RSS

17 de octubre de 2011

Juan Salvador Gaviota, Richard Bach


Ya sé que fue hace casi un mes, pero supongo que el cambio de estación nos altera a todos y que nos hace estar más susceptibles que de costumbre, más indecisos, más tristes, tal vez.
El retraso en esta suerte de meditación trascendental, por catalogarlo de alguna manera, viene a santo de que, en la ciudad donde vivo, es muy sutil el cambio, progresivo, hasta que, de repente, al día siguiente ya es diferente.
Este cambio que ya se empieza a notar, ya hace más viento y deja de ser insoportable caminar bajo el sol la mayor parte del tiempo, y esto me ha hecho pensar en que, aunque estemos bajo la máscara de una rebeldía extraña o pretendamos tener las riendas, en verdad somos como unos autómatas dóciles, que nos rebelamos porque tácitamente nos incitan a ello, y me sentí muy pequeña cuando lo pensé, insignificante.
Este libro de Richard Bach me recuerda a «El Principito».
Parece estar enfocado para niños, y aunque no tenga por qué no ser así, creo que es mucho más significativo para los adultos, y me explico.
Juan Salvador Gaviota es, obviamente, una gaviota, pero no una gaviota cualquiera.
Es una gaviota que está aburrida de su vida, anodina y rutinaria, que se reduce a pelearse por la comida con sus congéneres y lo único que consigue apagar esta ansiedad que se convierte en servilismo es su pasión por volar, una pasión que, casi como si fuera un camino iniciático, le irá acercando poco a poco a la perfección, equiparable a la felicidad. A través de las prácticas, de los pequeños retos que se impone, de la limitaciones que va ampliando con su insistencia, irá cambiando a su sociedad y a sus propias compañeras gaviotas, pero lo que es más importante, también se cambia a sí mismo y a su forma de ver y afrontar las pequeñas trabas que va poniendo la vida.
Lo que un niño podría considerar una inocente fábula, otra más, cuya moraleja aún no está preparado para comprender, para un público joven o adulto puede tener una interpretación totalmente opuesta, incluso para la misma persona si la lee en uno o en otro momento de su vida. Supongo que este es un buen momento para decir aquel tópico tan manido de que todo depende del color del cristal con el que se mira, pero, no por ello, menos cierto.
Es paradójico cómo nos cambia lo que leemos, las pequeñas cosas que van pasando en nuestra vida, aunque tengamos o no control sobre ellas.

1 que opina(n) acerca de este libro.:

Zamarat dijo...

Hace tiempo que tengo ganas de leerlo, aunque nunca encuentro el momento.
Me gusta el calor, pero ya era hora de que se notase un poquito el otoño...
Abrazo!