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2 de agosto de 2021

El maestro del Prado, Javier Sierra

He tenido que esperar más de lo que hubiera deseado para poder sumergirme entre sus páginas, pero, por fin, soy libre y os puedo traer, con gran solaz, una de las últimas obras —y nunca mejor dicho, dado el tema pictórico del que trata— del misterio, de manos de Javier Sierra. 
Esta vez, y en una forma entre novelada y biográfica, de la mano de él mismo allá por los tiempos en los que estudiaba todavía su carrera de periodismo y del doctor Fovel, nos descubre los secretos y símbolos del arte, concretamente del arte que resguardan los muros del Museo del Prado, un museo al que tengo que volver, y esta vez con el libro en la mano. 
Quiero que me sirva de guía y, a la vez, poner en ejercicio mi objetividad para compararla con la novela.
Aunque indudablemente lo que cuenta de primera mano Javier Sierra-personaje es interesante, ese punto de oportunidad y de misterio inherente al doctor Fovel se me antoja el pilar sobre el que se sustenta esta mezcla de ficción y realidad. 
Es de destacar lo de la mezcla de ficción y realidad. 
El propio autor afirma que se permite la novelización de ciertos asuntos, por aquello de la coherencia y de darle continuidad a la historia —en el fondo los recuerdos son pequeñas novelas más que historias reales—, pero, desde luego, que lo que le cuenta Fovel al Javier-personaje hay que planteárselo.
Es más, en las reproducciones de las obras que podemos encontrar en el libro, podemos comprobar nosotros mismos que existen esos símbolos, esos detalles. 
Y ahora en esta época masificada tecnológicamente, que no negaré que ha facilitado mucho el asunto, podemos recurrir a hemerotecas, enciclopedias y mil textos que cuentan y amplían la historia que se expone. 
Quizá más ortodoxa, pero los hechos son hechos al fin y al cabo.
Me he bebido el libro en una tarde, del tirón, y es que no sé qué tiene Javier Sierra pero engancha como la peor de las drogas, y mucho. 

1 de julio de 2021

La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte

 
Sin que sirva de precedente y sólo porque la temática me gusta voy a volver a traeros a Pérez-Reverte, cuyas peculiaridades no están reñidas con la calidad de algunos de sus libros. La trama, en apariencia, es sencilla.
Al igual que en algunas teorías conspiranoicas que se refieren a según qué cuadros famosos de este o aquel autor más famoso todavía, en el que nos ocupa y que es el eje de la novela, se encuentra una misteriosa inscripción oculta tras las capas de pintura cuando Julia, nuestra protagonista, está restaurando el cuadro en cuestión. 
Como es natural, la restauradora pide ayuda para resolver la partida de ajedrez a medias que ilustra el cuadro, y este hecho desencadena historias pasadas y presentes que, siendo sinceros, algunas serán más sangrientas que otras. 
Y eso, para ser sincera, me encanta, porque aunque esto sea ficción no somos conscientes de la magnitud de la influencia que tiene el pasado sobre nuestras acciones y sobre nuestra realidad, por decirlo de alguna forma.
No solemos pararnos a pensar en por qué son las cosas como son, o quizá sí que lo hacemos, pero no nos vamos lo suficientemente atrás en el tiempo para empezar acaso a encajar piezas, y me parece que este libro es muy apropiado para replanteárselo. 
Hay, en efecto, una película que no tardó en salir en relación con el libro, apenas unos cuatro años después, y aunque no sea santo de mi devoción —ya sabéis que pienso que las adaptaciones cinematográficas de obras literarias suelen sobrar porque es la imaginación del guionista y director en cuestión, y no se suele amoldar a la que una misma, como lectora, se hace en la cabeza, con lo que faltan y sobran cosas—, entiendo que se hiciera tan pronto, y con actores que con el paso del tiempo demostraron su categoría, porque el libro es interesante de verdad, no sólo porque como historia es impecable, sino porque tiene gancho, un gancho del que sólo pueden presumir unos cuantos, y más si tratan un tema tan denso como puede ser la historia del arte y sus derivas. 
Como se puede intuir, yo me quedo con el libro, pero nunca está de más hacer una comparativa extraña entre ambas versiones, la original y la imaginada, al igual que releer una obra siempre dará detalles que hemos obviado, o que quizá no habríamos considerado tan importantes.

3 de mayo de 2021

El lector de cadáveres, Antonio Garrido

Esta preciosa portada —porque no me negaréis que es maravillosa, espero— nos lleva a la mismísima China, donde Antonio Garrido ha tenido a bien ambientar su novela, que debo reconocer que cogí con cierto temor pero que, sin embargo, me ha enamorado.
Los lectores de cadáveres en la China de hace unos cuantos siglos eran unos forenses muy especiales, unos jueces que solo llegaban a ser lectores por su avidez al descubrir hasta los más pequeños secretos de las muertes y no dejar que quedasen sin castigo hasta los crímenes más irresolubles, y Ci es uno de ellos, un joven que ha ascendido desde lo más miserable al puesto, quizá, de mayor consideración en la China imperial, y donde destaca por ser revolucionario con sus métodos e implacable con los culpables. 
De su mano, nos introducimos en una época que desde luego nos es extraña, como puede serlo el siglo XIII, y a su vez en un asesinato terrible que sólo él puede solventar, un crimen que pone en peligro a la mismísima estructura imperial amenazando con su destrucción. 
No es solo que la ambientación y la caracterización de los personajes sea impecable, que lo es, es que me parece de un tremendo valor criminológico, en su vertiente histórica, porque poco a poco nos cuenta cómo se sientan las bases de una profesión que hoy en día está en auge y es famosa por las chorrocientas series que hay del tema, y me consta que esa es la causa de que sea una de las carreras más solicitadas. 
Aparte, es el trazado histórico que recorre, que, con las pertinentes licencias históricas, es fidedigno y, sobre todo, verosímil, algo que consigue el autor con unas maravillosas descripciones y, como digo, con unos personajes que si pecan de poca credibilidad es por lo perfectos que son. 
Decía al principio que era un libro que me había enamorado, y la razón es que China, sobre todo en sus años imperiales, y al igual que Japón por la época del shogunato, me parece un país que destila misterio, precisamente por lo herméticos que han sido a lo largo de la historia y que, indudablemente, siguen siendo. 
Pero ese afán exclusivista, ese aislamiento voluntario hacia prácticamente todo lo que viniera del extranjero y luego solo permitirlo con cuentagotas me parece fascinante. 
Los países asiáticos suelen ser reservados, y quizá eso sea lo que aliente el interés por descubrirlos, y Antonio Garrido lo ha reflejado de una forma deliciosa, así que os invito a que os sumerjáis en él sin temores, porque, aunque sea novela, vais a descubrir mucho de lo más desconocido de esos países, las estructuras sobre las cuales sustentaron el secreto.

2 de octubre de 2020

La princesa de Éboli, Almudena de Arteaga


Creo que si hay un personaje en la historia de este país que esté rodeado de misterio, ese es Ana de Mendoza y de la Cerda, la Princesa de Éboli, y Almudena de Arteaga, con la peculiaridad de ser descendiente suya, algo que no sabía y que me hizo cierta gracia mientras me documentaba para traeros este libro, nos novela, de forma suave, todo hay que decirlo, gran parte de las tramas en las que se vio envuelta su antepasada, que contribuyeron en su momento, por qué no decirlo, a la leyenda negra que rodeó a la monarquía española de ese tiempo y a Felipe II, su representante de la época, en particular.
En primera persona, es la propia Princesa quien nos relata su vida, cuando ya está recluida en Pastrana y a punto de morir, y le cuenta a su hija, casi como una catarsis, su vida y su recuerdo, qué la llevó a actuar de esta o aquella manera, cómo acató las órdenes de su padre para casarse con alguien que no conocía pero con quien fue razonablemente feliz con el tiempo, o, incluso, el asunto de su ojo.
Ana es una mujer valiente, adelantada para su tiempo, aunque no necesariamente con buen carácter, que urdió conspiraciones y que amó a una única persona en su vida, y, quizá hizo lo que nadie se atrevió a hacer, plantar cara al monarca más poderoso de la cristiandad de ese momento, aunque luego derivase en su reclusión hasta su muerte, aunque realmente la justificación de este encierro no fuera esa y nunca le fuese explicada.
No es la primera vez que me dejo llevar por Almudena de Arteaga y sus novelas históricas, de hecho, me atrevería a decir que pocas me quedan por leer, porque, aunque lógicamente reconstruya con tintes novelescos —para mí, la verdad es que perdería la gracia para según qué personajes y, por otro lado, es casi imposible hacerlo de otro modo con los que los siglos ya han cubierto sus tumbas, por muy conocidos que fuesen—, la verosimilitud es innegable, así que acabas paseando de la mano de esta mujer que no por ese parche dejó de ser considerada la más bella de su tiempo, incluso más que la propia reina Isabel de Valois, cuyos contemporáneos valoraban también profundamente, y con la que entabló una amistad más que duradera mientras la joven y desdichada reina vivió.
Poco más puedo decir de este libro que casi se lee solo, por lo ameno y delicioso que resulta, y porque, a mi parecer, agranda el halo de misterio que rodea a la Princesa de Éboli; si bien detalla en cierto modo ciertos pasajes de su vida, es como si ellos no explicaran su súbita subida y su posterior caída en desgracia.
Es fascinante.

29 de abril de 2020

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar


No sé si alguna vez os lo había comentado, pero a pesar de que estoy bastante satisfecha con mi recorrido en lo que respecta a la Filología Hispánica, mi gran espina clavada es la Historia, en casi cualquiera de sus formas, y por eso, relativamente a menudo, os traigo obras de esta temática o, por lo menos, relacionada con ella en mayor o menor medida.
Hoy le ha tocado a uno de los grandes que guardo, un clasicazo de Marguerite Yourcenar.
Escrita en forma de una larga epístola, es el recuerdo de Adriano, uno de los hispanos que alcanzaron el más alto cargo político del Imperio Romano, hecha palabras desde la decadencia, desde la senectud que le resultó especialmente quejumbrosa y patética para quien había llegado a todo y ahora no era nada.
Es curioso cómo oscila entre la novela y la realidad en el sentido de que parece que es el mismísimo Adriano quien dicta a Yourcenar su vida y su declive. Algunos me diréis que precisamente este es el propósito de la novela histórica y de las «autobiografías», pero no es fácil hacerse uno con el personaje, menos cuando es uno de tanta trascendencia en la propia Historia y, a mis ojos, muchísimo menos conseguir que guarde la precisa verosimilitud para que el lector realmente piense que está ante una autobiografía.
Yourcenar nos hace un espléndido viaje a través del tiempo, en el que describe con sus frases la Roma de otro tiempo, frívola y a la vez cargada de un fuerte sentido político y competitivo. 
Creo que es precisamente la conveniencia de este mundo de escaladas y la vida que, públicamente en Roma y en la época, se proclamaba como la mejor y necesaria, rural y pura, por decirlo de alguna forma, y, a través de esta pureza, feliz, la que se pone en entredicho en la confesión del emperador, como si en sus palabras se entreviera que, quizá, no le habría merecido la pena tanto sacrificio en pos de la política salvaje y todo lo que conlleva.
Esta novela no es fácil en el sentido de que carece de diálogos, como digo, es una novela epistolar, y obviamente esto dificulta las cosas para que exista el dinamismo propio de la interacción de personajes, pero una vez te sumerges en el mundo clásico, en las traiciones y en los vaivenes de un Imperio que una vez dominó gran parte del mundo conocido y que, por suerte o por desgracia, poco a poco iba resquebrajándose, dejando su esplendor aparcado en la oscuridad que le sobreviviría, disfrutas de los pequeños detalles, de la densidad propia de este género y de la excepcional prosa de Yourcenar que, en ocasiones, logra convertir casi en poesía los oscuros avatares de la Historia.

9 de febrero de 2020

El salón de Ámbar, Matilde Asensi


Llevo un tiempo planteándome si finalmente traer este libro, el cual me he releído hasta tres veces buscando algo que me convenciera de que el final que tiene, en mi opinión tan sumamente frío y acelerado es el que tiene que tener esta historia. Pero como no hay manera de que este hecho me convenza he decidido traerlo por ver si vosotros me ofrecéis algo de luz en lo que respecta a este libro de Matilde Asensi. 
No me toméis por ingenua de todas maneras, pues yo, por lo menos, tengo claro que, a veces, Matilde Asensi es carne de bestseller, y ya he puesto por escrito muchas veces que eso no es algo que haga perder calidad necesariamente a un libro, que un clásico no tiene que ser bueno sólo por ser clásico, pero creo que una cosa es ser carne de bestseller y otra cerrar la historia de manera incongruente con el texto.
Reitero que la historia no es mala, pero a mi modo de ver esta redacción se aleja de la de «El origen perdido», libro redondo que me fascina aún hoy tras años de relectura. 
Me pareció llegar al final de una forma muy abrupta, como si se hubiera extendido demasiado en la historia y, de repente, le faltasen páginas para completar la novela y tuviera que correr y recortar la trama. 
Este libro narra la historia de unos ladrones de obras de arte localizados en distintos países y contactan entre ellos a través de internet para el siguiente golpe, sin embargo, la búsqueda del famosísimo Salón de Ámbar de los viejos zares puede complicarse de un plumazo en cuanto grupos de poder entran en juego para contrarrestar los esfuerzos del autodenominado "grupo de ajedrez".
Hay quien dice que esta precipitación que os comento se debe a que, al principio, Asensi planeó hacer una segunda parte para concluir la historia; a día de hoy ni está ni se la espera, pero lo cierto es que se necesita.
Desde luego, esta es mi opinión de devoralibros y no tiene por qué ser imposible que me haya dejado algo o haya olvidado lo determinante de la historia. 
Así que quedan abiertas las opiniones, y de verdad que os invito a hacerme ver otros puntos de vista, precisamente porque adoro a Matilde Asensi y su forma de escribir, aunque con este libro queda claro que no en todas sus obras.

20 de junio de 2019

Calibán y la bruja, Silvia Federici


A veces os he traído la parte digamos bonita de la brujería, literariamente hablando, hoy es, sin embargo, la cruda realidad. 
La otra no deja de ser real aunque se construya sobre la ficción, está claro, pero parece que en nuestro cerebro tenemos una especie de resorte que se desactiva cuando llega a nuestras manos algo novelado o hecho teatro; yo imagino que es una suerte de autoprotección ancestral para impedirnos ver la crudeza del mundo en el que vivimos.
Con tintes literarios las cosas no resultan tan terribles.
Quizá hubo un tiempo en el que no todo era así, que las cosas respondían a la Naturaleza sin pasar por encima de ella y era otro tipo de sociedad pero, desafortunadamente, se nos impuso otra manera de ver el mundo y, con ella, empezaron las desigualdades y las persecuciones.
Silvia Federici me parece una mujer fantástica, inteligentísima y muy lúcida en lo que respecta a sus escritos, en los que plantea muchas perspectivas diferentes con las que podemos enriquecer nuestra visión de la vida. 
Lo cierto es que llegó a mis manos de una forma bastante inesperada, como me suelen llegar los buenos libros. Yo pensé que encontraría en sus páginas una especie de novela, pues el título se me antojaba pintoresco, pero descubrí algo que, en su momento, me resultó mucho mejor: un ensayo, una explicación histórica desde otro punto de vista de muchas de las causas de las que ahora padecemos consecuencias.
Aquí Federici hace un repaso cruento pero fantásticamente documentado y explicado de todas estas circunstancias, centrándose en la inmoral caza de brujas de la Edad Media e inicios de la Moderna, expresión de la peor faceta del ser humano y acercándola a consecuencias económicas actuales que nos llevan en cierto modo a la debacle.
Desde luego es polémico y por eso es interesante, porque revuelve, destruye todo lo que creemos o nos han impuesto creer y construye sobre sus cenizas una nueva faceta de la historia, la oculta u ocultada, necesaria al mismo tiempo que la visible.
Es como la otra cara de la moneda necesaria para comprender la vida, la historia contada por las vencidas en lugar de por los vencedores.

17 de diciembre de 2018

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuściński


Aunque soy materialmente incapaz de pronunciar el nombre de Ryszard Kapuściński porque, de hecho, ya me cuesta pronunciar todas las eses —bellezas de mi dialecto— eso no significó que en el momento en que vi la portada del libro que hoy nos ocupa me enamorase absolutamente del conejo que la ilustra.
La verdad es que me evoca muchas cosas, como la calma, o más bien la fingida calma de la presa a punto de saltar y escapar, el silencio y la paz de la naturaleza, la justicia casi divina que emana de ella al equilibrarse a sí misma y, quizá por una especie de deformación social, imaginé que el conejo se llamaba Heródoto —¿quién dice que no es un buen nombre para un animal de compañía?— y se me ocurrió que, tal vez, si cuando faltase mi gato me decidía a adoptar a otro sería un nombre para tener en cuenta.
Sin embargo, una vez me detuve a introducirme en sus páginas descubrí una realidad totalmente diferente que en cierto modo debí haberme imaginado porque el nombre se refería a Heródoto, el historiador, el histórico, el de verdad.
Me ha resultado, de veras, un libro muy muy peculiar porque en sus páginas el autor casi va comparándose con él y con su Historia mientras desgrana sus viajes periodísiticos, en los tiempos en los que se desempeñó como reportero internacional. 
Y se compara con él porque le considera una especie de «protoperiodista», si es que esa palabra puede llegar a existir en algún contexto, porque en su historia no solo la recoge a ella, sino que recoge realidades de los diferentes pueblos que retrata a lo largo de sus nueve tomos.
Mientras no puedo viajar, leer este libro me ha traído a la mente lugares inmensos, con todas sus peculiaridades que no son sino formas de hacerlos maravillosos, y a veces he perdido el hilo en el sentido de que no sabía cuándo era Heródoto y cuándo el autor, pero sin embargo es esta es una muestra de la genialidad de Kapuściński al llevar más allá la biografía, de su prosa que en ningún momento resulta pesada o aburrida. 
Para mí por lo menos me es muy ameno viajar, aprender y descubrir realidades que nos han sido negadas, bien por intereses, bien por distancia, al mismo tiempo, y Kapuściński consigue que nos sintamos parte de su recorrido, como un compañero más de viaje en algo tan personal como es la vida propia, y la parte buena es que no nos sentimos extraños al introducirnos en la prosa de este autor al que el trabajo llevó a descubrir medio mundo, sino que, más bien, o por lo menos yo, acabamos viendo casi como en diapositivas descritas todas las vidas que ha vivido.

5 de diciembre de 2018

From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell


De nuevo elijo a Alan Moore, teniendo de compañero esta vez a Eddie Campbell, para recomendaros un nuevo cómic. 
De la mano de ellos dos nos trasladamos a la Inglaterra victoriana, en la que la vida de casi nadie valía nada a pesar de que, poco a poco, se iban haciendo nuevas concesiones que costaron mucha lucha y mucha sangre. 
Entre los que se consideraba que tenían vidas valiosas encontramos a una nueva clase pujante derivada de la Revolución Industrial, la burguesía, aunque obviamente ya llevaba cierto tiempo haciendo su aparición en el panorama de clases, y ya sabemos que por mucho poder o dinero que se tenga, siguen siendo movidos por los mismos impulsos que asaltan al resto de los humanos, por los mismos instintos que los del trabajador más miserable y desharrapado. 
Es al auspicio de esta sociedad decimonónica que se forman sociedades secretas —o discretas— que pretendían buscar más allá de la trascendencia humana y en las que se agrupaba la flor y nata del país en el que se encontraban.
En este caso Moore y Campbell trazan una teoría —aunque por teoría no es menos probable— acerca de la identidad de Jack el Destripador, algo que aestas alturas me temo que nunca se sabrá, y que pronto, por desgracia se acabará olvidando. Junto con la teoría de de la identidad ambos ilustran los crímenes de una forma muy cruda y sórdida, casi tanto como en la misma época, y cimentan los asesinatos cometidos en una conspiración fabulosa entre los masones —demasiado vilipendiados desde su origen— y el propio poder de la Casa Real británica de la época para ocultar el matrimonio católico del potencial heredero del príncipe de Gales y el consecuente nacimiento de una niña cuya existencia se presupone —aunque técnicamente su desaparición y la de su madre no fue tan violenta— que darían al traste con la Iglesia Anglicana tal y cómo se la conoce, fundamentada en el protestantismo, ya que el papel de cabeza de la misma está destinado al propio monarca.
Se hizo una película homónima que protagonizaba Johnny Depp, y a pesar de que me gustó en el momento en el que leí el cómic que hoy he decidido traeros reconozco que, aunque en las bases sí se puede identificar la historia, lo cierto es que no tiene demasiada relación, omitiendo aspectos importantes de la historia gráfica. 
En cuanto llegó a mis manos este cómic pasó a ser de mis favoritos precisamente porque contempla una posibilidad tan válida como cualquier otra y la argumenta de forma fantástica, y porque, qué puedo decir, el misterio, los crímenes y las investigaciones me pierden.
Quizá algún día se descubra quién fue el verdadero asesino de esas mujeres que, según cuenta la historia, guardaban un secreto que podía afectar a los cimientos del propio país, unas mujeres cuyo mayor crimen fue no tener un oficio mejor y nadie que las protegiera y se vieron abocadas a ser las víctimas de un asesinato terrible e injusto, quizá uno de los crímenes más famosos de todos los tiempos y uno de los que más literatura ha generado.
Que se plasmara en un cómic no iba a ser la excepción.

3 de septiembre de 2018

Ivanhoe, Walter Scott


Hablemos de clásicos, ¿os parece?
Soy una loca de la novela histórica y de la historia en general, eso puede que ya lo sepáis. 
También es bastante posible que os haya contado ya que la historia es mi espinita clavada y que algún día, preferentemente más pronto que tarde, me gustaría estudiarla en condiciones, tal y como merece. 
En tanto y mientras mi situación me lo permite me sumerjo de lleno y todas las veces que puedo en la novela histórica, que siempre es una delicia para pasar horas y horas en tardes en las que las paredes se caen encima, y por eso os traigo hoy Ivanhoe, el clásico de Walter Scott, ambientado en la Inglaterra del siglo XII. 
Como muchas veces que hablamos de una novela ambientada en esta época el leitmotiv es el del honor y el de la honra. 
Juan Sin Tierra urde un plan por el que quitarle el trono a su hermano, el legítimo rey Ricardo Corazón de León, que lucha en las Cruzadas, y es en este contexto histórico que el rey requiere de Ivanhoe, nuestro protagonista, perteneciente a una familia sajona, en contraposición a la nobleza meramente normanda que gobernaba el país, deshonrado y defenestrado, que con el servicio al rey buscará recuperar su nombre y sus tierras y reparar su desdicha y la de la corona. 
En su periplo digno de una novela bizantina —realmente pueden compararse y mucho— con personajes que conocemos de otras historias como el mismísimo Robin Hood —creedme, le identificaréis enseguida— y con el amor indeciso por dos mujeres, una noble y una judía —recordemos las olas de antisemitismo que se sucedían en Europa en la Baja Edad Media— Ivanhoe crecerá como hombre y caballero e irá conquistando cada uno de los obstáculos en base a la mesura, al esfuerzo y a su buen hacer. 
Por supuesto podemos encontrar licencias del autor para narrar el tema. 
Sí es cierto que muchos de los personajes son reales o están inspirados muy groseramente —sin sentido peyorativo— en personas reales, también las circunstancias, pero se notan estas licencias si se conoce la historia. 
También, entrelazadas en la historia, encontramos una crítica sutil pero no velada hacia la corrupción de los nobles, las traiciones de estos a sus caballeros y sus siervos, la iglesia, la religión y su influencia en todo lo que compete a la vida de la gente y a la sociedad feudal en última instancia.
En cualquier caso el tema que trata y cómo lo trata no desmerece la novela, al contrario, antes bien la adorna y la convierten en un entretenimiento delicioso para cualquier tarde de domingo. 

19 de agosto de 2018

El primer hombre de Roma, Colleen McCullough

Tengo una espinita clavada en el corazón y esa es la de estudiar Historia en algún momento de mi vida. 
Siempre me ha obsesionado hasta niveles inimaginables e incluso estuve a punto de dejar Filología —que finalmente concluí— en el primer año y cambiarme a Historia por mera satisfacción personal. Al final me retracté, pero no quita que en mi corazón siga devorando cualquier libro que tenga que ver con la historia que caiga a mis manos, y eso incluye a las novelas que se ambientan en el pasado y lo recrean con mayor o menor fidelidad.
También tengo un grupo de amigos muy apañado que conoce mis desastres, los acepta y los fomenta, y uno de los chicos del grupo tuvo a bien recomendarme la serie Masters of Rome de Colleen McCullough, una heptalogía que me bebí por las noches cuando me metía en la cama y me daban las cuatro y las cinco de la madrugada diciéndome a mí misma que solo sería un capítulo más. 
Ella es la autora de El pájaro espino —¿a quién no le suena al menos El pájaro espino?— y la verdad es que domina la novela histórica igual de bien que el drama y el romance.
Como os comentaba es una heptalogía que os iré trayendo paulatinamente, quizá uno al mes para que podáis tener espacio para leerlo si os apetece y disfrutarlo, y están ambientadas como habréis imaginado en la Antigua Roma, en los últimos días de la República y los primeros pasos del Imperio. Así, comenzamos teniendo de protagonista a Cayo Mario, Sila, el primer Triunvirato —Craso, Pompeyo y César—, César únicamente y finalmente Augusto, Antonio y Cleopatra. 
El primer hombre de Roma habla de Cayo Mario y de su ascenso. Él, por ser provinciano y no natural de Roma —recordemos que alguien del Subura o por pobre que fuese tenía más estatus, por expresarlo de alguna manera, que alguien de las provincias y naturalizado romano— era considerado por debajo de cualquier plebeyo aun teniendo más dinero que cualquier patricio, así que forja cuidadosamente su ascenso mediante el matrimonio con una de las Julias. En este contexto encontramos su relación con diferentes familias patricias que sirven de coro y sustento a su devenir 
Lo que me parece una maravilla de esta heptalogía es lo bien hilada que está, y me explico. 
Cayo Mario y su ascenso sociopolítico, aun siendo la historia que consideraríamos principal en el libro, se ve ayudado por su relación con Sila, la victoria sobre Yugurta y Livio Druso, y estas relaciones y los hechos que aparecen se verán ampliados en el siguiente tomo de la saga. 
En realidad es como un único libro dividido en partes, sin final diferenciado, y creo que aunque sean densos —porque son libros extensos— eso facilita su lectura.
Como podréis imaginar es uno de esos libros que leo cuando no me apetece nada más que disfrutar y desconectar, y si bien no es el tema que se trata en este libro debo reconocer que la forma que tiene Colleen McCullough de narrar la Conjura de Catilina es mi favorita de todas las que he leído, con permiso de Salustio.

23 de junio de 2018

Anatomía de un instante, Javier Cercas


Casi tan prolífico como el tema de la Guerra civil que nos terminó de dividir —y siendo pesimistas puede vislumbrarse otra en el horizonte al paso que vamos—, en la literatura y en el cine español es el del golpe que en la tarde del 23 de febrero de 1981 intentó llevar a cabo un guardia civil impulsado seguramente por gente de más poder que él que se mantuvieron del lado de la democracia al ver que se desplomaba por la falta de apoyo internacional.
Como digo seguramente habrá chorromil —permitidme la expresión— libros que traten de un tema tan agreste como lo es el que pudo suponer la vuelta a una época oscura que, en principio, no debería haber existido jamás; sin embargo, de todos los que he leído, y he leído bastantes de ellos, este de Javier Cercas con el que intento haceros olvidar esta tarde tan calurosa de verano es el que quizá más me ha gustado. 
No solo es por la forma tan particular de escribir que tiene este hombre, que puede hacer, si estás versado, que reconozcas un texto suyo aunque no ponga que es de su autoría, sino que es, a mi parecer, un relato humilde, que acepta sus carencias sin denostar sus fortalezas y que, sin lugar a dudas, ofrece una de las teorías más serias y sencillas de lo que fue ese día o pudo llegar a ser.
El eje que utiliza para enhebrar la novela es el del gesto de tres políticos: Suárez, en ese momento presidente del gobierno caído en desgracia, Gutiérrez Mellado, vicepresidente del anterior, y Santiago Carrillo, el mítico e incombustible dirigente comunista, un geesto que desconcertó a todo el mundo —y aún hoy sigue arrastrando literatura como vemos, ya que podía haber sido determinante para un hipotético asesinato por parte de los golpistas— y que produjo división de opiniones, tanto considerando que Suárez estaba en connivencia con los guardias civiles que asaltaron el Congreso o que Carrillo se aferraba a la heroicidad del que no tiene nada que perder, porque en un cambio de tornas de poder, de vuelta a la dictadura o gobierno de concentración, moriría de igual forma.
Casi se acerca al ensayo aun siendo novela, pero lo que plantea, a mi parecer, es un punto de vista tan revulsivo como interesante, porque la verdad es que en una semana que llevo un poco extraña es uno de los libros que me han hecho reflexionar y plantearme unas circunstancias que aunque se acercan a la conspiración —para qué negarlo— están ahí, y que pueden ser tan válidas como otras con las que nos amartillan los sentidos cada aniversario del suceso en cuestión, quizá hasta más. 
Si os lo he traído es para que juzguéis vosotros mismos y para que comprendáis que está la verdad que nos cuentan y la verdad que está ahí, y que aunque desde luego este libro de Javier Cercas no tiene por qué ser la verdad absoluta —seguro que no lo es— tal vez sea un pequeño rayo de esperanza para que poco a poco se vaya aclarando todo.
Podéis llamarme conspiranoica, quizá lo sea, pero con ciertas cosas me gusta darle una vuelta al pensamiento.