecta evolución de las vidas y de las mentes de sus personajes, que no siempre tienen por qué ir de la mano, y queda patente en su caracterización. Es algo que me gusta, porque tinta de humor negro las realidades y consigue que sean, si no iguales, parecidas a lo que podemos encontrar por la calle un día cualquiera. El hecho de que haya un amplio catálogo de personajes no exime al escritor de poder dotarlos de vida, y eso, reconocedlo, no es algo que todo el mundo sea capaz de hacer.
En resumen, una fantástica alegoría de lo que se es o se puede llegar a ser. Un curioso viaje a lo antiguo sin movernos de lo nuevo.

2 que opina(n) acerca de este libro.:

Palimp dijo...

Como dices es muy actual y no es difícil reconocer las caricaturas de personajes reales. Como siempre, muy divertido.

Diego García dijo...

hola!! acabo de descubrirte por el concurso este de los premios 20blogs y nada, que muchisima suerte!!!

y bueno, ya que estoy te permito que te pases por el mio que participa en humor.. y si quieres también te permito que lo votes!! xDD

un saludo!! :D
sorcios.com