Mostrando entradas con la etiqueta novela policíaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela policíaca. Mostrar todas las entradas

30 de diciembre de 2021

El laberinto de las aceitunas, Eduardo Mendoza


Ha pasado más tiempo del deseado para retomar "la Trilogía del detective innombrado" de Eduardo Mendoza, ese escritor que, en cierto modo, me ha quitado el sueño durante esta parte del curso, pero de una forma más que agradable, esa trilogía de novela policíaca que inicié con «El misterio de la cripta embrujada» y que continúa "librificada" en este libro, «El laberinto de las aceitunas», que, desde aquí, me comprometo a traer más pronto que tarde.
No sé qué me pasa con las trilogías, aunque esta ya ha trascendido la trilogía para convertirse en una serie de libros como debe ser, pero siempre llegan a mí desde el segundo libro, en lugar del primero, como debería ser.
Debo tener un imán bibliófilo o algo por el estilo. 
Y fue pequeña cuando descubrí este libro en la estantería de mi madre, en un lugar al que no podía acceder si no era escalando por ella. 
Retomamos en esta novela la vida del detective sin nombre cuyas hazañas vemos surgir de la prosa de Mendoza, y comienza en el momento en que sale del sanatorio mental en el que ha estado recluido para cumplir una misión. 
No exenta de peligrosidad, tendrá que recorrer un laberinto, parafraseando el título del libro, de misterios, muerte y enagños que le llevarán de la mano de personajes que poco o nada tienen de sinceros a un destino desconocido. 
Si algo me gusta de las novelas de Eduardo Mendoza es el hecho de que siempre dota a sus personajes, en los nombres, de pequeñas pistas acerca de la labor o del hecho que desempeña. 
Esta fuente de chascarrillos es muy interesante y muy propia para el tema que nos atañe, en el sentido de que si en la novela policíaca prima el misterio, una vez conoces este pequeño dato del contenido que el significado de los nombres lleva implícito, elucubras incluso inconscientemente lo que pueden significar y qué llevan oculto tras lo que aparentemente resulta algo normal o inocente. 
Lo mismo pasaba en «La verdad sobre el caso Savolta» y eran pequeñas pistas de su desempeño o de su condición psicológica, algo que intensifica, a mi parecer, el interés del lector, algo que lo lleva a querer saber más y más. 
Una novela de folletín moderna que culmina en el momento en que se descubre parte del telón y nada es lo que parece con la que aprovecho para desearos un buen cambio de año y que el que entra sea tranquilo; después de las circunstancias de estos dos años pasados, a veces no se pide más que tranquilidad. 

25 de agosto de 2021

El día de la lechuza, Leonardo Sciascia

La historia de cómo llegó a mis manos de devoralibros este fantástico libro de Leonardo Sciascia es un tanto peculiar.
Pertenezco a una suerte de club de lectura —aunque hace tiempo que no nos reunimos— en el que estamos pocos amigos, pero que nos complementamos y sabemos qué es lo que queremos de una forma tácita y agradabilísima; a pesar de que no nos vemos físicamente, mantenemos unas reuniones un tanto sui generis que, sin embargo, satisfacen plenamente mi curiosidad bibliófila. 
Si el primer autor interesante hasta la saciedad que me descubrieron fue Luis Landero, el segundo gran descubrimiento fue esta novela con tintes de mafia que me gustó hasta tal punto que se ha convertido en una de mis novelas de cabecera. 
Y me gusta hasta el extremo de que la portada es fantástica y se adecúa tan bien a la novela, que entre nosotros hemos creado una especie de culto en torno a ella. 
Yo, en mi incultura, tenía a Mario Puzo como único referente de la novela "mafiosa", único e insuperable, y cuán equivocada estaba. 
En Sicilia, la vieja y compleja Sicilia, un antiguo albañil, ahora propietario de una pequeña empresa, es asesinado cuando va a subir a un autobús y, milagro, nadie ve nada, además de huir todos. 
El único que tratará de descubrir el entramado es un capitán de los Carabineros, joven y despreocupado, que no cuenta con encontrar detrás de este crimen, en apariencia simple, una elaborada trama política, económica y mafiosa. 
Lo que creía límpido y justo, resulta protegido por la omertá cumplida más a rajatabla; lo que, en un principio, parecía ser el bando de los buenos, poco a poco se convierte en la pesadilla que le arrastrará a un pozo sin fondo en el que el precio por descubrir es la muerte. 
Las claves, a mi parecer, las encuentro en la portada y en la desbandada que se produce cuando se comete el asesinato. 
Para mí son los dos puntos de inflexión del libro —y por eso me parece tan sumamente bien colocada— aunque el primero esté un poco puesto en relación por la editorial que nos ocupa. 
El silencio de una sociedad manejada por un juramento invisible lucha contra las voces que pugnan por recobrar una normalidad que, quizá, nunca se haya tenido en un sistema encorsetado de mirar hacia otro lado y decidir que, en la habitual comodidad, sobrevivir es el mayor premio de la vida. 
Da que pensar. 
Bajo el trasfondo de un "inocente" —valga la expresión— asesinato, se esconden tras el telón de normalidad las aspiraciones políticas y económicas más despiadadas. 
Y ahí es cuando se empieza una a preguntar si nosotros y nuestras circunstancias no seremos producto de nuestra propia comodidad. Si lo que permitimos es lo que se ajusta a nuestras creencias o, por el contrario, no es más que mirar para otro lado como los del autobús y pensar que la historia la escriben los que escapan o sobreviven. 
Juzguen ustedes mismos.

6 de agosto de 2021

La playa de los ahogados, Domingo Villar

De vez en cuando no puedo evitar volver a mi género favorito de entre todos, la novela negra, no sé si por vocación frustrada y desconocida de estar en uno de los dos bandos, sin saber cual más atroz según el cariz que, poco a poco, van tomando las cosas, o bien porque sencillamente, aunque al final todos mueren, me gusta la duda que se crea con la identidad del asesino de turno y disfruto del proceso de resolución del enigma como si fuese una pequeña colegiala a la que dan un caramelo. 
Así, y casi sin pretenderlo, llegó a mis manos este libro de Domingo Villar que me llamó la atención desde que vi su portada y empecé a adentrarme entre sus páginas, principalmente porque hace no demasiado tiempo tuve la suerte inmensa de poder ir a Galicia una semana y, aunque los paisajes no son los mismos, recordé esas imponentes costas que no sé qué tienen, pero tienen algo.
Leo Caldas es un inspector tímido, callado y podría decirse que hasta bohemio; alguien que disfruta del jazz y de la noche a base de paseos, y su ayudante es Rafael Estévez, un aragonés que ha ido a parar a Galicia y que no la entiende, y con el que al principio se producen ciertos roces. 
Y un día, uno de los cadáveres que devuelve el mar no ha sido otro desafortunado que mientras trabajaba encontró la muerte, sino que aparece en la playa con las manos atadas, signo inequívoco de un asesinato, o, cuando menos, de un acto violento y no hay rastro de su embarcación, así que ambos se sumergen en la Galicia más profunda de los pescadores y marineros de la que sólo obtienen el silencio cerrado de los pueblos que guardan secretos casi ancestrales y ligado prácticamente a todas las familias. 
Una de las cosas que más me ha gustado es que casi podemos seguir nosotros mismos la investigación policial porque las pruebas se nos presentan a la vez que la trama, mientras que la ironía aparece por todos lados y vamos desvelando más de la relación de los propios investigadores con su entorno, y al final, nada de lo que aparentaba ser es, puesto que las pesquisas al final conducen a un punto que no hubiera aparecido en la cabeza de ninguno de los personajes. 
A mí, personalmente, hasta me sorprendió.
Este autor, casi a ejemplo de mi adoradísimo Eduardo Mendoza o mi no menos querido Lorenzo Silva, ha creado una saga policíaca, de la que ahora mismo sólo hay dos libros —este es el segundo y quizá no dentro de mucho os traeré el primero, sí, ya sé, me suelo saltar el orden a la torera pero, qué diablos, las reglas están para romperlas, ¿no creéis?— y que ya me tiene cautiva. 
Y la verdad es que fue toda una sorpresa para mí, no porque no me fuera a gustar el género, uno que con pocas excepciones siempre me atrapa, sino porque el ambiente ya hace propicio el misterio. 
Para mí, el mar siempre ha tenido connotaciones relacionadas con la intriga y lo enigmático, por lo que guarda y porque es una fuerza incontrolable que lo mismo es propicia o bien decide destruir todo a su paso. 
La forma de asumir quienes trabajan en él que la suerte consiste en volver a casa siempre me supuso un golpe a lo establecido, que me hizo replantear cualquier esquema que hubiese podido crear en mi mente.

*Edición del 8 de agosto:
Amablemente me han contado en los comentarios que ya son tres libros, ¡más para disfrutar!

25 de mayo de 2021

El lejano país de los estanques, Lorenzo Silva

 

Hace unos años, más de los que a veces pienso o quiero pensar, entraba a un canal de IRC de literatura, y, en una de esas ocasiones, Lorenzo Silva hizo aparición para tener un encuentro con nosotros, y fue a raíz de este, en el que tuve oportunidad de interactuar con él, que conocí su obra más profundamente y me dediqué a leerla.
Fue en esos días de descubrimiento donde vi que se había prodigado en el delicioso terreno de la novela policíaca, un terreno que me fascina. Así que me dispuse sin más dilación a dejarme llevar por su prosa. 
Habiendo leído ya «La flaqueza del bolchevique» —que os traeré más adelante—, supe que no podía decepcionarme, y así fue. 
Este libro de sugerente título —me encanta, me hace evocar y recordar mundos exóticos y olvidados— es el primero de la saga del sargento Bevilacqua y la agente Chamorro, que, en esta ocasión, comienza con el cadáver de una extranjera aparecido en una urbanización mallorquina. 
Ambos, complementándose, uno por su experiencia y la otra justo por lo contrario, deberán descubrir cuál es el motivo de ese asesinato y qué conlleva, y os aseguro que es mucho. En la obra, Silva nos descubre el mundo que todo conocemos pero que no queremos admitir. 
El de la desidia, el de los trapicheos, la promiscuidad y lo oscuro en definitiva. 
Un mundo de vicios que corrompe y deja al descubierto lo peor de una sociedad que pretende ser civilizada pero que se deja llevar por sus más bajos instintos, y no es que esté mal, de hecho, me parece perfecto que cada cual haga lo que le plazca con su cuerpo y con el de las personas que les dejen, lo que no está tan bien es que acaben surgiendo situaciones extraordinarias como esta, que deriva en asesinato. 
Lo que quizá me gustó más fue el humor que desprende toda la novela, pese a lo severo que otorga el género policial. 
Está presente en gran parte de las situaciones, y esto constituye una corriente de aire fresco hacia todo este género. Gravedad y humor se pueden combinar de manera perfecta y en esta saga está la prueba. Si sois de los míos, de los que prácticamente morís por este tipo de novela, estoy convencida de que os fascinará hasta el punto en que lo hizo conmigo. 
Veréis qué grande es el manejo de la prosa de este hombre y qué grandes son sus hijos literarios. 
Disfrutaréis.

14 de abril de 2021

El misterio de la cripta embrujada, Eduardo Mendoza

Reconozco que tenía ganas de afrontar de nuevo la prosa de Eduardo Mendoza pero que aún no me había sentido con fuerzas para intentarlo, ya que es un autor al que no todos gusta pero que a mí me fascina absoluta y rotundamente, y no se me ocurría una forma mejor de hacerlo —y honrarle a mi manera— que trayéndoos la "Trilogía del detective innombrado". 
Supongo que me frenaba de alguna manera que desconozco. El primero de los tres libros que la constituyen es este, «El misterio de la cripta embrujada», en la que un comisario de la Brigada de Investigación Criminal acaba negociando con un asesino internado en un manicomio para esclarecer la desaparición de una niña en su colegio interno. 
Suele pasar que como más conoces al enemigo es uniéndote a él, o, por lo menos, intentando sacar conclusiones y pistas de su comportamiento, ¿y quién mejor para descubrir a un criminal que otro? 
Se juega con la libertad y los bajos fondos para descubrir dónde está la niña con la crítica velada a una sociedad aún oprimida por viejos fantasmas que no termina de despertarse del sueño impuesto. 
Es precisamente en las pesquisas que se empieza a relacionar el tema con la cripta, y las puntadas comienzan a dar forma cuando el asesino se vislumbra entre las niñas acusadas. Huelga decir —otra vez— que la novela policíaca es de mis géneros favoritos, porque creo que contiene todas las claves para conseguir que la gente se interese y llegue hasta el meollo de la cuestión. 
También hay que decir que no es sólo el género el que me atrae. 
Sin Eduardo Mendoza, para mí, estaría huérfano, y es que nadie como él —o muy pocos— consigue caracterizar así los personajes, lograr que te introduzcas en la obra y que pases a ser un viandante más y arañar con los dedos lo sublime en un género que se considera facilón. 
Son esos tintes de drama, suspense y comedia los que la hacen fantástica en su género, y, para mí, es altamente recomendable, dado el exquisito lenguaje con el que describe y descubre las actitudes y los lugares más sórdidos y crueles. 
Espero que la disfrutéis.

1 de diciembre de 2020

Fácil de matar, Maruja Torres


Creo que me quedé enganchada a la prosa de Maruja Torres desde el momento en que la leí un día, casi por casualidad, en El País.
Es mordaz, irónica, dura y escribe fabulosamente bien; por eso no me lo pensé cuando decidí que tenía que estar aquí.
Diana Dial, una periodista jubilada, es la protagonista de este libro que os traigo hoy, y Tony Asmar es el hijo de un empresario de una influyente familia que muere en un atentado cuyas causas no ve tan clara Diana. Así, decide emprender por sí misma una investigación para esclarecer las causas de la muerte, más que la causa, las motivaciones de una muerte tan misteriosa.
Este afán emprendedor la llevará a situaciones inverosímiles en las que su vida corra franco peligro, pues se erige en revulsiva de la corrupción y de las injusticias, no por un bien propio, sino porque casi se convierte en una libertadora a lo largo de las páginas, y se verá motivada por la viuda de Tony, española, por cierto, que le suplica ayuda y quien le cuenta las posibles causas por las que han decidido matarle, quizá hasta su propia familia.
Contará con la ayuda de la policía beirutí, puesto que la novela, o la investigación, como prefiráis, se desarrolla en el Líbano, y descubrirá que a pesar de que encuentra innumerables tramas de corrupción y desfalcos, en ninguno de esos documentos aparece el nombre de Tony, aparente chivo expiatorio de todo este mundo de crimen.
Este libro es una vuelta de tuerca más a la novela policíaca que tanto me gusta, porque aparte del pertinente asesinato que hay que investigar, Maruja llena el libro de giros propios, de opiniones personales, y la verdad es que me gusta porque ayuda a construir el carácter de nuestra peculiar detective, que cotilla y justiciera al mismo tiempo, lucha hasta revolver los entresijos del poder y descubrir quién o qué está detrás de la muerte de Tony Asmar.
Y no es porque me encante como escritora y como periodista, pero hay que reconocerle el mérito de debutar en el género policíaco por la puerta grande.

1 de agosto de 2020

El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith


¿Os he sorprendido en este día de canícula? ¿sí? ¿no?
Para mí, la lectura de este libro sí que lo fue, sin duda.
Mayormente porque siempre había oído hablar de la película homónima —qué puedo decir, esta película siempre iba y venía de la televisión y cada vez me gustaba más— y me parecía tan redonda que nunca se me había pasado siquiera por la cabeza que resultase ser una adaptación cinematográfica de un libro.
Y qué libro.
Patricia Highsmith nos hace el retrato de Tom Ripley, un superviviente nato en la Gran Manzana, que, invitado por un millonario a la vieja Europa a que convenza a su hijo de que vuelva a casa cual hijo pródigo, ve, en su habitual picaresca desarrollada para poder vivir en las calles amenazantes de una fría ciudad, la oportunidad deseada para comenzar de cero, para empezar a vivir de verdad, lejos de todo aquello que le ha aprisionado desde que tiene memoria y de cuentas pendientes con la justicia.
Sin embargo, a pesar de que a primera vista puede parecer que va a escaparse sin más, realmente se encuentra con el hijo del millonario, Dickie, y su novia, donde se forma un extraño triángulo —lo de amoroso o no ya lo concluiréis vosotros una vez leáis el libro— en el que las artimañas, el engaño y los tejemanejes serán los que primen para ganarse la simpatía de esta pareja, y tendrá que buscar la forma de que no acabe esta nueva vida que se ha construido, llena de lujos y comodidades en comparación con la anterior y será de nuevo la picaresca la que aflore para conseguir sus objetivos.
Tengo que reconocer que Ripley me encandiló desde el primer momento porque me trajo a la memoria toda la retahíla de pícaros literarios y de cada uno de ellos tiene una parte.
Quizá sea ese puntito de canalla, o tal vez la compasión que hace nacer y que consigue que empaticemos con él —síndrome de la enfermera creo recordar que lo llamaban en Regreso al Futuro—, pero sin duda consigue embaucarnos, por lo menos a mí me embaucó, tanto como a Dickie y a su novia, ganándose un hueco en el anaquel más preciado con su inventiva y sus peripecias, que le elevan a la categoría de pícaro.
Hoy es un día especial porque es el cumpleaños de una persona especial, así que solo podía elegir un libro especial. 

19 de abril de 2020

El cliente, John Grisham

A pesar de ser un autor claramente conocido y vendedor de bestsellers a, permitidme la expresión, punta pala, la verdad es que no había leído nada de John Grisham hasta que llegó este libro a mis manos en forma digitalizada.
Estaba buscando sugerencias. Aunque tengo cientos de libros, mi madre solía decir que como entrara un libro más, tendríamos que salir nosotros de casa para que cupieran, pero creo que ya los he leído todos. Así que decidí limitarlo a los parámetros que me suelen satisfacer, cierto suspense, tintes de novela negra, un tanto policíaco...y di con este autor que, la verdad, no creí que me fuese a llenar del todo. 
Si habéis leído alguna de las entradas al respecto, sabréis que tengo una relación de cierto amor-odio con los bestsellers. Pero, aun así, me atreví a dejarme llevar por las páginas, y creo que acerté, a pesar de que el hilado, o tal vez la traducción, a veces se va aquí o allá y desconcierta un poco.
La historia es bastante oscura, justo lo que necesito en estos días.
Dos hermanos, niños, de un estrato bastante marginal, presencian el suicidio de un importante abogado de la mafia que, antes de morir, decide en un acto meramente catártico, y bastante grotesco teniendo en cuenta que se confiesa delante de unos niños —casi— inocentes (bastante personal esta aseveración, conste, lo del casi y lo de lo grotesco), detallar los tejemanejes de un secreto que afecta a las más altas cúpulas del gobierno de los Estados Unidos, relacionado con el asesinato de un senador que aspiraba a ser gobernador del estado. Mientras tanto, el hermano que "solo" ha visto el suicidio, acaba en una institución mental debido al trauma que le causa.
A partir de ahí comienzan las conspiraciones, y no sé cuál de las dos es la peor, si la del FBI, que obviamente pretende que el niño dé los detalles de la confesión del abogado suicida para poder apresar al matón que acabó con la vida del senador, o la de la propia mafia que intenta evitar que el niño «cante», y aparece la mano protectora de Reggie, la abogada que, desesperadamente, luchará por salvar al chico y a su familia, dándoles una seguridad que se vio perdida en el momento en que se convirtió en depositario de la trama de corrupción que funciona como eje de la novela.
La premisa de la que parte es buena, me gusta, de hecho, pero siento que le falta algo. 
Es casi como si de un guión o de un libreto se hubiera forzado el asunto para desarrollarlo y convertirlo en una novela. A pesar de todo, creo que el trasfondo suple con creces ese pequeño detalle que, quizá, sólo se deba al puntillismo extremo del que, me temo, adolezco.
Yo, la próxima vez, probaré a leerlo en el idioma original, quizá encuentre la chispa que creo que necesita la versión española para poder tenerlo entre aquellos que, como los de Pendergast, no puedo dejar de hojear.

3 de enero de 2020

El poder del perro, Don Winslow


Si la novela negra se combina con historias reales, historias con las que yo pueda documentarme para seguir "investigando" el asunto a mi manera —es que suelo quedarme con ganas de saber más, sobre todo si el libro me llena tantísimo como lo ha hecho este— ya puede considerarme ganada el autor, pero si encima está tan brutalmente bien escrita y plantea sin tapujos y sin miedo a las consecuencias cuáles son los problemas reales de algo tan crudo como las noticias de las terribles matanzas entre cárteles y entre nacrotraficantes en México es que me enamora. 
No me malinterpretéis, no soy una sádica aunque a veces pueda parecerlo, sino que es que el libro que os traigo hoy plantea de forma directa y clara la problemática de uno de los países más violentos del mundo, al menos así suele considerarse, un país que, paradójicamente, no está metido en ninguna guerra oficialmente declarada pero que, sin embargo, sigue viendo cómo sangran sus calles por causa de las drogas y su tráfico. 
Don Winslow ha utilizado un contexto literario en el que se produce un ataque más violento que de costumbre —y, desgraciadamente, hasta a masacres así nos estamos acostumbrando— y nos plantea la historia desde los informativos para crear una novela policíaca que, para mi gusto, es prácticamente redonda. 
El autor nos muestra la fina línea que divide el lujo del desenfreno, cómo a costa de perjudicar cientos, miles de vidas, muchos se enriquecen hasta límites obscenos y acaban guerreando entre sí para controlar este o aquel territorio que pertenece a un rival, quizá más feroz que el anterior, y toda esta descripción nos viene dada por un miembro de la DEA que, aunque es un personaje al uso en este tipo de obras, nos va introduciendo lentamente y bien agarrados de su mano en un entramado que desde el desconocimiento imaginamos brutal pero que desde dentro es aún más terrible. 
La verdad es que no me extraña que Winslow sea un autor polémico, tanto por obras como por declaraciones, pero lo cierto es que eso no hace sino añadir extras a un autor que, para mí, ya tiene muchos puntos ganados. Él escribe retazos de realidad incómoda, igual que incómodas son sus declaraciones, y no se oculta.
Por eso os digo que si sois especialmente receptivos a estas atrocidades, porque por mucho que las suelan maquillar no dejan de serlo, y acabáis dándole una oportunidad a esta fantástica novela intentéis buscar un momento en el que no os persiga ninguna tristeza, porque aunque os preparéis acabará revolviéndoos el estómago y os hará plantearos cualquier circunstancia que hayáis dado antes por sentada. 

16 de noviembre de 2019

Con el agua al cuello, Petros Márkaris


Siempre he pensado que la mordacidad más pura y la genialidad literaria —bueno, realmente creo que sucede en cualquier arte, pero mi campo de estudio, digamos, es la lengua y la literatura, así que naturalmente la he encontrado con mayor frecuencia— suelen ir a la par del desastre social.
Y sí, habéis leído bien, y podría remitirme, por ejemplo, al Siglo de Oro español —una auténtica delicia desde el punto de vista artístico en general y literario en particular— y, en un ejemplo algo más actual, a esta obra de Petros Márkaris que os traigo hoy y que, en su genialidad, combina el género policiaco con la realidad sociopolítica que sigue padeciendo Grecia debido a la ferocidad de la crisis económica que sufrimos hace unos años y de la que aún suenan campanas. 
Kostas Jaritos es un comisario del que sabemos plano personal y laboral. 
Por un lado, la historia comienza con la boda de su hija, algo que se explica porque este no es ni mucho menos el primer libro que trata de él, es, de hecho, el séptimo de su serie, así que el lector avezado ya está acostumbrado a él y le conoce en cierto modo, y, por el otro, se produce el asesinato mediante decapitación de un pez gordo de la banca.
Ya tenemos historia, ¿no creéis?
Es un libro tremendamente mordaz, con diálogos geniales, con puntualizaciones muy afortunadas que no solo ayudan a resolver el caso, sino que da pinceladas acerca de la situación actual de una Grecia cada vez más hundida y de los países que estuvimos y estamos en situaciones parecidas, y uno de estos diálogos tan brillantes es, para mí, el que justifica la compra del Seat Ibiza, pero deberéis leerlo si queréis descubrir de qué se trata. 
Estos pequeños detalles hacen de esta novela casi un tratado filosófico en el que la investigación del asesinato es un telón de fondo necesario para explicar un modo de vida adaptado por la fuerza a una sociedad que, como bien dice el libro, quiso vivir como un tiburón cuando no lo era y ni siquiera sabía nadar. 
La verdad es que aunque disfruto con el género no tenía el placer de conocer al detective Jaritos, y como toma de contacto puedo decir que estoy tremendamente satisfecha, tanto que en cuanto pueda pienso leer la serie desde el primero de todos, porque estoy completamente segura de que a pesar de que en realidad sean libros independientes entre sí y prácticamente autoconclusivo siempre hay detalles que solo se entienden si leemos el resto de los libros. 
Creo que el género, aunque de base sea el mismo, siempre tendrá variaciones locales y, aunque pueblo mediterráneo también, los griegos tienen un no sé qué de mítico que me fascina y sé que no soy la única a la que le ocurre. 

6 de noviembre de 2019

Un asesinato musical, Batya Gur


Reconozco que a pesar de ser una fanática de este género —como ya sabréis si lleváis un tiempo por aquí y me conocéis algo porque lo repito con relativa frecuencia— nunca había leído nada de Batya Gur, y sin embargo soy de la opinión de que nunca es tarde si la dicha es buena —o si el estrés te agobia hasta el punto de que no te queda más remedio que robar horas al sueño para poder escribir. Y la verdad es que me ha sorprendido, y gratamente además, porque admito que lo leí con cierta prudencia y la distancia que se obliga en casos en los que no comulgas con algunas cosas que rodean a la historia o al autor. Lo mejor es que he tenido suerte y ha valido la pena, y por eso está aquí hoy, sumándose al anaquel virtual que poquito a poco vamos construyendo entre todos. 
Fue bastante gratificante ver como Batya Gur desgrana algunos tabúes, historias que no pensaríamos encontrar tan libremente y con tanta alegría en un libro —hay temas delicados en los tiempos que corren, como sin duda sabréis—, cómo en sitios tan alejados o tan exóticos por sernos extraños se dan las mismas reglas que en cualquier parte, y descubrirlo es, a un tiempo, curioso y relajante.
No os voy a negar que este libro pertenece a una saga y que, como siempre, soy un desastre para empezar las sagas por el principio, pero esto me ha dado la oportunidad de acercarme a libros que no conocía precisamente porque he leído a destiempo uno de los que conforman la historia al completo.
Michael Ohayon es el protagonista de este libro que nos ocupa hoy y de la propia saga y es un detective ciertamente peculiar que se sirve de métodos poco ortodoxos para llegar al meollo del asesinato sin dejar nada olvidado, y esto le convierte en el eje central de la novela porque, como habréis supuesto, él y solo él tiene las claves que darán forma a la historia. 
En este libro se ve arrastrado a descubrir el asesinato de una famosa violoncelista y este caso sirve de excusa —podría catalogarse así— para que Batya Gur nos haga una pequeña tesis de musicología, de la creación del virtuoso —porque no solo se nace con dones, sino que hay que potenciarlos, ya sabéis— y de un mundo que por hermético no resulta menos interesante.
En cierto modo cuando lo leí me recordó a una novela patria, «El violín del diablo», de Joseph Gelinek, pseudónimo de Máximo Pradera, y también me recuerda que os la tengo que traer en algún momento para que, como yo, establezcáis comparativa y, por qué no, quizá iniciar un debate. 

17 de octubre de 2019

La princesa de hielo, Camilla Läckberg


Sé que soy un poco desastre a la hora de publicar, leer o recibir libros relacionados entre sí, no es lo mío, pero en honor a la verdad debo decir que no siempre es mi culpa directa, en este caso no fue este, el primero de la saga, el que llegó a mí primero, pero creo que lo importante de verdad es que al final acabo terminándolas de una forma más o menos decente. 
También me parece que es porque para mí estos libros, si bien comparten personajes, para mí son autoconclusivos e independientes entre sí. Desde luego que tienen ese eje central común, pero si esos personajes se llamasen de otra forma tampoco creo que notásemos la diferencia, y no es algo que solo me ocurra con Camilla Läckberg. 
Erica Falck es una escritora que regresa a su pueblo después de muchos años de ausencia premeditada debido a que hereda una propiedad después de fallecer sus padres, pero además del trágico suceso que la hace regresar cuando vuelve a intentar adaptarse al pueblo recorriéndolo descubre que su mejor amiga, Alex, se ha suicidado.
Sabiendo que esto no entraba en los planes ni en la mentalidad de su amiga, decide convertirse en una suerte de detective y descubre que su amiga estaba embarazada, algo que la desconcierta aún más porque por norma general un embarazo es motivo de alegría y hay formas más seguras que un suicidio para interrumpir su desarrollo.
Este misterioso suicidio es algo que la empieza a acercar al hedor turbio que parece transmitir esta muerte que pronto se descubrirá como asesinato, y en su investigación se verá ayudada por un policía novel, Patrik, que en principio parece más un trastabillo que una ayuda, si bien luego se irá descubriendo como necesario, no solo por su oficio, sino por la historia que desarrolla con Erica.
Este hecho será el detonante que hará que el pueblo viaje con la memoria al pasado para traer a la investigación a determinados momentos que, aunque lejanos en el tiempo, parecen repercutir en el aparente suicidio de Alex y, personalmente, me parece que esto dota a la historia de credibilidad y la hace asequible en el sentido de que cualquiera que haya estado en un pueblo pequeño —y más en un terreno tan duro y tan hostil como uno escandinavo, domado por el frío constante— comprende que la familiaridad resulta en muchas ocasiones un arma de doble filo y que las rencillas pueden ser algo más serio de lo que parece: el cainismo que encontramos en la literatura y en la historia y que en absoluto es patrimonio patrio.
Como ya mencioné me parece absolutamente fantástico el uso que hace de las historias paralelas para sustentar la principal, que es la propia investigación del asesinato.
Es algo que como proyecto de escritora valoro bastante porque a mí aún me resulta difícil. Atar cabos y dejarlos bien sujetos es más complicado de lo que parece. 
Solo os recomiendo que no seáis como yo si os gusta la metaliteratura y que las leáis en orden. Por el bien de vuestra cordura y por no estropearos la historia, ya sabéis.

17 de septiembre de 2019

La verdad sobre el caso Savolta, Eduardo Mendoza


De nuevo lo que se presentaba como una obligación estudiantil que iba a dar más pena que ganas y que al final sería una especie de agonía —soy un poco dramática y me viene de lejos, qué le voy a hacer— fue una sorpresa y al final se convirtió en uno de los libros que más me he leído en mi vida y uno de los que más disfruto, no importa el tiempo que pase, y por eso os traigo hoy —que además, si mal no recuerdo, hace tiempo que os lo prometí— «La verdad sobre el caso Savolta», de mi admirado Eduardo Mendoza. 
Este libro, allá por los setenta, fue pionero en muchos aspectos, aunque destaco el uso de la retrospectiva, a la aportación de documentación  para sustentar el caso mencionado y a la declaración de numerosísimos personajes secundarios que forman un puzle sobre el que se construye la historia.
La acción se desarrolla en la Barcelona de principios del siglo XX, resultado de la Semana Trágica, cuna de próceres anarquistas, burguesa en su trasfondo, inundada por propaganda y de muertes en sus calles. 
Una Barcelona que en 1918 ve cómo la revolución se prepara y se masca en el ambiente y los obreros se levantan contra los burgueses que les explotan para reclamar lo que por derecho les pertenece, a pesar de que, como siempre, el dinero les perjudica. No hay paz en la ciudad, y los sicarios son contratados para obtener los propósitos. 
Lo genial de la prosa de Mendoza, y de este libro en concreto, es que nos presenta a todos los personajes, mostrándonos hasta sus inquietudes más íntimas y, poco a poco, nos hace adentrarnos en el caso y enfundarnos la gorra de Sherlock Holmes para descubrir quién fue el asesino.
El poder y el amor aderezados con política y la ayuda de la serie de documentos judiciales y policiales nos insta a convertirnos en uno más de la Barcelona de principios de siglo, en uno más de los personajes de este libro.

11 de abril de 2019

Muerte en la vicaría, Agatha Christie


En mi lista de detectives de ficción favoritos a la par que Aloysius Pendergast —que prometo traeros su saga más pronto que tarde porque me fascina, sus libros son de los pocos que tengo destrozados de tanto leer y manosear— se encuentra Miss Marple, una anciana que, lejos del ideal de abuelita entrañable que hace calceta y demás parafernalia que asociamos con la senectud femenina, es una idealista y, sobre todas las cosas, tiene una interminable energía, una inteligencia impresionante y una especie de don para observar y resolver casos de lo más peliagudo.
Esta creación de Agatha Christie es la primera en la que podemos encontrar a esta peculiar detective, y el misterio se inicia con una aseveración terrible que hace que desde el primer momento dudemos acerca de quién es el asesino del coronel Protheroe —a modo de nota personal: tengo que investigar si Lewis Prothero de V de Vendetta está nombrado así por él— y el artífice del misterio que desentrañará nuestra detective. 
Uno de los personajes, el pastor del lugar donde se desarrolla la trama, clama desde el púlpito a sus feligreses que «Quien mate al coronel Protheroe estará dando un servicio al mundo», y ya se disparan las alarmas, principalmente por ser, en teoría, algo tan alejado de un hombre de Dios y mayormente porque está instigando un asesinato en pos de una hipotética mejora social. Lo que no sabe es cuánto le pesarán sus palabras porque poco después se encuentra al coronel muerto en su propia casa y ahí es donde aparece Miss Marple para determinar quién fue quien le mató, porque no todo iba a ser tan fácil, ¿verdad?
Es innegable que Agatha Christie es, sin lugar a dudas, la que contribuyó a hacer grande este género en ocasiones despreciado, no sé si por la profusión que alcanzó en determinados años —algo que, admito, suele pasar, supongo que siempre odiaremos a la reina del baile— o bien porque la gente era incapaz de entender los entresijos de la investigación seria y ponerse en el lugar del asesino y del detective al mismo tiempo, disfrutando del misterio por el misterio. 
Fue una pionera y, aunque reconozco que volví a disfrutarla porque un episodio de Doctor Who me recordó que hacía tiempo que no me perdía en sus libros, os la recomiendo encarecidamente, no solo porque sea fantástica en toda su extensión, sino porque podéis comprobar con ella y sus libros cómo hay cosas que no pasan de moda por más que vivamos en un mundo cada vez más lleno de tecnología.
La humanidad, dotada o no de este o aquel trasto sigue moviéndose por los mismos motivos, incluso cuando se trata del asesinato. 

15 de marzo de 2019

Bienaventurados los sedientos, Anne Holt



No me puedo resistir, y tampoco lo pretendo, a la novela policíaca. 
Creo que habré leído cientos de libros del género y nunca, nunca me canso, no sé qué tiene pero me enamora.
Quizá en otra vida fuera algo así como Sherlock Holmes, quién sabe. 
El caso es que, hoy por hoy, aunque Aloysius Pendergast siga siendo mi detective de ficción favorito —y dejo como voto traéroslo más pronto que tarde—, la novela policíaca en auge es la escandinava, y es algo que también me encanta porque personalmente es una zona que me fascina.
Anne Holt es noruega y escribe maravillosamente bien como sabréis si os habéis dejado llevar por sus páginas, y en esta ocasión nos cuenta la situación a la que se debe enfrentar Hanne Wilhemsen, la detective que aclarará la trama. 
Esta hace acto de presencia cuando, en un mayo especialmente caluroso, se encuentra una caseta abandonada en Oslo llena de sangre, hasta el punto que parece que la han echado con una manguera, y en una de las paredes se encuentran ocho números escritos con la misma sangre —como habréis adivinado son los números que ilustran la portada—; sin embargo la escena del crimen carece de lo esencial en estos casos, la víctima, y todavía no están seguros de que la sangre derramada pertenezca a una persona.
Semanas más tarde se repite el patrón, aunque esta vez sucede en una aparcamiento, y otra vez esos números que dicen todo y no dicen nada, porque como ocurrió en el suceso de la caseta no hay testigos ni cuerpo que pueda ayudar a la policía a esclarecer el caso.
Paralelamente se produce una violación en el fin de semana entre ambos regueros de sangre, y ahora es cuando cobra sentido el título de la novela, porque por la fecha y por el acto se considera que los supuestos asesinatos —ya que no hay cuerpos— y la violación están relacionados entre sí, aunque por algún motivo no se finalizó la macabra obra.
Ya no es la policía la única interesada en el caso. El padre de la chica violada, hastiado por el descontrol y lo que él considera desatención por parte de la policía, toma las riendas del asunto para saber quién fue el canalla que atacó así a su hija, y su rabia se hace nuestra conforme pasan las páginas y se va desarrollando el caso.
Me parece una lectura deliciosa y excelente.
Es una novela redonda, de verdad, creo que pocas veces he sentido la emoción que sentí cuando leí la última página y cerré el libro. Como os mencionaba la rabia del padre la vas sintiendo como lector mientras pasas las hojas porque es un caso intenso, muy intenso.
Lecturas como esta me confirman que el futuro de la novela negra está allí en Escandinavia, que, per se, no deja de ser una tierra misteriosa y llena de historia, llena de tradiciones, que por su poca población cada ciudad es casi como un pueblo y es un marco incomparable para ponerlo como centro de asesinatos que necesitan resolución. 

19 de febrero de 2019

El tatuaje de la concubina, Laura Joh Rowland


Ambientada en el Japón feudal cuando Tokio aún era Edo, lo exótico —evidente en cuanto a la fascinación que siempre ha ejercido el cerradísimo País del Sol Naciente sobre el Occidente más curioso— y lo policial se aúnan en la pluma de Laura Joh Rowland y bajo la potestad literaria del incorruptible samurái Sano Ichiro.
En esta época desconocida para el occidental medio encontramos una auténtica confabulación de las intrigas del poder y de sus esbirros, y su reflejo es la muerte de una joven concubina del shogun, gobierno paralelo al del emperador y fuente del verdadero poder en el Japón medieval. 
Harume, tal es el nombre de la joven asesinada, es la favorita del shogun y su muerte dará pie a una investigación en toda regla en la que todos, desde el más alto hasta el más bajo en poder, tienen algo que callar y mucho que ocultar. 
A través del asesinato de Harume, Rowland nos hace un retrato histórico y social del Japón de la época en la que ambienta los hechos: una sociedad de clases donde los intocables siguen siendo los parias, depositarios de los secretos de un conjunto de clases que se permiten mirarlos y tratarlos despectivamente a pesar de sus virtudes o características y que se olvidan de que siguen siendo personas con sus ganas, sus veleidades y sus sentimientos. 
Cuando lo leí por primera vez lo que más interesante me pareció fue el contrapunto que mantiene, las similitudes con las que acaricia los géneros en los que se prodiga, ya sea novela de carácter amoroso, social, policíaca o, indefectiblemente, histórica. Es capaz de mantener la intriga hasta el final, llevando la vida y la muerte de Harume hacia unos derroteros que difícilmente podríamos imaginar dada la posición que alcanza y los verdaderos motivos del tatuaje que da nombre al libro, causa y origen de todas las cosas.
Además, es interesante la rebeldía que muestra en cuanto a tópicos típicos y situaciones propias de determinados personajes, haciendo que quizá lleguemos a reflejarnos en las pautas que marca.
Es ahí y solo ahí donde podría desarrollarse la novela y lo novelado. No podría haber habido otro caldo de cultivo más fértil que no fuera el Japón feudal, que, misterioso, cerrado y supersticioso, con sus haikus y su culto animista a la naturaleza con todo lo que ello conlleva, se prodiga en todo aquello que nos atrae de forma inevitable, tan opuestos a nuestro mundo frecuente. 
Son los secretos de una época que parece haberse extendido en el tiempo los que, aun con los innegables avances, se mantiene firme en el bastión de la tradición y lo tradicional. 

24 de octubre de 2018

Crimen en directo, Camilla Läckberg


Cuando los días se van haciendo cada vez más grises y menos se ve el azul siempre pienso en una de las pocas experiencias buenas que tuve en la parte más temprana de mi adolescencia en un instituto infame. 
Este primer instituto al que fui organizó un intercambio a Finlandia, y fue raro porque era la primera vez que salía de mi casa sola a un país extranjero —Marruecos no cuenta porque he ido tantas veces que ya es para mí algo normal y no exótico— y porque hablando de primeras veces fui en pleno enero y nunca había visto la nieve antes y entonces me llegaba al muslo. Y sí, soy bajita, pero a gente más alta también le llegaba arriba. 
Así que una cosa lleva a la otra, Finlandia a Escandinavia, Escandinavia a la novela policíaca y, voilà, la combinación lógica de estas dos cosas es Camilla Läckberg. 
De nuevo son nuestros Patrik y Erica, aunque ahora acompañados de su bebé, que ya tiene unos meses, los que deberán resolver el misterio que vuelve a proporcionar el pueblo.
Esta vez, al más puro estilo de Hitchcock, por lo menos eso pensé yo cuando lo leí, el misterio se desenvuelve en un reality show que llega al pueblo con la promesa de unos beneficios increíbles, por polémico que sea, pero que acaba siendo un caso para esta joven pareja, porque una de las participantes aparece muerta, mientras que, paralelamente, sucede otra muerte muy extraña, la de otra mujer del pueblo que sufre un accidente de tráfico estando borracha, y digo que es extraña porque ella nunca ha bebido y su tasa de alcohol es superior, incluso, a la de una persona habituada a la bebida.
Además, aparecen unas marcas en su cuello y una hoja de un cuento infantil, algo que se corresponde con diferentes asesinatos en otros puntos de Suecia que siguen el mismo patrón.
Como veis la polémica y el interés están servidos y van de la mano.
De la novela negra no puedo decir nada que no haya dicho ya en otras reseñas, porque sigue siendo de mis favoritas, pero el planteamiento que expone Läckberg me ha resultado de lo más original.
Desde luego que el asesinato por emborrachamiento y posterior accidente de coche no es algo nuevo, ni en la historia ni en la historia de la literatura, pero el hecho de que lo que parece ser un asesino en serie —que luego se confirma— se meta dentro de un reality show para llevar a cabo su atroz acto me ha llamado poderosamente la atención, y no solo por el asesinato en sí.
Creo que así expone bastante de la psicología de un asesino en serie, un afán protagonista increíble; por decirlo de alguna manera, el hecho de que televisen todo lo que arrastra el asesinato es una forma brutal de alimentar el ego del asesino en cuestión, y a la vez puede ser el punto determinante para que dé un paso en falso y se descubra, en este caso por la pareja de Patrik y Erica. 

10 de agosto de 2018

Aurora boreal, Åsa Larsson


Reconozco que al principio me mostraba bastante reticente a este género de novela negra escandinava desde que irrumpió la saga Millenium en las librerías y en la mente colectiva hasta el punto de desencadenarse cierto furor que aún hoy llevan a publicitar esta trilogía hasta la saciedad en librerías y tiendas popurrí, como las llamo yo. 
No niego que la trilogía tiene la calidad necesaria para llegar tan hondo en la sociedad. Presenta planteamientos duros y a la vez estimulantes que consiguen engancharte desde un principio y como lectora considero que debería haberse quedado en trilogía, porque pienso por mucho que un escritor pueda querer imitar a otro e incluso lo mejore en cierto modo ya no contiene su esencia, en tanto que creo que la escritura es algo personal y siempre contiene algo de autobiográfico. 
Aun así y debido a esta pequeña reticencia inicial que os comento me permití el lujo de prejuzgar por la renuencia que me inspiraba esa corriente arrolladora. Sin embargo tuve una pequeña chispa de inspiración en una estación de tren. Allí lo vi, pequeño y apartado, con ese título tan sugerente y no pude resistirme a llevarme este hijo literario de Åsa Larsson, una grandísima escritora, como pude comprobar, eclipsada por ese título tan sugerente y por lo que llevaba detrás. 
Quienes más o menos os hayáis deslizado por entre las categorías con las que etiqueto los libros que os traigo veréis que la novela policíaca me puede, siendo uno de mis géneros predilectos, y decidí atreverme a sumergirme en sus páginas. 
Descubrí algo que no esperaba. Me reitero en que la saga Millenium en cierto modo le ha hecho daño porque, además de haberse escrito antes, se ha visto arrastrada por esa corriente que mencionaba y le impide destacar. Pero puede que sin esa corriente no se hubiese dejado descubrir, es posible, porque es difícil que un libro de tan lejos llegue si no le han dado un bombo comercial considerable, y aun así os lo recomiendo encarecidamente porque es un libro de palabras suaves y acciones decididas. 
El cuerpo de un clérigo archifamoso aparece mutilado en una iglesia y, real y metafóricamente, la nieve se tiñe de sangre cuando la sospecha cae sobre su hermana, que descubre el cadáver, y la pasión por eludirla deja ver secretos de los pobladores que habían estado hundidos en el más profundo de los hielos. Ahora, con el misterio desencadenado por la muerte del sacerdote, este hielo empieza a derretirse y a hacerlos aflorar. 
Me gusta el ritmo trepidante que mantiene, con una avalancha de ideas que casi te hace ser policía para llegar a entenderla y por el deseo de adelantarte a sus personajes para saber qué o quién motiva el engranaje que parece poner en marcha al pueblo perdido en el norte de Suecia.
Es una historia de intrigas y de tópicos que no deja indiferente a nadie. O la odias o la amas, pero no la olvidas.

14 de julio de 2018

Petirrojo, Jo Nesbø


Ya sabéis que a veces peco de fangirl de la novela negra —qué le voy a hacer—, es este posiblemente uno de mis géneros literarios favorito y no lo puedo evitar, y disfruto especialmente si se trata de la novela negra escandinava.
Quizá tenga que ver con el hecho de que hace unos cuantos años, y empiezan a ser muchos, pasé dos semanas en una ciudad finlandesa durante el invierno —la nieve me llegaba a la altura del muslo y no la había visto nunca antes, imaginaos mi emoción— y me enamoré absoluta e incondicionalmente de esa tierra tan fría pero al mismo tiempo tan especial.
No es un sitio perfecto, pero puede que precisamente por eso me gustara tanto. Solo estuve dos semanas y como digo fue hace ya demasiados años, pero igual la añoro, aunque reconozco que menos mal que fueron solo dos, porque aunque me encantó la nieve acabó agobiándome, tengo el desierto demasiado cerca como para que me soltaran ahí sin preparación en medio de tanta nieve. 
Aunque de forma inconsciente tendamos a identificar Noruega, Suecia y Finlandia como un único ente con características similares, lo cierto es que sus semejanzas son las propias de tres países cercanos, nada más, y yo misma peco de esa identificación indiscriminada porque puede que para suplir esta pequeña carencia que se ha formado en mi corazoncito me dedico a leer todo lo que cae en mis manos y está contextualizado en cualquiera de estos países, porque aquello de imaginar los paisajes y sumergirme en mi propio libro siempre me ayuda ante una realidad que suele serme ajena.
Es precisamente en Noruega donde se desarrolla la trama del libro que hoy nos ocupa, y he elegido esta novela de Jo Nesbø para añorar esa tierra tan fría que se instaló en mi corazón precisamente porque no se deleita relatando bucólicas imágenes de fuego entre la nieve o acaso de lo idílica que es la vida en el norte a pesar del frío.
Jo Nesbø es sórdido, mucho, mucho más de lo que se suele considerar aceptable, y es el primero que saca a relucir los fallos de su Noruega natal, quizá para en una mezcla de justificación y una suerte de reproche demostrar que no son perfectos y que a veces tampoco pretenden serlo.
Si además hace uso de la Segunda Guerra Mundial para demostrar que ellos también tuvieron momentos oscuros, y no me refiero al hecho de la invasión que, en cierto modo, se puede evitar más o menos según los efectivos militares y demás variables que no conozco debido a mi condición de mera civil, sino a la displicencia con la que cierto sector de la población la asumió y la hipocresía posterior, como si realmente no hubiera sucedido nada que tuviera que ver con la Alemania nazi y en realidad fue bastante.
Todo comienza cuando Harry Hole, nuestro protagonista y policía que tiende a sumergirse en el alcohol forma un lío de magnitudes descomunales.
En una visita del presidente estadounidense a Noruega ve a un hombre con un arma y creyéndole una amenaza no se le ocurre otra cosa que dejarle un bonito agujero en la cabeza. Podría considerarse que cumplió con su deber como policía que defiende a un mandatario, pero, ¿cuál es la pega? Pues que el hombre caído era un agente del servicio secreto del presidente de Estados Unidos. 
Para tapar el follón le ascienden a inspector por su hipotético buen hacer, pero, como digo, simplemente para quitarle importancia al hecho de que ese hombre con el arma en realidad estaba haciendo su trabajo. La otra parte del ascenso es mandarle a una especie de brigada ciudadana en la que aparentemente haga bonito y no hiera ni mate a nadie de nuevo.
Es precisamente a raíz del descubrimiento de un arma a la que encuentra relación con una célula neonazi que se va hilando la trama y nos lleva al pasado, a la Noruega ocupada por el nazismo en 1944, y es aquí donde comienza lo más complejo de la historia, las dos caras de una misma moneda de la que solo solemos ver una. 
A mí, personalmente, me ha gustado mucho, pero mucho muchísimo.
Si bien es cierto que no es el mejor libro de este género que he leído sí me gusta que presente un hecho que a la mayoría de la gente se le suele escapar. Estamos acostumbrados a leer por aquí y por allá acerca de la invasión de Polonia, de la invasión de los Sudetes, de la Solución Final y poco más, y la Segunda Guerra Mundial fue mucho más que eso, aunque no quiere decir que solo esto sea poco. También hubo un frente en Escandinavia, y quizá la rendición noruega sea una de las más desconocidas, por lo menos entre el gran público.
Así que con todos estos hilos de los que tira para definir esta compleja trama puedo decir positivamente que me ha encantado la historia, que me he bebido el libro y que me quedo con la parte histórica, que es al fin y al cabo la gran desconocida. 

22 de mayo de 2018

El caso de Betty Kane, Josephine Tey


Aunque la gente que me conoce pueda llegar a pensar que por mis manos han pasado la mitad de los libros del mundo confesaré que aún me quedan muchos mundos en los que entrar y vidas en las que sumergirme. Así siempre estoy buscando nuevas recomendaciones, tanto de novedades como de clásicos, porque nunca se sabe qué maravillas puedes encontrar. 
El libro que hoy nos ocupa fue una de esas recomendaciones, indirecta, por cierto, que encontré en Twitter. Reconozco que me muevo en un círculo un poco limitado en esa red social y que muchas de las cuentas que sigo son de gente relacionada con el mundo de los libros y la literatura, y de esa manera llegó a mis manos esta pequeña maravilla de la novela negra, que aunque todavía no lo sepáis es de mis géneros favoritos. 
Josephine Tey nos sitúa en Milford, el típico pueblecito inglés en el que a veces hemos soñado con vivir por su tranquilidad y porque nunca pasa nada más allá de la vida. Sin embargo, un día Betty Kane, quien da título a la novela, y quien es una jovencita de lo más angelical y digamos adecuada para las convenciones sociales y lo que se esperaba para una chica de la época en un pueblo como ese acusa a las Sharpe, madre e hija, de haberla secuestrado y provocado tremendos horrores en el desván de su casa. Por supuesto las Sharpe se defienden, aducen que ellas, tranquilas como son, jamás podrían haber llevado a cabo las infinitas torturas que se listan, pero Betty empieza a dar detalles, algunos que solo podría saber si de hecho ha permanecido tiempo en ese desván. 
Todo lo que se presenta apacible y hasta anodino de repente se convierte en una olla a presión que nos hará plantearnos si los personajes aparentemente maniqueos y divididos en buenos y malos se ajustan a sus características o si realmente todo es lo que parece. 
Es bastante razonable imaginar por qué me ha encantado y por qué me he bebido el libro de un tirón y sin tomar aire. 
Desde pequeña me ha gustado lo relacionado con el misterio y la intriga —próximamente os hablaré del primer libro de "adolescente adulta" que leí y que a día de hoy sigue acompañándome en mi mesilla de noche porque sigo teniendo la necesidad de releerlo de vez en cuando—, y por eso me resulta refrescante esta novela, porque se adhiere a los cánones del estilo pero, a la vez, me resulta rompedora en tanto no necesita de giros increíbles de guión o personajes rimbombantes para conseguir que no puedas despegar los ojos de las hojas. Nuestro detective, Robert, que es quien lleva el preso de la trama, no lo es por profesión, simplemente le toca serlo porque desde la mismísima Scotland Yard no consiguen desbaratar la madeja, y la verdad es que lo hace de la mejor de las maneras, y está tan bien escrito que resulta creíble, algo que se agradece infinitamente. 
Ya veis que lo que puede resultar en apariencia sencillo o anodino puede guardar grandísimas sorpresas, así que os propongo que lo leáis y que vayáis al pequeño pueblecito que es Milford, os va a encantar.