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11 de noviembre de 2011

En busca del león verde, Judith Merkle Riley


Este libro es especial para mí.
Bueno, cuál no.
Este libro me lo recomendó una vieja conocida que, aunque no llegó a ser más cercana, el tiempo en que la traté me demostró una sabiduría infinita, un conocimiento más allá de lo habitual que consiguió sorprenderme en más de una ocasión y una ternura tan infinita como su sabiduría, basada en la experiencia y en el trato.
Sabía que en esos días estaba pasándolo mal, que necesitaba descubrir una parte de mí que latía y que yo no sabía que lo hacía, pero ella sí, y me recomendó una lista de libros que me ayudarían a encontrar y a encontrarme en todo aquello que me inquietaba. Y lo consiguió.
Este es el segundo libro de una trilogía escrita por Judith Merkle Riley que, a pesar de ser fantástica en su composición, no sé qué predisposición tengo a empezar siempre por la mitad.
La Justicia Librera siempre me lleva a las segundas partes de las tres, quizá para que me enganche, comience desde el principio y me deje atrapar por el compendio de sus páginas.
Creo que ya he comentado en alguna ocasión que la Edad Media me puede. Aunque no sea precisamente la mejor época, a simple vista, creo que en esta como en ninguna otra se ve lo que se puede llegar a ser y el comienzo, propiamente dicho, de las diferencias que nos hacen únicos. Tras la hegemonía vino la partición, y fue en este ambiente catalogado como oscuro en el que fuimos evolucionando socialmente hasta ser lo que somos ahora, asentando las bases de lo que vendría después.
Pues en este contexto encontramos a Margaret de Ashbury, que, como muchas veces repetido en la historia, es raptada y obligada a casarse con un hombre al que no conoce, un monje expulsado de su orden que pertenece a una familia poco recomendable para los cánones de la época. A pesar de las obvias reticencias mostradas, él es reclutado por imposición para luchar en la Guerra de los Cien Años, y desaparece. A partir de este momento, Margaret comprende dos cosas, en apariencia simples, pero de las que vendrá toda la historia. La primera es que está terriblemente enamorada de su marido, la segunda es que tiene que ir a buscarle.
Este es un buen detalle, por lo menos para mí, y me explico. Estamos acostumbrados a las novelas en las que el caballero debe rescatar a la dama en apuros, siempre apresada por mil temores animales o incluso físicos, del tamaño de torres, y esta no es una novela al uso.
Esta vez, como se aprecia, es el hombre el que está en apuros, y es ella la que ha de demostrar todo el valor y el coraje que guarda para, con el telón de la alquimia de fondo, sortear todos los peligros que aparecen a su paso, encontrar el León Verde y retratar de una forma exquisita el día a día de una sociedad medieval acechada por sus riesgos.

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