30 de diciembre de 2020

El Abencerraje y la hermosa Jarifa, Anónimo


Otro año se va.
Recuerdo que esta novela llegó a mis manos cuando cursaba el primer curso de bachillerato. 
Al principio, cuando supe que tenía que leerla, me molesté en cierto modo. Supongo que fue extensible a todo el mundo, a nadie suele gustarle que le obliguen a leer, y menos una novela que fuera tan antigua (está datada en el siglo XVI), y en aquella época todavía la carrera no me había descubierto la belleza de los libros antiguos. El único aliciente que le encontramos fue la brevedad de la que hacía gala.
Cuán equivocada estaba.
Nada más empezarla, la historia de Abindárraez me cautivó. 
Él se dirigía a casarse con Jarifa, la hermosa, pero en el camino cae preso de Don Rodrigo de Narváez, alcaide de Álora y Antequera. Luchando, el primero cae preso del segundo, y le cuenta su historia con ella: su amor estaba prohibido por el padre de Jarifa y, aprovechando la ausencia de su progenitor, le instó a que fuera a encontrarse con ella para casarse.
El cristiano, haciendo gala de su piedad, le pone en libertad para que cumpla su cometido para con ella a condición de que vuelva al tercer día, cosa que Abindárraez promete. Una vez se casan, le cuenta a su esposa lo sucedido, pero ella le intenta convencer para que mande un rescate en lugar de volver, él niega, y ella le acompaña, y por el camino se encuentran con un hombre que les cuenta la historia de Rodrigo de Narváez, que pone de manifiesto su honradez...
Reconozco que su final puede llegar a parecer tópico o típico, que se puede pensar que en las novelas moriscas todo sigue un patrón encorsetado, que nada puede ofrecer, pero «El Abencerraje y la hermosa Jarifa» constituye un maravilloso ejemplo de lo que este tipo de novelas supuso para la época y cómo estaba de guiada o determinada la escritura con los temas fronterizos, que aún después de tanto tiempo tras la Reconquista, seguían siendo del gusto de los lectores.
Por cierto, recomiendo, si se os pasa por la cabeza leerla, la edición de Castalia didáctica. 
No es cuestión de patrocinio por parte de esta editorial, pero, junto con Cátedra, es una de las mejores en lo que se refiere a textos como este que están escritos en castellano antiguo y su temática es tan lejana a lo que pensamos, vemos y creemos. Las notas al pie y la introducción entre otros recursos, facilitan mucho la comprensión lectora. 
Vamos, para que podáis disfrutar más de esta maravillosa obra, consideradlo mi pequeño regalo de Navidad.

27 de diciembre de 2020

El tambor de hojalata, Günter Grass


Y como diría mi adorado Fito, "raro, no digo diferente, digo raro".
Creo que esta frase define perfectamente el libro que hoy os traigo, preso o hermano de lo extravagante y surrealista —en mi opinión—, poco asequible y, a veces, difícil de leer, pero eso no lo exime de ser uno de los paradigmas literarios de una vanguardia retrasada en el tiempo y de la autocrítica sociopolítica más despiadada y descarada. Si por algo destaca y si por algún motivo se ha asentado en el tiempo como uno de los libros de indispensable lectura y pertenencia, es precisamente por acariciar lo cruel y lo sórdido de la mano de la vida del protagonista, que, cual Segismundo moderno, sufre las vicisitudes de la vida y los horrores de la guerra.
Óscar, cuando cumple tres años, decide dejar de crecer, y recibe su tambor de hojalata, fiel compañero a lo largo de su vida, y la mezcla antagónica de lo macabro y lo infantil se hace patente en esta decisión, que cuenta desde la perspectiva que le otorga el tiempo casi en la treintena y desde los muros de un manicomio en el que reside encerrado.
Desde que lo leí por primera vez concebí el libro como si fuese una cúpula de protección de papel, y me explico. Óscar no quería crecer a modo de Peter Pan, manteniendo lo bueno y lo malo de una edad donde la inocencia lo es todo para alejarse de los periodos convulsos que azotan al país en el momento en el que él nace y, sobre todo, más adelante. La justificación de este libro, a mi parecer, es una expiación, una purga de objetos malditos que son impuestos por fuerzas ajenas a lo humano, aunque proveniente de él. 
Y es la libertad el fruto deseado y resultante de no crecer, que, en una cruel ironía, acaba llevándole a una institución mental.
Este libro es una herida curada con la ironía mordaz y el humor negro brutal que asola las páginas, una digna opción si consideramos que el hundimiento es la otra cara de la moneda, y podría considerarse primicia en tanto utiliza el narrador de una forma móvil según convenga al desarrollo de la historia. 
La madurez es la bandera que enarbola el protagonista contra los acontecimientos que le suceden y que le rodean sin poder evitarlos, y la crítica a la hipocresía de un mundo que gira la cabeza mientras los desastres se suceden frente a sus ojos se hace símbolo y palabras como un grito mudo que intenta trascender los muros establecidos por aquellos mismos que decidieron hacer primar su comodidad en pos de un derramamiento de sangre innecesario.

23 de diciembre de 2020

Cuentos de Navidad, Charles Dickens


Qué alegría, qué alboroto, otro año que se va y yo me hago más vieja.
Quizá peco de poco original con el libro, bueno, el cuento, que os traigo hoy, pero creo que es atemporal, porque las situaciones y los personajes se pueden extrapolar a cualquier tiempo, y bastante revelador, aunque la idea de "buenrollismo" generalizado a muchos les puede dar bastante grima. Sin embargo creo que hay que quedarse con lo importante.
Yo era considerablemente feliz de pequeña cuando llegaba Reyes, porque siempre, siempre, aunque cayera otra cosa, siempre había un libro por lo menos, un libro que, muchas veces, leía en el mismo día y los adultos se exasperaban —rebelde que es una—, así que se lo tomaban como un reto y cada año me regalaban un libro con más páginas, más denso, sin ilustraciones... pero todo en vano. 
Me resultaba bastante divertido, creo que al final acababa tomándome como un reto aquello de terminarlo pronto. Y uno de esos años, vino este. 
Admito que le cogí un poquito de reparo al pobre Charles Dickens "gracias" a una asignatura que tuve en la carrera, pero, una vez superado, he vuelto a disfrutar de su peculiarísima forma de escribir, tan propia de su tiempo y tan personal.
He decidido, en lugar de reseñar la versión íntegra, algo que no me gusta porque al final acabas hablando de todo y de nada, el que considero el cuento más famoso de todos.
El señor Scrooge —¿quién no le conoce?— es la representación antinavidad por excelencia, es tacaño, avaro —roñica que se diría por aquí por el sur— y odia profundamente a todo el mundo y todo lo que tenga que ver con la alegría y las personas.
Él es «feliz» en su propio mundo, tratando mal a sus familiares y a sus trabajadores siendo lo único importante ganar dinero, hasta que una noche, de improviso, recibe la visita del fantasma de su mejor amigo, que le cuenta lo que le ha pasado en la eternidad por haber sido avaro y tacaño, y que, al haber sido peor que él, deberá llevar una cadena más gruesa y más larga; asimismo, le anuncia la visita de los tres espíritus de la Navidad, en un último intento porque se salve.
Qué decir.
Es completamente diferente a cuando se lee de niño y a cuando se lee de mayor, con ciertas cosas a la espalda. 
De pequeño sólo se ve la moraleja, si eres malo acabarás mal y más vale que quieras a todo el mundo o todo será sufrimiento y horror cuando te mueras —es un poco exagerado quizá, pero en esencia es eso— y cuando eres mayor y a lo mejor ya ha habido roces inevitables con la familia, estamos hastiados del trabajo, de los estudios, de todo en realidad, pues acabas entendiendo que no merece la pena estar a malas siempre, que aunque, en mi opinión, es un poco hipócrita —esa no es la palabra, pero esta es muy ilustrativa— estar juntos sólo un par de días al año celebrando, en el sentido de que se debería hacer siempre y no cuando dicten unos centros comerciales determinados, siempre hace bien pensar que, al fin y al cabo, les quieres a ellos y no a otros.
Así que sólo me resta felicitaros lo que sea que celebréis, ya sea Yule, las Saturnalias, la propia Navidad, el nacimiento de Mitra o que os ha germinado la semilla que plantasteis hace una semana sin ninguna esperanza. 
Creo que el mundo está lleno de festividades por algo, y no todas ellas tienen por qué estar marcadas por el calendario oficial, ¿no creéis?

20 de diciembre de 2020

La décima clave, Antonia J. Corrales


Me alejo de tonos graves en cierto modo para, si bien no dulcificar, porque el tema se las trae, sobre todo si se cree en que en cada esquina acecha una conspiración diferente —que conste que hay algunas que ponen la mosca tras la oreja hasta al más escéptico—, sí para volver al mundo de la novela, que tan ligero se nos antoja si se compara con la densidad que puede tener un ensayo político o la profunda carga simbólica —y el dolor de cabeza que puede llegar a dejar si nos paramos a identificar y comprender cada símbolo, cada figura retórica— de un poemario que es casi una oda a la muerte.
Es curioso lo que puede dar de sí el tema de la conspiración.
Casi cualquier cosa lleva una detrás, de mayor o menor magnitud, y no sabéis lo que se puede escuchar cuando una es asidua a escuchar cada noche antes de dormir programas de Iker Jiménez sin parar para poder conciliar el sueño. 
Sin embargo, aunque la acaricia, no es uno de esos libros que se centran en la conspiranoia para la venta y la polémica fácil.
Enrique Fonseca está fuertemente traumatizado por el asesinato de su padre, y cuando ya cree que ha olvidado todo lo que le ha supuesto en la vida este terrible hecho, de repente vuelven a encajar las piezas, y tiene que ponerse a investigar las desapariciones de otros forenses y de algunas monjas, cuyas muertes guardan relación con la muerte de su padre. Además, parte de la premisa de que todo está regido por las matemáticas y por una serie de frecuencias, y, en base a estas, nuestros actos y actitudes van determinados. 
Es en este momento donde aparece el famoso proyecto HAARP, que justamente se basa en estas premisas dadas, y comienza todo el tejemaneje de la historia.
Muchas veces me ha hecho dudar la prosa de esta fantástica mujer, y el por qué radica en la capacidad de hacer la ficción tan real que en repetidas ocasiones he tenido que acudir a los libros que menciona para comprobar por mí misma, ha sido una sorpresa muy grata mirar con otros ojos esas obras, precisamente porque es otra visión, otra interpretación perfectamente válida, por qué no.
Fue en uno de los programas de Iker donde escuché el nombre de este libro, me gustó, y aún me gustó más cuando vi que utilizaba proyectos y personajes reales y las connotaciones acústicas que podía llegar a tener, así que hoy os lo traigo, como ejemplo de novela conspiranoica e histórica al mismo tiempo.
Con las pertinentes licencias literarias, claro está.

15 de diciembre de 2020

El bosque de los pigmeos, Isabel Allende


Quisiera finalizar las Memorias del Águila y del Jaguar, una serie de mágica realidad que Isabel Allende nos brindó hace ya algunos años.
Si en la primera, eran Alex y Nadia los que se conocían y se adentraban en la mitología de Sudamérica para comprender qué eran y por qué eran lo que eran, esta vez es África la que se nos muestra como escenario, una África ancestral, tierra de vudú, de peligros inmateriales y misterios por resolver.
Bajo el reportaje de la abuela Kate, encontrarán, tal vez, tanto o más peligro que la vez anterior, ya que el tráfico de marfil y otras actividades clandestinas y prohibidas serán el eje de todas las amenazas a las que tengan que enfrentarse en un sistema corrompido desde las más bajas bases y movido por los poderosos que se presuponen dignos.
Los personajes han crecido junto con los lectores, si en la primera entrega nos encontramos a unos adolescentes que apenas sí sabían qué tenían que hacer o qué querían llevar a cabo, ahora están totalmente compenetrados, son capaces de manejar a su animal totémico y son ya un hombre y una mujer propiamente.
Sinceramente, creo que este libro, plagado de explicaciones, descripciones y escenarios que se pueden equiparar a la antropología menos amateur, es el punto final que mereció la saga, cerrando cabos que se presuponían olvidados y brindando al lector la capacidad de sentir que ha finalizado, junto con ellos, una etapa, un punto de inflexión entre el antes y el después de llegar estas letras a sus manos.
Aunque bueno, las etiquetas están ahí y este libro, inicialmente, se destina hacia un público mayormente juvenil, adolescente y demás, yo creo que es apto, incluso idóneo, para todo tipo de lector.
Un poco de fantasía no le viene mal a nadie. 
Los niños pueden aprender mucho, aunque haya cosas que, inevitablemente, se les escapen, y los adultos pueden recordar y disfrutar con un mundo en el que la realidad se mezcla y hace olvidar los problemas cotidianos de los que todos adolecen.
Os recomiendo la trilogía encarecidamente.

11 de diciembre de 2020

El contenido del silencio, Lucía Etxebarria


No acepto lo que Lucía Etxebarria dice, porque me parece que, simplemente, está fuera de toda lógica. En lo que respecta a sus libros, admito que es una escritora que consigue que sus libros sean dinámicos, amenos y fáciles de leer y que acabes teniendo ganas de más cuando los acabas, a pesar de que, no voy a negarlo, me produce sentimientos encontrados.
Admito que hacía tiempo que no leía algo suyo, creo que me quedé con «Beatriz y los cuerpos celestes», que llegó a mí pasado un tiempo de su publicación porque cuando salió era demasiado pequeña, y también admito que fue a raíz de una de las polémicas que levantó cuando me decidí a volverme a su bibliografía y a leer este libro, que es el último que ha escrito y por el que, cómo no, también tuvo su dosis de controversia.
Gabriel vive en Londres, y hace años que no sabe nada de su hermana, pero poco antes de casarse recibe una llamada: Cordelia está desaparecida, y posiblemente se ha suicidado en un ritual sectario en Tenerife. 
Obviamente esto le golpea hasta un límite insospechado, y el viaje que emprende para reconocerla, si es que ese cuerpo es ella, será una especie de camino iniciático que le adentre en sus sentimientos y en sus recuerdos, como si hubiese sido la campanilla necesaria que tenía que sonar para volver sobre sus pasos y replantearse la vida.
Casi cual Virgilio acompañando a Dante a través de los círculos, Helena, una amiga de Cordelia, le guiará a través de la vida de su hermana conocida y desconocida al mismo tiempo, y de la suya propia, para encontrar un poco de cordura en todo ese caos.
Este libro es muy Lucía. 
Encontramos extremos en todas las cosas, depresión, sectas, secretos y suicidios, que aunque no significa que ella se dedique a eso, sí que suelen ser componentes indispensables en sus obras, siempre encontraremos un retazo de esto o de aquello que sustente la narración, y quizá por eso a mí me gusta tanto; es una forma de autoafirmación, y la verdad es que últimamente sólo suelo encontrarla en los libros de esta mujer.
Me reitero, es muy raro mirar al pasado, sobre todo si del pasado queda constancia escrita, lo cual facilita la imposibilidad relativa de alterarlo, ¿pero a qué precio?

6 de diciembre de 2020

El árbol de las brujas, Ray Bradbury


Llevo bastante tiempo dándole vueltas al libro que debería poner hoy, y no lo digo porque sea puente y la vida vaya a un ritmo más lento de lo normal; pero aunque sea a destiempo me apetece traer este libro que está más en relación con Halloween que con esta época del año, y lo digo por lo que ancestralmente ha significado, no sólo para colectivos en particular, sino para la sociedad en general, una sociedad antigua y tradicional, temerosa de determinados signos y lugares de poder y no una sociedad descreída como la que padecemos ahora.
Así que una forma de revindicar este día —a destiempo, lo admito— de acuerdo a sus orígenes y no a la casi parodia que se lleva acabo ahora en los países anglófonos y por extensión a todos aquellos que acogen esta «tradición» por americanizarse y parecer más "chachiguays" he decidido que este libro de Ray Bradbury es el idóneo. 
La historia, cómo no, se desarrolla en Halloween, pero en un Halloween americanizado. Esto es, pidiendo por las casas caramelos con el archiconocido vía fílmica «truco o trato».
Un grupo de niños van haciendo esta propuesta por las casas hasta que uno de ellos se separa del grupo y les dice que le esperen en una casa abandonada, fantasmal para más señas, y cuando van a encontrarse con él, encuentran en su lugar a un señor bastante siniestro, todo hay que decirlo, que les dice que su amigo ha sido secuestrado por la muerte, y que para encontrarlo deberán recorrer diferentes etapas de la historia para comprender el auténtico significado de Halloween y su significado tan importante en diferentes culturas, bajo otros nombres. 
Esta será la clave para poder rescatar su alma de los brazos de la muerte.
Me ha resultado un libro muy ameno y, la verdad, necesario, pero no lo había leído antes.
Creo que, como todos, salvando las «Crónicas marcianas» —sé que no tengo vergüenza literaria, todavía no os lo he traído aun con todo el tiempo que ya tengo el blog en marcha, mea culpa, pero prometo que os lo traeré más pronto que tarde— y «Fahrenheit 451» pocos conocen todo lo bueno que implica la bibliografía de Ray Bradbury, así que traéroslo no ha sido sólo una forma de recorrer la historia de Halloween a lo largo del tiempo, porque no me negaréis que el camino que sigue a lo largo de diferentes épocas es maravilloso, sino que también es una forma de recordarle y traerle de nuevo a nuestra memoria.
Espero que recomendaros este libro y que lo leáis sea una forma de descubriros otro punto de vista acerca de él y su literatura.

1 de diciembre de 2020

Fácil de matar, Maruja Torres


Creo que me quedé enganchada a la prosa de Maruja Torres desde el momento en que la leí un día, casi por casualidad, en El País.
Es mordaz, irónica, dura y escribe fabulosamente bien; por eso no me lo pensé cuando decidí que tenía que estar aquí.
Diana Dial, una periodista jubilada, es la protagonista de este libro que os traigo hoy, y Tony Asmar es el hijo de un empresario de una influyente familia que muere en un atentado cuyas causas no ve tan clara Diana. Así, decide emprender por sí misma una investigación para esclarecer las causas de la muerte, más que la causa, las motivaciones de una muerte tan misteriosa.
Este afán emprendedor la llevará a situaciones inverosímiles en las que su vida corra franco peligro, pues se erige en revulsiva de la corrupción y de las injusticias, no por un bien propio, sino porque casi se convierte en una libertadora a lo largo de las páginas, y se verá motivada por la viuda de Tony, española, por cierto, que le suplica ayuda y quien le cuenta las posibles causas por las que han decidido matarle, quizá hasta su propia familia.
Contará con la ayuda de la policía beirutí, puesto que la novela, o la investigación, como prefiráis, se desarrolla en el Líbano, y descubrirá que a pesar de que encuentra innumerables tramas de corrupción y desfalcos, en ninguno de esos documentos aparece el nombre de Tony, aparente chivo expiatorio de todo este mundo de crimen.
Este libro es una vuelta de tuerca más a la novela policíaca que tanto me gusta, porque aparte del pertinente asesinato que hay que investigar, Maruja llena el libro de giros propios, de opiniones personales, y la verdad es que me gusta porque ayuda a construir el carácter de nuestra peculiar detective, que cotilla y justiciera al mismo tiempo, lucha hasta revolver los entresijos del poder y descubrir quién o qué está detrás de la muerte de Tony Asmar.
Y no es porque me encante como escritora y como periodista, pero hay que reconocerle el mérito de debutar en el género policíaco por la puerta grande.

27 de noviembre de 2020

La mujer del viajero en el tiempo, Audrey Niffenegger


Mi interés por el viaje en el tiempo viene alimentándose desde hace mucho, mucho tiempo, no es algo nuevo, y siempre que puedo leo o veo todo lo referente a ello, ya sean cavilaciones extrañas, textos que, como este, indudablemente conllevan parte de ficción, películas, experimentos... imagino que es ya algo inherente a mí y a mi curiosidad. 
Y fue precisamente a través de una película, fantástica y desquiciante, por cierto, que llegué a este libro. Buscaba información referida a ella, dio al viaje en el tiempo y llegó a esta obra de Audrey Niffenegger que me era desconocida pero que ha resultado ser un descubrimiento bastante interesante.
Se nos narra la historia de una pareja, Clare y Henry, aparentemente anodina, pero que guarda una terrible carga. 
Él, debido a un desorden genético, posee el don o la carga de viajar adelante y atrás en el tiempo; la carga aparece porque es involuntario, él no sabe cuándo pasará, ni adónde irá, aunque esto fomenta que aprenda técnicas de supervivencia básica, ya que siempre llega desnudo. A pesar de que busca medicamentos o técnicas usadas con más o menos éxito, aparentemente no hay ninguna solución a su problema, y los estímulos exteriores le "fuerzan" a viajar.
En este trasfondo que, personalmente, a mí me atrapó completamente, está la historia de amor de esta pareja, que parece predestinada a encontrarse y a acabar juntos, pero que a la vez tiene pendiente sobre ella la incertidumbre de lo que pasará. Tras varios intentos fallidos, posiblemente debido a esta anomalía genética, tienen una hija, a la que se le trasmite este desorden, aunque ella parece controlarlo más y mejor que su padre.
Aunque parecerían dos historias paralelas, la de él y la de los dos, lo cierto es que están muy ligadas, básicamente porque, a mi parecer, es esta anomalía la que les une, el eje principal de la pareja. 
Me gusta porque plantea temas que han traído de cabeza a la humanidad tales como la contraposición entre libre albedrío y determinismo, la búsqueda de una normalidad que no se tiene y lo perenne.
A mí, Clare, la protagonista, me recuerda a Penélope, esperando a Ulises en su palacio. La diferencia radica en que Clare sabe que Henry no tardará tanto, pero la incertidumbre es la misma.

22 de noviembre de 2020

Los pilares de la Tierra, Ken Follett


Lo he contado alguna vez en alguna entrada, pero aun así diré que la historia siempre me ha fascinado, y que dentro de ella, mi época favorita es la Edad Media
No sé por qué siempre he sentido una predilección bastante marcada por ella y gran parte de lo que leí giró en torno a esta época "oscura", y lo entrecomillo porque para mí es la más fructífera —salvando diferencias— y la que más ha marcado a la sociedad actual en cuanto a política, religión y actitud se refiere, que sobrevino al esplendor de los romanos en Europa.
Y ya que en esta época de cristiandad exacerbada casi todo se remitía a la construcción de la catedral más imponente para dar importancia a la ciudad y probar quién amaba más a Dios y acabaría siendo, por ende, más amado por él, he decidido traeros hoy una obra que creo que la mayoría conoceréis dado que es carne de bestseller como gran parte de la bibliografía de Ken Follett, pero esta es de las que, bajo mi criterio —siempre bajo él—, se merece el boom que supuso ya que tiene mérito que en esta época abúlica y en la que se publicó incrementase el interés de forma notable hacia la arquitectura gótica a partir de la románica y a la historia en sí, en la que retrata un periodo nada fácil de la historia inglesa.
A través de estos ingredientes y la inevitable peregrinación que en esta época empezará a obtener notoriedad como pilar ineludible de la religiosidad y la expiación, Follett nos trae una obra maestra que tardaría dieciocho años en ver su continuación.
Me gusta mucho, muchísimo. Y no sólo por el ambiente en el que se desarrolla y cómo consigue llegar a sectores legos en la materia, sino porque se convierte en el paradigma de un método de escritura y de la propia temática, y casi me da la sensación de que intenta no parecer que lo pretende.
En los últimos tiempos ha vuelto a la palestra porque se ha hecho una serie que, la verdad, no he visto.
Según dicen, no decepciona, pero, de momento, me quedo con el libro, porque he visto demasiados libros tan buenos como este convertirse en un producto de Hollywood por unos cuantos millones de dólares.

17 de noviembre de 2020

La sangre de los elfos, Andrzej Sapkowski


Siento que este era el momento de continuar sagas que dejé a medias para que nos sigamos adentrando juntos en estos mundos que sólo nos proporciona la literatura. 
En este caso, la saga con la que me propongo seguir es la de Geralt de Rivia, de Andrzej Sapkowski y de la que este libro que os traigo hoy es el tercer tomo. 
Es, sin embargo, el primero que pasa de los relatos a la novela en sí, por decirlo de alguna forma. 
Recordad que en los primeros libros los capítulos eran una suerte de cuentos que nos iban narrando las historias y las motivaciones del protagonista; ahora encontramos que los capítulos se forman al estilo novelesco tradicional, y que se van poniendo en relación con los dos primeros tomos, casi pareciera que es una suerte de recopilatorio para los que vendrán después, preparando un terreno literario en el que se desarrollarán las más impresionantes historias. 
Aquí se nos presenta la destrucción del reino de Cintra, y aparece Ciri, un personaje que me encanta, la princesa de este reino que se ha visto destruido y cuya vida peligra no sólo por ser la legítima heredera de un reino que, por otro lado, ha sido destrozado, sino porque estos hechos parecen desarrollar en ella una especie de facultades, unos poderes, que la harán valiosa y peligrosa al mismo tiempo.
¿Quién podría proteger mejor a la princesa? 
Está claro, nuestro brujo favorito, Geralt de Rivia, y es en esta relación donde empezamos a ver una nueva faceta del brujo, ya no es el mismo mercenario de siempre, aunque en esencia sí. 
Ahora muestra un poquito más sus sentimientos, sobre todo en lo que respecta a Ciri, y será este hecho determinante para que el destino vuelva a hacer acto de presencia y guíe a Geralt a nuevos sitios que ni él mismo había explorado, como el hacer balance entre su parte humana y la mercenaria y decidir quién gana. 
Dicen que es el más flojo de los libros de la saga, y, personalmente, no me lo parece.
Está claro que no deja de ser un asunto absolutamente personal, pero aunque hace recopilación, por decirlo de alguna forma, de los hechos de los dos primeros tomos para prepararnos el camino a lo que de verdad empieza a ser la historia, sigue pareciéndome fantástico, con la densidad necesaria para erigirse en una novela con todas sus cualidades y conseguir que lo acabe con ese puntito de ansia para comenzar el siguiente.

12 de noviembre de 2020

El reino del dragón de oro, Isabel Allende


Hace un par de meses, más de lo que hubiera esperado, y no es que me haya olvidado de continuarla, comencé a enseñaros esta pequeña joya de la novela hispanoamericana actual con la primera parte de esta trilogía de Isabel Allende
No me olvidé, es simplemente que han ido surgiendo otros libros y he ido posponiendo la segunda entrega de «Las memorias del águila y del jaguar». Pero aquí está, «El reino del dragón de oro».
Si recordáis, Alex y Nadia recorrieron el Amazonas más puro de mitología y leyendas aprendiendo en su camino que no sólo lo que tenemos por habitual es la realidad, y esta vez es al Himalaya adonde acompañan a la abuela Kate, al Reino Prohibido. Paralelamente, vamos descubriendo que en ese reino hay un dragón de oro, herencia de los monarcas de este reducto, que descubre el futuro y que es reclamado por un misterioso coleccionista del que nada se sabe pero del que se intuye que sus intenciones no son buenas, algo que se confirma con los medios que usa y a los que recurre para obtenerlo, a toda costa, y que en el Valle de los Yetis, estos antropomorfos padecen una enfermedad letal que les destruye poco a poco y les condena, sin piedad, a la desaparición.
Esta vez, las creencias ancestrales del chamán son sustituidas por las de un monje budista, que se convierte en su guía, y por el heredero del reino, depositario de estas enseñanzas y encomendado a él para aprender que los caminos de la naturaleza, la paz, y de la vida, en definitiva, no son los que transitamos cada día, sino que hay senderos alternativos mucho más pacíficos y menos dañinos para con nosotros mismos.
Es curioso porque Allende hace una contraposición entre dos mundos claramente diferenciados, el "civilizado" y el "primitivo", y no es que sea una apología del "primitivismo", en el sentido menos peyorativo de esta palabra, pero sí que se entrevé que, quizá, desprendiéndonos de cosas que podemos considerar un tesoro, nos damos cuenta de que sólo son una carga.
La naturalidad con que afronta este hecho la hace merecedora, cuando menos, de una pequeña reflexión, y yo, desde aquí, os invito a hacerla.

7 de noviembre de 2020

El Decamerón, Giovanni Boccaccio


A pesar de que, al principio, la literatura medieval y yo no nos llevábamos muy bien, pronto fui cogiéndole gusto y aprendí lentamente a saborearla y disfrutarla como bien se merece.
Fue hace años, en una de las tardes de estudio —ya se sabe, la literatura española medieval bebe de las fuentes de la italiana— donde encontré este título. 
Ya había oído hablar de él, pero reconozco que hasta ese momento no me había llamado la atención. Supongo que es por el tema de que, cuando estás estudiando, todo te interesa más que el propio estudio. Decidí hacerme con una copia, y creo que ha sido una de las mejores cosas que hice.
Salvando las distancias, evidentes, por otro lado, ideológico-sociales, debo reconocer que es una lectura agradable y curiosa. Resulta divertida la narración en el sentido de que el erotismo aflora de forma muy sutil —otras no tanto— y que intentan mantener el pudor y la honra, aun cuando la ciudad adolece bajo el manto mortuorio de la peste negra que asoló Florencia en el siglo XIV.
Precisamente es describiendo esta enfermedad como empieza el relato, y ella es la que motiva a siete mujeres y a tres hombres a huir fuera de los muros de la ciudad para escapar del abrazo de muerte. 
Allí, para pasarlo lo mejor posible, cada uno de los miembros de este grupo tan dispar, cuenta una historia, y así se cuentan las cien de las que está compuesto el libro.
Allí donde lo profano y lo misógino van de la mano del amor, de la fortuna y del antropocentrismo que pugna por comenzar a surgir en una sociedad que va abandonando el temor a Dios, se desarrollan estas historias que retratan una sociedad lejana en el tiempo asolada por la destrucción y la muerte pero que intenta ver el lado positivo, olvidándose cada noche de su desgracia.
P.D.: La ilustración de la portada se refiere a uno de los cuentos, uno en el que el amante se esconde en un barril y... mejor dejo que lo leáis.

2 de noviembre de 2020

El ángel más tonto del mundo. Christopher Moore


Como sigo con las oscilaciones y son terriblemente peligrosas en lo que a mi estado de ánimo se refiere, decidí posponer el libro que os iba a traer hoy —y no es que no sea bueno, lo es, y completamente además— a no sé qué día —cuando me vuelva a apetecer, supongo, esto va así, aunque me haya planificado a mi manera, al final hay algunos libros que parecen decidir por sí mismos el lugar de publicación— y enseñaros este de Christopher Moore, un autor al que, por suerte, descubrí hace relativamente poco por parte de una gran amiga.
Aunque sea, por la historia, una novela navideña, digámoslo así, es de las que gusta en cualquier momento, por lo menos a mí.
Un niño, Joshua, una semana antes de Navidad, ve cómo asesinan a un hombre vestido de Papá Noel, y en su tierna inocencia, piensa que han matado al auténtico y que la integridad y continuidad de la Navidad se tambalean, así que, necesitado de un urgente milagro navideño, pide que, por favor, vuelva a la vida y así todo recupere su orden, pero Raziel, nuestro ángel protagonista, el más tonto del mundo según el autor y según hablan sus hechos, escucha esta plegaria, así que decide, a su manera, ayudar... algo que acarreará las más catastróficas desgracias, traducidas en que zombis salen de sus tumbas buscando los cerebros de la gente del pueblo.
Es muy muy divertida, y no trata los temas de una forma convencional, está claro, se enmarca dentro de la ficción absurda.
Presuponemos que los ángeles, por su naturaleza divina, son inteligentes y demás, y Raziel es justamente lo contrario, un antihéroe podría decirse. Y tanto así sucede con la resurrección de esos zombis que buscan comida entre la gente.
Si os hace falta reír o, simplemente, os apetece desconectar, este libro es el indicado. 
Yo ya sé de una persona a quien se lo voy a regalar en cuanto lo consiga.

29 de octubre de 2020

Gomorra, Roberto Saviano


No hay manera, siempre caigo.
Me considero una lectora avezada puesto que llevo toda mi vida leyendo, prácticamente desde que tengo uso de razón. La lectura es un pilar fundamental de mi vida y creo que tengo ojo para seleccionar libros que van a gustarme, pero a veces mis creencias fallan estrepitosamente porque me dejo llevar un poco por la fama —soy humana, qué le voy a hacer— y me llevo chascos.
No voy a negar el indudable valor —o inconsciencia— de Roberto Saviano al escribir este libro documentándose como se documentó, pero no puedo dejar de sentir que le falta algo. 
Desde luego no la verosimilitud, pero sí algo que no logro identificar plenamente. 
En vista del revuelo que se formó con el tema de las amenazas al autor, los fotomontajes que se hicieron con su muerte y demás parafernalia surgida en torno al libro y a su artífice —no voy a negarlo aunque me equivoque de lleno y es posible que lo haga; viéndolo en retrospectiva y teniendo en cuenta que vive protegido el equívoco es más que probable, pero sí que creo que se hinchó un poco el tema para publicitar el libro—, pensé en mi inocencia que sería una suerte de compendio de documentos incriminatorios, de, no sé, palabras que mostraran una realidad —por desgracia— que se sigue dando en muchas partes y que proliferan sin que se pueda evitar porque desde el más bajo hasta el más alto está más o menos toqueteado por estas corruptelas, y esto, mal que nos pese, es una realidad, aunque es más evidente en unas zonas que en otras. 
Después de haber leído unos cuantos libros relacionados con la mafia, tanto de ficción como documentales y demás, en cierto modo, poniéndolos al mismo nivel, este se quede cojo de alguna forma, pero quizá sea por la idea mental que me hice del libro y no por el libro en sí, lo reconozco.

24 de octubre de 2020

Diario de invierno, Paul Auster


Para prácticamente acabar el mes, otro que cierro escribiendo aún para vosotros en este pequeño anaquel virtual que poco a poco va creciendo, nada mejor que la sordidez autobiográfica de Paul Auster, un autor que siempre me sorprende, y para bien además. 
Y si digo sordidez es con razón. 
Paul Auster no es que sea el colmo de la delicadeza o el prototipo de escritor que miente o adorna para decir la verdad, más bien al contrario, y puede que por eso me guste tanto. A veces se necesita la crudeza, un golpe de realidad que te centre. 
Si por algo se caracteriza es por su estilo directo, no exento de descripciones que podrían escandalizar al más puritano y por no guardar nada, sea bueno o malo. 
Leyendo este libro da la sensación de ser un hombre pleno, que no se arrepiente de nada, a pesar de que le pueda atormentar la situación de la vejez que ya cae sobre sus hombros.
Este libro es una mirada atrás, un balance de una persona que a pesar de ser un escritor renombrado y de éxito, es indudable, se considera casi el más vulgar de los mortales, y esta obra es su justificación, la muestra de que es un ser humano más que supo estar en el sitio correcto en el momento correcto.
Y ya sé que puede ser controvertida la elección que he hecho, por lo intimista y personal, y porque, seamos sinceros, tiene libros con más chicha que este, pero a mí me encanta leer biografías, sobre todo si son propias, porque las exageraciones suelen tender a empeorar las cosas, no a decorarlas con mitologías que luego se revelan como falaces. 
Soy de las que piensa que la verdad se encuentra en lo empeorado más que en lo mejorado, porque la imaginación puede ser traicionera y alejarse de lo sucedido y la miseria siempre estará ahí, en mayor o menor medida. 
Además, ¿quién mejor que uno mismo para contar su vida?
Para mí, este otoño acaba de comenzar, y espero que sea una época de cambios aun cuando los cambios no me gusten demasiado, pero no sé si por optimismo o por estupidez espero que el cambio haga que todo vaya a mejor y que refuerce los lazos ya tendidos y cree otros nuevos que solidifiquen y permanezcan. 

19 de octubre de 2020

El castillo, Franz Kafka


Este checo me puede. Y el género de este libro aún más.
No sé si os habéis fijado en que el libro que decidimos leer depende de nuestro estado de ánimo, a mí, por lo menos, me pasa. Y cuando estoy más triste me da por echarle mano a obras repletas de símbolos, de oscuridad, de complejidad, y hace un par de días no es que fuese yo precisamente unas castañuelas.
Así que, rebuscando entre la estantería que tengo más cerca, el único que cumplía con estas características era el libro que os traigo hoy, una obra inconclusa de Kafka que, personalmente, y aun después de haber leído «La metamorfosis», me sorprendió la primera vez que me perdí entre sus páginas.
K. es nuestro protagonista. Un agrimensor que acude a un pueblito, una aldea, contratado por los propietarios del pueblo, que viven en un castillo. Y todo parece controlado por este castillo, desde los permisos para alojarse en una posada del pueblo como hasta el más nimio detalle, y K. tiene que ir descubriendo en esos seis días las motivaciones, los usos y el motivo de la presión y del control que parece ejercer el castillo sobre los habitantes de la aldea, algo que no parece sano, sino que torna en una atmósfera opresiva de la que acaba el lector siendo parte.
Desde luego, tiene múltiples lecturas. 
En un primer recorrido, caemos en la cuenta del camino que tiene que superar K. para finalmente trabajar como lo que le han contratado; sin embargo, paralelamente se advierte la crítica hacia el férreo control que ejerce el castillo sobre los habitantes, equiparándolo desde un punto de vista claramente metafórico al Estado o, tal vez, a la religión.
Me gusta la diversidad de interpretaciones que se le puede dar a esta obra, que, como casi todas las suyas me atrevería a decir, gira en torno a la alegoría más dura, más brutal.
Creo que es imposible hacer un análisis del libro en el sentido de que lo que yo puedo interpretar viene delimitado y condicionado por mis circunstancias personales, por mis ideas —tanto políticas como sociales, etcétera— y por lo que ya he leído antes, tanto de él, como de otros autores, como del propio tema del simbolismo y de la metáfora, aunque está claro que hay unos temas evidentes que no se pueden obviar de la concepción que yo, o vosotros, mis queridos lectores, pueda llegar a adquirir de la obra. Y puede que sea esto lo que me guste más. 
La diversidad de opiniones abre un debate bastante interesante, y, lo más importante, nadie tiene la verdad absoluta. Sólo a través de este hipotético debate en, por ejemplo, un club de lectura, se podría llegar a acariciar el fin último de la novela y su significado, y me parece bastante agradable que la linealidad se diluya para dar paso a múltiples lecturas e ideas, porque de libros sosos están los anaqueles llenos.

14 de octubre de 2020

Niebla, Miguel de Unamuno


Hoy el tiempo me ha recordado a esta fantástica novela. 
No es que hiciera niebla, pero había algo de atípico —es evidente— en todo ello, y me hizo pensar y rebuscar en las tablas de mi memoria hasta que encontré este texto que muchas veces me ha calmado transportándome a un mundo ajeno pero cercano a la vez.
Y es que de la mano de Miguel de Unamuno surge esta maravillosa novela, su nivola, porque es novela pero no lo es, porque se aparta de las características habituales y porque, a pesar de todo, no forma parte del amplio espectro que mantenía la novela realista de finales del siglo XIX en el que vivió nuestro autor. 
Precisamente es este término, y no otro, el que subtitula la novela que hoy he elegido.
Es la historia de Augusto Pérez, un hombre normal, abogado y fascinado por el ajedrez que está atormentado, una vez muere su madre, por un enorme conflicto interior que le lleva a pensar en el suicidio, a pesar de tener una vida más o menos resuelta, por la herencia de su madre muerta, viuda y ricachona, y el amor que, al principio, encuentra en la joven Eugenia, y que a la vez será la gota que colme el vaso. 
Es con esta duda sobre el suicidio —tan poético y propio de la época justo anterior— que acude al propio Miguel de Unamuno, donde se sucede una profunda revelación metafísica tomando el autor el papel de Dios y el asentamiento de las bases de la filosofía unamuniana, revelándole que no es sino una creación y que todos, todos, habremos de morir. 
La rebelión contra su existencia, o su no existencia, queda patente cuando muere, o desnace, finalmente, pero antes habrá un compendio de situaciones más o menos dispares en las que las dudas existenciales parecen jugar con ventaja la partida.
Creo que, además de las evidentes revelaciones de las que hace gala y el planteamiento de las dudas existenciales antes mencionadas, es un perfecto ejercicio de autoconocimiento y rebeldía en tanto que el conformismo se cierne sobre el protagonista y él intenta escapar. 
Es todo un rechazo, una declaración de intenciones que se hará patente en cada una de las palabras de la nivola. La filosofía que impregna toda la obra la hace reflejo de las luchas contra contra uno mismo, las peores y más cruentas que pueden existir.
Un libro imprescindible.

10 de octubre de 2020

Jaque a la reina blanca, José Miguel Carrillo de Albornoz


Debo confesar que soy una ferviente lectora de todas las novelas, ensayos y biografías que caen en mis manos relacionadas con aquellos que ostentaron en las monarquías un poder casi divino, sin ninguna traba a sus deseos o caprichos. 
No sé exactamente el motivo, quizá sea porque adoro la historia en todas sus formas y la historia, sin esas monarquías omnipotentes en la mayoría de los casos, no sería la que es. 
Por esa razón empecé a leer a José Miguel Carrillo de Albornoz, un hombre cuya trayectoria, imagino que por su pertenencia a la nobleza, está repleta de figuras históricas y sus vidas, y aunque muchos de sus libros me han encantado, este quizá es el que más me llegó, porque se dedica a una reina olvidada —algo demasiado frecuente en este país, y no sólo con reyes y reinas— que, sin embargo, en muchas ocasiones fue trascendental para la historia de España, madre de dos de sus reyes y consorte de aquél que hubo de cambiar a la todopoderosa, aunque ya en franca decadencia por la endogamia, por lo menos en España, Casa de Austria para implantar la Casa de Borbón
Claramente estoy hablando de María Luisa Gabriela de Saboya, reina consorte de Felipe V
Este libro que os traigo hoy es una magnífica biografía de esta mujer a la que tocó presenciar uno de los conflictos del siglo, la guerra de sucesión, y la que tuvo que sufrir las intrigas de una corte advenediza —no en vano los viejos luchaban por permanecer y los nuevos luchaban por deshacerse de elementos de un régimen anterior—, y, por si no fuera suficiente con la volubilidad del pueblo español —seamos sinceros—, tuvo que enfrentarse a los mandatos de Francia, que pretendían hacer de su marido un rey títere que sirviera a los intereses de la casa de Borbón y no del país que le había acogido como rey.
Ya sé que las biografías, aunque estén en parte noveladas, no suelen ser plato del gusto de todos, pero a mí me resultan una forma muy interesante, y, sobre todo, didáctica, de aprender más sobre este o aquél periodo concreto, porque al fin y al cabo las personas de las que se tratan son producto de su tiempo, y este tiempo es producto de las personas que lo habitan.

6 de octubre de 2020

El último encuentro, Sándor Márai


La verdad, cuando ya han trascurrido muchos años de ella, resulta casi una expiación. Y este es el eje de la novela que os traigo hoy, que ha sido una noche de insomnio como hacía tiempo que no pasaba, de esas que suelen traerme a la memoria pequeñas joyas guardadas en el olvido como esta.
Sándor Márai es un autor húngaro que descubrí casi por casualidad, a pesar de estar asentado como literato más que de sobra, no había tenido nunca el placer de encontrarme con su prosa, dinámica, pero fuerte y conmovedora, que, una vez pruebas, siempre quieres más.
La verdad, como decía, arrastra todo lo demás. La melancolía, la ética, la moralidad y el silencio, y son estos puntos de creación de la humanidad como ente abstracto. 
El problema es que todo se acepta con el tiempo, y una vez este ha transcurrido, no hay nada que hacer, porque todo lo que se tenía que llevar ya ha sido arrastrado, y las viejas glorias y esplendores alcanzados ya han sido olvidados. Y además de la verdad, lo que une a los protagonistas es una vieja amistad que se ha distanciado pero que, en un momento dado, se reencuentra para volver a sacar a flote todo aquello que se creía oculto en un baúl de la memoria.
Si me leéis con cierta asiduidad, o si, por casualidad, habéis topado con una de mis notas en las que dejo entrever retazos de mí, sabréis que una de las técnicas literarias que más me gustan —y de las que me temo que abuso— es la descripción
Adoro sentir que un libro me transporta a su terreno, que la descripción, si no fidedigna, es tan plástica que me permite acariciar en mi pensamiento la flor de la que se está hablando o lograr «ver» aquello que está sucediendo. Este es uno de esos casos. El delicioso uso de la descripción que hace Márai se hace querer hasta el punto de pedir más, de trasladarnos en la historia hasta momentos en los que el viejo Imperio Austro-Húngaro entra en declive tras alcanzar su cénit, vividos ambos por los dos amigos, opuestos e iguales al mismo tiempo, ya sea porque se complementan o porque los hechos importantes de su vida parecen ir de la mano de los dos, intercambiándose.
Es uno de los libros que más me ha impactado últimamente y que parece mejorar conforme va pasando el tiempo por mí, y no yo por el tiempo, y va cambiando, mientras que va fluyendo todo, la novela gira a la par, redescubierta por asuntos tan humanos como la amistad, el dolor y el olvido y auspiciada por las viejas glorias que se llenan de polvo en los anaqueles del rincón más oscuro.

2 de octubre de 2020

La princesa de Éboli, Almudena de Arteaga


Creo que si hay un personaje en la historia de este país que esté rodeado de misterio, ese es Ana de Mendoza y de la Cerda, la Princesa de Éboli, y Almudena de Arteaga, con la peculiaridad de ser descendiente suya, algo que no sabía y que me hizo cierta gracia mientras me documentaba para traeros este libro, nos novela, de forma suave, todo hay que decirlo, gran parte de las tramas en las que se vio envuelta su antepasada, que contribuyeron en su momento, por qué no decirlo, a la leyenda negra que rodeó a la monarquía española de ese tiempo y a Felipe II, su representante de la época, en particular.
En primera persona, es la propia Princesa quien nos relata su vida, cuando ya está recluida en Pastrana y a punto de morir, y le cuenta a su hija, casi como una catarsis, su vida y su recuerdo, qué la llevó a actuar de esta o aquella manera, cómo acató las órdenes de su padre para casarse con alguien que no conocía pero con quien fue razonablemente feliz con el tiempo, o, incluso, el asunto de su ojo.
Ana es una mujer valiente, adelantada para su tiempo, aunque no necesariamente con buen carácter, que urdió conspiraciones y que amó a una única persona en su vida, y, quizá hizo lo que nadie se atrevió a hacer, plantar cara al monarca más poderoso de la cristiandad de ese momento, aunque luego derivase en su reclusión hasta su muerte, aunque realmente la justificación de este encierro no fuera esa y nunca le fuese explicada.
No es la primera vez que me dejo llevar por Almudena de Arteaga y sus novelas históricas, de hecho, me atrevería a decir que pocas me quedan por leer, porque, aunque lógicamente reconstruya con tintes novelescos —para mí, la verdad es que perdería la gracia para según qué personajes y, por otro lado, es casi imposible hacerlo de otro modo con los que los siglos ya han cubierto sus tumbas, por muy conocidos que fuesen—, la verosimilitud es innegable, así que acabas paseando de la mano de esta mujer que no por ese parche dejó de ser considerada la más bella de su tiempo, incluso más que la propia reina Isabel de Valois, cuyos contemporáneos valoraban también profundamente, y con la que entabló una amistad más que duradera mientras la joven y desdichada reina vivió.
Poco más puedo decir de este libro que casi se lee solo, por lo ameno y delicioso que resulta, y porque, a mi parecer, agranda el halo de misterio que rodea a la Princesa de Éboli; si bien detalla en cierto modo ciertos pasajes de su vida, es como si ellos no explicaran su súbita subida y su posterior caída en desgracia.
Es fascinante.

29 de septiembre de 2020

El lobo estepario, Hermann Hesse


Una de las consecuencias de las veces que tengo alguna crisis existencial es el insomnio, un desesperante insomnio.
Suelo pasar bastantes noches en vela, y las que consigo dormir suele ser después de varias horas de mirar al techo sin nada que ver.
Cuando estoy así, suelen suceder dos opciones. 
La primera es que me dé por escribir, las musas vuelven de sus vacaciones perennes y se dignan a hacer una visita, como pasó anoche; y la otra es que me acuerde de este libro de Hermann Hesse que me gusta leer a hurtadillas en estas circunstancias. Desde luego, el devenir del protagonista no tiene nada que ver conmigo en cuanto a gravedad se refiere, pero es, en cierto modo, una especie de bálsamo comprobar que hay circunstancias peores y que no tengo motivos para quejarme, aunque, hoy por hoy, con las noticias que nos llegan del viejo Japón, no se necesita un libro para darse cuenta.
Esta novelita —no por calidad, sino por tamaño— me gusta por su trascendencia filosófica y psicológica. Lo que asalta al protagonista es el miedo y sus consecuencias, la angustia sentida o el temor a tomar determinadas decisiones que pueden, y de hecho hacen, condicionar su vida, siendo un reflejo del hombre que comparte su tiempo y que, cada vez, padece más estos quebraderos por verse su vida abocada a un ritmo insoportable para cualquiera.
Identificándose con un lobo, a través de las cuatro partes de las que consta la novela, es capaz de transmitir aquello que le vence y que le dificulta la existencia, y, a través de diferentes relaciones con gente de su pasado, de su presente, de todo lo bueno y lo malo y una exquisita caracterización psicológica, consigue llevar al lector a un replanteamiento drástico y brutal de todo aquello que sabe o cree saber.
Cuando va llegando el final se me antoja un personaje desquiciado, que ya es incapaz de discernir entre lo que es cierto y lo que no y que arrastra tras él todo aquello que le rodea.
Esta diferenciación invisible y la mención del "teatro mágico" me recuerda a «El público» de mi adorado García Lorca, un escenario que acaba siendo la sublimación de la locura.

25 de septiembre de 2020

La espada del destino, Andrzej Sapkowski


¿Recordáis a Geralt de Rivia? Pues bien, os lo traigo de vuelta con más aventuras fantásticas llenas de monstruos y criaturas mitológicas que hacen las delicias de cualquiera, por lo menos las mías. Andrzej Sapkowski sabe qué teclas pulsar para convertirme en una lectora voraz de sus obras.
Esta vez es una bestia terrible la que amenaza la ciudad, y nuestro brujo tendrá que ir en su búsqueda, salvando sitios realmente insalubres para acabar con este hecho. Y, con ella, una cacería de dragones a la que acude sin quererlo prácticamente, serán las que nos adentren en la faceta de cazador de monstruos de este brujo de fantasía.
Sin embargo, a pesar de que, bajo mi punto de vista, constituyen el eje central de la trama porque en realidad es una especie de justificación para mostrarnos este lado de matador y liberador, por decirlo de alguna manera, pienso que lo más importante es lo que se lee entre líneas. 
En realidad, el problema de la ciudad no es sólo la bestia, la causa de la cacería no es sólo el dragón, la dificultad vendrá cuando se vayan introduciendo más y más personajes, con sus características, con su psicología y sean más para repartir el botín. Es un poco como humanizar a seres que nada tienen que ver con los humanos, bajo el prisma de la fantasía.
Me gusta mucho la forma en la que escribe este hombre. 
Aun sin ser el magnífico Terry Pratchett con su humor inigualable y su prosa aún más divertida, Sapkowski también nos regala ciertos toques de humor, ciertos momentos divertidos dentro del mundo cada vez más oscuro del brujo Geralt. Además, creo que la estructura en cuentos hace la lectura mucho más fácil, sobre todo de cara a una juventud e incluso a una infancia que poco a poco se va dejando atrás, y me explico. 
A pesar de que prácticamente sean capítulos, grosso modo y pensando en aquellos que no disfrutan plenamente de la lectura o apenas se están iniciando en ella, creo que siempre es más sencillo afrontar algo breve con un inicio y un final marcado, aunque dependa de un todo, que un capítulo que continúa, es algo inconsciente, inherente, supongo, a la condición de impaciente del ser humano.

21 de septiembre de 2020

El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, Miguel de Cervantes


Sí, sí, soy plenamente consciente de que en el título he puesto Quixote y no Quijote, pero oye, el anacronismo me pega con esta novela.
He tardado en ponerla, sí, considerándola como se considera —valga la redundancia— la mejor obra española de todos los tiempos (sacrosanta-amén), pero como ya dije tiempo atrás, para mí y bajo mi criterio de bibliófila y filóloga —que igual es una chufa, pero oye, es el mío—, no es, ni de lejos, todo lo que se la cataloga.
Bueno, sí, sí que lo es, tampoco me voy a poner tiquismiquis, pero según lo que me dicta el pensamiento, ese puesto le fue arrebatado mucho antes por «El cantar del mío Cid». Lo mire por donde lo mire lo supera.
Supongo que algo tan famoso es lógico que inspire sentimientos ambiguos, para unos será el summum de la literatura, para otros un desastre infumable, y a mí me hacía no sentir preparada para comentarla. Es que es un papelón, y más cuando no estoy convencida de que me termine de cuadrar en todas las glorias que le adjudican.
Para bien o para mal, e independientemente de mi opinión personal, que se balancea entre una y otra, reconozco que no me veía lista, me venía grande. Igual sigue viniéndome, pero esa opinión ya depende de vosotros.
La historia ya la conocéis. Alonso Quijano enloquece de tanto leer novelas de caballerías y acaba creyéndose el protagonista de una de ellas. Toma un escudero, Sancho Panza, que le acompaña en sus correrías en pos de Dulcinea del Toboso, una doncella idealizada en su mente, pero que no resulta ser lo que sus imaginaciones ofrecen e infinidades de aventuras que le hacen recorrer la yerma Castilla entre otros sitios. Esta locura da lugar a situaciones cómicas y desmesuradas que critican con vehemencia la afluencia de obras de este estilo, y esto es lo que a mí me interesa.
Lo que me gusta del Quijote es, precisamente, esta crítica abierta que hace Cervantes. Ya no sólo a la sociedad, idiotizada consumidora voraz de las novelas de caballerías, sino también a estas, que, ante el exceso de demanda, comenzaban a ser clones unas de otras y a perder originalidad —vaya, lo que pasa ahora cuando se pone algo de moda, no es nuevo el fenómeno—. Lo malo fue que, sin querer, o queriendo tal vez, se convirtió en una de esas que criticaba y que el cura que aparece en la obra quemaba por haber propiciado la locura de Quijano. Sin embargo, tengo que ser justa y reconocer que sentó precedentes que llegan hasta nuestros días.
He puesto esta portada porque la RAE de vez en cuando me tira, y porque me gusta, qué diablos. 
Es la del cuarto centenario, y es un poco una reivindicación. A los libros buenos, se les da bombo siempre, no cuando interesa, cuando potencian el turismo, o cuando fomentan la venta, que la mayoría del tiempo se le olvida si no es en círculos especializados y no debería ser así. 
Un libro bueno lo es siempre, no cuando interese a corporaciones o a individuos. He dicho.

17 de septiembre de 2020

El perfume, Patrick Süskind


Creo que debo admitirlo, cual si esto fuera una suerte de terapia —que casi comenzó siéndolo y en algunas ocasiones todavía me sirve de ello—, a mí, la película de «El perfume» me gustó.
Y ahora viene la segunda parte. 
Le cogí tirria y pasó a engrosar mi lista de «atentados literarios en pantalla» una vez me deslicé entre las páginas que Patrick Süskind había creado. Y aún hoy, después de tanto tiempo, sigo sin explicarme por qué las grandes productoras cinematográficas se recrean en el placer de hacernos sufrir a aquellos que encontramos el goce supino en la lectura. He llegado a esa conclusión, disfrutan haciéndolo. Casi puedo imaginármelos en un enorme sillón tapizado de terciopelo y un puro que nada tenga que envidiar al tamaño del sillón expeliendo humo, un humo que parece cubrirles la mente a la hora de metamorfosearles y hacer que conviertan una delicia de libro en una cruel tortura cinematográfica.
Aunque, cierto es que, en líneas generales, es bastante fidedigna a lo que cuenta la novela.
Grenouille nace en el lugar más putrefacto de París, y creyéndole muerto o casi muerto, su madre le deja entre los desperdicios, pero un oportuno llanto le salva, matando a su madre. Después, su vida pasa por diferentes nodrizas y orfanatos, en los que siempre se ve rechazado por su extraña condición, la de oler todos los matices de cualquier aroma, algo que no se ve revelado hasta que concurre a Baldini, perfumista de renombre, que le compra con la idea de explotarlo, emocionado por su especial sentido del olfato. Su aprendizaje es continuo, bien bajo el auspicio de Baldini o en Grasse, donde descubre formas nuevas de hacer perfumes, y centra su interés en Laura, una chica cuyo aroma le enloquece, y será el desencadenante de todos los actos macabros que llevará a cabo en pos de obtener el perfume perfecto, que culminará con la esencia de Laura.
Personalmente, a pesar de lo evidente, que Grenouille se convierte en un asesino en serie prácticamente y que la piedad que muestra es nula, me dio pena el personaje, y me explico. Esta ausencia de sentimientos o la carencia de remordimientos hacia los actos que comete no es culpa suya, sino de una sociedad que le estancó y le apartó por ser diferente, y, si acaso, mejor que ella por tener un don del que otros carecían. Lo raro se aparta en pos del statu quo que la sociedad "debe" tener y las consecuencias de esta decisión son los asesinatos, y en el efecto del perfume en el final se ve lo que realmente deseaba Grenouille desde peqeuño, la aceptación, el amor y quizá la condescendencia de parte de una sociedad que le había rechazado desde su nacimiento y empezando por su madre, aunque esta última más bien lo hacía por sistema y porque los hijos a los que había dado a luz habían nacido muertos o moribundos en los últimos momentos.
Ahí radica la locura y la venganza que, inconscientemente, toma contra toda la sociedad, asesinando a jóvenes preciosas y prometedoras para ayudarle a conseguir todo lo que nunca tuvo, cual antiguas tribus que se comían a sus guerreros para adquirir sus habilidades.
El final que tiene, muerto por amor artificial provocado por el perfume, es su último sacrificio. 
El punto final es la felicidad que embarga a todos aquellos que acaban con su vida, dándoles un pequeño regalo que, quizá, nunca se merecieron, por su desprecio.

13 de septiembre de 2020

¡Cómo molo!, Elvira Lindo


A pesar de que, cronológicamente, no es el segundo de los libros que comprenden la saga de Manolito Gafotas, de la pluma de mi adorada Elvira Lindo, sí que lo es en cuanto a historia se refiere.
Vacaciones, algo temible, por lo menos para Manolito. 
Y no porque le pese el dejar el colegio por tres meses, ya sabemos esa relación tan peculiar que tiene Manolito con el colegio, sino porque él es el único que se queda en Carabanchel (Alto) durante el verano pasando calor mientras que sus amigos se van de vacaciones y le mandan postales para darle envidia, algo que lleva muy mal. Y hay otra cosa especial en ese verano, en septiembre, el Imbécil empezará el colegio y Manolito se erigirá como guardián protector ante tamaña afrenta, decidiendo ayudar a la señorita Estrella en su gesta de educar al pequeñajo, principalmente porque es guapa y no malvada como su sita Asunción.
Aquí vemos aún más lo especial que es Manolito y lo que puede llegar a ser la infancia, algo que se antoja plácido pero que, sin embargo, puede llegar a ser un problema, sobre todo cuando se empieza a acercar el umbral de la adolescencia. 
Su mayor deseo es que sus padres se divorcien, como los del Orejones, para que así, intentando evitarle el trauma, le den todo lo que pida, algo que, obviamente, Cata, la madre, responde a base de collejazos.
Qué queréis que os diga, me encanta. No sólo porque ofrece un retrato fantástico de la cotidianidad de un bloque de vecinos, que eso, mis queridos, da para mucho, sino porque caracteriza cada uno de los personajes en relación a su función en la novela, en la propia saga. Y aquí es el comienzo del protagonismo del Imbécil, un personaje que dará mucho juego y que pronto se acabará haciendo tan imprescindible como el abuelo Nicolás, formando un trío muy peculiar, muy unido y, sobre todo, con multitud de anécdotas y golpes de efecto.
Aun hoy, cuando ya soy bastante mayor en comparación con aquella niña que se sentaba en un rinconcito y se ponía a devorar libros como única salida, sigo disfrutando de las peripecias de nuestro Manolito y riéndome a carcajadas con sus aventuras.
Será que esa niña sigue dentro y se resiste a hacerse adulta.

8 de septiembre de 2020

Hoy, Júpiter, Luis Landero


Sé que entre aquellos que pululan anónimamente por los libros de los que ofrezco opinión en estas notas de mi pequeña biblioteca me conocen en mayor o menor grado, pero de lo primero que dejo patente es mi afán por lo cuadriculado, por tener todos los cabos atados y por intentar conseguir en todos los aspectos que sean pocos los imprevistos que surjan, y ahí es donde empieza mi gusto por la simetría, y esto es lo que me trae a la cabeza este libro para ofrecéroslo hoy.
He de reconocer, tras este momento de autoterapia y confesiones, que este libro lo ojeé por las connotaciones mitológicas que arrastra el título; no obstante, cuando lo abrí, personalmente, me sorprendió, y fue como una corriente de aire fresco entre autores manidos y otros no tan releídos.
Es el libro la vida de dos hombres, diferentes, separados, antagónicos, si se me permite, y en un momento, todo se entrecruza dando sentido a las vidas que anhelan ser redescubiertas. Las motivaciones que ambos llevaban consigo tras la venganza, el odio y lo prohibido transmutan en la búsqueda de algo mejor, de un sentido del que se carecía hasta el mismo momento en el que ambos se cruzan en el mismo barrio del viejo Madrid.
Supongo que es el hecho de que a todos nos arrastra en algún momento una de estas circunstancias, que, aunque lejanas en dimensión por pertenecer a Dámaso y a Tomás, son cercanas en tanto cualquiera de nosotros puede padecerlas, y que son las similitudes que no se dejan ver a la luz, aquellas simetrías que, tácitas, asaltan nuestras vidas, las que dan motivo e interés por seguir atando cabos.
Me reitero en que fue un descubrimiento bastante importante, porque, como mencioné arriba, nunca había leído nada de su pluma, sin embargo, Luis Landero es de estos autores que calan hondo y que logran doler, porque es cronista de realidades y de antítesis no tan antitéticas.
Como un excelente ejercicio de reflexión, son las vidas de los protagonistas las que discurren por las nuestras propias, haciendo que todo lo malo o digno de olvidar torne motivación para dejar atrás todo aquello que constituya una carencia en nosotros mismos.

3 de septiembre de 2020

La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela


Hoy lo que traigo es otra lectura de instituto. 
Diréis que qué pesada, pero yo no tengo culpa de que Sara, mi profesora, fuera una fantástica docente además de elegir libros que, por una causa u otra, me han marcado de tal forma que aún hoy, años después, sigo recordándolos, hasta el punto de que si hoy soy filóloga es por ella y por su forma de enseñar.
Uno de los que más me impactó fue precisamente esta obra de Camilo José Cela —amado y odiado a partes iguales, y no sin razón, aunque no hay que negar que su dominio del vocabulario y de la gramática era excelso—.
Es su crudeza la que impacta, la que golpea brutalmente. La sola escena del cruce de caminos y el perro ya constituye algo que, sangriento, determina y esclarece la realidad del protagonista. Pascual Duarte es un fruto de las circunstancias, a mi parecer. 
Es su origen, su entorno y el pasado de sus padres, inmediatamente superiores e influyentes, lo que le construyen desde el nacimiento. Su vida es un camino de sordidez que justifica una vez encarcelado en un estilo que, de golpe, viene a recordar al Lazarillo de Tormes más puro.
Este retrato rural, realista hasta las últimas consecuencias, no es sino reflejo de una sociedad mermada y diezmada, analfabeta y cruel, producto de las convulsiones sociales y de las vilezas de las mismas. Es la extrapolación de la picaresca a los años de los cambios de gobierno, moralizante y pesimista, el reflejo de una sociedad que no ve un futuro mejor en el horizonte, y son las desgracias que acechan tras la vuelta de la esquina a los habitantes de ese mundo cruel las que les impiden medrar y cambiar su sino. Un determinismo marcado por sus ancestros que no consiguen evitar ni hacerse hombres mejores que ellos.
Yo, además de ser un fantástico ejemplo del tremendismo que se encuentra en el estado embrionario pero plenamente desarrollado, lo que destacaría de esta novela es la facilidad con la que la sociedad acepta una violencia que es el pan de cada día, de una u otra forma, en cualquier circunstancia. El problema que veo es que volvemos a acostumbrarnos a cosas así, y no es bueno. 
La fantástica caracterización de los personajes, en los que incluso encontramos rasgos del habla propios de la zona, no es menos mencionable, al contrario, constituye una fantástica muestra de lo que llegaría a ser el género y de la explotación de situaciones que puede conseguirse a través de las palabras para mejorar el ambiente en el que se prodigan los personajes que construimos.
Es cruel, pero me gusta.

30 de agosto de 2020

Cinco horas con Mario, Miguel Delibes


Mario muere y Carmen, su mujer, le vela durante toda la noche con ayuda de una Biblia, en la que se encuentran frases subrayadas.
Si comienzo con estas palabras estoy convencida de que a vuestra mente viene esa imagen, ese monólogo desgarrado a los pies de la tumba de Mario. 
Y qué absoluta maravilla nos regaló Miguel Delibes con esta novela.
Cada uno de los capítulos del libro comienza con una de estas frases, y partiendo de ellas, Carmen reprocha a Mario, que yace muerto, por todos sus actos, que han impedido que alcancen lo que ella quería para su familia, reconocimiento. 
Esos reproches no están exentos de realidad, debido a la actitud que Mario tomaba hacia ella en vida.
Durante las cinco horas en las que vela el cuerpo de su marido, Carmen relata su vida junto a él, su noviazgo, su matrimonio además de otros recuerdos más dolorosos, más duros.
Además de su vida, Delibes hace una identificación física y psicológica, que, por qué no decirlo, es maravillosa, de cada uno de los personajes, a través de ésta se aprecia que ambos son opuestos completamente, igual que las dos Españas que representan.
El dolor y el resentimiento pueblan la obra, dotándola de una sensibilidad extrema que nos lleva a identificarnos con los personajes y la situación, y nos permite comprender la división sucedida en la España de la época, una especie de cuadro literario que nos facilita el entendimiento de una situación tan convulsa como la vivida en esos tiempos.