
Aun a riesgo de que parezca que me precipito dadas las fechas en las que estamos, podría afirmar sin lugar a dudas que este libro, para mí al menos, ha sido el gran descubrimiento del año. Tal cual.
Admito que puedo ser un poco predecible en cuanto a regalos se refiere, la gran mayoría de las veces siempre hay un libro de por medio, sobre todo si sé que se trata de personas receptivas a la lectura, y este fue uno de los casos. En momentos así, acudo a una de mis tiendas proveedoras de cultura favoritas donde siempre encuentro calma y Justicia Librera, y normalmente es la propia entrada a la tienda la que ya me ilumina.
Como me suele pasar, se me fueron los ojos hacia él, y eso que iba sin saber con cuál me iba a quedar, y, cuando lo vi, de repente, todos quedaron descartados, supe que este libro de Ernest Cline, del que reconozco que lo que primero me enamoró fue la portada y después la sinopsis, era el idóneo para la persona a quien se lo regalé.
Estamos en el futuro, en el que la forma de vivir se reduce a un juego de realidad virtual, OASIS, casi como si de un Second Life se tratara.
Ahí la gente trabaja, va al colegio y, sobre todo, se divierte, ya que como si fuese sólo un juego de rol, los avatares, los personajes en los que se mueven los habitantes, pueden subir de nivel y, debido a estas subidas, conseguir mejoras, ya sea en vestimenta o en dinero virtual.
La sociedad, por qué no decirlo, se ha ido al traste. Debido al cambio climático tan bestial, la carencia de petróleo y la crisis social en la que se han hundido, la gente huye, y la forma de huir es sumergirse en OASIS, un mundo creado con la ayuda de Ogden Morrow por James Halliday, geek al uso, que en su madurez ve cómo los valores de su juventud, es decir, los que vivió en los ochenta, se han perdido horriblemente y deja como testamento un reto a sus jugadores-habitantes, encontrar un huevo de pascua que esconde un tesoro en este mundo virtual. Este tesoro consiste en encontrar tres llaves y tres puertas, que conducen a la herencia del creador y, se sobreentiende, al control del mundo de OASIS.
Al principio, como es normal, todo el mundo se desespera por encontrarlas, casi como si de una Excalibur se tratase, y poco a poco, ante la falta de resultados, va decayendo, hasta que, un día, casi por casualidad, nuestro protagonista Wade, bajo el nick de Parzival -muy propio, ¿verdad?-, encuentra el camino a la primera llave. Y como todo protagonista debe tener su antagonista, hacen acto de presencia los sixers, esbirros de IOI, una compañía que busca privatizar el juego y sólo obtener beneficios.
La verdad es que no sólo me ha maravillado el contenido, sino lo que yo he interpretado como intertextualidad. En los pequeños detalles de la novela he advertido momentos que me han recordado a otras fantásticas obras del género como puede ser la incombustible «1984», que, por desgracia, es cada vez un retrato más fidedigno de la realidad que nos está tocando vivir, y «El juego de Ender», e, incluso, con «Charlie y la fábrica de chocolate», unas teorías muy personales que, mis queridos, me encantaría que en los comentarios se estableciera una suerte de debate al respecto para intercambiar opiniones e iluminarnos mutuamente.
El bastión fuerte con el que juega es la nostalgia, y me explico.
A mí ya me pilló tarde, porque nací en el año de la última generación cuerda ochentera, pero a quien se haya criado en esta década fantástica y tan llena de innovaciones y de cambios estoy segura de que se le removerá dentro todo un terremoto de sentimientos. No sólo por el ambiente, que aunque desarrollado en el futuro, bien parece sacado de esta época, sino por el magnífico repaso que hace a toda la cultura musical, fílmica, social y de videojuegos que nos trajeron los ochenta.
Estoy segura de que si habéis crecido en esta espiral os va a encantar tanto como a mí, y eso que yo ya sólo viví retazos.






















2 que opina(n) acerca de este libro.:
Reconozco que me asusta un poco la temática futurista, pero tal y como lo pintas no suena mal. Tomo nota por si surge.
Abrazo!
No te va a decepcionar, ¡seguro!
Abrazos
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