
Fue hace unos cuantos años cuando llegó a mí por primera vez algo de la deliciosa poesía de Alejandra Pizarnik.
Admito que no suelo tener paciencia para la poesía, me gusta escribirla, la mayoría de las veces, de hecho, lo único que me sale es el verso, no suelo tener paciencia para algo más denso, más largo, pero que me guste leerla es otro cantar. No sé exactamente por qué, pero me resulta forzado leerla, como si mi cabeza formase el ritmo mientras lo hago, es una relación de amor y odio al mismo tiempo. Sin embargo, no es algo que me suceda con todos los poetas del mundo, adoro sobremanera a Pedro Salinas porque es tan empalagoso como yo, y adoro sobremanera a Alejandra Pizarnik porque es, a mis ojos, una de las mejores en cuanto se refiere a la poesía surrealista.
He elegido este libro precisamente porque no me resulta forzada su lectura, sino que el verso libre, lo corto de los poemas y la catarsis que se aprecia en cada uno de ellos me hace sentirlos y pensar que son un emblema de la autora, casi como una pequeña autobiografía que, irremediablemente, arrastra la cordura para abofetearla con su verdad.
Este libro es hijo de la madurez, y a pesar del simbolismo que desprende y que ya empieza en el propio título, asociando la carga mitológica del nombre al propio contenido, se desprende dolor, el dolor del amor y del desamor, y las tendencias que la llevarán a su propio final, como no podría ser de otra manera en una vida tan atormentada, tan frágil. Y, para muestra, un botón.
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe
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una mirada desde la alcantarilla
puede ser la visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
Supongo que Pizarnik tenía que acabar como acabó, dados sus problemas mentales, e igualmente creo que si hubiera sido de otra forma no se la habría considerado como se la considera.de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe
---------------------------
una mirada desde la alcantarilla
puede ser la visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
Fue una mente demasiado genial que no supo amoldarse a la banalidad del mundo que la rodeaba, y no pudo, o no supo, reaccionar de otra forma que no fuera el suicidio, como colofón triunfal a su obra, como acto necesario para su supervivencia literaria.


























