Mostrando entradas con la etiqueta Federico García Lorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Federico García Lorca. Mostrar todas las entradas

25 de octubre de 2019

La casa de Bernarda Alba, Federico García Lorca.


Allí donde el luto es una imposición y el fanatismo religioso el pan nuestro de cada día se desarrolla esta historia que, aunque ficticia, en los pueblos de la España más profunda de principios de siglo XX y anteriores podía encontrarse en cualquier casa.
Esta en concreto se centra en la Andalucía profunda que tanto amaba mi adorado Federico García Lorca. 
Bernarda Alba enviuda e impone a sus cinco hijas el luto más riguroso, ocho años, según ella, como siempre se había hecho, y con esta convención social Federico recorre las aguas de las apariencias, de la envidia, del dinero, la muerte, la situación precaria de la mujer sostenida por normas sociales salvajes —hasta las de más alta condición—, de la represión y de la lucha por la libertad. 
En la obra no aparece ningún personaje masculino salvo el difunto marido de Bernarda Alba y Pepe el Romano, pretendiente de Angustias, la hija mayor, y no actúa como personaje en ningún momento, es decir, únicamente "sirve" de hilo conductor de la obra y de la desgracia que planea sobre las cabezas de estas mujeres puesto que no interviene directamente en ningún momento.
Lorca, a través de los personajes y de su caracterización psicológica, maneja los hilos de esta casa de luto, simbolizando a través de sus nombres y de sus actitudes la desgracia que arrastrarán después. 
Como sabréis, Lorca es un autor simbolista, yo lo considero así al menos. Tiene un abanico amplio de símbolos cuyos significados son inamovibles, y si identificas estos símbolos en la obra comprendes e incluso adelantas cualquier final cerrado a golpe del «¡Silencio!» con el que abre y concluye el drama.

13 de agosto de 2018

Yerma, Federico García Lorca


"Yo misma he matado a mi hijo".
Creo que esta frase final, junto con el nombre, determina el desarrollo de la obra. Son como dos astros alineados que confluyen para manejar con hilos invisibles el destino de todos los personajes.
Es la segunda parte de la trilogía lorquiana, y aunque todavía no os haya traído la primera que es "La casa de Bernarda Alba" y que prometo que traeré con el tiempo, y se nos narra en esta obra de teatro llena de angustia y anhelos que traspasan las letras y el papel la historia de Yerma, una mujer rural que quiere ser madre a toda costa para sentirse completa, para sentirse una mujer de verdad según su criterio, el de la época y el de sus vecinos. Sin embargo, lo que impide la satisfacción de este deseo vital es su marido, que es estéril, y no es una condición que lleve como una carga, antes bien lo prefiere, puesto que no quiere tener descendencia. 
El ansia de Yerma es trasladado a su marido en la represión que este ejerce sobre ella y lo hace hasta el punto de llevar a sus hermanas a su casa para que controlen a su mujer. 
Yerma es un pájaro libre que desea y necesita volar alto, pero aun así es coherente para con su tiempo. Sabe que mientras siga casada con él no podrá tener hijos ni ser ella misma, y la solución a sus problemas es la viudez. De esta forma se hace patente su dolor y todo el peso que lleva sobre los hombros, en un halo de opresión y podríamos decir locura que se va desarrollando hasta que culmina en el asesinato de su marido. 
El amor —platónico o no, a mi parecer no, pero estoy abierta a sugerencias y al debate— que siente por Víctor la hace ver su tragedia en claro y el desenlace necesario, y todas estas circunstancias la llevan a tomar la decisión fatal 
Sinceramente adoro a Lorca y todo lo que escribió antes de que segaran su vida.
El lenguaje roza la suavidad de la poesía aun sin serlo y te marca. Claro está que a Lorca se le lee mejor conociendo el compendio de su simbología, pero aunque se sea un profano en la materia del autor que nos ocupa las variaciones psicológicas de cada uno de los personajes los marca y marca al lector, y los distingue haciendo que, sin salida, acabes amando sus letras tanto como a la literatura o incluso más. 
Las expresiones que utiliza son como caricias en esta obra en la que, a pesar de todo y como fiel reflejo de la vida, el dolor es la máquina que mueve el mundo. 

5 de junio de 2018

El público, Federico García Lorca


No es un secreto que Federico García Lorca me fascina, tanto su faceta como poeta como la de dramaturgo, amén de la política y personal, pero como alguien interesada en él creo que todas estas partes son el todo que le conforman. 
Tampoco lo es que estamos acostumbrados a sus grandes dramas, "Yerma", "La casa de Bernarda Alba" y "Bodas de sangre", y que salvo que se trate —en la mayoría de los casos— de un público especializado o que realmente tengan interés en él y en su obra es complicado que se conozca el resto de su producción teatral, y mucho más complicado es que haya llegado a vuestros oídos la obra que hoy nos ocupa. 
Si me creo en potestad de hacer tal aseveración es porque yo misma, devoradora desde la adolescencia de todo lo relacionado con Lorca, descubrí "El público" mientras hacía la carrera, y eso que se la considera una de las obras más importantes de todo el teatro español del siglo XX. 
Aquí Lorca crea un metateatro, un teatro dentro del teatro convencional y a la vez lo destruye, arrasa sus cimientos para construir un teatro puro y lleno de símbolos que le permiten crear uno a su semejanza, libre y surrealista, y su forma de hacerlo es destrozando uno de los símbolos teatrales por excelencia, Romeo y Julieta. 
Lorca nos plantea si realmente Julieta tiene que ser Julieta, si no puede ser que ese símbolo del amor heterosexual sea interpretado también por dos hombres —en este caso— y revoluciona al público descubriendo la identidad verdadera de la Julieta de la obra como un muchachuelo, ¿es cierto todo lo que se ha expresado? ¿es verdadero? ¿es bueno? Aduce que Julieta puede ser cualquier cosa, incluso hasta un objeto inerte, y con esta metáfora hace suya la de Shakespeare cuando se pregunta si una rosa con otro nombre seguiría oliendo igual. Y el público somos nosotros, los que perpetuamos o intentamos mejorar una sociedad plagada de máscaras de diferentes colores que cuelgan en las paredes de nuestra existencia. 
Habréis llegado a la obvia conclusión de que en esta obra lo que hace es desgarrarse y exponerse como hombre homosexual en una época represiva y con ello descubre su verdadera identidad y anima a que los demás la muestren, porque al final lo único que cuenta es lo que se siente, es lo único importante.
Aunque no se trate de poesía también en esta obra reconocemos algunos de los símbolos universales lorquianos tales como el caballo, lo cierto es que al pertenecer al surrealismo toda la obra en sí es simbólica. "El público" es un viaje a la identidad y a todo lo que guardamos dentro y escondemos con distintas máscaras, otro símbolo que emplea Lorca para criticar a la sociedad y a los convencionalismos morales: ¿quién es esta para juzgar no solo a las personas sino también a sus decisiones? 
En última instancia el eje sobre el que gira es el amor, el amor que todo lo vence y que sirve de bálsamo para almas heridas, el amor auténtico que huye de hipocresías y que lucha irguiéndose en barbacana contra máscaras y miedos que nos acechan y que son humanos, pero que nos impiden ser felices, y eso me toca el corazón de una manera que no podéis ni imaginar.
Tampoco se me ha ocurrido mejor forma de celebrar su cumpleaños que honrarle de la forma que he podido.