30 de diciembre de 2018

Extraños en un tren, Patricia Highsmith

Llevo tiempo planeando traeros algo de Patricia Highsmith porque personalmente me parece una escritora brillantísima y adelantada a su tiempo, y ha coincidido que hoy he visto la maravillosa película que Hitchcock, uno de mis directores favoritos, hizo de esta novela para traeros la versión literaria para que comparéis, para que la conozcáis y para que abráis la mente a un mundo más allá del limitado del cine. 
La historia trata, como quizá sepáis, de lo que es lo más anhelado en el mundo de la delincuencia, el crimen perfecto
Este vendrá al encontrarse dos desconocidos, Bruno y Guy, en un tren que, con un trasfondo psicológico como personajes realmente magnífico, deciden hacer un pacto en el que correrá la sangre, uno matará al principal enemigo del otro, el padre y su mujer respectivamente. 
Aparentemente este asesinato no tendría ningún cabo suelto del que tirar para desmontar la historia: son perfectos desconocidos, en realidad no tienen ningún tipo de motivación porque no son sus enemigos y, una vez acabado el viaje, más allá de la mera presencia tampoco tendría más significación. Guy, sin embargo, se acobarda, mientras que Bruno, vehementemente, cumple su parte y el eje de la historia empezará a rodar cuando este último persiga al primero para que lleve a cabo su trabajo. 
Me encantan, ya sabéis, los libros que me hacen pensar y este es uno de ellos.
Ya no es solo por la deliciosa descripción psicológica que hace Highsmith de los personajes, que, de verdad, es absolutamente fantástica, es que cada palabra parece necesitar a la siguiente, cada movimiento tiene una justificación y esta justificación se enlaza de forma magistral en el final de la novela. 
Es curioso cómo con palabras, con la lectura, se puede aceptar lo imposible, cómo podemos ponernos en el lugar de cada uno de los personajes para, a través de su caracterización, comprender cuál fue este o aquél motivo que le llevó a ser lo que es, hasta aceptar el asesinato, este crimen perfecto que planean porque, a través de la identificación con el personaje, realmente te planteas si es justificable, si la motivación es suficiente para ser condescendiente en un acto tan atroz. ¿Seríais capaz de aceptar la propuesta o incluso de llevarla a término?
Con esta pregunta que seguramente sacuda los cimientos de moralidad y fantasía sobre los que hayáis construido a vuestra persona aprovecho para desearos un feliz final de año, que lo paséis lo mejor que podáis y que si este año que acaba no fue de vuestro agrado ojalá este que entra sea mejor. 

26 de diciembre de 2018

Harry Potter y el misterio del príncipe, J.K. Rowling


¿No os entra como una emoción extraña al saber que las sagas de libros se acaban y que es prácticamente inminente?
No sé el vuestro, pero sí es mi caso, y la verdad es que es una sensación agridulce, no la disfruto del todo porque pienso en qué haré una vez se acabe definitivamente y no sé si llega a compensarme.
En esa tesitura estamos hoy cuando ha pasado la primera parte de las fiestas, hoy os traigo la sexta y penúltima entrega de la saga de Harry Potter que nació de la mano de J. K. Rowling y que a mí, personalmente, tanto me ha entretenido a lo largo de mi vida dadas las veces que me la he releído y que preveo que seguirá haciéndolo posiblemente hasta que muera rodeada de libros. 
Harry ya está en su sexto año, ahora es más maduro, se le permite acceder a conocimientos que antes le estuvieron vedados y está  más marcado aún por la pérdida de personas cercanas que serán el preludio de todas las que vendrán después. A la vez, cobran relevancia ciertas localizaciones que antes se mencionaron de pasada, como la tienda del Callejón Knockturn llamada Borgin&Burkes, pero que ahora se hace determinante, porque aunque todavía no lo veamos si llegamos al libro por primera vez es una pequeña pista que nos da Rowling —que ya había dado en libros anteriores y cuando lleguéis al séptimo o si ya lo habéis leído entenderéis por qué lo digo— y aparecen nuevos personajes como Horace Slughorn, que da lugar a ciertas situaciones cómicas y que es el hilo conductor de nuevas revelaciones de asuntos trascendentes en la historia de Hogwarts, de Voldemort y de la propia familia de Harry.
Creo que este libro es el escalón definitivo para el final de la saga porque me da la impresión de que es aquí donde se alcanza el odio máximo —o el amor máximo, según hacia dónde se inclinen nuestras simpatías, porque no me diréis que siendo amantes de estos libros no habéis proclamado con orgullo a qué casa «pertenecéis» dependiendo de vuestras afinidades— hacia Severus Snape. 
Este es un personaje al que al principio se le tiene un asco supremo, después se comprende con el Always y una vez pasa el momento te das cuenta de que es un personaje profundamente gris y bien definido. Es innegable que es interesante y misterioso, y que puede que hubiera cierto poso de nobleza en él, pero el método quizá no fue el correcto.
Como digo, es quizá el libro en el que se empiezan a entender muchas cosas aunque se malinterpreten otras, pues el conocimiento parcial que se tiene hasta el momento y que concluye con el séptimo libro no permite hacerlo de otra manera. 

23 de diciembre de 2018

Capricornio Uno, Ron Goulart


Me chifla de una forma que no podéis ni imaginar la ciencia ficción setentera —salvo que me conozcáis en persona u os lo haya dicho antes expresamente, cosa que no dudo dado que mi memoria es bastante pésima hasta el punto de que hay una persona que me llama cariñosamente Dory, como la de Buscando a Nemo, con eso os lo digo todo. 
Me parece la mejor del universo, quizá sea por sus efectos especiales cutres —pero adelantadísimos para la época— o por la pretensión de adivinar un futuro que les resultaba lejano y que preveían mucho mejor y avanzado que su época, lleno de telas que parecían de papel de aluminio y lucecitas que no presagiaban nada bueno la mayor parte de las veces. Y si como en este caso también está escrita desde el punto de vista de la conspiración ya puedo dar saltitos de felicidad cual niña pequeña. 
A finales de los años setenta y con la euforia de haber llegado a la Luna —supuestamente según algunos— la NASA se prepara para mandar a Marte el primer grupo de tres tripulantes para explorarlo también, pero una vez está preparado el vuelo, a punto de salir como quien dice, los técnicos de la NASA descubren que hay un tremendo problema en la nave y que es imposible salir. Sin embargo, como se ha generado tantísima expectación y eso provocaría la automática pérdida de fondos para continuar el proyecto se decide que es mejor generar una especie de película —¿os suena?—, en un escenario, con los propios astronautas que asisten perplejos a lo que se les propone una vez se les ha conducido en secreto y por la fuerza a unas instalaciones cinematográficas.
Allí deberán permanecer hasta que la supuesta nave llegue a Marte para escenificar la toma de contacto y conseguir un éxito más en la historia de la agencia, pero no todo saldrá tan bien, puesto que un técnico descubre que las transmisiones no son correctas y la nave se destroza al reentrar en la atmósfera, con lo que cambian las tornas y comienza la trama de la novela. 
Como dato curioso del libro que os traigo hoy debo decir que esta vez fue la gallina antes que el huevo.
Es decir, la obra es el resultado de una novelización de la película homónima y que a falta de una adaptación contó con dos, una para Reino Unido y escrita por el mismísimo Ken Follett y otra, la que os traigo hoy porque es la que más me gusta de las dos, la que escribió Ron Goulart para el público estadounidense, en última instancia destinatario también de la película. 

20 de diciembre de 2018

La metamorfosis, Franz Kafka


«Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.» Y si a esto le añadimos la portada tan reveladora inquieta, ¿verdad?
Hoy lo que os traigo es la alegoría más brutal que me he encontrado en mis muchos libros leídos de las deshumanización del ser humano y del importante peso que tienen los sueños en la realidad como reflejo incontrolado de la misma, y como sabéis viene de la mano de Franz Kafka
Una, cuando lee esta pequeña pero gran obra, se pregunta qué es lo que queda de humano en la humanidad, y me explico conforme a lo que yo extraigo de este libro del que hasta su título tiene consecuencia y trasfondo. 
Lo que yo veo, lo que concluyo cuando cierro la contraportada es que lo bueno deja de serlo una vez se convierte en diferente bien por elección, bien por enfermedad, bien por cualquier motivo que se pase por la cabeza. Gregor Samsa mantiene a su familia y con su transformación ésta va a la quiebra y se empiezan a presentar las dificultades como es obvio. Samsa las intenta remediar escondiéndose de todo y de todos, pero a estas dificultades económicas se suma el rechazo que en mayor o menor grado encuentra en el sitio que debería ser su principal foco de compasión o comprensión, su propia familia. Entre su padre que le detesta, su madre que le teme pero que le acepta permitiendo que se quede en casa y su hermana que en un principio le atiende y que gradualmente va perdiendo motivación hasta el punto en que es ella misma quien propone echarlo de casa está su jefe, que en cierto modo intenta seguir cubriendo las deudas de la familia Samsa.
Lo admito, la novela confunde en cuanto todo se asemeja a un sueño, en cuanto la realidad y lo surrealista van tan de la mano, pero eso no es óbice para que no nos arrastre a la reflexión.
Me reitero en que, a mi parecer, lo que hace patente Kafka con la transformación de Samsa y el trato que se le da una vez ha dejado de ser el bueno para todo para convertirse más en un lastre que una ayuda muestra lo mejor y lo peor del ser humano. Lo peor en todas sus dimensiones, en este caso, es la profunda dicotomía que habita en la sociedad empezando por el individuo mismo que por sobrevivir y por miedo quizá a lo que es diferente es capaz de hacer cualquier cosa, de negar cualquier situación que le corrompa o le denigre en pos de un colectivo. 
¿No os parece revelador?

17 de diciembre de 2018

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuściński


Aunque soy materialmente incapaz de pronunciar el nombre de Ryszard Kapuściński porque, de hecho, ya me cuesta pronunciar todas las eses —bellezas de mi dialecto— eso no significó que en el momento en que vi la portada del libro que hoy nos ocupa me enamorase absolutamente del conejo que la ilustra.
La verdad es que me evoca muchas cosas, como la calma, o más bien la fingida calma de la presa a punto de saltar y escapar, el silencio y la paz de la naturaleza, la justicia casi divina que emana de ella al equilibrarse a sí misma y, quizá por una especie de deformación social, imaginé que el conejo se llamaba Heródoto —¿quién dice que no es un buen nombre para un animal de compañía?— y se me ocurrió que, tal vez, si cuando faltase mi gato me decidía a adoptar a otro sería un nombre para tener en cuenta.
Sin embargo, una vez me detuve a introducirme en sus páginas descubrí una realidad totalmente diferente que en cierto modo debí haberme imaginado porque el nombre se refería a Heródoto, el historiador, el histórico, el de verdad.
Me ha resultado, de veras, un libro muy muy peculiar porque en sus páginas el autor casi va comparándose con él y con su Historia mientras desgrana sus viajes periodísiticos, en los tiempos en los que se desempeñó como reportero internacional. 
Y se compara con él porque le considera una especie de «protoperiodista», si es que esa palabra puede llegar a existir en algún contexto, porque en su historia no solo la recoge a ella, sino que recoge realidades de los diferentes pueblos que retrata a lo largo de sus nueve tomos.
Mientras no puedo viajar, leer este libro me ha traído a la mente lugares inmensos, con todas sus peculiaridades que no son sino formas de hacerlos maravillosos, y a veces he perdido el hilo en el sentido de que no sabía cuándo era Heródoto y cuándo el autor, pero sin embargo es esta es una muestra de la genialidad de Kapuściński al llevar más allá la biografía, de su prosa que en ningún momento resulta pesada o aburrida. 
Para mí por lo menos me es muy ameno viajar, aprender y descubrir realidades que nos han sido negadas, bien por intereses, bien por distancia, al mismo tiempo, y Kapuściński consigue que nos sintamos parte de su recorrido, como un compañero más de viaje en algo tan personal como es la vida propia, y la parte buena es que no nos sentimos extraños al introducirnos en la prosa de este autor al que el trabajo llevó a descubrir medio mundo, sino que, más bien, o por lo menos yo, acabamos viendo casi como en diapositivas descritas todas las vidas que ha vivido.

14 de diciembre de 2018

La camisa, Lauro Olmo


Creo que, con la absoluta excepción de la enfermedad devastadora que consume sin piedad, no hay nada más doloroso que dejarlo todo, tu entorno, tu familia, tu vida en definitiva, obligado por una causa mayor, aunque sea para sacar adelante a los tuyos y comprobar que quienes hicieron antes lo mismo de forma discreta para que no se les detuviera y les mandaran de vuelta se olvidan de que ellos son su reflejo y que no vienen a destruir ni a amenazar, sino a conseguir un futuro. Y ya no digo un futuro mejor, lo dejo en futuro.
La desesperación que la incertidumbre conlleva, la lucha por la supervivencia, porque en ocasiones ni puede considerarse vida aquello, y el dolor de sentirse inútil o acaso inválido en una sociedad que se muere de hambre y necesita una escapatoria bajo mi criterio nunca ha sido mejor reflejada en esta pequeña pero durísima obra de teatro —que por desgracia tiene poco de teatro en estos días; parece que los patrones son cíclicos y que, como consecuencia, se repiten cada cierto tiempo, cada cierta crisis— de Lauro Olmo, un autor que descubrí cuando, en cierto modo, me fue impuesta por una asignatura. Y me sorprendió para bien.
Esta podría ser una familia cualquiera, en una ciudad cualquiera, pero en los sesenta le tocaba a España. El trabajo escaseaba y la gente necesitaba salir adelante.
El drama de la emigración estaba presente en casi todas las familias obreras, pues los afectos ni siquiera tenían que cocer y recocer las mondas de patata para hacer una suerte de sopa, y a través de personajes tipo —el cacique, la niña bonita, el borracho, el soñador fantástico que vende globos como metáfora de sus sueños, la mujer que tiene hacerse cargo de la familia y el hombre que se ve inútil en una sociedad aún machista— Olmo nos lo retrata con el elocuente nombre de La camisa. La única camisa que nuestro protagonista tiene en condiciones para que los patrones, guiándose por la buena impresión, le ofrezcan un puesto de trabajo que le permita a él y a su familia repartirse más de un tomate, y esa camisa está zurcida y remendada hasta la saciedad, como la vida del protagonista y de su entorno, con los pequeños tejemanejes a los que se veían abocados para continuar
La verdad es que es una obra de las que arañan el corazón precisamente por su dureza, y aun así está llena de una deliciosa ironía que adorna las vidas de quienes la protagonizan, mostrando temas tan volubles y nunca tan necesarios como el amor, la camaradería y la entrañable unión que surge en tiempos de miseria.
Lamento haberme puesto tan trágica pero creo que nunca deberíamos olvidar las cosas importantes, aquellas que siempre quedan postergadas por las urgentes, así como espero que me concedáis la licencia de poner esta portada tan seria y tan clara. 

11 de diciembre de 2018

Bilbao-New York-Bilbao, Kirmen Uribe


Si el autoanálisis no me falla, aunque es posible que lo haga, creo que soy una persona bastante —demasiado— pasional. Amo y siento en exceso, no importa qué y no tengo control sobre ello, y, francamente, me importa poco.
¿A cuento de qué viene este pequeño momento de confesión? Pues a que estoy enamorada de Euskadi, de su gente, de su idioma, de su paisaje, de todo en general. Tengo la suerte de ir una vez al año y todas las personas con las que he ido me lo han dicho, la sonrisa que se me pone cuando la piso es distinta a todas las demás. 
Y por desgracia no es algo que todo el mundo entiende. Por este amor que le tengo a Euskadi he llegado al punto de intentar aprender euskera, y digo intentar porque es un proceso largo y complejo como podréis imaginar.
Evidentemente este amor se extiende a lo literario, y por eso hoy os traigo una novela de Kirmen Uribe
Es un librito muy curioso, ya no solo por el título, que según nos vamos adentrando en la novela descubrimos que tiene todo el sentido del mundo, sino por la forma en que está escrito. 
Liborio Uribe, después de saber que su muerte está cerca, quiere ver por última vez un cuadro de Aurelio Arteta; él ha sido toda su vida un hombre de mar y es frente a este cuadro que su nieto, Kirmen, nuestro autor, recopila y rastrea estas anécdotas de su abuelo con sus compañeros en el mar para acaso pincelar la historia de su familia en tres generaciones y escribir una novela. 
En el transcurso de un vuelo entre el aeropuerto de Bilbao y el JFK de Nueva York es donde se centra el nudo, donde las cartas, los correos electrónicos, las memorias y los diarios se combinan para culminar en esta historia buscada, en descubrir el pasado para comprender el presente y afrontar el futuro.
Me gusta esta técnica narrativa, lo reconozco.
Eso de coger de aquí y de allá, de mezclar novela con epístola, de hablar de la creación de un texto en él mismo, de ser, tal vez, el inicio de un collage literario aparentemente deshilado que acaba siendo el puzzle de tres generaciones es algo que me ha llegado. No sé si se la pueda catalogar de realista —lo cierto es que, después de mucho pensar, las etiquetas existen solo para complicarnos la vida en todos los sentidos— pero al recurrir a personajes reales creo que el asentamiento que logra es mucho más cercano que el que puede brindar un personaje poco definido psicológicamente y me explico. La vida hecha, por muchos tintes de fantasía que se le dé, tiene una base, unos cimientos que no se pueden cambiar —o sí, pero ya me entendéis— y que sirven para construir sobre ellos. Crear un personaje es muchísimo más difícil y siempre puedes olvidar algo que, aunque en apariencia innecesario, puede resultar indispensable para la resolución de la trama.
No es una novela al uso, pero quizá sea esa cualidad de inusual la que la hace merecedora de un puesto en el anaquel de cualquier biblioteca bien cultivada. 

7 de diciembre de 2018

Jane Eyre, Charlotte Brontë


Si os digo que es una de las novelas románticas por excelencia de los últimos tiempos sé que no me equivoco y que sabréis que os hablo de la novela de Charlotte Brontë que pasó a la historia con el nombre de Jane Eyre. 
Publicada en un principio con el subtítulo de «una autobiografía» es la propia Jane quien cuenta su historia desde que queda huérfana y pasa a vivir con sus tíos hasta la culminación de su historia amorosa con el señor Rochester.
Jane es una chiquita huérfana, anodina y gris como todas sus ropas de la adolescencia y adultez cuyos problemas comienzan desde el momento en que muere su tío Reed y su tía, que no la quiere y que la considera una deshonra porque el matrimonio de sus padres fue morganático, actúa como una madrastra cruel en la que ciega por el amor que profesa a sus hijos no ve que tras las contestaciones de Jane solo está la verdad y la lucha por sobrevivir.
Tras algunos incidentes con su primo, que parece decidido a hacerle la vida imposible, acaba yendo a parar al cruel orfanato de Lowood en el que, por suerte, confraterniza con alguna profesora y alguna compañera, pero en este estado de aparente y relativa normalidad para la vida de una huérfana en aquellos tiempos no solo aprende a desenvolverse y a demostrar que no es la niña mala y mentirosa que su tía quiso ilustrar ante el padre Brocklehurst, sino que convive con la pobreza —según el sacerdote la frivolidad aparente de las mujeres les impide llevar una existencia pía, sumisa y abnegada y el lujo solo conduce a la depravación, pero naturalmente esto solo ocurre en aquellas que no pueden permitírselo, puesto que sus hijas llevan las mejores galas y son unas pequeñas malcriadas— y sus principales males, la enfermedad y su consecuencia, la muerte.
Una vez se casa la señorita Temple, aquella profesora a la que ha adoptado en cierta manera como madre y guía, decide que ya no tiene nada más que hacer en Lowood y pone un anuncio que la lleva a ser la institutriz de la pupila de un noble, el señor Rochester. 
Con el devenir de sus enseñanzas empezaremos a conocer el trasfondo de Jane, conoceremos a un tío que fue a buscarla poco antes de partir de la casa de la tía Reed, las intrigas de la casa Thornfield y, sobre todo, el amor, que en un principio rehuirá para encontrarse con algunos familiares y afrontar nuevas situaciones que pondrán a prueba lo que es y lo que ha aprendido.
A su manera y a la de su época Brontë, además del reflejo de ciertos aspectos de su propia existencia, comienza a dar pinceladas de lo que sería un revulsivo en la férrea sociedad victoriana. Comienzan a aparecer los conceptos de igualdad de clases, o por lo menos de mejora de aquellos que están oprimidos, y, sobre todo, los matices de un primitivo feminismo que iría asentándose y floreciendo progresivamente en el tiempo. 
Es, en fin, el canto a una revolución que comienza desde dentro de uno mismo y que culmina con la idea de que el amor está por encima de todas las cosas y todo lo vence.
Lástima que la realidad en la mayoría de los casos no lo comprenda. 

5 de diciembre de 2018

From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell


De nuevo elijo a Alan Moore, teniendo de compañero esta vez a Eddie Campbell, para recomendaros un nuevo cómic. 
De la mano de ellos dos nos trasladamos a la Inglaterra victoriana, en la que la vida de casi nadie valía nada a pesar de que, poco a poco, se iban haciendo nuevas concesiones que costaron mucha lucha y mucha sangre. 
Entre los que se consideraba que tenían vidas valiosas encontramos a una nueva clase pujante derivada de la Revolución Industrial, la burguesía, aunque obviamente ya llevaba cierto tiempo haciendo su aparición en el panorama de clases, y ya sabemos que por mucho poder o dinero que se tenga, siguen siendo movidos por los mismos impulsos que asaltan al resto de los humanos, por los mismos instintos que los del trabajador más miserable y desharrapado. 
Es al auspicio de esta sociedad decimonónica que se forman sociedades secretas —o discretas— que pretendían buscar más allá de la trascendencia humana y en las que se agrupaba la flor y nata del país en el que se encontraban.
En este caso Moore y Campbell trazan una teoría —aunque por teoría no es menos probable— acerca de la identidad de Jack el Destripador, algo que aestas alturas me temo que nunca se sabrá, y que pronto, por desgracia se acabará olvidando. Junto con la teoría de de la identidad ambos ilustran los crímenes de una forma muy cruda y sórdida, casi tanto como en la misma época, y cimentan los asesinatos cometidos en una conspiración fabulosa entre los masones —demasiado vilipendiados desde su origen— y el propio poder de la Casa Real británica de la época para ocultar el matrimonio católico del potencial heredero del príncipe de Gales y el consecuente nacimiento de una niña cuya existencia se presupone —aunque técnicamente su desaparición y la de su madre no fue tan violenta— que darían al traste con la Iglesia Anglicana tal y cómo se la conoce, fundamentada en el protestantismo, ya que el papel de cabeza de la misma está destinado al propio monarca.
Se hizo una película homónima que protagonizaba Johnny Depp, y a pesar de que me gustó en el momento en el que leí el cómic que hoy he decidido traeros reconozco que, aunque en las bases sí se puede identificar la historia, lo cierto es que no tiene demasiada relación, omitiendo aspectos importantes de la historia gráfica. 
En cuanto llegó a mis manos este cómic pasó a ser de mis favoritos precisamente porque contempla una posibilidad tan válida como cualquier otra y la argumenta de forma fantástica, y porque, qué puedo decir, el misterio, los crímenes y las investigaciones me pierden.
Quizá algún día se descubra quién fue el verdadero asesino de esas mujeres que, según cuenta la historia, guardaban un secreto que podía afectar a los cimientos del propio país, unas mujeres cuyo mayor crimen fue no tener un oficio mejor y nadie que las protegiera y se vieron abocadas a ser las víctimas de un asesinato terrible e injusto, quizá uno de los crímenes más famosos de todos los tiempos y uno de los que más literatura ha generado.
Que se plasmara en un cómic no iba a ser la excepción.

2 de diciembre de 2018

Como agua para chocolate, Laura Esquivel


En una época en la que tendemos a creer a pies juntillas todo lo que nos muestran desde los medios de comunicación —haciendo el efecto contrario las más de las veces— y los libros de texto que muchas veces se olvidan de mostrarnos el amplio abanico de escritores que se prodigan en los distintos géneros repitiendo hasta la náusea los mismos nombres, desgastados tal vez por exceso de uso, hoy me gustaría mostraros, si es que no lo sabéis ya, que en el Realismo mágico hay más nombres aparte de Gabriel García Márquez, Horacio Quiroga o Carlos Fuentes entre otros —sin denostarles, naturalmente, porque es obvio que lo suyo tienen cuando se les tiene en tales pedestales. 
El problema es que por encumbrar a unos nos olvidamos de otros escritores cuya trayectoria literaria es tan buena como la de los recordados. Y este es, para mí, el caso de Laura Esquivel, una escritora mexicana que en este libro que os traigo hoy establece la relación que existe entre lo de más allá, lo sobrenatural, y lo de más acá, lo humano, a través de la historia y los amores de una mujer fronteriza.
Es el tiempo de la Revolución mexicana y la laxitud de las normas brilla precisamente porque está en su máximo apogeo, y esto también sucede en los amores. La madre de nuestra protagonista, cual Bernarda Alba a lo mexicano, separa a Tita de su amor para juntarlo con su hermana, y es el conjunto de recetas de cocina y las metáforas usadas para reflejar los estados de ánimo y relacionadas con ellas las que hacen reír o llorar hasta los más fatales desenlaces que puedan imaginarse.
Ya no es solo la separación, porque la pérfida madre consigue no solo la boda, sino que se vayan del país, también es la muerte del hijo de su hermana y su eterno amor el que la termina de quebrar estallando como un globo de papel, y es al final de todo la exaltación de las pasiones y la muerte quienes ganan de mano cualquier partida perdida en el pasado.
Esta tragicomedia moderna ambientada en épocas convulsas y confusas merece un puesto en el estante de cualquier librería que se precie. La risa acompaña al llanto de la mano allí donde la muerte se celebra como santa y se la venera. Es la dicotomía de lo doloroso y la distensión que son caras de la misma moneda, y el destino que parece querer vengarse de Tita a lo largo de su vida por motivos desconocidos parece tener piedad en tanto que le permite culminar lo deseado durante tanto tiempo, aunque se lo arrebate después de la forma más cruel.
Si fuera creyente, si fuera Tita, diría que Dios juega a los dados, dijeran lo que dijeran.

29 de noviembre de 2018

Chernóbil, 25 años después, Santiago Camacho


Creo que en más de una ocasión os he dicho que soy una persona de obsesiones, tanto para lo bueno como para lo malo —la mayoría de las veces para lo malo, el runrún nunca acaba.
Cuando algo me gusta o me disgusta soy incapaz de dejar de pensar en ello, me pongo a buscar información hasta que se me hace tan tarde que tengo que acostarme, veo documentales, películas, leo... la mayoría de las veces sin ninguna finalidad más que la de empaparme, porque lo cierto es que nunca estará todo dicho de ninguna cosa, y, por lo tanto, nunca me satisfará lo que encuentre. 
En la historia hay tres momentos que me convierten en ese animal obsesivo: uno es la Segunda Guerra Mundial, el segundo es la historia de la Orden del Temple, el último es el accidente de Chernóbil.
Como veis, y como decía, son temas de los que nunca sabremos todo, ya sea por ocultamiento premeditado o porque el tiempo y los implicados ya han escondido el camino hacia la verdad.
Y hace no mucho y casi por casualidad encontré este pequeño libro que me llamaba, y más aún me llamó cuando vi que su autor era mi adorado Santi Camacho, quien me ha regalado alguna de las horas más interesantes —y enloquecedoras, todo hay que decirlo— de mi vida, y un autógrafo que conservo como oro en paño, por cierto. 
Este libro es al mismo tiempo una crónica del viaje que hizo él mismo a la que quizá sea la zona más maldita del mundo, al margen de hipotéticos fantasmas, inhabitable hasta unos días que se pierden en el tiempo, y un repaso al ´cumulo de cosas que aceleraron la llegada de la tragedia, y esta doble vertiente de un mismo asunto hizo que me lo devorara en apenas unas horas.
Iker Jiménez hizo hace unos cuantos años uno de los documentales más duros y que más me han impactado acerca de Chernóbil, más incluso que el de Jon Sistiaga. 
En él no se centraba solo en el accidente, en él contaba lo que vino después, las vidas truncadas, las experiencias tan dolorosas que aún hoy, después de más de treinta años, siguen marcando el porvenir de aquellos a quienes les tocó vivir tamaña locura, y quizá es ese miedo atávico a lo desconocido y más poderoso que una misma es el que me lleva a querer saber más, no sé si para protegerme o para acabar de enloquecerme, y aunque tal vez no sea el libro más exacto del mundo acerca del tema, porque de nuevo nadie tiene la verdad absoluta y menos cuando se escribe desde la subjetividad, me parece importante que se hable de ello, que no se entierre junto con el núcleo en aquel sarcófago de hormigón que hoy se sigue haciendo pedazos. 
Para mí la información es el arma más poderosa, a pesar de que la ignorancia es a veces el estado más feliz del hombre y apenas se ha escrito acerca de Chernóbil, apenas conocemos la superficie de todo aquello que sucedió y quizá hoy ya va siendo hora de que salga a la luz, aunque la luz sea tan terrible o más que las tinieblas. 

25 de noviembre de 2018

Una habitación propia, Virginia Woolf


Para mí es indispensable en este blog la presencia de Virginia Woolf porque además de ser una de mis autoras de cabecera pienso mucho y a diario en su vida y en su muerte, más de lo que cabría reconocer. 
Y por eso os traigo este libro que viene de una pregunta que le hicieron a ella en una de las charlas que daba acerca de la mujer y su papel en la época. Le preguntaron que qué necesitaba una mujer para escribir buenas novelas. Ella respondió que independencia económica y una habitación propia.
Es con esta ironía tan suya que va haciendo libro la relación de la mujer con la novela a lo largo de la historia, tanto en forma de su ausencia antes de su época como en la dificultad de encontrar a alguien como ella después de sí misma.
Radical y maravillosa como solo ella puede y sabe serlo. 
Frente a los desastres de la educación que deshumanizaba a la mujer que describía Simone de Beauvoir en «El segundo sexo», Virginia Woolf afirma que da igual lo que la educación haya podido hacer de la mujer, en qué la haya convertido. Lo único que importa es su independencia y un cerrojo bien hermoso para impedir que las interrupciones de lo mundano la alejen del mundo literario. Y alienta con su breve ensayo a cualquier mujer que escriba, aunque sea mediocre o aunque sean cosas pequeñas y sin sentido, porque esto que en apariencia puede resultar banal, puede servir de apoyo a todas aquellas que vengan después y que decidan sustentarse en estos escritos para obtener de ellos algo mejor y mayor y en los que escudarse para desarrollar su carrera en la literatura.
Me parece absolutamente fantástico el planteamiento que expone en el libro, no solo por lo rompedor del mismo, que lo fue, y seamos sincero, sigue siéndolo aun en estos días en los que más o menos estamos equiparadas a los hombres.
Ella preconiza la armonía, algo que considera necesario para que todo discurra como debe hacerlo y ese es un punto de vista que me encanta. 
Sin embargo, creo que me fascina porque es muy Woolf, porque casi entrevemos a Clarissa Dalloway gritar por su liberación, porque casi vemos a su Orlando rompiendo tabúes mientras que la sociedad se empeña en oprimir a aquello que se aleja del statu quo establecido, porque casi hace patente el amor que tuvo por Vita o porque simplemente los autores dejan más de sí mismos en sus obras de lo que ellos quieren o piensan.

22 de noviembre de 2018

La leyenda del ladrón, Juan Gómez-Jurado


No hay que irse muy atrás en el tiempo para encontrar libros buenos y eso es algo que es imposible de discutir.
A veces los de más reciente aparición dan sorpresas, y estas sorpresas pueden ser de lo más agradable. Y precisamente porque me gusta sorprenderme os traigo hoy un libro que apareció hace hace unos pocos años y que en su momento tuve el inestimable placer de devorar.
El artífice de esta trepidante maravilla es Juan Gómez-Jurado, y supongo que habéis oído hablar de él puesto que además de con su literatura nos deleita en diferentes podcasts que, personalmente, disfruto muchísimo, tanto o más que sus libros. 
La verdad es que, aunque la timidez siempre me ha podido, lo cierto es que siempre me ha gustado la idea de conocer a quien hay detrás de las palabras que suelen transportarme a mundos ficticios bastante más agradables a mi parecer del que nos es real, y a pesar de que pocas veces me haya atrevido a acercarme a algún escritor valoro infinitamente que interactúen con sus lectores y en cierto modo lo envidio, quizá algún día me atreva a ir a una feria del libro a conocer a mis ídolos. 
Estamos en la Sevilla del siglo XVI, casi a punto de pasar al XVII, y en el camino que va de Écija a la capital, descubre que el lugar donde iban a reponer fuerzas antes del trayecto final está afectado por uno de los peores males del medievo y los principios de nuestro Siglo de Oro: la peste bubónica; y a punto de partir, casi guiado por una fuerza digamos divina, nuestro guía, del que no quiero revelar mucho, descubre a un chiquito al lado de su madre muerta por esta enfermedad.
El chiquito, Sancho, también afectado, va a sobrevivir sin embargo a la enfermedad casi por ensalmo, y salvado de la inanición por nuestro guía comenzará un periplo increíble en el que su destino será convertirse en todo aquello que falta a una sociedad paupérrima, llena de miseria, pícaros y delincuentes.
Sancho, junto con los personajes que se irán acercando a él durante su camino y que le cambiarán, le motivarán y, por qué no, le amarán, será la personificación de la esperanza.
Debo decir que fui una de las que ansiosamente y en su momento se leyó el fragmento que el propio autor y la editorial pusieron a disposición de los lectores y me dejó un fantástico sabor de boca, no solo porque cuando leí la última página me quedé con unas ganas infinitas de conseguir el libro, sino porque, y aquí entra mi parte casi parafílica, el vocabulario que utilizaba es tan evocador que no pude evitar subirlo de categoría. 
También vi y reví el tráiler hasta que me aprendí cada detalle que se ofrecía, y fue aún mejor para mí incluso, porque entendí cosas que no había terminado de comprender del fragmento, y ahora que he leído el libro no puedo sino recomendároslo por los buenos ratos que pasaréis leyéndolo, por cómo está de conseguida la acción y la ambientación en la novela y porque, me reitero, Gómez-Jurado es uno de esos escritores que hacen que tenga la absoluta necesidad de leerme el libro del tirón hasta acabar de madrugada porque es imposible dejar a un lado la historia. 
Cuando os sumerjáis en ella y paséis a ser uno de los personajes que pululaban por esa Sevilla de la época en la que transcurre la acción lo demás pierde importancia, os lo aseguro.

19 de noviembre de 2018

Sin City, Frank Miller


Continúo hoy en el mundo de las novelas gráficas para traeros uno de los mejores regalos de cumpleaños y reyes que tuve hace unos años ya, la pecaminosa Sin City de Frank Miller
En estos días de otoño en los que nos puede la pereza y acaso la desgana se necesitan distracciones, desconectar, no leer como si fuese una obligación y creo que estos dos tomos son precisamente lo que se necesitan. 
En ellos se recoge la edición íntegra de Sin City, la historia de la ciudad de Basin City, paradigma y entorno prototipo de la novela más negra, llena de sexo, alcohol, muerte y, en definitiva, pecados por doquier, y Marv es nuestro protagonista en este mundo sórdido. 
Marv es corrupto, esquizofrénico, violento y podría decirse que hasta cruel, pero ¿hasta qué punto influye el entorno en la persona? Él se ve guiado hacia la venganza tras una noche de sexo con una prostituta llamada Goldie que aparece muerta y él no sabe por qué.
A pesar de los clichés —erróneos— que pueden asaltar nuestra mente cuando sabemos que es prostituta, Goldie es la única mujer que le ha tratado bien y por eso se ve impelido a vengar su muerte y la utiliza de detonante, de hilo del que tirar para descubrir quién anda detrás de todo lo malo que corrompe la ciudad y por extensión a sus habitantes.
En última instancia la única que prevalece es la ciudad como recipiente, así que siendo el nexo común de todos estos pecados que cometen sus habitantes, como una especie de imán que les atrae, en cierto modo se la puede considerar como la principal protagonista. Casi como un reflejo de todo lo que pasa, ella es la que sufre, la que manda, la que organiza; es la artífice de los excesos y en los diálogos —que son pequeñas delicias y hay algunos que impactan especialmente— se puede vislumbrar esta conexión ineludible e impalpable entre la ciudad y sus ciudadanos.
Sin embargo, aunque como he dejado patente el vicio y el pecado son como el agua que beben se destila cierto humor santurrón, casi como una rebelión silenciosa que pretende purgar y expiar todos los males de los que se duele. ¿Y cómo se expían esos males? Lo habéis adivinado: matando y haciendo que sobreviva el más fuerte.
En este cómic he encontrado enseñanzas que ni siquiera imaginaríais. No es, como parece ser, la muerte por la muerte, sino todo lo que conlleva y lo podéis adivinar por la magnífica caracterización psicológica de los personajes, tan buena que os descubriréis conforme avancéis en la trama apiadándoos de ellos, quizá porque nos consideramos moralmente mejores que ellos y, en cierto modo, queremos traerles a la luz, aun cuando desde principio a fin la obra no es sino un retrato esperpéntico de nosotros mismos y en lo que podríamos acabar convirtiéndonos sin un mínimo de sensatez.

15 de noviembre de 2018

Apartamento 16, Adam Nevill


Estamos acostumbrándonos últimamente, por desgracia para los lectores y por suerte para los autores que los venden como churros y se hacen ricos, a que las oleadas literarias vayan por modas, es decir, hace unos años, cuando la fiebre Crepúsculo todos los libros que salían del género eran de vampiros, hasta que se les agotó el modelo y empezaron a salir zombis y, de nuevo, todo fueron zombis, y así hasta la saciedad.
Vamos, que el género de terror se había quedado en una mera zarandaja y, aun pecando de exagerada, creo firmemente que los mismísimos Edgar Allan Poe y Bram Stoker se revolvían en su tumba al ver cómo se había defenestrado el género.
Pero, albricias, no todo es el mal absoluto.
De vez en cuando surgen autores como Adam Nevill que con su gusto victoriano y el placer que proporciona al relatar historias de la vieja escuela sorprenden porque realmente queda algo de luz en un género tan vilipendiado y, por eso, os traigo la primera publicación suya que llegó a mis manos.
Esta vez no os voy a dar pinceladas de la historia porque temo contaros demasiado.
Solo os diré que, como mencionaba arriba, es un libro de la vieja escuela, que va construyendo el terror y el clímax final peldaño a peldaño, como si fuera una escalera que conduce a la buhardilla donde Dorian Gray escondía su cuadro, al apartamento que da título al libro que hoy os traigo, y eso es algo que yo, por lo menos, aprecio con toda mi alma de bibliófila casi bibliófaga, porque el cuentagotas con el que va dosificando los temores acaba llenando el vaso antes de que lo imaginemos, y es precisamente esa cualidad la que hace que nos bebamos, literalmente, con gusto el libro, a pesar de que pueda pensarse que se hará pesado en algún momento de la lectura.
Ni por asomo.
De veras os digo que hacía tiempo que no me daba tantísimo miedo leer un libro, y mucho menos un libro relativamente actual porque este se publicó en 2010. Nevill narra su historia con un gusto exquisito, con una mezcla de susto y desasosiego tremendo, y ya sabéis que la imaginación es una yegua que corre libre y la mía es poderosa, muchas veces demasiado poderosa para mi gusto. 

12 de noviembre de 2018

Harry Potter y la Orden del Fénix, J.K. Rowling


No os podéis imaginar las ganas que tenía de superar el ecuador de la saga de Harry Potter que hoy continúo para poder llegar a mi segundo favorito después de «Harry Potter y el prisionero de Azkaban», la quinta entrega, donde ya se van ciertos asuntos relacionados con la lucha contra Voldemort, la guerrilla particular establecida por el bien común, aunque él diría que solo hay poder y personas demasiado débiles para buscarlo, y donde aparece el personaje que más repelús me ha dado en mi historia de la literatura particular.
Sí, lo habéis adivinado: Dolores Umbridge.
Me da un ascazo tremendo, y eso significa que está magníficamente bien caracterizada, por lo que a pesar de sus consideraciones sobre la sangre que se verán sobre todo en el último libro de la saga, pienso que es uno de los mejores retratados en toda la heptalogía.
A lo que iba.
Recuerdo que la primera vez que leí el libro fue como si el corazón me diese saltos de emoción en el pecho él solito y por libre, porque aunque anteriormente, en las cuatro primeras entregas, ya se había producido alguna que otra escaramuza con Voldemort, esta es la primera vez que se produce un enfrentamiento de adultos, por decirlo de alguna manera, con la Orden al completo, o más bien con los que quedan de ella, y con los Mortífagos más representativos en el otro bando, con la aparición estelar de Bellatrix Lestrange. Además, se produce la tremenda lucha entre el mismísimo Albus Dumbledore —estoy conteniéndome mucho de decir todos sus nombres tal y cómo él los pronuncia en la película cuando entra a la vista de Harry— y Voldemort en el Ministerio de Magia.
Y no solo fue la emoción la que me inundó el corazón cuando leí la última de sus páginas.
Fue la primera vez que después del asesinato de los padres de Harry se produce la muerte de otra de sus figuras paternas, y sigo pensando que Sirius no tendría que haber muerto y menos a las manos de quien lo hizo. Si tenía que morir sin remedio, por lo menos que hubiese sido por la mano de otro que no fuese Bellatrix.
Al margen de opiniones personales, aunque de hecho este blog está construyéndose sobre ellas, es para mi gusto uno de los mejores libros, uno de los que más acción tienen y uno de los que descubren más personajes cuya trascendencia se verá más adelante, hacia el final de la saga, y eso, bajo mi criterio, lo hace merecedor de especial atención.
El lector avezado descubrirá que los bandos ya están hechos, quizá antes de lo que imaginaba, y no solo por lo obvio, sino que incluso algunos de los personajes acaban sorprendiendo por su posicionamiento, y ese pequeño factor sorpresa a mis ojos es impagable.

8 de noviembre de 2018

El mes más cruel, Pilar Adón


Hace un tiempo recibí un correo electrónico de un profesor amigo de madre. En él me comentaba que había un libro fantástico que había encontrado en la biblioteca municipal, que sabía que me gustaría, y hubo pleno, aunque yo, en lugar de ir a pedirlo prestado, decidí hacerme con un ejemplar digital.
Últimamente, no sé si porque estoy más nostálgica que de normal o si porque, como las personas, el gusto también va cambiando con el tiempo, me cuesta más trabajo leer novelas o cosas densas. 
La desgana me puede y recurro sobre todo a cómics —para estas navidades planeo pedir varios más— o relatos, y este libro me ha venido de perlas, porque forma parte del segundo grupo. 
No tenía el placer de conocer, literariamente hablando, a Pilar Adón, y me ha sorprendido gratamente. 
A través de estos catorce relatos, sin embargo, he podido acercarme un poco a lo que sentía en el momento de la escritura, porque la verdad es que pienso que lo que escribimos es reflejo de lo que sentimos, y aunque alguien pueda fingir muy bien o escribir algo diametralmente opuesto a lo que siente siempre quedará un pequeño rescoldo involuntario que le delatará y será una veta de vulnerabilidad no pretendida que hace que el lector haga suyo el texto.
Al englobar una serie de relatos es difícil poder haceros un resumen coherente con todos ellos, cada uno hiere y llega a una parte distinta del alma, pero sí que puedo deciros que en todos ellos se encuentra cierta predisposición a la catarsis, como una especie de bofetada de realidad que alienta a superar todos aquellos temores que nos despiertan por las noches, para sobrevivir en medio de todos ellos y proclamar la fortaleza sobre sus restos.
Puedo decir que, en cierto modo, me han resultado útiles.
Aunque me deleite en las explicaciones y demás me gustan los escritores que no suavizan la crudeza de la realidad, sino que la muestran y cuentan cómo vencerla.
Qué queréis que os diga, me impacta esta portada.
Me parece, en verdad, todo un arte el tema de las encuadernaciones, porque consiguen —al menos en mi caso— que prejuzguemos un libro desde la cubierta y que libros que a lo mejor no tenías en mente pasen a formar parte del anaquel que tengas más cerca y resulten ser los más queridos.
A mí, por lo menos, me pasa.

4 de noviembre de 2018

El arpista ciego, Terenci Moix


He decidido empezar por esta novela de Terenci Moix porque me falta algo de humor en este momento de mi vida, pero no significa que me olvide de traeros más adelante sus novelas históricas que me fascinan.
La diferencia entre esta y las otras radica en que el irreverente —y adoradísimo— Moix escribe esta fascinante novela en clave de humor sin olvidar los momentos dolorosos, el esperpento y la tragicomedia van de la mano en una novela en la que lo imposible se hace tan cierto como cualquier cosa que ves alrededor y el favor de los dioses y sus secretos marcan su existencia.
El libro es una fantasía, tal y como indica el subtítulo, del reinado de Tutankamón, y es en esta época cuando nacen Ipi, un niño ciego, y Jonet, un picaruelo al más puro estilo del Lazarillo, y en la ciudad hereje de Akenatón nace el que luego será conocido como Tutankamón. Podríamos decir, por tanto, que sus vidas están ligadas.
Irremediablemente, éstas se entrelazarán en una fantasía surrealista llena de ironía y giros sorprendentes, y serán estos giros los que expliquen las motivaciones y las actuaciones de unos humanos que alternan con los dioses de una manera absolutamente cotidiana. 
El tiempo y el comadreo aderezados con amores imposibles, según la moral de la época, pero que no tienen de malo por su naturaleza, serán guía para unas situaciones rocambolescas en las que unos jóvenes vivirán unas aventuras que, quizá, nunca habrían podido imaginar.
Aquí Moix vuelve al rito iniciático que parece llenar todas sus novelas como el agua del Nilo que lo inunda todo, y será ineludible, puesto que, en cierto modo, la vida no deja de ser el más grande ejemplo de iniciación para cualquiera que la viva, con cualquier fin que ésta presente.
Es una de mis novelas favoritas, lo admito, ya no solo por el humor y la picardía, que llega al erotismo que destila, sino por cómo narra, por cómo presenta unas situaciones que acarician lo trágico y que, sin embargo, por la ironía de la que van cargadas no dejan de ser cómicas. 
Una sonrisa triste para situaciones tristes. Yo creo que os gustará.

31 de octubre de 2018

Drácula, Bram Stoker


Creo que pocas cosas quedan por decir de esta genial novela.
Siendo una de las pioneras en su género, retrata como nadie al vampiro, al nosferatu, al ser de la noche que acecha para desangrar a sus víctimas... pero la grandeza de Bram Stoker radica en que el vampiro asesino que no tiene piedad tiene una de las capacidades más maravillosas de las personas a pesar de todo el odio, el dolor, de toda la muerte, es capaz de amar, el último rasgo, ineludible, de humanidad.
En la novela Jonathan Harker se ve obligado a sustituir en una venta a su predecesor, Reinfield, que, misteriosamente, ha caído preso de una locura que parece perpetuarse en el tiempo, así que acude al castillo de Drácula a Transilvania, que le recibe con las palabras archiconocidas «Bienvenido a mi casa. ¡Entre con libertad y por su propia voluntad! ¡Bienvenido a mi casa. Venga libremente, váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo!». Creo que pocas veces, con tan pocas palabras, se había transmitido tanto: sospecha, libre albedrío, dolor... todo un cúmulo de sensaciones que se agolpan al leerlas.
Y poco a poco, aquel complaciente conde se va convirtiendo en poco menos que un secuestrador cuando le retiene en contra de su voluntad entre las paredes de su castillo y de su propia mente. Mina, la prometida de Jonathan, le espera impaciente en la casa de su rica amiga Lucy Westenra mientras el conde se traslada a Londres en tierra de su patria, la única manera, puesto que debe descansar en ella.
Cuando el conde pisa la tierra de Inglaterra, en la casa Westenra se empiezan a suceder las desgracias, y habiendo entre sus pretendientes un doctor, el doctor Seward, que trabaja en el manicomio donde está Reinfield, se llama al experto médico Abraham Van Helsing, y, a través de él, se irá descubriendo cuál es la cruel mano que mueve los hilos que controlan a los Harker, a los pretendientes, a la casa Westenra y a él mismo. 
Reconozco que es uno de los pocos casos en los que la adaptación cinematográfica —que, por cierto, constituye una lista casi interminable— me ha fascinado, y hablo en concreto de la de 1992 protagonizada por mis adorados Gary Oldman y Winona Ryder. Me parece que esa película es capaz de transmitir todo lo que pretendía Stoker, con las obvias licencias, claro está. 
Ambos, película de Coppola y libro de Stoker tienen para mí un hueco ineludible en las estanterías. Ya no solo para el que le guste el tema vampírico o misterioso, sino por todo lo que significa para la historia de la literatura y la producción posterior. 

28 de octubre de 2018

Los miserables, Víctor Hugo


Pocas cosas hay en esta vida, al margen de la lectura, claro está, que me gusten más que un musical; como se suele decir vulgarmente los vivo más que verlos, los disfruto con cada fibra de mi ser y cuando vi que se adaptaba esta magistral novela de Víctor Hugo que os traigo hoy no pude evitar sentir cierto miedo dada la magnitud de la obra y que, como ya sabéis, no suelo ser demasiado amiga de las adaptaciones de libros a la gran pantalla, ni siquiera a la pequeña. 
Y fue precisamente la aparición del musical la que me motivó a releer el libro en su momento, pues es una pequeña manía que tengo y que me trae no pocas decepciones. La más horrible que recuerdo es la de una adaptación teatral que hicieron en mi ciudad del Don Juan Tenorio: no se me ocurrió otra cosa que refrescar la obra leyéndola antes de la función y maldita la hora, mirándolo desde la distancia pienso que habría sido mejor que hubiese ido con las lagunas inevitables de años sin leerla que teniéndola tan fresca.
Sin embargo en este caso la adaptación me pareció bastante razonable. 
Como obra coral es extensa —mucho— y densa, como suele pasar en estos casos ya que la cantidad de personajes, de motivaciones, de inspiraciones y de diferentes psicologías suelen hacer que el lector se pierda si no está realmente concentrado en la novela, pero, en cualquier caso, es precisamente esta capacidad de cohesión y de tanto detalle que ilustra prácticamente a la perfección un tiempo tan tumultuoso la que la hace magnífica. 
Me gustan los libros que, más o menos sutilmente, dejan entrever la opinión del autor al respecto del tema que tratan, sobre todo los que aparecen en una época censurada o censurable —términos que suelen ir ligados— porque por las metáforas acaba diciéndose más que si el autor lo explicase de forma explícita, y, para mi gusto, con un resultado indudablemente más feliz que si se hiciera de una manera más evidente.
Es estimulante un libro que te haga replantearte los esquemas de la vida, de tu vida.
Por suerte hemos superado muchos de los problemas que se plantean en el libro, otros muchos quedan ahí, a la espera de que nosotros mismos seamos capaces de evolucionar de forma acorde a lo que debería ser nuestra grandeza, y siempre viene bien que nos recuerde alguien ajeno a nosotros todo el potencial que escondemos. 
Este libro me inunda de esa fuerza vital que me invita a superarme.

24 de octubre de 2018

Crimen en directo, Camilla Läckberg


Cuando los días se van haciendo cada vez más grises y menos se ve el azul siempre pienso en una de las pocas experiencias buenas que tuve en la parte más temprana de mi adolescencia en un instituto infame. 
Este primer instituto al que fui organizó un intercambio a Finlandia, y fue raro porque era la primera vez que salía de mi casa sola a un país extranjero —Marruecos no cuenta porque he ido tantas veces que ya es para mí algo normal y no exótico— y porque hablando de primeras veces fui en pleno enero y nunca había visto la nieve antes y entonces me llegaba al muslo. Y sí, soy bajita, pero a gente más alta también le llegaba arriba. 
Así que una cosa lleva a la otra, Finlandia a Escandinavia, Escandinavia a la novela policíaca y, voilà, la combinación lógica de estas dos cosas es Camilla Läckberg
De nuevo son nuestros Patrik y Erica, aunque ahora acompañados de su bebé, que ya tiene unos meses, los que deberán resolver el misterio que vuelve a proporcionar el pueblo.
Esta vez, al más puro estilo de Hitchcock, por lo menos eso pensé yo cuando lo leí, el misterio se desenvuelve en un reality show que llega al pueblo con la promesa de unos beneficios increíbles, por polémico que sea, pero que acaba siendo un caso para esta joven pareja, porque una de las participantes aparece muerta, mientras que, paralelamente, sucede otra muerte muy extraña, la de otra mujer del pueblo que sufre un accidente de tráfico estando borracha, y digo que es extraña porque ella nunca ha bebido y su tasa de alcohol es superior, incluso, a la de una persona habituada a la bebida.
Además, aparecen unas marcas en su cuello y una hoja de un cuento infantil, algo que se corresponde con diferentes asesinatos en otros puntos de Suecia que siguen el mismo patrón.
Como veis la polémica y el interés están servidos y van de la mano.
De la novela negra no puedo decir nada que no haya dicho ya en otras reseñas, porque sigue siendo de mis favoritas, pero el planteamiento que expone Läckberg me ha resultado de lo más original.
Desde luego que el asesinato por emborrachamiento y posterior accidente de coche no es algo nuevo, ni en la historia ni en la historia de la literatura, pero el hecho de que lo que parece ser un asesino en serie —que luego se confirma— se meta dentro de un reality show para llevar a cabo su atroz acto me ha llamado poderosamente la atención, y no solo por el asesinato en sí.
Creo que así expone bastante de la psicología de un asesino en serie, un afán protagonista increíble; por decirlo de alguna manera, el hecho de que televisen todo lo que arrastra el asesinato es una forma brutal de alimentar el ego del asesino en cuestión, y a la vez puede ser el punto determinante para que dé un paso en falso y se descubra, en este caso por la pareja de Patrik y Erica. 

20 de octubre de 2018

El maestro de Go, Yasunari Kawabata


Hace un tiempo me interesé por este juego. Podéis llamarme rara porque quizá no os equivoquéis y tal vez lo sea.
Fue a raíz de ver una fantástica e inquietante película de Darren Aronofsky en la que su protagonista, en un momento dado, en los que discute con su maestro las tácticas que está llevando a cabo para proseguir con su estudio de que mediante los números se puede representar a toda la Naturaleza, juega al go y me dediqué a buscar información sobre él.
Como fanática frustrada del ajedrez, pues no se puede jugar en condiciones contra una misma con un libro en la mano de la misma forma que se haría practicando y cometiendo errores con otro contrincante, me resultó, salvando las distancias, ligeramente parecido, y en una de esas múltiples páginas en las que detallaban jugadas, métodos e historias varias vi que se hacía referencia a este libro de Yasunari Kawabata, un libro relativamente famoso en Occidente del que, sin embargo, nunca había oído hablar. 
Pensando que sería un manual de aprendizaje de los que mencionaba antes al respecto del otro juego ya que en la página no había más referencia que el nombre del autor y del título y no  explicaba su verdadera naturaleza lo busqué y lo conseguí, y me dediqué a adentrarme en sus páginas.
Cuál no sería mi sorpresa al encontrar en ellas la crónica de la última partida de un famoso jugador, una partida que le llevó alrededor de seis meses, contra un joven aspirante en apariencia digno de subestimar, en la que además de lo obvio que recoge la narración encontramos mucho más si nos decidimos a buscar: el enfrentamiento tácito entre dos generaciones, dos formas de vivir, de jugar al propio juego y de las tradiciones, un tema más que presente en el Japón actual y mucho más en el Japón de la época. 
Las descripciones son una delicia y se nota que nos encontramos ante un autor genial y meticuloso, y resulta anecdótico que el propio Yasunari utilizase extractos de la columna en la que relataba la partida que le habían pedido, periodísticamente hablando, y a partir de ella consiguiera esta maravillosa obra en la que además de un manual de juego, ya que la partida la vamos encontrando documentada en sus páginas mediante diagramas, podemos encontrar una novela realista, con golpes que podemos considerar de ficción que adornan los movimientos del maestro.
La verdad es que fue todo un descubrimiento, espero que para vosotros también lo sea. 

17 de octubre de 2018

Harry Potter y el cáliz de fuego, J.K. Rowling


Suelo ser muy cuidadosa con mis libros, tanto que en ocasiones mi interés porque sigan intactos roza la paranoia, especialmente si es uno de mis libros favoritos —como sucede de hecho con una superedición del «Cantar de mío Cid» que tengo, que casi me da miedo tocarla por si acaso la descuadro o le pasa algo, tanto me gusta— pero confieso que este libro, la cuarta parte de la saga de Harry Potter, es el único libro que he destrozado —literalmente— de leerlo tantas y tantas veces.
El pobre está tan remendado con cinta adhesiva que me da penita verlo, y tiene hasta páginas sueltas, pero hasta que salió el siguiente fue mi absoluto favorito tras «El prisionero de Azkaban» y no pude dejar de leerlo. Quienes lo hayáis leído sabréis por qué y entenderéis el ansia que tuve en su momento por saber cómo continuaba la historia.
Confieso que me sé pasajes de los libros y, sobre todo, el hechizo de resurrección de Voldemort de memoria.
Sí.
De memoria.
Y lloré de emoción mientras lo recitaba junto con Pettigrew en la película porque me sentía mala y poderosa.
Pocos finales más apoteósicos que los de este libro de J.K. Rowling que os traigo hoy he encontrado a lo largo de todas las lecturas de mi vida, con el tiempo he pensado que supera a «Las Reliquias de la Muerte» en muchas ocasiones, y que hasta debería haber concluido la saga con él aunque, desde luego, es imposible. Dejaría coja parte de la historia y demasiados cabos sueltos que ata más adelante, pero de verdad que en su momento me pareció increíble y cada vez que lo leo encuentro un aliciente más, un detalle incluso mejor que por el ansia o el tiempo se me había traspapelado.
Aquí se ve a una Rowling más madura, que poco a poco va oscureciendo la saga y que culmina con el encuentro final del laberinto.
Es el preludio de lo que vendrá, ya no hay vuelta atrás y Voldemort ha vuelto, e incluso por un momento llega a parecer invencible. Esta vez Harry lo tendrá difícil para sobrevivir.

13 de octubre de 2018

Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll


Sé que hoy no os estoy descubriendo nada nuevo pues es un clásico con todas las de la ley. 
En realidad hace muchísimo tiempo que llegó a mí en forma de película, e imagino que así es como llegó también primero a muchos de vosotros. Ya se sabe, la típica de Disney que se pone a los niños pero que, en realidad, revisionándola de adultos  conserva esa capacidad de fascinación por aquello de entender ahora de forma más amplia las metáforas y los diversos giros que en sus minutos subyace. 
Sabía que debía de haber algo, una fuente de inspiración, y pronto la búsqueda se hizo fructífera, encontrando que la base de la mencionada película estaba en el relato de Lewis Carroll que os traigo hoy para amenizaros la tarde o, como poco, recordaros que Alicia es un libro y existe. A partir de ese día no he podido dejar de releerlo periódicamente, porque a veces hay que pensar cosas imposibles antes de que termine el día.
Indudablemente todos conocéis la historia. Alicia es una niña que en una tarde de total aburrimiento ve a un conejo blanco vestido y con reloj de bolsillo y, extrañada, decide seguirlo a la madriguera, puerta de entrada a un mundo mágico que la llevará por un trepidante viaje de oníricas alucinaciones y surrealismos impresionantes.
A través de la madriguera del conejo comerá para crecer y menguar, correrá con los animales para secarse del mar de sus propias lágrimas, se hará tan grande que se encajará en la casa del conejo y asustará a la pobre lagartija que va a deshollinar, encontrará a una oruga que fuma pipa y la aconsejará, tomará el té con un sombrerero loco y una liebre y mil peripecias más llenas de símbolos que de pequeños nos parecen hilarantes pero que de mayores cobran sentido.
Reconozco que es un libro que en su momento me marcó y no he debido de ser la única puesto que se han hecho innumerables versiones de esta obra, principalmente cinematográficas. Hasta hay una traducción en esperanto de la que os pongo portada, porque allá por la época en la que me decidí a aprenderlo —una larga historia— me lo leí con la misma avidez.
Ya sé que siempre, siempre, estoy diciendo lo de volver atrás, mirar hacia dentro de nosotros mismos y meditar las conclusiones que saquemos, pero a veces es bonito y necesario. 
A veces es necesario seguir al conejo blanco.

11 de octubre de 2018

Inferno, Dan Brown


Soy de las que dice que para poder criticar algo primero hay que darle la oportunidad de conocerlo, de leerlo si se trata de un libro, para poder hablar con propiedad, y aunque lo cierto es que no andaba muy por la labor teniendo en cuenta lo que opino por norma general de Dan Brown esa portada que ha hecho Planeta mostrando el Duomo de Florencia y la constante referencia a Dante —fetiches de filóloga, lo sé, lo admito— han hecho que ceda y me decida a robarle horas al sueño para leer este libro de este autor tan controvertido, porque o le amas o le odias, y un término medio en estos casos a veces es difícil de alcanzar.
Robert Langdon, protagonista de los archiconocidos «El código Da Vinci» y «Ángeles y Demonios», vuelve a hacer aparición y esta vez lo hace a lo grande: con una herida en la cabeza en un hospital de Florencia cuando supuestamente estaba en la universidad dando clase y siendo perseguido, al parecer, y cómo no, para matarle. Para salvarle de esta persecución aparece Sienna Brooks, una doctora que, según iremos descubriendo, tiene mucho que ocultar.
Como telón de fondo sostiene la obra Dante y su Divina Comedia, y narra una especie de conspiración que, aparentemente y a pesar de que el tema de la persecución-ocultación de algo de otro personaje-descubrimiento de la verdad-redención comienza a hacerse en cierto modo predecible, plantea un dilema moral y social al lector: si somos perniciosos para la tierra o beneficiosos para nosotros mismos, si una masacre en masa para salvar o alargar el tiempo de los que queden estaría justificada y, en caso de ser así, qué es lo mejor, el silencio conspirativo o la abierta verdad.
Habrá, desde luego, a quien no parezca descabellada la idea.
Aun así debo reconocer que no es un libro que no es infumable y que en cierto momentos y en determinadas circunstancias entretiene. Sinceramente para mí se salva por las referencias constantes a la Comedia, obviamente centradas en el Infierno, que es el que da sentido a la novela y que se trata del punto de partida, metafóricamente hablando. Un punto —un poco pretencioso, pero un punto al fin y al cabo— para Brown es que concluye su Inferno de la misma forma que Dante concluye cada parte de su obra, con la palabra «estrellas».
Hay que concederle el éxito que ha supuesto, no solo por la campaña de publicidad tan salvaje que ha tenido, con aquello de los búnkeres y la confidencialidad y todo lo que se ha ido sabiendo con cuentagotas con el tiempo y que ya perdimos la cuenta de si es cierto o son elementos más que añadir a la mitología que circunda el libro, sino porque aunque me ha parecido un poquito machacón —concedédmelo, por favor— en el sentido de que si te has leído uno de Dan Brown te los has leído prácticamente todos, y a la inevitable coprotagonista que acompaña a Langdon en sus peripecias y lo que exponía anteriormente me remito. 
Para mí se pasa un buen rato leyéndolo porque no piensas, y no pensar es, a veces, mejor que cualquier redención. 

8 de octubre de 2018

La encrucijada, Paco Roca


Hace tiempo que tengo ganas de traer este cómic porque no concibo la vida sin música y es la música el eje central que vertebra esta obra de Paco Roca, coautor junto con José Manuel Casañ, vocalista de Seguridad Social
La verdad es que no es un cómic al uso porque la historia que narra es una suerte de autobiografía aderezada de la construcción del proceso creativo a través del diálogo de estos dos grandes referentes, cada uno en su campo. 
En estos diálogos se ponen de manifiesto el proceso de creación, qué lleva a una persona a sentarse delante de una hoja en blanco y escribir, dibujar o lo que quiera que haga con esa hoja y desarrollar algo más, algo que marque y cambie la vida al recipiente futuro de lo que se convertirá esa hoja, en este sentido me recuerda a «Mientras escribo» del siempre enorme Stephen King. Son las experiencias de cada uno, sus reflexiones acerca de adónde van y de dónde vienen, la inseguridad, los miedos, las ganas y, en definitiva, todo lo que conlleva la creación. 
Si recordáis cuando os traje «Arrugas» del mismo autor os dije que era puro sentimiento, que era la vida misma contada por diferentes personajes. Este sin embargo, aunque es la vida desconocida de los autores que leemos y de los cantantes que oímos y con los que pasamos horas tal vez sin ser conscientes de ello. Es lo que hay detrás de lo que consumimos y nos da consuelo, la evolución que se hace de la mano de lo que absorbemos y el camino que buscas y que encuentras exponiéndote a horizontes nuevos.
El cómic incluye un disco que complementa al cómic, haciendo repaso de la historia del grupo en la música y de géneros como el punk y el rock y yo recomiendo escucharlo mientras se lee después de haberle dado una oída como se merece, a solas, interiorizando cada letra, y aun así no creo que sea necesario que te guste Seguridad Social para disfrutarlo. A mí me gusta mucho el rock y no he escuchado antes mucho más de ellos que los grandes clásicos que sonaron en mi infancia en la radio, y eso no ha sido óbice para no empaparme de ellos a través de las conversaciones que mantienen en las páginas del cómic. 
Dadle una oportunidad, no os va a defraudar.

4 de octubre de 2018

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez


Creo que tengo las hormonas revolucionadas.
De un tiempo a esta parte solo leo pasteladas —que, lo creáis o no dado mi interés en la novela policíaca, de misterio y de terror, me encantan— o novelas románticas con unas reminiscencias que en una mente inocente darían miedo, mucho miedo.
Será por esto que pensé en quién podría satisfacer mis ganas de amor en forma literaria y, aunque dudé entre este hombre y Benedetti —pocos como él para los poemas de amor más profundo—, me quedé con Gabo, a pesar de que que esta sea una historia agridulce, de las que se hacen huequito en el corazón y anidan ahí reclamando su lugar.
Con cariz de flashback en tanto que a pesar de que la historia empieza contando la historia actual de dos de los tres protagonistas al final de su vida el grueso de la obra se centra en el triángulo amoroso entre Florentino Ariza, Fermina Daza y Juvenal Urbino y las consecuencias que las elecciones tendrán para las vidas que nos ocupan, de las que Gabo se ocupa.
Florentino y Fermina se enamoran en su juventud loca y apasionadamente, pero al final ella se casa con Juvenal, un médico prometedor y de buena familia. Florentino la sigue amando, de hecho la amará siempre, y aunque no desistirá, comprende que su vida ha de seguir mientras la espera y sostiene romances que inevitablemente acaban, puesto que nunca podrá sentir con ellas lo que sintió con Fermina. Su carrera crece y mejora, pero nunca es lo mismo sin ella. 
Con los años Juvenal muere, y Florentino decide declararse ante Fermina admitiendo que todavía siente lo mismo que cuando eran jóvenes y ella, aunque al principio duda y no comprende por todo el dolor que siente por la pérdida de Juvenal acaba asumiendo la realidad y accede a su amor compartiéndolo. 
Además de la historia, que me parece realmente conmovedora, una de las cosas que más me gusta de este libro que te llega al corazón es el tema de las cartas. Las cartas tienen un regusto a melancolía y cercanía que nunca podrán tener en mi opinión los correos electrónicos si lo extrapolamos a nuestros días.
No sé si coincidiréis conmigo en este sentido, pero personalmente adoro las cartas por la carga emocional que tienen, el olor, la textura... de vez en cuando me gusta sacar algunas cartas y postales viejas que conservo y me paso horas leyéndolas e imaginando a los amigos que las mandaron mientras me las escribían.
En cualquier caso, y volvemos al tema de mis hormonas, la sola idea de que alguien ame así, a lo largo del tiempo, incondicionalmente, me pone sensible, y es una excusa perfecta para recomendaros que os perdáis entre las páginas del libro que hoy os traigo.
En el fondo soy una empalagosa, lo sé.

1 de octubre de 2018

Armand, Anne Rice


En un tiempo en el que han convertido la palabra «crepúsculo» en un disparate con la tetralogía homónima que posee una habilidad pasmosa para hacer que Bram Stoker se revuelva en su mismísima tumba hoy os traigo un término medio entre el gran clásico y el desastre que hizo que proliferaran los libros de vampiros y seres de la noche y que, en mi opinión, redujo la calidad en general de los libros publicados con este tema. 
Anne Rice creó hace años, cuando la literatura vampírica era limitada en número y a mi ciudad apenas llegaban unos ejemplares a una única librería porque no era el género que más se vendía, un universo mágico en el que los vampiros están arriba de la cadena alimentaria que incluso se popularizaría en los noventa con adaptaciones cinematográficas.
Hoy, y aprovechando que sé que hay una persona muy especial para mí que adora tanto o más que yo a esta autora y a sus hijos literarios, he querido traeros la historia de Armand, mi vampiro favorito junto a Marius —de quien también traeré su historia— y que ya conocimos en «Entrevista con el vampiro». 
La verdad es que aunque, lógicamente, hay una trama subyacente a lo largo de los libros, como empecé a leerlos sin seguir un criterio cronológico u ordenado de las Crónicas vampíricas porque compraba los que encontraba y no seguían necesariamente el orden de escritura así será como os los reseñe. 
Antes mencionaba a Marius y a su historia, y lo hago porque ambos personajes están ligados de una forma muy íntima en su devenir y son los que más hondo han calado en mí. 
Como una confesión casi expiatoria y deshaciéndose de una pesada carga, el vampiro Armand cuenta la historia de su vida a David Talbot, de la Orden de Talamasca, y con su vida hace un delicioso recorrido histórico y topográfico narrando sus vivencias, que más que marcadas por estos sitios, vampiros o tiempos, han conseguido justo lo contrario, dejar su huella en ellos.
Armand comienza siendo Andrei, un esclavo traído desde la vieja Europa del Este hasta Constantinopla, donde llega a las manos de Marius y le convierte en Amadeo, el amado por los dioses, un joven de belleza casi divina a quien todos perdonan, al que todos adoran y que se metamorfosea en una personalidad oscura, compleja y llena de dudas tras el velo de la creencia de que su mentor Marius ha sido asesinado. Por esto se erige líder de una secta de fanáticos, cambiando una vez más de nombre, convirtiéndose en Armand.
Ya sabéis que todo aquello que conlleve una evolución o una especie de camino iniciático me fascina.
No sé si será que lo identifico con una especie de espiral de subida a los cielos o de bajada a los infiernos y se convierte en una pasión que solo culmina cuando paso la última hoja del libro y cierro sus tapas.
En este Anne Rice lo consigue. Solo en una narración así se puede apreciar la autobiografía más cruel de un ser vivo que ha dejado de serlo.