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3 de diciembre de 2021

Fuego cruzado, Miyuki Miyabe


A veces pienso que leo demasiada poca literatura de mujeres y que también os las traigo demasiado poco.
En cualquier caso, intento hacer y dar lo mejor de mí e implicarme con ellas, porque es necesario y porque son demasiado desconocidas a pesar de su valía, que es mucha.
Este es uno de los libros que más me han gustado últimamente y, aunque he tardado en traerlo, y confieso que sentía cierto desasosiego porque así fuera, el tema me atrae y debo reconocer que desde que lo leí se convirtió en uno de los libros que debo leer más de una vez para empaparme de él.
Y aprovechando que se ha comparado a Miyuki Miyabe con Stephen King, y como da la casualidad que hace no muchas noches estuve hablando de él con unos amigos, que me ilustraron sobre obras suyas que no conocía y que ya he empezado a leer, hoy os he traído su segunda novela, la que ilustra esta imagen tan perturbadora.
Junko es nuestra protagonista esta vez. 
Es una joven con determinados poderes piroquinéticos que los intenta manejar y que presencia el asesinato de un hombre, y este hombre le revela el secuestro de una mujer que hay que salvar.
A su vez, aparecen dos investigadores, Chikako, detective de la brigada de incendios de la policía de Tokio, escéptica en lo que se refiere a este tipo de sucesos que se alejan de la cotidianeidad, y Makihara, un detective de lo más curioso que, por un hecho en su infancia, sí que reconoce la existencia de los poderes de Junko. 
Con este trío vamos recogiendo pistas acerca de los casos, y, a la vez, un retrato de lo que es la justicia y de lo que puede llegar a ser, llegando a un final que, personalmente, si no me sorprendió porque se va deduciendo, sí que supuso, cuando menos, un revulsivo.
No puedo hacer sino recomendárosla si os gusta el estilo del terror de los bestsellers de King, si bien no es igual, obviamente, sí que recuerda a su devenir con los tintes sobrenaturales de los que hace uso para imaginar a los personajes y el desasosiego que deja en el lector una vez lo ha terminado.
A mí, por lo menos, la mayoría de las veces me pasa lo mismo, acabo replanteándome en cierto modo la realidad y sus vestigios.
Asimismo, si sois unos amantes de Japón os encantará por los retazos de novela que entrelaza con la historia de este país, con sus tradiciones y su forma de vivir en definitiva, con personajes perfectamente planteados y desarrollados, que casi se hacen tan reales como los que se puedan llegar a soñar.

2 de agosto de 2021

El maestro del Prado, Javier Sierra

He tenido que esperar más de lo que hubiera deseado para poder sumergirme entre sus páginas, pero, por fin, soy libre y os puedo traer, con gran solaz, una de las últimas obras —y nunca mejor dicho, dado el tema pictórico del que trata— del misterio, de manos de Javier Sierra. 
Esta vez, y en una forma entre novelada y biográfica, de la mano de él mismo allá por los tiempos en los que estudiaba todavía su carrera de periodismo y del doctor Fovel, nos descubre los secretos y símbolos del arte, concretamente del arte que resguardan los muros del Museo del Prado, un museo al que tengo que volver, y esta vez con el libro en la mano. 
Quiero que me sirva de guía y, a la vez, poner en ejercicio mi objetividad para compararla con la novela.
Aunque indudablemente lo que cuenta de primera mano Javier Sierra-personaje es interesante, ese punto de oportunidad y de misterio inherente al doctor Fovel se me antoja el pilar sobre el que se sustenta esta mezcla de ficción y realidad. 
Es de destacar lo de la mezcla de ficción y realidad. 
El propio autor afirma que se permite la novelización de ciertos asuntos, por aquello de la coherencia y de darle continuidad a la historia —en el fondo los recuerdos son pequeñas novelas más que historias reales—, pero, desde luego, que lo que le cuenta Fovel al Javier-personaje hay que planteárselo.
Es más, en las reproducciones de las obras que podemos encontrar en el libro, podemos comprobar nosotros mismos que existen esos símbolos, esos detalles. 
Y ahora en esta época masificada tecnológicamente, que no negaré que ha facilitado mucho el asunto, podemos recurrir a hemerotecas, enciclopedias y mil textos que cuentan y amplían la historia que se expone. 
Quizá más ortodoxa, pero los hechos son hechos al fin y al cabo.
Me he bebido el libro en una tarde, del tirón, y es que no sé qué tiene Javier Sierra pero engancha como la peor de las drogas, y mucho. 

1 de julio de 2021

La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte

 
Sin que sirva de precedente y sólo porque la temática me gusta voy a volver a traeros a Pérez-Reverte, cuyas peculiaridades no están reñidas con la calidad de algunos de sus libros. La trama, en apariencia, es sencilla.
Al igual que en algunas teorías conspiranoicas que se refieren a según qué cuadros famosos de este o aquel autor más famoso todavía, en el que nos ocupa y que es el eje de la novela, se encuentra una misteriosa inscripción oculta tras las capas de pintura cuando Julia, nuestra protagonista, está restaurando el cuadro en cuestión. 
Como es natural, la restauradora pide ayuda para resolver la partida de ajedrez a medias que ilustra el cuadro, y este hecho desencadena historias pasadas y presentes que, siendo sinceros, algunas serán más sangrientas que otras. 
Y eso, para ser sincera, me encanta, porque aunque esto sea ficción no somos conscientes de la magnitud de la influencia que tiene el pasado sobre nuestras acciones y sobre nuestra realidad, por decirlo de alguna forma.
No solemos pararnos a pensar en por qué son las cosas como son, o quizá sí que lo hacemos, pero no nos vamos lo suficientemente atrás en el tiempo para empezar acaso a encajar piezas, y me parece que este libro es muy apropiado para replanteárselo. 
Hay, en efecto, una película que no tardó en salir en relación con el libro, apenas unos cuatro años después, y aunque no sea santo de mi devoción —ya sabéis que pienso que las adaptaciones cinematográficas de obras literarias suelen sobrar porque es la imaginación del guionista y director en cuestión, y no se suele amoldar a la que una misma, como lectora, se hace en la cabeza, con lo que faltan y sobran cosas—, entiendo que se hiciera tan pronto, y con actores que con el paso del tiempo demostraron su categoría, porque el libro es interesante de verdad, no sólo porque como historia es impecable, sino porque tiene gancho, un gancho del que sólo pueden presumir unos cuantos, y más si tratan un tema tan denso como puede ser la historia del arte y sus derivas. 
Como se puede intuir, yo me quedo con el libro, pero nunca está de más hacer una comparativa extraña entre ambas versiones, la original y la imaginada, al igual que releer una obra siempre dará detalles que hemos obviado, o que quizá no habríamos considerado tan importantes.

25 de agosto de 2020

Flavia de los extraños talentos, Alan Bradley


Una se cansa, en ocasiones, de leer siempre lo mismo, de, aunque no sean las mismas historias —es obvio, siempre variará algo—, encontrar siempre las mismas pautas, el mismo guión predecible que te arrastra a una desgana lectora bastante preocupante. 
No es una sensación agradable, sobre todo cuando se recurre a la lectura como válvula de escape de todos los males que asolan al mundo.
Así que decidí emprender una búsqueda un tanto peculiar, la de un libro que se amoldara a mis gustos y me ofreciera algo nuevo y fresco, que tuviera un mínimo de originalidad que consiguiera no hastiarme, y en este contexto surgió este libro de Alan Bradley que os traigo hoy.
Estamos en el año 1950, en una oscura mansión victoriana de la campiña iglesia, y nuestros protagonistas principales son cuatro: Flavia de Luce, con unos once años y tremendamente maquiavélica y maravillosa, sobre la que girará la trama, sus hermanas Ophelia y Daphne, a las que odia sobre todas las cosas y su padre, un hombre viudo y taciturno que, quizá, con su carácter, haya empujado a sus hijas a ser así. 
Y es en este contexto donde aparece un cadáver en el jardín. 
Desde luego todas las culpas y las miradas sospechosas recaen sobre el padre, y Flavia, que con una inteligencia brillantísima se hace cargo de la situación, decide demostrar su inocencia indagando en el misterio del muerto dentro de un viejo laboratorio desvencijado que se encuentra en la mansión, llevando a la vez su personal venganza contra sus hermanas.
Debo decir que desde el primer momento me enamoré de la ambientación y, por qué no decirlo, de los actos de la protagonista y de su propia caracterización.
Ese regustillo macabro, ese humor negro tan peculiar y tan ligado a ella misma y esa forma de crear en el laboratorio su propia venganza contra sus hermanas me ha llegado al corazón.
Reconozco que me ha parecido tremendamente divertido, y el ambiente que se respira en la novela es, prácticamente, el de una película de Tim Burton, así que no me extrañaría que si lo conociese lo adaptara, y admito que correría a verla. 
De hecho, al hilo de películas oscuras pero fantásticas, desde que vi la portada no puedo dejar de imaginar a Flavia como Miércoles Addams, con su mismo desempeño, su mordacidad y su peculiar forma de ver la vida.
Quizá sólo sea cuestión de tiempo que salga una película.

2 de junio de 2020

El club Dumas, Arturo Pérez-Reverte


Paradójicamente, con Arturo Pérez-Reverte tengo una relación de amor-odio. Como escritor tiene momentos brillantes, del resto, bueno, discrepamos. 
Por eso, y porque creo en el valor de abrir la mente y no quedarnos en una cámara de eco, os traigo hoy esta obra suya que reconozco que hizo que durante unas cuantas noches me diera un poco dellamémosle miedo, o aprensión, coger un libro relacionado con esta temática.
Es, junto con la historia de Los Tres Mosqueteros, más bien su entorno y sus libros contemporáneos e hijos del mismo padre, la bibliofilia el eje central de la novela, y, junto a ellos, lo esotérico, lo misterioso e, incluso, lo diabólico.
Bajo estos auspicios se nos presenta Corso, un mercenario a su servicio que recibe el encargo de un coleccionista de buscar las dos últimas copias del libro «Las nueve puertas» —rama del libro en el que se centraría Polanski para hacer su película interpretada sabiamente por Johnny Depp, vaya dos patas para un banco, por cierto— y a cuyo amigo le agencian el descubrir un manuscrito de Dumas, quedando por saber si es original o no.
Admito que me parece bien documentado y que es bastante verosímil en su planteamiento, porque a veces me pregunto si cualquier filia no tiene algo de diabólico en tanto te atrapa de tal forma que eres capaz de olvidar o ceder a circunstancias que en otros momentos no cederías.
A partir de estos hechos, se suceden otros tantos que, indefectiblemente, van ligando una historia a otra, sobre todo desde que el amigo de Corso aparece muerto mientras efectuaba su búsqueda, tomando él la tarea de autentificar esos manuscritos que le llevan por distintos puntos de la geografía a fin de hacer diferentes comprobaciones.
La verdad es que a esta novela no puedo ponerle pegas, ni siquiera a su autor, porque sin él y su peculiar forma de hacer literatura no sería posible encontrar esta pequeña joya en la que acabas participando en la trama y compartiendo los secretos demoníacos que ella alberga.
Lo único que puedo advertiros es que no la leáis de noche si sois de natural aprensivo como lo soy yo.

19 de abril de 2020

El cliente, John Grisham

A pesar de ser un autor claramente conocido y vendedor de bestsellers a, permitidme la expresión, punta pala, la verdad es que no había leído nada de John Grisham hasta que llegó este libro a mis manos en forma digitalizada.
Estaba buscando sugerencias. Aunque tengo cientos de libros, mi madre solía decir que como entrara un libro más, tendríamos que salir nosotros de casa para que cupieran, pero creo que ya los he leído todos. Así que decidí limitarlo a los parámetros que me suelen satisfacer, cierto suspense, tintes de novela negra, un tanto policíaco...y di con este autor que, la verdad, no creí que me fuese a llenar del todo. 
Si habéis leído alguna de las entradas al respecto, sabréis que tengo una relación de cierto amor-odio con los bestsellers. Pero, aun así, me atreví a dejarme llevar por las páginas, y creo que acerté, a pesar de que el hilado, o tal vez la traducción, a veces se va aquí o allá y desconcierta un poco.
La historia es bastante oscura, justo lo que necesito en estos días.
Dos hermanos, niños, de un estrato bastante marginal, presencian el suicidio de un importante abogado de la mafia que, antes de morir, decide en un acto meramente catártico, y bastante grotesco teniendo en cuenta que se confiesa delante de unos niños —casi— inocentes (bastante personal esta aseveración, conste, lo del casi y lo de lo grotesco), detallar los tejemanejes de un secreto que afecta a las más altas cúpulas del gobierno de los Estados Unidos, relacionado con el asesinato de un senador que aspiraba a ser gobernador del estado. Mientras tanto, el hermano que "solo" ha visto el suicidio, acaba en una institución mental debido al trauma que le causa.
A partir de ahí comienzan las conspiraciones, y no sé cuál de las dos es la peor, si la del FBI, que obviamente pretende que el niño dé los detalles de la confesión del abogado suicida para poder apresar al matón que acabó con la vida del senador, o la de la propia mafia que intenta evitar que el niño «cante», y aparece la mano protectora de Reggie, la abogada que, desesperadamente, luchará por salvar al chico y a su familia, dándoles una seguridad que se vio perdida en el momento en que se convirtió en depositario de la trama de corrupción que funciona como eje de la novela.
La premisa de la que parte es buena, me gusta, de hecho, pero siento que le falta algo. 
Es casi como si de un guión o de un libreto se hubiera forzado el asunto para desarrollarlo y convertirlo en una novela. A pesar de todo, creo que el trasfondo suple con creces ese pequeño detalle que, quizá, sólo se deba al puntillismo extremo del que, me temo, adolezco.
Yo, la próxima vez, probaré a leerlo en el idioma original, quizá encuentre la chispa que creo que necesita la versión española para poder tenerlo entre aquellos que, como los de Pendergast, no puedo dejar de hojear.

21 de marzo de 2020

El silencio de los corderos, Thomas Harris


Supongo que, como todos, tengo ese puntito de masoquismo que hace que, aunque me dé un miedo tremendo, lea o vea cosas que a priori podría descartar precisamente por esa razón. A mi favor tengo que decir que suplo ese masoquismo viendo las películas de terror acompañada, porque cuando lo hago necesito desesperadamente agarrarme y esconderme.
Ya, lo sé, ni yo misma me entiendo.
Sin embargo, a pesar del miedo que a veces me da, debo reconocer que disfruto, sobre todo cuando se me presenta una novela y un protagonista tan inteligentes como los que nos ocupan, obra de Thomas Harris.
¿Quién, aunque deplore sus actos, no admira al doctor Hannibal Lecter?
Es formidablemente brillante, seductor, y, lo que es más importante, tremendamente manipulador.
Y como contraparte, Clarice Starling —«quid pro quo, Clarice», ¿recordáis?—, una alumna del FBI a la que encomiendan entrevistarle para conocer quién está detrás de unos pavorosos crímenes que asolan la ciudad y que cumple con unos patrones muy determinados, enfocándose en determinado tipo de chicas.
Me parece absolutamente maravillosa la forma en la que se va estableciendo la relación entre los dos y cómo se desarrolla la investigación policial. A través de ella, de "desahogarse", por decirlo de alguna manera, con la faceta buena del psiquiatra, va paliando sus miedos y consigue resolver el caso con su ayuda.
Creo que es una obra de lectura obligada.
Principalmente porque aunque, como decía antes, sus actos no son lo más recomendable para llevar a cabo, hay que reconocer la tremenda elegancia con la que los desempeña, casi con la precisión de una obra de arte un tanto sui géneris con la que se deleita. E igualmente me parece fascinante la propia película, creo que sin Anthony Hopkins no hubiera sido lo mismo. 
Además de ser un actor maravilloso, creo que él es el que define finalmente el carácter y la actitud del doctor Lecter; de una forma memorable consigue que hasta nos identifiquemos en cierto modo con él y que aceptemos sus actos.
Hasta el detalle de aprender con las vivencias del doctor Lecter que la carne humana más sabrosa es la de las mejillas tiene un punto de humor negro que me fascina.

26 de enero de 2020

La huella del hereje, Susana Fortes


Teniendo en cuenta que llegué a conocer a Susana Fortes hace ya unos cuantos años por medio del club de lectura al que pertenezco la verdad es que me apetecía traerla aquí a este pequeño anaquel virtual que poco a poco va haciéndose más amplio. 
Sabéis también que no me puedo resistir a un thriller en toda regla. Como ya os he dicho varias ocasiones hay veces en las que me es imposible no sumergirme en el género de nuevo, aun a riesgo de pecar de predecible y este es el último que me cautivó. 
Susana Fortes, por lo que he visto a lo largo de la lectura de sus obras, es una escritora que se guía por las ciudades más famosas espiritual y artísticamente hablando.
Esta vez nos sitúa en la archifamosa Santiago de Compostela, una ciudad que ya de por sí es misteriosa por todos los secretos que guarda y recibe y, para qué negarlo, por todo lo que han oído sus piedras a lo largo de los siglos, que, teniendo en cuenta el Camino, no es de extrañar que sea muchísimo; y, por cierto, es una ciudad que tuve el placer de conocer hace algún tiempo justo después de una ruptura horrible y me dejó enamorada. 
En este caso, aparece el cadáver de una chica en mitad de la catedral, y a partir de ahí se producirá una mezcla impresionante de historia, con el robo, casi a la misma vez, de un manuscrito de Prisciliano, un hereje oriundo aparentemente de la propia Galicia. 
Claramente ambos hechos están unidos y un coro de investigadores, relacionados o no con la policía, serán quienes descubran esta liga entre ambos hechos y determinen quién es el asesino, alguien quien, a pesar de todo, no es quien esperamos que sea. 
Reconozco que en un principio casi pensé que era otra más, porque, seamos sinceros, todos conocemos un número alarmantemente alto de historias con una base parecida que se ajustan a determinados momentos y fin, dinero contante y sonante, pero si bien sí que aparecen estos momentos, estos personajes que rozan el maniqueísmo y, desde luego, el típico misterio que se resuelve con la búsqueda de un manuscrito perdido, guarda algo especial en sus páginas, algo que se confabula con lo frecuente para hacerla merecer consideración aparte. 
Quizá el hecho de que está basada en ciertos asuntos reales es lo que hace que me interese más.
A mí, por lo menos, me satisface el hecho de buscar este o aquel asunto mencionado en cualquier libro que pueda tener un viso de realidad, es como si hiciera de mí un personaje de la novela, una investigadora más entre los que luchan por conocer la verdad en el libro, y lo cierto es que Susana Fortes consigue convertirte en ese investigador que se une a la historia.

6 de noviembre de 2019

Un asesinato musical, Batya Gur


Reconozco que a pesar de ser una fanática de este género —como ya sabréis si lleváis un tiempo por aquí y me conocéis algo porque lo repito con relativa frecuencia— nunca había leído nada de Batya Gur, y sin embargo soy de la opinión de que nunca es tarde si la dicha es buena —o si el estrés te agobia hasta el punto de que no te queda más remedio que robar horas al sueño para poder escribir. Y la verdad es que me ha sorprendido, y gratamente además, porque admito que lo leí con cierta prudencia y la distancia que se obliga en casos en los que no comulgas con algunas cosas que rodean a la historia o al autor. Lo mejor es que he tenido suerte y ha valido la pena, y por eso está aquí hoy, sumándose al anaquel virtual que poquito a poco vamos construyendo entre todos. 
Fue bastante gratificante ver como Batya Gur desgrana algunos tabúes, historias que no pensaríamos encontrar tan libremente y con tanta alegría en un libro —hay temas delicados en los tiempos que corren, como sin duda sabréis—, cómo en sitios tan alejados o tan exóticos por sernos extraños se dan las mismas reglas que en cualquier parte, y descubrirlo es, a un tiempo, curioso y relajante.
No os voy a negar que este libro pertenece a una saga y que, como siempre, soy un desastre para empezar las sagas por el principio, pero esto me ha dado la oportunidad de acercarme a libros que no conocía precisamente porque he leído a destiempo uno de los que conforman la historia al completo.
Michael Ohayon es el protagonista de este libro que nos ocupa hoy y de la propia saga y es un detective ciertamente peculiar que se sirve de métodos poco ortodoxos para llegar al meollo del asesinato sin dejar nada olvidado, y esto le convierte en el eje central de la novela porque, como habréis supuesto, él y solo él tiene las claves que darán forma a la historia. 
En este libro se ve arrastrado a descubrir el asesinato de una famosa violoncelista y este caso sirve de excusa —podría catalogarse así— para que Batya Gur nos haga una pequeña tesis de musicología, de la creación del virtuoso —porque no solo se nace con dones, sino que hay que potenciarlos, ya sabéis— y de un mundo que por hermético no resulta menos interesante.
En cierto modo cuando lo leí me recordó a una novela patria, «El violín del diablo», de Joseph Gelinek, pseudónimo de Máximo Pradera, y también me recuerda que os la tengo que traer en algún momento para que, como yo, establezcáis comparativa y, por qué no, quizá iniciar un debate. 

17 de mayo de 2019

El último ritual, Yrsa Sigurðardóttir


¿Recordáis que os comenté cuando os traje hace un tiempo «Diabulus in musica» que llevaba muchísimo tiempo queriéndolo traer para vosotros y que siempre pasaba cualquier cosa que me hacía posponerlo o cambiarlo por otro?
Pues algo así me ha ocurrido con este libro de Yrsa Sigurðardóttir, aunque en este caso no ha sido porque me haya sentado delante de la hoja en blanco durante interminables horas y no haya podido escribir ni una sola palabra, sino más bien porque lo tenía pensado para el mes de marzo y lo que al principio fue una forma de hacer listas para saber si este o aquel libro se adaptaba mejor a lo que proponía se acabó convirtiendo en una especie de descarte que aún hoy dos meses después sigo aprovechando. 
Y este no es que no pasara la criba, sino que me parecía que debía dejarlo para más adelante, y ese momento ha llegado. 
Un joven, Harald, aparece muerto en la Universidad de Reikiavik, en la Facultad de Historia en la que estudia, y lo que podría pasar por un anodino asesinato más —aunque, entendedme, un asesinato no debería ser nunca un hecho anodino o rutinario—  se convierte en una especie de hito porque al cadáver le han arrancado los ojos y le han marcado el cuerpo con unos signos que todavía no se han logrado identificar.
Días después es su madre, Amelia, quien recibe una carta escrita con la sangre de su propio hijo y que contiene unas palabras que terminan de desconcertarla. Este será el pistoletazo de salida de la trama del libro, la investigación de este crimen que hundirá sus raíces en los aciagos momentos de las quemas y cazas de brujas en el medievo. 
La causa no será otra que el descontento con la investigación, y contratarán a una abogada islandesa que echará por tierra la intención policial de culpar a un delincuente adolescente de poca monta para descubrir el verdadero secreto que hay detrás de la muerte de Harald.
Debo reconocer que las tramas así me pueden, aunque se sepa a partir de la página cincuenta, pongamos de ejemplo, cómo van a acabar y que realmente no van a suponer un antes y un después en la historia de la novela policíaca, pero es una especie de descarga emocional que liga la historia y las ideas que, personalmente, me fascina. 
Como os digo, creo que este es un libro de esos que se usan para desconectar, para apartarte de todo el estrés y el agobio y permitirte un ratito de paz, y ahí radica parte de su encanto, así que con entera conciencia os lo recomiendo para que seáis capaces de disfrutar de él y de su intertextualidad, y, por qué no, del misterio que encierra tanto como lo he hecho yo. 

29 de abril de 2019

La devoción del sospechoso X, Keigo Higashino


Japón es un país que, personalmente, siempre me ha llamado la atención.
Tal vez sea por sus costumbres tan alejadas de las nuestras, que les aíslan del resto del mundo y por propia voluntad —es una cualidad que valoro; no sé si es una virtud, pero a ratos prefiero estar tranquilamente en la soledad y en el silencio—, o quizá por esa capacidad de sacar fuerza de la situación más desastrosa, sobreponerse y brillar sobre todos los demás.
Puede que sea que ese aislacionismo sea carne de misterio, precisamente por lo diferentes que son, aunque seamos iguales, salvando el idioma y algunos rasgos.
Y quizá porque es una gran desconocida que se va abriendo lugar a pasos agigantados en cualquier anaquel que se precie últimamente estoy dedicándome a deleitarme con la literatura japonesa que, como yo, valora el misterio, y seamos sinceros, tiene una tendencia a la obsesión, a lo puntilloso y a unas florituras que aún no he encontrado en la literatura occidental que me fascina tremendamente.
Es en este contexto que encontré este libro de Keigo Higashino, un libro que desde primera hora me llamó la atención por el título tan sugerente que encierra, como digo, esa floritura que mencionaba antes. ¿Quién se imagina a un sospechoso como alguien devoto? Con nuestra mentalidad occidental nosotros pensaríamos directamente en psicópatas obsesivos, no en la devoción.
Y no es solo que haya un sospechoso, es que se añade más misterio al asunto nombrándole con una X, el símbolo casi universal de lo desconocido.
Es la historia de Yasuko y Misato, madre e hija, que matan al ex marido y padre, un maltratador deleznable, y su vecino Ishigami se ofrece a ocultar el cadáver que, irremediablemente, es descubierto, y justo a partir de aquí empieza de verdad la trama.
Debo admitir que para mí supuso un revulsivo en el momento en que lo acabé. Primero porque no me esperaba la historia y después de haber leído toda la novela negra que ha llegado a mis manos la verdad es que pensaba que eso sería difícil —y naturalmente me queda tanto, tanto por leer—, y segundo porque, la verdad, la gracia de este tipo de libros, por lo menos para mí, está en descubrir junto con los personajes y la historia quién es el asesino, si se solventará o no el asunto, el motivo del asesinato. 
Este libro, en cambio, no es así. 
Realmente podría decirse que el asesino está identificado desde primera hora —y esta fue una de las cosas que me gustó y sorprendió—, y más que por el asesinato, podría decirse que el libro está organizado en torno a la justificación del mismo, a una especie de lucha entre los protagonistas por no descubrirse y por la explicación del crimen y el modus operandi de los perpetradores. 
Me ha encantado precisamente porque se aleja de todo lo que he leído en este sentido y porque en realidad el toque de exotismo que tiene es simplemente perfecto.

11 de abril de 2019

Muerte en la vicaría, Agatha Christie


En mi lista de detectives de ficción favoritos a la par que Aloysius Pendergast —que prometo traeros su saga más pronto que tarde porque me fascina, sus libros son de los pocos que tengo destrozados de tanto leer y manosear— se encuentra Miss Marple, una anciana que, lejos del ideal de abuelita entrañable que hace calceta y demás parafernalia que asociamos con la senectud femenina, es una idealista y, sobre todas las cosas, tiene una interminable energía, una inteligencia impresionante y una especie de don para observar y resolver casos de lo más peliagudo.
Esta creación de Agatha Christie es la primera en la que podemos encontrar a esta peculiar detective, y el misterio se inicia con una aseveración terrible que hace que desde el primer momento dudemos acerca de quién es el asesino del coronel Protheroe —a modo de nota personal: tengo que investigar si Lewis Prothero de V de Vendetta está nombrado así por él— y el artífice del misterio que desentrañará nuestra detective. 
Uno de los personajes, el pastor del lugar donde se desarrolla la trama, clama desde el púlpito a sus feligreses que «Quien mate al coronel Protheroe estará dando un servicio al mundo», y ya se disparan las alarmas, principalmente por ser, en teoría, algo tan alejado de un hombre de Dios y mayormente porque está instigando un asesinato en pos de una hipotética mejora social. Lo que no sabe es cuánto le pesarán sus palabras porque poco después se encuentra al coronel muerto en su propia casa y ahí es donde aparece Miss Marple para determinar quién fue quien le mató, porque no todo iba a ser tan fácil, ¿verdad?
Es innegable que Agatha Christie es, sin lugar a dudas, la que contribuyó a hacer grande este género en ocasiones despreciado, no sé si por la profusión que alcanzó en determinados años —algo que, admito, suele pasar, supongo que siempre odiaremos a la reina del baile— o bien porque la gente era incapaz de entender los entresijos de la investigación seria y ponerse en el lugar del asesino y del detective al mismo tiempo, disfrutando del misterio por el misterio. 
Fue una pionera y, aunque reconozco que volví a disfrutarla porque un episodio de Doctor Who me recordó que hacía tiempo que no me perdía en sus libros, os la recomiendo encarecidamente, no solo porque sea fantástica en toda su extensión, sino porque podéis comprobar con ella y sus libros cómo hay cosas que no pasan de moda por más que vivamos en un mundo cada vez más lleno de tecnología.
La humanidad, dotada o no de este o aquel trasto sigue moviéndose por los mismos motivos, incluso cuando se trata del asesinato. 

11 de enero de 2019

El último pasajero, Manel Loureiro


Reconozco que me da cierto pudor abarcar este libro. 
No porque lo denueste o porque lo desprestigie por el género, sino porque me ha tenido sin dormir toda la noche y cuando eso pasa no suelo ser capaz de dar pie con bola. Un amigo me solía decir que dormir es de cobardes, pero solo hasta que caes rendido de sueño. Y de ahí el pudor, por no ser capaz de soltar toda la retahíla de cosas que se me pasan por la cabeza. 
Yo descubrí a Manel Loureiro casi por casualidad, en una de estas charlas que se tienen con amigos en las que picas de aquí y de allá sin centrarte en un tema concreto. Y siendo de natural aprensivo y sin ser muy dada a leer o ver cosas que den mucho miedo salvo que antes me haya leído de cabo a rabo todos los spoilers del universo porque aun así soy capaz de sobresaltarme al principio no estaba precisamente contenta de ponerme a leerlo. 
Fue precisamente uno de estos amigos quien me hizo ceder en cuanto a leer cosas de zombis cuando ya se había desmadrado el asunto —comercialmente hablando— y por suerte comprobé que no todo era igual de morralla y que había autores como Loureiro que agrandan el género y lo dotan de una calidad que el exceso ha hecho que se diluya.
Así las cosas cuando me enteré de que sacaba un nuevo libro me puse a dar saltitos interiores de alegría y cuando supe que se alejaba del género me alegré aún más, no porque no me gusten, sino porque la verdad es que me ponen muy nerviosa si nacen de su pluma.
En retrospectiva, en 1939 el barco Valkirie aparece de la nada entre una densísima niebla, preparado como si la vida se hubiera mantenido intacto hasta el mismo momento en que lo encuentran con el único problema de que los pasajeros parecen haberse volatilizado. Los tripulantes de la embarcación que lo encuentra se queda estupefacta ante el descubrimiento, y quedan aún peor cuando descubren que el único superviviente es un bebé envuelto en una manta, un bebé al que nadie puede identificar.
En la actualidad un millonario controvertido se hace con el barco a toda costa y decide repetir paso por paso el viaje del Valkirie para descubrir qué es lo que sucedió entre esas planchas de acero, para saber con rigurosidad científica si los rumores son ciertos y descubrir qué ha sucedido en determinadas zonas del planeta a los largo de los siglos.
Simplemente os digo que ahora después de devorarlo veo la niebla de otra manera.
No sé si debido a mi natural inclinación a la divagación he encontrado referencias y homenajes por todas partes, relaciones con series y con experimentos cuyos visos de verdad empiezan a dejar de estar en entredicho y me ha gustado muchísimo, sobre todo el hecho de que el lector va sacando conclusiones conforme va leyendo —a mí por lo menos me ha pasado—, y luego... ¿serán esas conclusiones ciertas o habrá algo ancestral, más terrible, escondido tras las paredes del barco que es al mismo la causa y la consecuencia de todos los actos?
Como digo es un libro que te atrapa desde el primer momento. Lo que comienza siendo algo «normal» en el sentido de que puede pasarle a cualquiera poco a poco se va convirtiendo en algo más irreal, en algo que solo la literatura puede permitir. ¿O no?

30 de diciembre de 2018

Extraños en un tren, Patricia Highsmith

Llevo tiempo planeando traeros algo de Patricia Highsmith porque personalmente me parece una escritora brillantísima y adelantada a su tiempo, y ha coincidido que hoy he visto la maravillosa película que Hitchcock, uno de mis directores favoritos, hizo de esta novela para traeros la versión literaria para que comparéis, para que la conozcáis y para que abráis la mente a un mundo más allá del limitado del cine. 
La historia trata, como quizá sepáis, de lo que es lo más anhelado en el mundo de la delincuencia, el crimen perfecto. 
Este vendrá al encontrarse dos desconocidos, Bruno y Guy, en un tren que, con un trasfondo psicológico como personajes realmente magnífico, deciden hacer un pacto en el que correrá la sangre, uno matará al principal enemigo del otro, el padre y su mujer respectivamente. 
Aparentemente este asesinato no tendría ningún cabo suelto del que tirar para desmontar la historia: son perfectos desconocidos, en realidad no tienen ningún tipo de motivación porque no son sus enemigos y, una vez acabado el viaje, más allá de la mera presencia tampoco tendría más significación. Guy, sin embargo, se acobarda, mientras que Bruno, vehementemente, cumple su parte y el eje de la historia empezará a rodar cuando este último persiga al primero para que lleve a cabo su trabajo. 
Me encantan, ya sabéis, los libros que me hacen pensar y este es uno de ellos.
Ya no es solo por la deliciosa descripción psicológica que hace Highsmith de los personajes, que, de verdad, es absolutamente fantástica, es que cada palabra parece necesitar a la siguiente, cada movimiento tiene una justificación y esta justificación se enlaza de forma magistral en el final de la novela. 
Es curioso cómo con palabras, con la lectura, se puede aceptar lo imposible, cómo podemos ponernos en el lugar de cada uno de los personajes para, a través de su caracterización, comprender cuál fue este o aquél motivo que le llevó a ser lo que es, hasta aceptar el asesinato, este crimen perfecto que planean porque, a través de la identificación con el personaje, realmente te planteas si es justificable, si la motivación es suficiente para ser condescendiente en un acto tan atroz. ¿Seríais capaz de aceptar la propuesta o incluso de llevarla a término?
Con esta pregunta que seguramente sacuda los cimientos de moralidad y fantasía sobre los que hayáis construido a vuestra persona aprovecho para desearos un feliz final de año, que lo paséis lo mejor que podáis y que si este año que acaba no fue de vuestro agrado ojalá este que entra sea mejor. 

5 de diciembre de 2018

From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell


De nuevo elijo a Alan Moore, teniendo de compañero esta vez a Eddie Campbell, para recomendaros un nuevo cómic. 
De la mano de ellos dos nos trasladamos a la Inglaterra victoriana, en la que la vida de casi nadie valía nada a pesar de que, poco a poco, se iban haciendo nuevas concesiones que costaron mucha lucha y mucha sangre. 
Entre los que se consideraba que tenían vidas valiosas encontramos a una nueva clase pujante derivada de la Revolución Industrial, la burguesía, aunque obviamente ya llevaba cierto tiempo haciendo su aparición en el panorama de clases, y ya sabemos que por mucho poder o dinero que se tenga, siguen siendo movidos por los mismos impulsos que asaltan al resto de los humanos, por los mismos instintos que los del trabajador más miserable y desharrapado. 
Es al auspicio de esta sociedad decimonónica que se forman sociedades secretas —o discretas— que pretendían buscar más allá de la trascendencia humana y en las que se agrupaba la flor y nata del país en el que se encontraban.
En este caso Moore y Campbell trazan una teoría —aunque por teoría no es menos probable— acerca de la identidad de Jack el Destripador, algo que aestas alturas me temo que nunca se sabrá, y que pronto, por desgracia se acabará olvidando. Junto con la teoría de de la identidad ambos ilustran los crímenes de una forma muy cruda y sórdida, casi tanto como en la misma época, y cimentan los asesinatos cometidos en una conspiración fabulosa entre los masones —demasiado vilipendiados desde su origen— y el propio poder de la Casa Real británica de la época para ocultar el matrimonio católico del potencial heredero del príncipe de Gales y el consecuente nacimiento de una niña cuya existencia se presupone —aunque técnicamente su desaparición y la de su madre no fue tan violenta— que darían al traste con la Iglesia Anglicana tal y cómo se la conoce, fundamentada en el protestantismo, ya que el papel de cabeza de la misma está destinado al propio monarca.
Se hizo una película homónima que protagonizaba Johnny Depp, y a pesar de que me gustó en el momento en el que leí el cómic que hoy he decidido traeros reconozco que, aunque en las bases sí se puede identificar la historia, lo cierto es que no tiene demasiada relación, omitiendo aspectos importantes de la historia gráfica. 
En cuanto llegó a mis manos este cómic pasó a ser de mis favoritos precisamente porque contempla una posibilidad tan válida como cualquier otra y la argumenta de forma fantástica, y porque, qué puedo decir, el misterio, los crímenes y las investigaciones me pierden.
Quizá algún día se descubra quién fue el verdadero asesino de esas mujeres que, según cuenta la historia, guardaban un secreto que podía afectar a los cimientos del propio país, unas mujeres cuyo mayor crimen fue no tener un oficio mejor y nadie que las protegiera y se vieron abocadas a ser las víctimas de un asesinato terrible e injusto, quizá uno de los crímenes más famosos de todos los tiempos y uno de los que más literatura ha generado.
Que se plasmara en un cómic no iba a ser la excepción.

29 de noviembre de 2018

Chernóbil, 25 años después, Santiago Camacho


Creo que en más de una ocasión os he dicho que soy una persona de obsesiones, tanto para lo bueno como para lo malo —la mayoría de las veces para lo malo, el runrún nunca acaba.
Cuando algo me gusta o me disgusta soy incapaz de dejar de pensar en ello, me pongo a buscar información hasta que se me hace tan tarde que tengo que acostarme, veo documentales, películas, leo... la mayoría de las veces sin ninguna finalidad más que la de empaparme, porque lo cierto es que nunca estará todo dicho de ninguna cosa, y, por lo tanto, nunca me satisfará lo que encuentre. 
En la historia hay tres momentos que me convierten en ese animal obsesivo: uno es la Segunda Guerra Mundial, el segundo es la historia de la Orden del Temple, el último es el accidente de Chernóbil.
Como veis, y como decía, son temas de los que nunca sabremos todo, ya sea por ocultamiento premeditado o porque el tiempo y los implicados ya han escondido el camino hacia la verdad.
Y hace no mucho y casi por casualidad encontré este pequeño libro que me llamaba, y más aún me llamó cuando vi que su autor era mi adorado Santi Camacho, quien me ha regalado alguna de las horas más interesantes —y enloquecedoras, todo hay que decirlo— de mi vida, y un autógrafo que conservo como oro en paño, por cierto. 
Este libro es al mismo tiempo una crónica del viaje que hizo él mismo a la que quizá sea la zona más maldita del mundo, al margen de hipotéticos fantasmas, inhabitable hasta unos días que se pierden en el tiempo, y un repaso al ´cumulo de cosas que aceleraron la llegada de la tragedia, y esta doble vertiente de un mismo asunto hizo que me lo devorara en apenas unas horas.
Iker Jiménez hizo hace unos cuantos años uno de los documentales más duros y que más me han impactado acerca de Chernóbil, más incluso que el de Jon Sistiaga. 
En él no se centraba solo en el accidente, en él contaba lo que vino después, las vidas truncadas, las experiencias tan dolorosas que aún hoy, después de más de treinta años, siguen marcando el porvenir de aquellos a quienes les tocó vivir tamaña locura, y quizá es ese miedo atávico a lo desconocido y más poderoso que una misma es el que me lleva a querer saber más, no sé si para protegerme o para acabar de enloquecerme, y aunque tal vez no sea el libro más exacto del mundo acerca del tema, porque de nuevo nadie tiene la verdad absoluta y menos cuando se escribe desde la subjetividad, me parece importante que se hable de ello, que no se entierre junto con el núcleo en aquel sarcófago de hormigón que hoy se sigue haciendo pedazos. 
Para mí la información es el arma más poderosa, a pesar de que la ignorancia es a veces el estado más feliz del hombre y apenas se ha escrito acerca de Chernóbil, apenas conocemos la superficie de todo aquello que sucedió y quizá hoy ya va siendo hora de que salga a la luz, aunque la luz sea tan terrible o más que las tinieblas. 

15 de noviembre de 2018

Apartamento 16, Adam Nevill


Estamos acostumbrándonos últimamente, por desgracia para los lectores y por suerte para los autores que los venden como churros y se hacen ricos, a que las oleadas literarias vayan por modas, es decir, hace unos años, cuando la fiebre Crepúsculo todos los libros que salían del género eran de vampiros, hasta que se les agotó el modelo y empezaron a salir zombis y, de nuevo, todo fueron zombis, y así hasta la saciedad.
Vamos, que el género de terror se había quedado en una mera zarandaja y, aun pecando de exagerada, creo firmemente que los mismísimos Edgar Allan Poe y Bram Stoker se revolvían en su tumba al ver cómo se había defenestrado el género.
Pero, albricias, no todo es el mal absoluto.
De vez en cuando surgen autores como Adam Nevill que con su gusto victoriano y el placer que proporciona al relatar historias de la vieja escuela sorprenden porque realmente queda algo de luz en un género tan vilipendiado y, por eso, os traigo la primera publicación suya que llegó a mis manos.
Esta vez no os voy a dar pinceladas de la historia porque temo contaros demasiado.
Solo os diré que, como mencionaba arriba, es un libro de la vieja escuela, que va construyendo el terror y el clímax final peldaño a peldaño, como si fuera una escalera que conduce a la buhardilla donde Dorian Gray escondía su cuadro, al apartamento que da título al libro que hoy os traigo, y eso es algo que yo, por lo menos, aprecio con toda mi alma de bibliófila casi bibliófaga, porque el cuentagotas con el que va dosificando los temores acaba llenando el vaso antes de que lo imaginemos, y es precisamente esa cualidad la que hace que nos bebamos, literalmente, con gusto el libro, a pesar de que pueda pensarse que se hará pesado en algún momento de la lectura.
Ni por asomo.
De veras os digo que hacía tiempo que no me daba tantísimo miedo leer un libro, y mucho menos un libro relativamente actual porque este se publicó en 2010. Nevill narra su historia con un gusto exquisito, con una mezcla de susto y desasosiego tremendo, y ya sabéis que la imaginación es una yegua que corre libre y la mía es poderosa, muchas veces demasiado poderosa para mi gusto. 

30 de agosto de 2018

22/11/63, Stephen King


Admito que si la elegí fue porque me llamó la atención el hecho de que se titulase una novela con una fecha, una fecha que, por otro lado y en parte, me recuerda algo más que el asesinato de Kennedy, que es el que se plantea en la obra. En este caso el cumpleaños de un buen amigo. 
También tuvo que ver el hecho de que la escribiera mi queridísimo Stephen King, un autor que, con cada obra que leo, cada vez me gusta más.  
Leí no sé dónde —pero si encuentro el enlace prometo que lo pondré— que era la primera vez King decidía meterse en un terreno literario tan farragoso como lo es el viaje en el tiempo, no por el tema en sí, sino por tener que casarlo con la actualidad y con la realidad, sobre todo si se elige el pasado en lugar del futuro, que permite más licencias literarias. 
Un anodino profesor de inglés —obviamente de Maine—, Jake Epping, de repente, un día es convocado por el dueño de un restaurante cercano con el que tiene amistad, Al, y le encuentra muy desmejorado, como si hubiese pasado un camión de años por encima de él y le hubiese atropellado. Al le cuenta que, efectivamente, han pasado muchos años para él, aunque no en el mundo real tal y cómo Jake lo conoce. En su restaurante hay una especie de burbuja temporal que le lleva siempre a septiembre de 1958. Le da una serie de pautas y le ofrece que tome su lugar para cambiar la historia y evitar el asesinato de JFK. 
Al principio y lógicamente no está muy convencido, pero pronto aceptará esta delicadísima misión que le llevará a una época que no es la suya y en la que tendrá que vivir durante cinco años para poder llevar a cabo su propósito. 
Lo que en origen era una misión con la única importancia —y no es poca, creedme— de salvar a Kennedy y alterar el curso de la historia, con pequeños cambios aquí y allá, de hechos de los que quedan constancia por una redacción y el testimonio de su amigo Al pronto crece exponencialmente.
Primero porque es inevitable establecer ciertas relaciones en tanto tiempo, quedando constancia de su estancia en el pasado, además de necesitar la certeza de que Oswald fue el único implicado, echando por tierra todas las teorías de la conspiración que han surgido a raíz del asesinato; segundo, porque quizá las consecuencias de este cambio tan brusco no sean tan felices como se las hubiera imaginado el propio protagonista.
Y aquí viene el meollo del asunto.
Más importante que la propia trama, que os adelanto que está fantásticamente bien escrita y para ser una incursión en algo tan complicado como es el tiempo, es precisamente el planteamiento de las consecuencias de ese trasteo en algo que nos viene como humanos y escritores tremendamente grande.
¿Quién no ha deseado tomar otra decisión en un momento clave, cambiar este o aquél aspecto de su vida, avisar a alguien querido de que va a pasar algo desagradable? Y ahora, siendo sinceros, ¿quién se ha planteado las consecuencias que podrían derivar de este hecho?
Está claro que no seríamos los mismos, ¿pero cuánta sería la diferencia entre estas cuerdas, como las llama la novela, o las diferentes realidades alternativas creadas con nuestras acciones?
Según plantea la novela el pasado no quiere ser cambiado, y cuando se lleva a cabo una acción tan importante que determina el futuro hay otra que se cobra las vidas que han debido ser cobradas. 
Es decir, toda acción tiene su consecuencia y estas consecuencias son inevitables.
¿Estaríamos dispuestos a asumir el cambio del futuro, inconstante e impredecible, por un supuesto bien mayor que puede resultar en una tragedia más grande?