Mostrando entradas con la etiqueta ciencia ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia ficción. Mostrar todas las entradas

18 de marzo de 2021

La caverna, José Saramago

Quizá, si tenéis en cuenta alguno de los libros que os he traído, pensaréis que soy una descastada, o tal vez una persona que critica simplemente por estar en contra.
Y tal vez, quizá por eso, inconscientemente, he escogido este libro por todo lo que significa para mí, porque creo que no hay manera mejor de desmontar algo construido en el afán de consumir que ilustrar con hechos, con las palabras de un grande de la literatura que, por desgracia, nos dejó cuando más falta nos hacía, y cómo no, me refiero a José Saramago.
Efectivamente, este libro se basa en el mito platónico de la caverna, en el que se nos presenta la premisa de que, grosso modo, la verdad no es lo que parece ser, y construye este mito para explicarlo partiendo de la base de que hombres encadenados desde su nacimiento en una caverna creerán que las sombras que se proyectan son la realidad —versión sucinta, más o menos.
Así, nos compara a nosotros con esos hombres encadenados que solo ven lo que le dejan ver, y a través de una familia de alfareros va replanteando y destruyendo dogmas que parecen escritos a fuego pero que, en realidad, hace tiempo que el viento se los llevó consigo.
El libro es una constante de rupturas, de bofetadas de realidad que hacen que los pies del lector se acerquen a la tierra y, sobre todo, hace pensar. 
Es quizá lo que más me gusta del libro, que sientas lo que sientas, pienses que es verdad la descripción tan devastadora que hace de la sociedad que se desmorona con sus propias acciones o que no creas que es tan drástico lo que vivimos, por lo menos hace que recapacites, que dudes, y la duda, mis queridos, es la base de la existencia.
No en vano Saramago afirmó que «la caverna ha sido escrita para que la gente salga de la caverna», y, personalmente, creo que cumplió con su objetivo, por lo menos conmigo.
Así que este es mi pequeño regalo para vosotros, la duda. Creo que es lo mejor que puedo daros.

3 de enero de 2021

La mano izquierda de la oscuridad, Ursula K. Le Guin

Hacía tiempo que no traía un Premio Hugo o Nébula, y pensé que una combinación de ambos para empezar el año sería lo idóneo para un tiempo en el que los días se siguen oscureciendo y el ansia por redescubrir se hace más fuerte, por lo menos así me ocurre; y qué mejor que hacerlo con un fantástico tomo de ciencia ficción no exento de polémica en su tiempo —creo que incluso ahora levantaría ampollas—, vaya, de los que me gustan a mí. Ursula K. Le Guin fue una abanderada de la ruptura en su tiempo, una abogada del cambio y de la mejora, y bajo estos preceptos nace su novela, una utopía de las que hacen historia. 
Esta obra, concretamente, es una de las que se centran en lo sexual para debatir y cuestionar determinadas situaciones sociales y morales que están establecidas como norma en la época en la que la autora la escribe. Teniendo en cuenta que es una feminista de las que marcan hitos, casi podemos hacernos a la idea de que esta novela es uno de los paradigmas de la ciencia ficción feminista, uno de los géneros que se han manejado desde hace siglos y del que se puede utilizar mucho para cuestionarnos la realidad. En esta historia, es un terrestre el que llega a una colonia, el planeta Invierno, donde los humanos ahora son humanoides metamorfoseados, seres hermafroditas que son capaces de cambiar de sexo. Técnicamente son andróginos bisexuales que durante unas semanas son neutros y, en una, determinan su sexo según las feromonas emitidas por su compañero sexual. Este libro no es más —ni menos— que un hijo de su época, y he de decir que, bajo mi criterio, es uno de los privilegiados, un hijo predilecto de su sociedad y de su tiempo. 
Ya no es sólo por la forma de escribir, por el excelente derrotero seguido para sentar cátedra acerca de la ciencia ficción, por el tema tratado como ruptura de tabú en una época oprimida que empieza a liberarse; sino porque va más allá de la mera cuestión ficticia para adentrarse en la catalogación del ser humano y en los caminos que este sigue y las consecuencias de seguirlos haciéndose unas preguntas que posiblemente sean como pequeñas antorchas que sólo necesitan un poco de pólvora para prender. Lo mejor de todo es que no cae en el intento de adoctrinamiento para hacernos sentir que estamos dentro del libro, que en nuestra mano está la posibilidad del cambio y las respuestas a todas las preguntas.

6 de diciembre de 2020

El árbol de las brujas, Ray Bradbury


Llevo bastante tiempo dándole vueltas al libro que debería poner hoy, y no lo digo porque sea puente y la vida vaya a un ritmo más lento de lo normal; pero aunque sea a destiempo me apetece traer este libro que está más en relación con Halloween que con esta época del año, y lo digo por lo que ancestralmente ha significado, no sólo para colectivos en particular, sino para la sociedad en general, una sociedad antigua y tradicional, temerosa de determinados signos y lugares de poder y no una sociedad descreída como la que padecemos ahora.
Así que una forma de revindicar este día —a destiempo, lo admito— de acuerdo a sus orígenes y no a la casi parodia que se lleva acabo ahora en los países anglófonos y por extensión a todos aquellos que acogen esta «tradición» por americanizarse y parecer más "chachiguays" he decidido que este libro de Ray Bradbury es el idóneo. 
La historia, cómo no, se desarrolla en Halloween, pero en un Halloween americanizado. Esto es, pidiendo por las casas caramelos con el archiconocido vía fílmica «truco o trato».
Un grupo de niños van haciendo esta propuesta por las casas hasta que uno de ellos se separa del grupo y les dice que le esperen en una casa abandonada, fantasmal para más señas, y cuando van a encontrarse con él, encuentran en su lugar a un señor bastante siniestro, todo hay que decirlo, que les dice que su amigo ha sido secuestrado por la muerte, y que para encontrarlo deberán recorrer diferentes etapas de la historia para comprender el auténtico significado de Halloween y su significado tan importante en diferentes culturas, bajo otros nombres. 
Esta será la clave para poder rescatar su alma de los brazos de la muerte.
Me ha resultado un libro muy ameno y, la verdad, necesario, pero no lo había leído antes.
Creo que, como todos, salvando las «Crónicas marcianas» —sé que no tengo vergüenza literaria, todavía no os lo he traído aun con todo el tiempo que ya tengo el blog en marcha, mea culpa, pero prometo que os lo traeré más pronto que tarde— y «Fahrenheit 451» pocos conocen todo lo bueno que implica la bibliografía de Ray Bradbury, así que traéroslo no ha sido sólo una forma de recorrer la historia de Halloween a lo largo del tiempo, porque no me negaréis que el camino que sigue a lo largo de diferentes épocas es maravilloso, sino que también es una forma de recordarle y traerle de nuevo a nuestra memoria.
Espero que recomendaros este libro y que lo leáis sea una forma de descubriros otro punto de vista acerca de él y su literatura.

27 de noviembre de 2020

La mujer del viajero en el tiempo, Audrey Niffenegger


Mi interés por el viaje en el tiempo viene alimentándose desde hace mucho, mucho tiempo, no es algo nuevo, y siempre que puedo leo o veo todo lo referente a ello, ya sean cavilaciones extrañas, textos que, como este, indudablemente conllevan parte de ficción, películas, experimentos... imagino que es ya algo inherente a mí y a mi curiosidad. 
Y fue precisamente a través de una película, fantástica y desquiciante, por cierto, que llegué a este libro. Buscaba información referida a ella, dio al viaje en el tiempo y llegó a esta obra de Audrey Niffenegger que me era desconocida pero que ha resultado ser un descubrimiento bastante interesante.
Se nos narra la historia de una pareja, Clare y Henry, aparentemente anodina, pero que guarda una terrible carga. 
Él, debido a un desorden genético, posee el don o la carga de viajar adelante y atrás en el tiempo; la carga aparece porque es involuntario, él no sabe cuándo pasará, ni adónde irá, aunque esto fomenta que aprenda técnicas de supervivencia básica, ya que siempre llega desnudo. A pesar de que busca medicamentos o técnicas usadas con más o menos éxito, aparentemente no hay ninguna solución a su problema, y los estímulos exteriores le "fuerzan" a viajar.
En este trasfondo que, personalmente, a mí me atrapó completamente, está la historia de amor de esta pareja, que parece predestinada a encontrarse y a acabar juntos, pero que a la vez tiene pendiente sobre ella la incertidumbre de lo que pasará. Tras varios intentos fallidos, posiblemente debido a esta anomalía genética, tienen una hija, a la que se le trasmite este desorden, aunque ella parece controlarlo más y mejor que su padre.
Aunque parecerían dos historias paralelas, la de él y la de los dos, lo cierto es que están muy ligadas, básicamente porque, a mi parecer, es esta anomalía la que les une, el eje principal de la pareja. 
Me gusta porque plantea temas que han traído de cabeza a la humanidad tales como la contraposición entre libre albedrío y determinismo, la búsqueda de una normalidad que no se tiene y lo perenne.
A mí, Clare, la protagonista, me recuerda a Penélope, esperando a Ulises en su palacio. La diferencia radica en que Clare sabe que Henry no tardará tanto, pero la incertidumbre es la misma.

14 de abril de 2020

Los quinientos millones de la Begún, Julio Verne


Siempre he considerado a Julio Verne como un pionero, un iniciado, un visionario —de hecho lo es— capaz de imaginar todo aquello que vendría después con inexcusable exactitud a pesar de las obvias limitaciones de su tiempo.
De pequeñita pensaba que era como un mago, porque las cosas maravillosas que describía me resultaban imposibles, a pesar de haber nacido en una era que empezaba a despuntar tecnológicamente hablando. Me parecían increíbles todos esos inventos que preconizaba, y, lo mejor de todo, me hacía correr las mismas aventuras que seguían sus personajes.
Conforme fui creciendo y comprendiendo la magnitud de lo que narraba, me fui convenciendo de que no había estado equivocada al sorprenderme.
Y hoy he decidido traeros al visionario, al casi mago, en una de las novelas que casi me lleva al extremo de la casualidad o de la coincidencia de «Futility, or the Wreck of the Titan», de Morgan Robertson, otra novela que un día os tengo que traer.
Una begún muere en la lejana y siempre misteriosa India con una gran fortuna que, en apariencia, queda sin heredero. Con el tiempo hacen acto de presencia dos a falta de uno, dos descendientes, uno francés y otro alemán, que ni siquiera esperan o conocen su ligación con ella pero que están emparentados entre sí. Con este dinero, ambos crean dos ciudades, antagónicas en su totalidad. Mientras que la del francés parece ser el sueño de la utopía, moderna, y adalid de la ciencia y de los avances para mantener y prolongar la vida, la del alemán es oscura, industrializada, y opresora, dominada por el capitalismo y por las armas.
¿No os recuerda a algo, aparte de la obvia bonanza con la que trata a sus congéneres y la dureza al otro pueblo que, tradicionalmente, siempre ha sido enemigo natural del francés?
Aparte de la dualidad propia del bien y el mal, y ya sabemos quién refleja qué, si nos vamos alejando de esta premisa para sumergirnos en la narración de la vida diaria de estas ciudades, encontramos sorprendentes coincidencias o visiones que el autor nos trae.
Se advierten tendencias políticas, armas que se desarrollarán con el tiempo, regímenes que herirán a la humanidad e irán matándola lentamente, totalitarismo de cualquier color y, sobre todo, avance, mucho avance.
A mí por lo menos me resulta curioso ver cómo nada es nuevo, que, real o en las mentes de las personas, ya se arrastra desde hace siglos y que todo el cambio está en nosotros, los únicos elementos comunes a todas estas situaciones.

29 de marzo de 2020

Leyes de mercado, Richard Morgan


En un tiempo de capitalismo salvaje como el que vivimos, más nos valdría echar el freno, recapacitar y plantearnos si realmente esto que tenemos es lo que queremos, aunque puedo asegurar que sí que es lo que nos merecemos, por años de consumismo  descontrolado que nos han llevado a lo que ahora tenemos, aunque admito que no es nuevo, ya lo decía el grandísimo Quevedo: "Poderoso caballero es Don Dinero".
Y, para que conste, no me excluyo de esta espiral autodestructiva que nos hemos impuesto con nuestras acciones.
Richard Morgan nos ilustra acerca de lo que puede llegar a ser este mundo si no ponemos interés en ver el mundo de otra manera, sabiendo que otros métodos son igual de prósperos, válidos y posibles.
Estamos en el futuro, un futuro no tan lejano. Es una época también de recesión, donde los totalitarismos han aflorado —algo propio de tiempos de crisis—, y, al final, la supervivencia como leitmotiv.
Hay empresas que se dedican al todo por el todo, a invertir en conflictos en el tercer mundo que es más paupérrimo si cabe, en drogas, en asesinatos, inversión en riesgos lo llaman, a cambio de una importante parte del PIB del país de turno, las autopistas están privatizadas completamente, y es allí donde se desarrolla parte de la acción y donde nos ubica, por cierto, la fantástica portada; en las autopistas se produce el darwinismo socioeconómico más aterrador, los trabajadores de estas empresas de inversión, los zektivs deben luchar en ellas coche contra coche, el que mata, gana, y puede trabajar. 
Ya no es la supervivencia del más apto, sino que va más allá, la aptitud no es la fortaleza, es la astucia combinada con ella. Y ya no importa ni la vida ni la muerte, sino la corrupción del término «desarrollo» y los beneficios que se pueda obtener de él.
Al margen de toda política me ha fascinado la forma en la que ha sido escrita. 
Es dura, ultraviolenta, sádica por momentos en la forma en que nos presenta el futuro, desesperanzada, y a la vez perfecta.
Creo que con otro tono no habría sido mejor novela y, partiendo de sus premisas, habría sido imposible desarrollarla como se ha desarrollado en un entorno mucho más "azucarado", por decirlo de alguna manera. Y, volviendo a ella, lo cierto es que me parece una hipótesis válida. Es más, me resulta casi profético, al paso que vamos, y aunque parezca un poco pesimista o agorera, creo que, a la larga, es más que posible que acabemos en una sociedad así, si bien no de forma tan drástica, sí que creo que nos daremos cuenta cuando hayamos estirado tanto la cuerda que acabe partiéndose bajo nuestras narices. 

13 de marzo de 2020

Metro 2033, Dmitry Glukhovsky


Si bien es habitual que haya adaptaciones literarias de cara al cine, es menos frecuente —o por lo menos lo he encontrado en menos ocasiones— que un libro se adapte a un videojuego. Y sí, conocí el juego antes que el libro, y creo recordar que hasta jugué un rato.
Los caminos de los devoralibros son insondables.
Dmitry Glukhovsky nos sitúa en un futuro apocalíptico en el que ha habido una cruel guerra atómica que ha obligado a la escasa población superviviente a abandonar la superficie y habitar los subterráneos, creando una nueva civilización en las redes de metro; gran parte del mundo ha quedado sepultada bajo toda clase de escombros y residuos provenientes de esta guerra.
Moscú es ahora una ciudad fantasma, y bajo ella crece toda una serie de ciudades en cada estación de metro, cada una con su propia ideología, su política y sus peligros, cada una de ella es un reflejo de la propia humanidad, inconstante y peligrosa para sí misma, no sólo por las amenazas de los mutantes de la superficie, sino por las amenazas entre ciudades, que no son sino facetas de nosotros mismos.
En este ambiente, Artyom es un joven soldado al que se le encomienda la misión liberadora de encontrar la Polis, que tal vez sólo exista en las leyendas y que puede que sólo sea un mito, para advertirles de todo el mal que les puede afectar si no están prevenidos.
Me gusta porque me parece original el planteamiento y la forma de radiografiar al colectivo de la humanidad a través de estas ciudades que crea.
A pesar de que lo postapocalíptico está a la orden del día con tantas y tantas profecías que señalan el fin del mundo para dentro de nada y, cómo no, este tema surge en la literatura con profusión, alimentando un género y un morbo inherente al ser humano —qué le haremos, me parece que, en esencia, todos tenemos cierto punto de masoquistas—, el tema de dónde se crea la civilización nueva, cómo se crea y los detalles hacen que me parezca un libro en el que uno se puede deleitar con tranquilidad, tal vez de noche, en una cama, haciéndole un pulso al sueño. 
Es una distopía deliciosa, un libro para "paladear", para disfrutar en todos los sentidos. A mí me parece toda una revelación.

22 de febrero de 2020

La larga marcha, Stephen King



Publicado originalmente bajo el pseudónimo de Richard Bachman, Stephen King explora otro aspecto del terror, en este caso, más bien con tintes distópicos, para acercarnos esta vez al futuro más sórdido.
En el futuro, como os comentaba, las cosas no son en apariencia tan bonitas como se supone que son.
Estados Unidos ahora es abiertamente autocrático y despótico, ya no necesita disimular ante las demás potencias.
Es un estado policial y ultraconservador que organiza periódicamente un concurso perverso consistente en una caminata, la larga marcha, en la que se selecciona por azar a cien personas y estas deberán hacer lo que sea por sobrevivir.
En el caso del ganador, es decir, del superviviente, ya que sólo uno puede quedar vivo, recibirá premios, fama y todo lo que pida, pero para convertirse en el vencedor tendrá que dejar de lado la humanidad y hacer cualquier cosa aunque choque de frente con su ética y su moral, ya que, en esa larga marcha, todos van contra todos, convirtiéndoles en depredadores en la victoria del más astuto sobre el más fuerte, ya que aunque se van haciendo grupos, están vigilados por unos militares que aunque tienen entre sus motivaciones principales dar comida y agua a los participantes, también se ocupan de "liberar" a quienes intentan hacer algo no permitido o se quedan rezagados.
En este contexto, nuestro protagonista, Ray, un chico de 17 años elegido entre estas cien personas que deberán llevar a cabo la caminata, y con las conversaciones que entabla, las amistades y enemistades que crea a lo largo de la marcha, hace entrever que las cosas no siempre fueron así, que no se sabe exactamente quién instauró este sádico concurso y deja claro que todo lo considerado democrático se ha perdido a manos de un Líder, una especie de Gran Hermano orwelliano.
Obviamente, acercándolo así a la cultura actual estadounidense, el concurso está retransmitido por televisión y es, de hecho, uno de los grandes hitos de la misma. El espectáculo no es quien llega al final, porque sólo se lleva la vida y los premios conseguidos. El espectáculo real es contemplar la muerte de los otros noventa y nueve.
A pesar de que el amigo que me lo recomendó lo hizo para que profundizara más en la bibliografía de King, ya que, aunque me gusta, reconozco que no he devorado toda su obra, algo que, por ejemplo, sí me ha pasado con otros autores; me dijo que no daba especial miedo y que lo podía leer de noche, siendo las únicas horas en las que puedo leer con cierta concentración últimamente, pero lo cierto es que sí que hubo momentos en los que tuve que apartar la vista del libro, porque, la verdad, soy bastante aprensiva en lo que se refiere a estos temas.
A veces me cuesta imaginarme a King en estos derroteros distópicos —bajo mi opinión— y me ha resultado agradable saber que la imaginación de este hombre sigue siendo tan prolífica como siempre, y que, aun en sus inicios, como se trata de este libro, ya era retorcido hasta decir basta y capaz de hacer temblar hasta al más firme en las convicciones de resistencia.

18 de febrero de 2020

Fundación, Isaac Asimov


Creo que nunca me cansaré de ver esta portada, quizá porque pienso que ilustra de una forma metafórica maravillosa el concepto de la Saga. 
Y creo que precisamente la ilustración de la portada de este libro fue lo primero que me llamó la atención de él, ya sabéis que para esos temas soy un poco especialita. 
Es la primera vez que os traigo algo de Isaac Asimov, y la verdad es que no sé muy bien por qué no lo he hecho antes, ya que escribía enmarcado en un género que siempre me ha fascinado, la ciencia ficción, y la verdad es que pocas veces he encontrado algún autor que sea capaz de domar la palabra de esta forma. 
Obviamente, siguiendo mi peculiar estilo de aparición, no es el primero de la saga en la que se cataloga el libro, la Saga de la Fundación, aunque realmente sí es el primero en cuanto a historia y a cronología se refieren, porque si bien hay dos libros antes que este que os traigo hoy, ambos son precuelas y están escritos muchos años después de este con el que realmente da comienzo la historia.
Esta obra está compuesta de cinco relatos, en los que Asimov nos cuenta cómo nació La Fundación, en un futuro muy lejano en relación a nuestro presente. 
En este futuro se han establecido colonias por toda la galaxia y están gobernadas, cómo no, por el Imperio Galáctico, que azuzado por corruptelas varias empieza a derrumbarse y a poner en peligro tanto el sistema político como la propia continuidad de la sociedad que auspicia, y es en este contexto que roza lo apocalíptico en tanto se va destruyendo algo establecido para dar paso a otro sistema, o al mismo, pero alejado de los principios sobre los que se basó el primer intento, que aparece la psicohistoria, una nueva ciencia que predice mediante complejos cálculos estadísticos, precisamente, este final, venido de la falta de evolución del Imperio, anclado aún en los viejos usos.
A mí estos libros me dan un poco de nostalgia, igual que ver películas setenteras que supuestamente preconizan el futuro, aunque la verdad es que me encantan y no me cansaría nunca de ellos. 
Me parecen tan ingenuos, tan llenos de esperanza que me da pena, porque a pesar de que realmente traten temas que no son precisamente agradables, es increíble la imaginación que le echaban para dibujar un futuro que se pintaba lleno de avances maravillosos que facilitarían increíblemente la vida humana y les permitiría explorar sin fin nuevos mundos, nuevas teorías, que les permitirían avanzar. Sin embargo, a la vez me convencen de que pase lo que pase, el ser humano nunca dejará de serlo y cometerá siempre los mismos errores, aunque los nombremos de otras formas.

23 de diciembre de 2018

Capricornio Uno, Ron Goulart


Me chifla de una forma que no podéis ni imaginar la ciencia ficción setentera —salvo que me conozcáis en persona u os lo haya dicho antes expresamente, cosa que no dudo dado que mi memoria es bastante pésima hasta el punto de que hay una persona que me llama cariñosamente Dory, como la de Buscando a Nemo, con eso os lo digo todo. 
Me parece la mejor del universo, quizá sea por sus efectos especiales cutres —pero adelantadísimos para la época— o por la pretensión de adivinar un futuro que les resultaba lejano y que preveían mucho mejor y avanzado que su época, lleno de telas que parecían de papel de aluminio y lucecitas que no presagiaban nada bueno la mayor parte de las veces. Y si como en este caso también está escrita desde el punto de vista de la conspiración ya puedo dar saltitos de felicidad cual niña pequeña. 
A finales de los años setenta y con la euforia de haber llegado a la Luna —supuestamente según algunos— la NASA se prepara para mandar a Marte el primer grupo de tres tripulantes para explorarlo también, pero una vez está preparado el vuelo, a punto de salir como quien dice, los técnicos de la NASA descubren que hay un tremendo problema en la nave y que es imposible salir. Sin embargo, como se ha generado tantísima expectación y eso provocaría la automática pérdida de fondos para continuar el proyecto se decide que es mejor generar una especie de película —¿os suena?—, en un escenario, con los propios astronautas que asisten perplejos a lo que se les propone una vez se les ha conducido en secreto y por la fuerza a unas instalaciones cinematográficas.
Allí deberán permanecer hasta que la supuesta nave llegue a Marte para escenificar la toma de contacto y conseguir un éxito más en la historia de la agencia, pero no todo saldrá tan bien, puesto que un técnico descubre que las transmisiones no son correctas y la nave se destroza al reentrar en la atmósfera, con lo que cambian las tornas y comienza la trama de la novela. 
Como dato curioso del libro que os traigo hoy debo decir que esta vez fue la gallina antes que el huevo.
Es decir, la obra es el resultado de una novelización de la película homónima y que a falta de una adaptación contó con dos, una para Reino Unido y escrita por el mismísimo Ken Follett y otra, la que os traigo hoy porque es la que más me gusta de las dos, la que escribió Ron Goulart para el público estadounidense, en última instancia destinatario también de la película. 

25 de septiembre de 2018

Ready player one, Ernest Cline


Este libro llegó a mí de una forma bastante peculiar. Fue el regalo de cumpleaños de alguien que hoy es amigo mío y la verdad es que fue un poco a la aventura, si bien creo que acerté y para mí fue el descubrimiento del año.
Reconozco que puedo ser un poco predecible en cuanto a regalos se refiere, la mayoría de las veces suele haber un libro de por medio, sobre todo si sé que se trata de personas receptivas a la lectura y este fue uno de esos casos. En momentos así acudo a mi librería de referencia en la que me siento como en casa —en serio— y normalmente es la misma entrada la que ya me ilumina. 
Como me suele pasar se me fueron los ojos hacia él, y la verdad es que en ese momento iba sin saber con cuál me iba a quedar. Quería acertar en ese regalo en concreto. Cuando lo vi no necesité buscar más, este libro de Ernest Cline, del que reconozco que lo que primero me enamoró fue la portada y después la sinopsis, era el idóneo para la persona a quien se lo regalé. 
Estamos en un futuro distópico en el que la vida de la gente se desarrolla principalmente en un juego de realidad virtual, OASIS, casi como si de un Second Life se tratara. Ahí la gente trabaja, va al colegio y, sobre todo, se divierte, ya que como si fuese solo un juego de rol, los avatares, los personajes en los que se mueven y viven los habitantes, pueden subir de nivel, y debido a estas subidas conseguir mejoras, ya sea en vestimentas o incluso en dinero virtual.
La sociedad, por qué no decirlo, se ha ido al traste. Debido al cambio climático tan bestial, la carencia de petróleo y la crisis social en la que se han hundido, la gente huye, y la forma de huir es sumergirse en OASIS, un mundo creado con la ayuda de Ogden Morrow por James Halliday, geek al uso, que en su madurez ve cómo los valores de su juventud, la cual vivió en los ochenta, se han perdido horriblemente y deja como testamento un reto a sus jugadores-habitantes: encontrar un huevo de pascua que esconde un tesoro en este mundo virtual. Este tesoro consiste en encontrar tres llaves y tres puertas que conducen a la herencia del creador y, se sobreentiende, al control OASIS al completo. 
Al principio, naturalmente, todo el mundo se desespera por encontrarlas, casi como si de una Excalibur moderna se tratase, y poco a poco ante la falta de resultados la búsqueda va decayendo hasta que un día, de súbito y casi por casualidad, nuestro protagonista Wade, bajo el nick de Parzival —muy propio, ¿verdad?— encuentra el camino a la primera llave. Y como todo protagonista debe tener su antagonista hacen acto de presencia los sixers, esbirros de IOI, una compañía que busca privatizar el juego y obtener beneficios de él. 
La verdad es que no solo me ha maravillado el contenido, sino lo que yo he interpretado como intertextualidad. En los pequeños detalles de la novela se advierten momentos que te recuerdan a otras obras del género como puede ser la incombustible «1984», que, por desgracia, es cada vez un retrato más fidedigno de la realidad que nos está tocando vivir, «El juego de Ender» e, incluso, «Charlie y la fábrica de chocolate» entre otros muchos clásicos. Eso, a mi parecer, enriquece la novela con detalles que no necesariamente se advierten en una primera lectura e invita a la relectura.
El bastión fuerte de la novela es sin duda que juega con la nostalgia, está claro.
A mí me pilló un poco tarde, pero a quien se haya criado en esta década de los ochenta, tan fantástica y tan llena de innovaciones y de cambios estoy segura de que se le removerá dentro todo un terremoto de sentimientos. No solo por el ambiente, que aunque desarrollado en el futuro bien parece sacado de esta época, sino por el magnífico repaso que hace a toda la cultura musical, fílmica, social y de videojuegos que nos trajeron los ochenta. Estoy segura de que si habéis crecido en esta espiral os va a encantar tanto como a mí, y eso que yo ya solo viví retazos. 
Lo único que os pido si decidís leérosla es que os desliguéis absolutamente de la película, esta, desgraciadamente, no tiene nada que ver. 

7 de septiembre de 2018

2001, una odisea espacial, Arthur C. Clarke


Fue un amigo mío quien me sugirió este libro hace mucho tiempo. Puedo decir con cierto orgullo que tengo muchos libros recomendados por amigos que me conocen y saben qué me gusta.
Él es un amante de este género y me propuso comentarlo, a pesar de que yo ya lo rondaba por mi cabeza hacía tiempo.
Si me visitáis con cierta regularidad o, por lo menos, habéis visto los temas más frecuentes y el género de los libros más comentados sabréis que la ciencia ficción, las utopías y la aventura son de mis géneros predilectos para perderme entre los libros. 
Esta es, quizá, de las novelas de ciencia ficción más conocidas, de las que más éxito ha tenido en todo el mundo a lo largo del tiempo. Esta novela de Arthur C. Clarke, gran visionario, mejor escritor, ha servido como guía indefectible para todos aquellos que han decidido internarse en la ciencia ficción, tanto para los lectores como para aquellos que quisieron —quisimos— escribir sus propias fantasías. 
Lo curioso de este libro es que no inspiró la película del mismo nombre y dirigida por el magnífico Stanley Kubrick, sino que fue publicada de forma simultanea a la emisión de la película y que ésta estaba basada en una novela corta del mismo autor. 
Supongo que podría considerarse una especie de complemento a la película citada, una especie de índice extraño que hace que logremos comprender ciertos detalles que sucedieron en la película y que quizá no nos resultaron claros al verlos por primera vez.
Reconozco que a pesar de esta especie de interés clarificador que leo entre líneas es una novela difícil y retorcida —aunque lo mismo podría decirse de la película si me lo concedéis—, que quizá no se lea del tirón como sucede en muchos otros casos dado el interés en el tema, sino que requiere de toda la atención posible ya que solo así se alcanzan los puntos expuestos a lo largo de las páginas. 
Es la evolución humana en todos los aspectos la que queda patente. Ya no únicamente a nivel personal, porque la evolución está clara y es un hecho; lo que más llama la atención es lo visionario en cuanto a maquinaria y artefactos electrónicos que todavía no se nos pueden pasar ni por la cabeza.
A todas luces Clarke es un Julio Verne moderno, empapado de su entorno con el deseo de dar una vuelta de tuerca más en el destino humano a través del espacio.
Quizá por eso me gusta, porque tácitamente se advierte ese espíritu de lucha y superación, una mejora para un mundo desagradecido que muerde la mano que le alimenta. 
Quizá sea eso lo que debamos combatir.

22 de julio de 2018

La piel fría, Albert Sánchez Piñol


Creo que, para mí, esta ha sido la novela revelación de mi año literario. 
Un título que, quizá, ni por asomo habría relacionado con tenido y un escritor que consiguió atraparme hasta la última línea con una historia contundente.
Me parece curioso lo que yo considero como eje central de la novela, el arrepentimiento y la expiación.
Albert Sánchez Piñol teje la historia alrededor de un antiguo militante del IRA que es meteorólogo y que está desencantado por los derroteros que ha tomado la independencia irlandesa, y huyendo de su pasado decide aceptar un trabajo en una isla perdida en el océano, cuyas únicas edificaciones son un viejo faro y la cabaña del meteorólogo de turno. En estas condiciones descubre que su predecesor no aparece y que el farero, el señor Caffó —el juego literario del nombre del farero me parece divertido, si soy sincera— prefiere la compañía del alcohol a la del resto del mundo y no está dispuesto a ponérselo fácil, eludiendo cualquier pregunta que se le ocurra hacer en ese lugar apartado del mundo adonde ha ido para huir.
En la primera noche es atacado por unas criaturas provenientes del mal con objetivos de momento desconocidos, y aunque piensa en defenderse lo cierto es que le resulta difícil dadas las circunstancias. Lo primero que deberá hacer será ganarse la confianza del hosco farero, pues necesitará ayuda en caso de un nuevo enfrentamiento que resulte de mayor envergadura, y tras este atrincheramiento conjunto su pensamiento no se dirige a atacar como habría resultado esperable, sino a intentar comprender las motivaciones de esos ataques y de las criaturas que les asaltan y tratar de establecer una cierta comunicación con ellos, una suerte de amistad que les permita sortear estas agresiones.
Esta determinación sucede porque el farero tiene a uno de estos seres como sirviente, una criatura que se muestra totalmente mansa y amistosa, una hembra de estas criaturas que le provoca sentimientos contradictorios entre la calidez de su amistad y la frialdad de su piel, reflejo acaso de su naturaleza primigenia.
Me gusta este libro por la trama, por su escritura sencilla, porque no necesita miríadas de de personajes o paisajes para sustentar su obra, porque hace de algo tan natural como las diferencias un intento de comprensión y unión y porque es original dentro de un mundo en el que, al parecer, ya está prácticamente todo dicho.
El conjunto de todo esto la hace para mí altamente recomendable. 

6 de julio de 2018

El cuento de la criada, Margaret Atwood


No os engaño si os digo que este es el libro que peor cuerpo me ha dejado en mucho tiempo, ya sea por ser mujer y por la forma en que se tratan en esta distopía de Margaret Atwood que hoy nos ocupa, ya sea porque de alguna manera el grueso de los hechos que en este libro se narran se suceden en muchas partes del mundo y amenazan con suceder en otras. 
Estamos en Gilead, un estado teocrático nacido de unos supuestos ataques de terrorismo islamista en los antiguos Estados Unidos. Debido a estos ataques se instaura un gobierno ultrarreligioso y autoritario que disminuye los derechos sociales y las libertades individuales, especialmente los de las mujeres que directamente se suprimen. Entre otras cosas y salvo servidumbre, se les prohíbe específicamente trabajar y tener cualquier cosa a su cargo, su trabajo es el de ser madres y esposas y si han incurrido en cualquier "pecado" —ser lesbiana, ser la segunda esposa y por tanto ser considerada adúltera, etc. — se las fuerza a ser criadas, su único cometido es el de gestar a los hijos de los altos cargos que las violan cada mes en algo llamado "la ceremonia" en las que las esposas de los comandantes deben sujetarlas siguiendo las Escrituras. Cada jerarquía femenina está identificada con los colores que deben vestir, las criadas llevan una toca blanca que les cubre el rostro —porque nadie salvo su comandante puede fijarse en ellas— y un vestido rojo que las muestra como mujeres fértiles y dignas de honra, en su perversa visión del mundo, puesto que en ellas reside la esperanza de la vida y del futuro de Gilead.
Las criadas pierden su nombre y se las llama por el nombre de su comandante, el comandante Waterford, precedido de la preposición de, no son más que propiedades con la función de procrear. Nuestra protagonista se llama June, pero se refieren a ella como Defred, Offred en el inglés original. 
Atwood utiliza los flashbacks y la noche para contraponer la vida anterior de June, con las libertades propias de una sociedad civilizada y avanzada, con su marido y su hija, y el día donde se debe someter a los deseos de la esposa de su comandante, Serena Joy, ultraconservadora y frustrada por su esterilidad y en cierto modo envidiosa de la posición de Defred porque ella sí es fértil y su marido la tiene en cierta estima a pesar de las aberraciones que esta sufre. 
A pesar de las barbaridades que la novela narra el trasfondo es claramente revelador. Incita a una rebelión no necesariamente silenciosa porque advierte de forma visionaria —recordemos que se escribió en 1985— adónde podría llegarse en caso de seguir cediendo en derechos y libertades por una supuesta seguridad. El fantasma de la novela llega a todos los ámbitos, no solo al femenino, aunque las mujeres seamos las más perjudicadas en el futuro que ofrecen sus páginas. 
Si por algo se ha hecho archifamosa esta novela es por la serie de igual nombre que está actualmente en emisión, y la crudeza que transmite es indecible. 
El libro es, tal vez, más aséptico, pues cada lector imagina Gilead de una manera diferente, más o menos grave de acuerdo a su forma de ser y de entender el mundo, pero la serie es la realización de toda esa cruel distopía y nos la pone delante sin dar lugar a la interpretación. Desde luego cabe, es indiscutible, pero entender algo diferente es más complicado. 
No dejemos que nos pase, en nuestra mano está ser capaces de ver más allá de todas las manipulaciones posibles y no permitir que algo tan horrible se instaure con la normalidad del silencio.

9 de junio de 2018

Solaris, Stanisław Lem


Hacía tiempo que me apetecía retomar la ciencia ficción en tanto que es un género que me fascina y que suelo consumir a menudo, y qué mejor manera de hacerlo que de la mano de Stanisław Lem, máximo exponente de una generación en la que lo satírico y lo filosófico daban luz a novelas tan maravillosas como es esta que os traigo hoy. 
Me parece genial el punto de vista desde el que se refleja este texto, porque se enfoca directamente desde el protagonista. Esto consigue que tenga la cualidad de omnisciente, algo que en lo personal me encanta en la literatura porque me hace sentir como una especie de titiritera que mueve a la vez los personajes.
Ya sea porque soy una maniática a la que le gusta tener todo bien agarrado y estructurado, ya porque otorga unos puntos de vista que un narrador no omnisciente no podría tener de ninguna de las formas, lo cierto es que desde las primeras páginas del primer capítulo me enamoré de esta novela. Me parece destacable para bien el detalle y el detenimiento de las descripciones, siendo para mí uno de los puntos fuertes de la novela. 
El planteamiento, pensaréis, poco tiene de ajeno en las novelas de ciencia ficción de la época. 
Lem nos lleva a una realidad en la que la humanidad intenta establecer contacto con un ente alienígena, personificado, si se puede decir así, en forma de océano. Este océano es, aparte de una forma de vida en sí, receptáculo de de muchas otras sustancias y que se presupone inteligente y vivo en un principio. Cuando la forma de contacto comienza a ser agresiva comienzan a sucederse circunstancias imprevistas: el océano es más inteligente que la tripulación que lo estudia y lo utiliza en su contra, extrayendo información de ellos. De esta manera Lem nos permite un viaje a la mente humana y sus características, al conocimiento en sí mismo y a las relaciones afectivas que podemos crear en cualquiera de los niveles.
Me reitero en que, además de lo previsor o visionario que pudo resultar Lem a la hora de reflejar estos contactos, anteriores a los que se intentaron con la sonda Voyager y la propia exploración extraterrestre, el punto fuerte de la novela es la descripción minuciosa y detallada de los seres y del mismo espacio que los rodea y que se pretende contactar. Milimétricas y destallistas, son estas descripciones las que hacen Solaris perfecta para adaptarla en cualquier medio, algo que se hizo en dos ocasiones con diferentes resultados. Me resulta maravilloso el modo en que acerca la psicología de los personajes y del propio ente a la realidad, acariciando con ello el abrazo de estas dos realidades, literaria y fantástica. 
Creo que tanto si sois fanáticos de la ciencia ficción como si no os gustará, y si es el último caso, os introducirá en una espiral deliciosa de fantasía y posibilidades que cada vez parecen estar más y más cerca.