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30 de octubre de 2011

Ana Karenina, León Tolstoi


Siento cierta afinidad hacia el siglo XIX.
Es extraño, porque, aunque creo que no me hubiera gustado vivir en la época, me reservo los motivos, sí que me gusta leer acerca de ella, me gusta empaparme de todo lo que llega a mis manos referente a un siglo de luces y de sombras como fue el XIX.
Siempre he dicho que la literatura es el reflejo de la sociedad en la que se desarrolla, es la hija de su tiempo, y creo que ninguna corriente como el realismo es capaz de abofetear a las miserias de su época. Y es en este contexto donde León Tolstói, en su madurez, pergeña el devenir de nuestra Ana Karenina.
El adulterio es el eje central. Y, aunque no es nada nuevo, es interesante el modo en que lo trata. No es que hayamos cambiado demasiado de mente respecto a aquellos años, pero ahora nos escondemos tras una liberalidad tolerante que realmente no refleja lo que la mayoría piensa.
Ana se erige como mediadora en una situación en la que ella misma se encontrará, y, aunque en un principio parece adecuada su actuación en cuanto a las normas de la época se refiere, después se convierte en el baluarte de la apertura, contraviniendo el encorsetamiento hipócrita para decidir vivir por ella misma y no por los demás.
Tolstói siempre me recuerda una cierta estructura binaria. Normalmente, o así lo interpreto yo, suelen ser dos líneas que discurren paralelas, a veces opuestas. En este caso son los personajes de Ana y de Lyovin y la contraposición de la pérfida vida urbanita, que corrompe con su sola presencia, y la apacible vida rural, epítome de todas las virtudes posibles y que apacigua, o en cierto modo, palía las deficiencias de un ser humano, proscrito e imperfecto por naturaleza.
Ya sabéis que siento especial tendencia a sumergirme en libros en los que la crítica social es importante, ya sea de forma alegórica o de forma directa, y este es uno de la segunda opción. Una novela realista rusa no necesita explicación en el sentido de que hasta el más ínfimo detalle queda representado, porque es válido y necesario para argumentar y sustentar la situación que plasma.
En Ana Karenina el blanco de la crítica es la alta sociedad rusa de la época, altamente hipócrita, que se permite el lujo de denostar aquello que ellos mismos llevan a cabo, con la única finalidad de mantener su statu quo, de seguir siendo la elite que controla los destinos y los intereses de los demás.
Es curioso cómo nada ha cambiado. Cómo los mismos siguen estando en el mismo peldaño, sea arriba o sea abajo, y cómo nos permitimos el lujo de juzgar al resto cuando acaso nosotros cometemos peores pecados -en sentido amplio- que ellos. Quizá no lo estemos haciendo bien del todo, aunque creamos justo lo contrario.

8 que opina(n) acerca de este libro.:

Belisama dijo...

Obra monumental del gran Tolstoi.

La verdad es que prefiero mil veces el rural, que cualquier otra vida urbanita del mundo. Hay muchas diferencias con los valores, hasta la salud es mejor (escribienco coloquialmente).

Me gustó la descrepción interior de los personajes, sus emociones, los detalles ... Y, ¿qué pensar sobre el final?. ¡Impresionante!

Saludos gatunos. Miau!

Belisama dijo...

Perdona, se me ha desconfigurado el teclado ¬¬

Manjo ExLibris dijo...

Yo supongo que cada cosa tiene lo bueno, como todo, solo que en exceso, cualquier cosa es mala. Pero el aire de bucólico y tal vez la idealización que tenemos sí que hace que prefiramos el mundo rural, agobiados del urbanita en el que estamos atrapados en cierto modo.
No te preocupes por lo del teclado.
Un abrazo muy fuerte.

Shorby dijo...

Tengo muchas muchas ganas de leer este pedazo de clásico =)

Besotess

Zamarat dijo...

Hoy nos has traído todo un clásico!!La literatura posterior le debe mucho a Anna Karenina...A mí también me gustan las novelas del XIX.
Abrazo!

Galtzagorri dijo...

Yo lo comencé y no pude acabarlo. Me gustó mucho esa distinción entre lo rural y lo urbanita (si, yo también soy partidaria de lo rural) y el magnífico análisis psicológico de los personajes, la crítica a la burguesía... pero no me gustó la historia de fondo, la historia del adulterio y demás.
Por supuesto, algún día le daré una segunda oportunidad. Creo que cuando la leí no estaba lo suficientemente preparada para una obra así.
Como siempre, una reseña impresionante.
Besos!

Manjo ExLibris dijo...

Sí que sí, es un clásico, y, para mi gusto, de los buenos, aunque a denso no le gana nadie. Bueno, quizá «Guerra y paz».
No obstante sí que coincido con Zamarat en el hecho de que ciertamente fue un espejo para la literatura posterior, tanto para la de su género como para la del contrario, y con Galtzagorri en el hecho de que el análisis y la crítica es maravillosa.
Especialmente a ti, Galtzagorri, te digo, aunque ya lo sabrás, que depende mucho del ánimo. Por ejemplo, jamás te recomendaría que leyeras «La carretera» si estás pasando por una depresión, porque puede que acudieras al acantilado más cercano para tirarte por él; sin embargo, sí que te digo que este lo intentes un día de mucho ánimo, de mucha paciencia, sobre todo. Creo que te sorprenderá.
Un abrazo.

Brisa dijo...

lo tengo pero aun no se cuando lo leeré. Me lo recomendo una prima. Tu critica esta muy buena. besos