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16 de septiembre de 2011

Kamla y su pandilla, Juan Garbín


Hoy me he levantado quizá más sentimental de lo normal, quizá sea porque me ha dado por pensar que este mes que viene me resulta infame desde hace unos cuantos años, o quizá porque simplemente el día invita a ello.
Admito que tengo la fantástica suerte de conocer a parte del panorama artístico de Melilla, bien por coincidencia, bien porque eran amigos de mi madre, o incluso profesores suyos y luego se han convertido en personas importantes para mí. Pero hay alguien especial, muy especial, y ese alguien es Juan Garbín.
Juan es un hombre bajito, muy amable, mayor pero no viejo, con una expresión que te hace sentir bien. Cuando te habla te hace sentir importante, válida, y te anima, aunque él esté malito y lo esté pasando mal.
La primera vez que le vi tendría yo seis años y me acuerdo que mi madre me había comprado una libreta de La bella y la bestia absolutamente maravillosa para mí en ese momento, y yo no sabía en qué usarla, y me dijo que por qué no escribía. En un momento dado pues ni siquiera me lo planteé, quizá ni me acordaba, pero un día cualquiera lo intenté, y escribí un cuento, mi primer cuento, que, por cierto, trataba de Melilla; y se lo enseñé, y la verdad es que le gustó, decía que era muy pequeña para haber escrito eso y que estaba convencido de que debía seguir haciéndolo.
Aún hoy cuando me lo encuentro sigue animándome a escribir. Y me regaló y dedicó un libro, casi podría decirse que el primer libro que destrocé de tantas veces que lo leí, y este libro es «Kamla y su pandilla», el que os traigo hoy para mostraros y para homenajear a este grande de la literatura melillense y española, ya que en la ciudad sólo se acuerdan de los suyos, de los que aparentan bien en las fotos y no de aquellos que realmente valen la pena.

La verdad es que «Kamla y su pandilla» es una historia muy facilita pero muy profunda, no en vano está escrita para niños en un principio, pero no exclusivamente para ellos. Juan dice que todos somos sus niños y que aunque seamos mayores siempre seguiremos siéndolo, y quizá ahí radique esa ternura infinita que emana.
Es un canto a la multiculturalidad, algo tan necesario y a la vez tan presente en estos tiempos. Cada uno de los chicos es de una cultura o religión pero todos son amigos y son felices, y van descubriendo los lugares y los tesoros de la historia de Melilla a través de su viaje. Muchas veces, sobre todo de más pequeña, cuando he subido a Melilla la Vieja, me he descubierto pensando en cómo sería si yo hiciera ese viaje, si cada lugar en la antigua fortaleza cobrase vida como en la historia de Juan.
Me apetecía, no sé. Ni siquiera sé si podréis leerlo alguna vez, pero me gusta que quede constancia de que la literatura local también puede ser fantástica, en cualquiera de sus vertientes, y de que quiero un montón a Juan Garbín y que esta es mi particular forma de demostrárselo.
Espero que sepáis disculpar la imagen, la he hecho yo con mi móvil y está un poco rara, pero se ve lo importante.

3 que opina(n) acerca de este libro.:

Zamarat dijo...

Has hecho un homenaje precioso, tanto a tu infancia como al autor, su libro y Melilla. Mi padre es de Melilla; yo he estado allí una sola vez, pero la recuerdo con cariño. ¿Crees que me será muy complicado lozalizarlo aquí en Madrid? Puede que le guste a mi padre.
Abrazo!

Manjo ExLibris dijo...

No lo sé, la verdad. Igual en alguna editorial más pequeña o tienda así por internet lo localizas. Si no lo encuentras, dímelo e investigo.
¿Es de Melilla? Seguro que recuerda muchos lugares de los que cuenta, sobre todo de la zona vieja.
Un abrazo muy fuerte.

Zamarat dijo...

Sí, aunque se fue de allí cuando tenía 13 ó 14 años. Cuando fuimos, años después, decía que todo había cambiado mucho.
Voy a ver si lo encuentro.
Abrazo!