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7 de marzo de 2012

Árbol de Diana, Alejandra Pizarnik


Fue hace unos cuantos años cuando llegó a mí por primera vez algo de la deliciosa poesía de Alejandra Pizarnik.
Admito que no suelo tener paciencia para la poesía, me gusta escribirla, la mayoría de las veces, de hecho, lo único que me sale es el verso, no suelo tener paciencia para algo más denso, más largo, pero que me guste leerla es otro cantar. No sé exactamente por qué, pero me resulta forzado leerla, como si mi cabeza formase el ritmo mientras lo hago, es una relación de amor y odio al mismo tiempo. Sin embargo, no es algo que me suceda con todos los poetas del mundo, adoro sobremanera a Pedro Salinas porque es tan empalagoso como yo, y adoro sobremanera a Alejandra Pizarnik porque es, a mis ojos, una de las mejores en cuanto se refiere a la poesía surrealista.
He elegido este libro precisamente porque no me resulta forzada su lectura, sino que el verso libre, lo corto de los poemas y la catarsis que se aprecia en cada uno de ellos me hace sentirlos y pensar que son un emblema de la autora, casi como una pequeña autobiografía que, irremediablemente, arrastra la cordura para abofetearla con su verdad.
Este libro es hijo de la madurez, y a pesar del simbolismo que desprende y que ya empieza en el propio título, asociando la carga mitológica del nombre al propio contenido, se desprende dolor, el dolor del amor y del desamor, y las tendencias que la llevarán a su propio final, como no podría ser de otra manera en una vida tan atormentada, tan frágil. Y, para muestra, un botón.

ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe
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una mirada desde la alcantarilla
puede ser la visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos


Supongo que Pizarnik tenía que acabar como acabó, dados sus problemas mentales, e igualmente creo que si hubiera sido de otra forma no se la habría considerado como se la considera.
Fue una mente demasiado genial que no supo amoldarse a la banalidad del mundo que la rodeaba, y no pudo, o no supo, reaccionar de otra forma que no fuera el suicidio, como colofón triunfal a su obra, como acto necesario para su supervivencia literaria.

6 de marzo de 2012

Diabulus in musica, Espido Freire


¿Sabéis cuando queréis escribir sobre algo y no hay manera porque aunque os sentéis delante de la página en blanco -o del hueco en blanco cuando se trata del blog- y es materialmente imposible por más que lo intentéis en días diferentes? Pues algo así me ha pasado con este libro.
Me lo leí hace un montón de tiempo y hasta hoy he sido incapaz de dejar que fluya la reseña, no sé si con mayor o menor acierto, hoy os traigo este libro de Espido Freire.
El diabulus in musica es la forma peyorativa con la que los monjes medievales se referían al tritono, un intervalo de cuarta. Se suponía que el Diablo mismo se colaba en la música a través de este intervalo y, por tanto, era menester evitarlo para no caer en herejías que pudieran conllevar problemas serios, y en base a la idea de que el Diablo sigue estando en todas las cosas y que puede llegar en cualquier momento, Espido Freire construye una historia de amor que está marcada por la música, que parece ser el eje que rige los destinos de la protagonista en especial, que cuenta su historia en retrospectiva.
Me gusta la connotación musical que encontramos ya en el título del libro y en toda la novela.
La música siempre ha sido una espinita que he tenido clavada -sí, tengo como chorromil espinas clavadas de cosas que he querido hacer y que no he podido y que, tal vez, ya nunca pueda- y leer este tipo de libros con esas referencias la verdad es que me satisface bastante.
Espido Freire es una escritora muy particular, porque aunque no sepas quién es el autor de la novela en cuestión, una vez has recorrido su bibliografía puedes identificarla. Tiene unos giros muy propios, una forma de escribir muy suya, y la verdad es que a mí eso me parece un gustazo; lo considero como una suerte de intertextualidad bastante interesante, que hace que, aunque entre sí no tengan relación, sea como una especie de saga, como si no tuviera fin. Lo que realmente me convence de ella es la fantástica forma de caracterizar psicológicamente a los personajes, hasta el más mínimo detalle está escrito, y, si no, se intuye, así que es fácil identificarse, por ejemplo, con la protagonista de este libro. Y pensando en ella me acuerdo de una frase que suelo decir cuando alaban la fortaleza aparente de alguien, «hasta las rocas tienen grietas».
Creo que ya puedo respirar tranquila, porque ya me daba vergüenza ajena posponerlo tanto con lo que me gusta el libro.

5 de marzo de 2012

¡Cómo molo!, Elvira Lindo


A pesar de que, cronológicamente, no es el segundo de los libros que comprenden la saga de Manolito Gafotas, de la pluma de mi adorada Elvira Lindo, sí que lo es en cuanto a historia se refiere.
Vacaciones, algo temible, por lo menos para Manolito. Y no porque le pese el dejar el colegio por tres meses, ya sabemos esa relación tan peculiar que tiene Manolito con el colegio, sino porque él es el único que se queda en Carabanchel (Alto) durante el verano pasando calor mientras que sus amigos se van de vacaciones y le mandan postales para darle envidia, algo que lleva muy mal. Y hay otra cosa especial en ese verano, en septiembre, el Imbécil empezará el colegio y Manolito se erigirá como guardián protector ante tamaña afrenta, decidiendo ayudar a la señorita Estrella en su gesta de educar al pequeñajo, principalmente porque es guapa y no malvada como su sita Asunción.
Aquí vemos aún más lo especial que es Manolito y lo que puede llegar a ser la infancia, algo que se antoja plácido pero que, sin embargo, puede llegar a ser un problema, sobre todo cuando se empieza a acercar el umbral de la adolescencia. Su mayor deseo es que sus padres se divorcien, como los del Orejones, para que así, intentando evitarle el trauma, le den todo lo que pida, algo que, obviamente, Cata, la madre, responde a base de collejazos.
Qué queréis que os diga, me encanta. No sólo porque ofrece un retrato fantástico de la cotidianeidad de un bloque de vecinos, que eso, mis queridos, da para mucho, sino porque caracteriza cada uno de los personajes en relación a su función en la novela, en la propia saga. Y aquí es el comienzo del protagonismo del Imbécil, un personaje que dará mucho juego y que pronto se acabará haciendo tan imprescindible como el abuelo Nicolás, formando un trío muy peculiar, muy unido y, sobre todo, con multitud de anécdotas y golpes de efecto.
Aun hoy, cuando ya soy bastante mayor en comparación con aquella niña que se sentaba en un rinconcito y se ponía a devorar libros como única salida, sigo disfrutando de las peripecias de nuestro Manolito y riéndome a carcajadas con sus aventuras.
Será que esa niña sigue dentro y se resiste a hacerse adulta.

4 de marzo de 2012

Iacobus, Matilde Asensi


Hoy hace tres años que abrí el blog y la verdad es que se me ha pasado volando este tiempo, aunque espero que pasen muchos años más hasta que nos despidamos y este sitio se quede detenido en el tiempo y en la red. Principalmente porque disfruto mostrándoos mis pequeños tesoros literarios -y también los que me dan grimita, lo admito, y también admito que a veces soy bastante dura, sobre todo cuando me entra la furia uterina-, y porque siempre es un placer difundir algo que se me antoja tan olvidado como la lectura. Las prisas, otros intereses, la propia desgana, hacen que la posterguemos a otro momento y, como en la mayoría de los casos, ese momento nunca llega.
Como este día es especial para mí, por lo que ha llegado a significar este pequeño anaquel literario que cada día se va haciendo más grande, en un alarde de vulnerabilidad, os descubro otra de mis parafilias, la Orden del Temple.
Es una suerte para mí al menos que, en cierta manera, se hayan puesto de "moda", ni siquiera sé si catalogarlo así.
Para mi gusto ha propiciado estudios e interés sobre algo cuyo nacimiento y muerte fueron tan inquietantes y desconocidos que creo que merecen atención, mayormente por muchas cosas que disfrutamos gracias a ello, para empezar, conocimiento.
Lo irónico es que soy diametralmente opuesta a los valores que propugnaban estos caballeros, pero, en fin, dicen que los polos opuestos se atraen y a mí, personalmente, me fascinan.
¿Y cuál es una de mis novelas favoritas al respecto? Esta que escribió Matilde Asensi, desde luego.
A través de la historia de nuestros templarios, hace un magnífico retrato de lo que pudo llegar a ser la sociedad medieval, máxime estando influida por una regla tan rígida. Lo mejor es la forma de retrotraerse hasta el punto en el que Jacques de Molay, último Gran Maestre reconocido, es prendido en la hoguera y se envía al soldado Galcerán, de otra orden militar, a investigar las muertes profetizadas -¿o provocadas por los templarios a los que condenaba al ostracismo y quedaban en clandestinidad?- a la hora de la quema.
Si tuviera que elegir una palabra para catalogar este libro sería el conocimiento. Más bien la búsqueda de él. El camino que emprende Galcerán es un poco como un camino iniciático que comienza justo cuando se le ordena que investigue estas muertes, y digo que es camino iniciático porque deberá recorrer lugares y ciudades de poder, jugando con los misterios que en ellas mismas nacieron.
Matilde Asensi es una de mis autoras predilectas. He leído todas sus novelas y cada una me gusta más que la anterior. Quizá no sea...no sé, cualquier clasicazo que se os ocurra, pero a mí me entretiene y me llena, y considero que se documenta mucho y muy bien para escribir sus novelas, y eso, mis queridos, la hace ganar muchos puntos.
Gracias, por cierto, a los que han venido y se han quedado o han decidido irse, incluso a los que vuelven como pródigos de cuando en cuando. Por vosotros se va haciendo esto más y más grande.

3 de marzo de 2012

La princesa de hielo, Camilla Läckberg


Sí, ya sé que lo de publicar, leer o recibir trilogías no es lo mío, siempre lo hago de forma desordenada, pero, al fin y al cabo, lo importante es que acabo terminándolas de una forma más o menos decente.
Como lo prometido es deuda y el género policíaco es uno de mis favoritos, aquí os traigo la primera parte de la trilogía que di comienzo con «Los gritos del pasado», hija literaria de Camilla Läckberg.
Erica Falck es una escritora que regresa a su pueblo después de muchos años de ausencia premeditada debido a que hereda una propiedad después de fallecer sus padres, pero además del trágico suceso que la hace regresar, cuando vuelve a intentar adaptarse al pueblo recorriéndolo, descubre que su mejor amiga, Alex, se ha suicidado. Sabiendo que esto no entraba en los planes ni en la mentalidad de su amiga, decide convertirse en una suerte de detective y descubre que su amiga estaba embarazada, algo que la desconcierta aún más, dado que se supone que un embarazo es motivo de alegría y que hay formas más seguras que un suicidio de interrumpir su desarrollo.
Es algo que la empieza a acercar al hedor turbio que parece transmitir esta muerte, que pronto se descubrirá como asesinato y en su investigación se verá ayudada por un policía novel, Patrick, que en principio parece más un trastabillo que una ayuda, aunque luego se irá descubriendo como necesario, no sólo por su oficio, sino por la historia que desarrolla con Erica.
Este hecho será el detonante que hará que el pueblo viaje con la memoria al pasado, para traer a la investigación a determinados momentos que, aunque lejanos en el tiempo, parecen repercutir en el aparente suicidio de Alex, y, personalmente, me parece que dota a la historia de credibilidad y la hace asequible en el sentido de que cualquiera que haya estado en un pueblo pequeño comprende que la familiaridad resulta en muchas ocasiones un arma de doble filo y que las rencillas pueden ser algo más serio de lo que parece, el cainismo que encontramos en la literatura y en la historia y que en absoluto es patrimonio patrio.
Como ya mencioné, me parece absolutamente fantástico el uso que hace de las historias paralelas para sustentar la principal, que es la propia investigación del asesinato. Es algo que, como proyecto de escritora, valoro bastante porque a mí aún me resulta difícil, ya que no es cuestión de escribir en relación y ya está. Atar cabos y dejarlos bien sujetos es más complicado de lo que parece.
Sólo os recomiendo que no seáis como yo y que las leáis en orden. Por el bien de vuestra cordura y por no estropearos la historia, ya sabéis.

2 de marzo de 2012

El diario violeta de Carlota, Gemma Lienas


Doy comienzo a este reto que me he autopropuesto a raíz de esta especie de venada extraña que me dio con este libro de Gemma Lienas, una autora que descubrí hace relativamente poco y que, aunque ya no estoy en edad de su novela juvenil -es relativo, lo sé, lo sé-, me ha llegado al corazoncito por la frescura con la que maneja la temática y la prosa.
A través de los diarios de Carlota, uno de sus personajes, en los que dependiendo del color, así será la temática, acerca al lector a una realidad diferente de rabiosa actualidad, a temas que nos atañen a todos y que muchas veces no sabemos cómo afrontar correctamente.
Carlota es una chica de su tiempo. Profundamente curiosa e interesada por lo que le rodea y la puede afectar en mayor o menor medida. Y que, animada por su abuela, comenzará un diario, esta vez de color violeta, en el que irá anotando todas las situaciones sexistas que va presenciando a través de sus "gafas violeta", que utiliza para analizar.
Su abuela le da una especie de clave para descubrir qué es lo que está bien y lo que está mal. Si el acto en cuestión es ridículo para un género, claramente también lo será por el otro, y habrá que evitarlo y educar para que no se repita.
Creo que es necesario abordar el problema de una forma asequible, sobre todo en estos tiempos, y más aún en una época tan frágil como es la propia adolescencia. No en vano somos en gran parte hijos de nuestra educación, y mientras antes cortemos de raíz conductas inapropiadas, antes conseguiremos librarnos de ellas.
Aunque Carlota es una chiquita de armas tomar y así lo demuestra en el libro, mi personaje favorito es la abuela, creo que porque precisamente tenemos este paradigma de las abuelas conservadoras hijas de su tiempo, pero esta abuelita es de las pioneras, de las que no se arredraron a la hora de luchar y que aún ahora lo hacen.
Poco a poco os iré trayendo el resto de los diarios, porque me parecen muy interesantes en el sentido didáctico que se les puede dar, como una forma de acercar a los adolescentes al mundo de los «adultos» al que quieren pertenecer y todavía no les corresponde.
Quizá tengáis a un adolescente en plena efervescencia hormonal y rebelde en vuestro círculo más cercano al que queráis guiar sin que se note con estos libros.