17 de junio de 2021

Bautismo de fuego, Andrzej Sapkowski

 
Poco a poco, y con más dilación en el tiempo de la que hubiera querido, hemos pasado el ecuador de una saga que, para mi gusto, ha sido de los más importantes eventos literarios en relación con la fantasía de los últimos tiempos.
Efectivamente, os estoy hablando de la saga de Geralt de Rivia, escrita, cómo no, por Andrzej Sapkowski
En esta nueva entrega, de siete, aunque en español se ha publicado en ocho partes, las peripecias de nuestro mago Geralt se hacen más duras en tanto que la guerra que se preparaba en «Tiempo de odio» es ya un hecho.
Los ejércitos continúan formándose listos para la batalla, y Ciri, la princesa del reino devastado de Cintra y buscada por sus poderes, continúa su periplo de desgracias introduciéndose en un portal que sólo la llevará a lugares donde estará en peligro.
Es precisamente ella quien lleva sobre sus hombros la carga de la acción de este libro con el que pretendo llamaros la atención esta tarde. 
Aunque innegablemente la saga sigue siendo de Geralt y es él el principal protagonista, «Bautismo de fuego» se centra en el personaje de la princesa Ciri, en su devenir y en su camino, que la prepararán como uno de los nombres centrales de cara a un final, que espero y preveo colosal, de esta serie de libros. 
Como digo, en este libro la violencia ya ha estallado, ya no hay vuelta atrás en una guerra, como todas, sin sentido, entre los reinos y, por desgracia, todo lo que sucede a la guerra se hace presente, y precisamente serán estas descripciones las que le den sustento al libro y las que tiñan de sangre una historia que ya se prevé sangrienta.

12 de junio de 2021

La naranja mecánica, Anthony Burgess

Hola, hola, mis queridos drugos. 
La verdad es que tenía intención de comentarlo más adelante, pero me apetecía traéroslo hoy. 
No es que yo haga apología de la violencia, ni que me guste especialmente, ni la justifico, ni nada por el estilo, pero esta novela con su excelente crítica a una sociedad corrupta y estúpida, y la fantástica muestra de estudio antropológico que se adivina a través de la misma al relacionar la pertenencia a un grupo determinado mediante la jerigonza y vestuario me cautivó. 
Debo reconocer que, en esta ocasión, vi primero la película, y que, sólo a través de ella, investigando, descubrí que se había inspirado en esta novela de Anthony Burgess
La novela nos cuenta en una visión futurista la historia de Alex y sus amigos, que tras ingerir leche con determinadas sustancias, se entregan a una sesión de ultraviolencia, como vienen haciendo desde hace tiempo. 
Tras salir del bar, se producen diferentes situaciones de violencia como peleas, palizas, muertes e intentos de violación, siendo la pelea más significativa la que establecen con la banda de Billyboy, su banda rival. 
Después se dirigen a una casa con un coche robado, donde atan y pegan al escritor que vive en ella y matan y violan a su mujer; siendo esta escena el epicentro de la novela. 
Los drugos discuten porque Lerdo había insultado a Beethoven, de quien Alex es acérrimo admirador, y urden un plan, donde, tras un ataque a una casa, Alex será capturado. En la cárcel, tras asesinar a un compañero, el Primer Ministro le visita, y le ofrece someterse al Método Ludovico. Aceptando, es llevado a un lugar donde tiene todas las comodidades que él desea, se le inyectan algunas drogas y se le pasan imágenes de ultraviolencia con música clásica, y la combinación de éstos le producen malestar si decide volver a las andadas, haciendo únicamente el bien. Por esto, es liberado de la cárcel. Cuando vuelve a casa todo ha cambiado, sus padres le han sustituído y, presa del dolor, acude a la biblioteca... donde, tras esta situación, le esperan sorpresas, no demasiado agradables, en cualquier caso. 
Al final, se reduce a la crítica de la sociedad en tanto que se utiliza a Alex como método propagandístico y electoral. 
Su curación se utiliza como un avance del gobierno para prevenir situaciones violentas y reducir drásticamente la delincuencia, del partido en el poder, y la reelección depende del éxito que este método pueda tener. 
Desde el inicio de la novela, comienza y acaba un círculo a modo de síntesis. 
Alex ha madurado y comprende que la ultraviolencia no tiene sentido, y decide que la mejor forma de establecer esa madurez es formar una familia y tener un hijo al que explicarle el camino que tomó y el que ha decidido seguir, una vez es un hombre maduro. 
Es una novela más que interesante, ya no sólo desde el punto de vista de crecimiento personal del protagonista, sino que, a mi parecer, es una forma de mostrar lo que nunca se debe hacer, lo que debería ser proscrito porque no es forma de vida. 

7 de junio de 2021

El rey Lear, William Shakespeare

 

Hoy me he despertado trágica de la siesta, pero mucho. 
La parte buena es que puede que sólo me dure hoy. 
Así que con esta predisposición con que me he despertado, he decidido traeros una de mis tragedias favoritas —es que no queda nadie vivo y cuando me levanto así también me dan ganas de una erradicación a nivel mundial—, venida directamente de la pluma de William Shakespeare
El rey Lear, basada en una historia céltica anterior, una de las obras con mayor carga trágica que he leído y de la que, además, he extraído diferentes máximas para aplicarla a la vida real y fiarme y no fiarme de ciertas cosas. 
Una de las últimas veces que la leí me recordó a una frase de Platón que rezaba: "La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que ama —o siente— mucho, habla poco", y cuando conozcáis a Cordelia entenderéis por qué lo digo. 
El rey Lear, mayor ya y sintiéndose incapacitado para gobernar, así como deseoso de probar el amor filial, decide repartir el reino entre sus tres hijas, exigiéndoles demostrar cuánto le aman. 
Las mayores le adulan hipócritamente, ambiciosas de poder y territorios, mientras que la menor, Cordelia, es sincera, dice que le quiere lo que le tiene que querer, ni más ni menos. 
Creyendo aquí una falta de amor y, por qué no decirlo, como no alimentó su vanidad y su ego, la deshereda, y el rey de Francia la acepta aun sin dote. 
Mientras que las hijas mayores le traicionan —se veía venir, la verdad—, la pobre Cordelia acude a su ayuda para recuperar su reino, pero lo paga con su vida. 
Aunque al final se ve la relación con la cita de Platón que os mencionaba antes, creo que sí que es importante decir lo que se siente. 
Está claro que no con las aviesas intenciones de las otras dos hijas, pero recordarlo no cuesta nada y se puede hacer muy feliz a la persona que nos oye. 
Al margen de todo esto, que no es una reflexión de la tragedia, sino de uno de los personajes, es, tal vez, una hija de su tiempo, como una especie de advertencia a una dinastía que aún estaba asentándose y que podía adolecer de ciertas traiciones para legitimar otras ramas o tal vez proclamar un cambio de gobierno, aunque, como digo, procede de una historia anterior, me parece muy oportuno el uso de la analogía y de la alegoría que es en sí misma. 
Siempre he considerado el teatro como una representación de profunda validez didáctica, y siempre he disfrutado especialmente con él, pero lo mejor es verlo puesto en escena; admito que leído puede llegar a ser un poco extraño en ocasiones, sobre todo si no tenemos cierta predisposición imaginaria en ese momento por cualquier motivo. 

3 de junio de 2021

Olympia a medianoche, Baltasar Porcel

Anoche estaba reorganizando la estantería nueva y encontré esta pequeña joya que hoy os traigo. 
No sé si esto sucede en Hispanoamérica, pero en España existía el Círculo de Lectores, por el cual, y mediante un módico precio, el común de los mortales podía acceder a libros primero y a todo tipo de cultura después aun cuando su situación no fuese boyante o incluso si en su ciudad no podían encontrarse determinadas obras. También, la Editorial Planeta, ponía a disposición de sus asociados enciclopedias y divulgación en general, y los viajantes, que de cuando en cuando visitaban a los clientes, les regalaban algunos ejemplares, incluso si no comprabas. 
Así fue como este libro, que hoy incluyo en el anaquel virtual que poco a poco ha ido creándose, llegó a mí. Olympia a medianoche es una novela densa pero profunda. 
Con la noticia de que Olympia, una islandesa, vuelve a Mallorca, el pasado se pone en marcha en la piel de los personajes, que, o bien relacionados o bien sólo pertenecientes a su pasado, reflejan una sociedad hipócrita, que hará lo que sea para crecer, mejorar y aparentar, en la que el dinero prima y la norma social está por encima de cualquier otra regla. 
Con tintes de fábula, Baltasar Porcel nos muestra el vibrante influjo que ejerce Olympia sobre todo lo que la rodea, donde no todo lo bueno o hermoso, a ojos del mojigaterío social que reina en la isla, tiene por qué serlo. 
Lo leí hace tiempo, en alguna de esas tantas noches sin dormir, y me sigue fascinando porque, a pesar de la densidad antes comentada, las letras salidas de la mano de Porcel saben atrapar, mostrando lo mejor y lo peor de una sociedad que no es sino reflejo de nosotros mismos, de la ambivalencia de nuestro ser, de lo contradictorio de nuestros pensamientos. 
Por eso me ha parecido interesante traéroslo, porque es uno de esos libros que me encantan, los que te remueven por dentro y te hacen replantearte lo que eres y lo que sabes. 

29 de mayo de 2021

Olvidado Rey Gudú, Ana María Matute

Hace muchos, muchos años, que llegó este libro a mí, y como suele ocurrir en los grandes libros de mi vida, llegó a mí por casualidad, como si de una mano del destino se tratase y me orientase hacia él. 
Y hoy, al cabo de todos esos años, de nuevo es la casualidad es la que me inspira para esta comentar esta novela. 
Hoy estaba pensando en los libros en los que me gustaba leer cuando tenía veintipocos años, cuando la fantasía de rol se había apagado un poco —que no extinguido, pues aún hoy la disfruto— pero cuando la pasión por estos mundos de fantasía todavía seguía presente, muy presente, y enseguida este me ha venido a la cabeza, esta maravilla de Ana María Matute
Esta que os traigo hoy, de toda su bibliografía, es, para mí, mi favorita, y traérosla a este rincón de mi humilde biblioteca. 
Con una ambientación fantástica y medieval, con tintes feéricos y de libro de caballerías, nos regala esta joya literaria, imprescindible en cualquier anaquel que se precie. 
Es el nacimiento y expansión de un reino fantástico lo que se nos muestra, en cuya consolidación son determinantes la magia, la inocencia de una niña y lo que se antoja un juego cruel y emocionante a partes iguales; y se convierte en una maravillosa alegoría de la naturaleza humana, con su ansia de poder y de brillo sobre los demás, el miedo, el amor y la crueldad más fiera. 
El simbolismo está presente a lo largo de toda la novela, reflejado en los puntos cardinales que, contradictorios, se complementan y limitan el desarrollo del reino, aunque también lo condicionan. 
Si por algo me gusta, es por la originalidad y lo personalísimo de su devenir. 
Últimamente estoy pasando una etapa en la que necesito cosas nuevas, algo que no esté trillado hasta la saciedad y copiado a partes iguales. 
Esta novela me lo da, me da épica y época medieval, me da descubrimiento y me da trepidantes aventuras. Es fantástica en todas sus formas. 

25 de mayo de 2021

El lejano país de los estanques, Lorenzo Silva

 

Hace unos años, más de los que a veces pienso o quiero pensar, entraba a un canal de IRC de literatura, y, en una de esas ocasiones, Lorenzo Silva hizo aparición para tener un encuentro con nosotros, y fue a raíz de este, en el que tuve oportunidad de interactuar con él, que conocí su obra más profundamente y me dediqué a leerla.
Fue en esos días de descubrimiento donde vi que se había prodigado en el delicioso terreno de la novela policíaca, un terreno que me fascina. Así que me dispuse sin más dilación a dejarme llevar por su prosa. 
Habiendo leído ya «La flaqueza del bolchevique» —que os traeré más adelante—, supe que no podía decepcionarme, y así fue. 
Este libro de sugerente título —me encanta, me hace evocar y recordar mundos exóticos y olvidados— es el primero de la saga del sargento Bevilacqua y la agente Chamorro, que, en esta ocasión, comienza con el cadáver de una extranjera aparecido en una urbanización mallorquina. 
Ambos, complementándose, uno por su experiencia y la otra justo por lo contrario, deberán descubrir cuál es el motivo de ese asesinato y qué conlleva, y os aseguro que es mucho. En la obra, Silva nos descubre el mundo que todo conocemos pero que no queremos admitir. 
El de la desidia, el de los trapicheos, la promiscuidad y lo oscuro en definitiva. 
Un mundo de vicios que corrompe y deja al descubierto lo peor de una sociedad que pretende ser civilizada pero que se deja llevar por sus más bajos instintos, y no es que esté mal, de hecho, me parece perfecto que cada cual haga lo que le plazca con su cuerpo y con el de las personas que les dejen, lo que no está tan bien es que acaben surgiendo situaciones extraordinarias como esta, que deriva en asesinato. 
Lo que quizá me gustó más fue el humor que desprende toda la novela, pese a lo severo que otorga el género policial. 
Está presente en gran parte de las situaciones, y esto constituye una corriente de aire fresco hacia todo este género. Gravedad y humor se pueden combinar de manera perfecta y en esta saga está la prueba. Si sois de los míos, de los que prácticamente morís por este tipo de novela, estoy convencida de que os fascinará hasta el punto en que lo hizo conmigo. 
Veréis qué grande es el manejo de la prosa de este hombre y qué grandes son sus hijos literarios. 
Disfrutaréis.

21 de mayo de 2021

El guardián entre el centeno, J.D. Salinger

Si la he elegido es porque en una época personal convulsa una novela no exenta de polémica siempre constituye una especie de bálsamo. 
Imagino que el ver que otros son o están peor que uno mismo produce una falsa imagen de bondad o éxito que nos exime de nuestra fragilidad real. 
Y es la experiencia de su protagonista, Holden Caulfield, la que se narra en esta fantástica novela de J.D. Salinger y la que le erige como icono de rebeldía adolescente
La élite a la que pertenece le marca, y le convierte en un joven arrogante, cínico e hipócrita. Lo peor de la sociedad.
Pero es precisamente lo que no quiere ser lo que más brilla en él, y, además de asco, acabas sintiendo pena. El sexo, el desmadre, los excesos... todo lo socialmente proscrito abunda en la novela, y es precisamente porque está proscrito que lo dota de una dolorosa realidad. 
Por más que se intente evitar, son esos «pecados» los que mueven el mundo, y el férreo control ejercido sobre ellos no hace sino fomentarlos, la belleza de lo prohibido. Salinger, ya muerto, huyó de la popularidad otorgada por su obra, llegando a desarrollar ciertos modos de conducta que rozaban lo compulsivo, y es curioso que ya cuando publicó esta obra se le considerara como un elemento disruptivo, un instigador de malas conductas, preludio, tal vez, de lo ocurrido, pero lo que más llama la atención es que, aún hoy, después de casi cincuenta años de haber sido publicada por primera vez, ésta sea una de las obras más prohibidas. 
Esto da que pensar acerca de la libertad de elección que tenemos. La manipulación y el control no hacen sino mostrarnos que realmente no todo es tan bueno como parece ser, y el hecho de que las palabras sean prohibidas, de que la expresión sea coartada, demuestran que quizá los que nos equivocamos seamos nosotros. 
Algo falla.

16 de mayo de 2021

Abraham Lincoln cazador de vampiros, Seth Grahame-Smith

De veras que intento ser comprensiva con las modas, y me cuesta un trabajo indecible porque tiendo a ser bastante exigente y tiquismiquis, lo admito —y admitirlo es un paso, eso también os lo digo—, pero a pesar de que primero me pongo la meta de leer lo que no me llama la atención para poder criticar con conocimiento de causa y a veces hasta tengo la esperanza de que me sorprenda, y eso ha ocurrido. 
La verdad es que no es la novela del siglo, el clásico entre los clásicos; de hecho es un poco plana, las cosas como son, pero, desde luego, está hecha para eso, y hasta ha habido ratos en los que me he reído con ganas. 
Sí debo decir, en cambio, que ha sido un libro curioso en el sentido de que hace un recorrido extenso e intenso, hasta interesante, por la vida y obra de Abraham Lincoln, el presidente estadounidense, aunque, naturalmente, la faceta que se le otorga de cazador de vampiros es, cuando menos, inverosímil. 
Es obvio que su quehacer no se redujo a cazar vampiros —y no, ni siquiera como metáfora puede tomarse así—, pero la obra se convierte en un libro de serie B, gracioso y, a veces, hasta innovador, al respecto de la figura histórica de Lincoln para hacerle poco menos que un histérico matamurciélagos. 
A veces, la literatura de zombis y demás —a falta de un nombre de género mejor— me cuesta un poco, ya lo sabéis, pero creo que para un viaje en tren, por ejemplo, puede estar entretenido, para no pensar en lo que tienes delante o para calmar los nervios de la llegada, y, para eso, el autor construye una especie de realidad paralela a partir de la historia tomándose las pertinentes licencias. 
¿Lo habéis leído?

12 de mayo de 2021

La tumba de Huma, Margaret Weis y Tracy Hickman

Siguiendo el camino que comencé con «El retorno de los dragones», continúo la trilogía de las Crónicas de la Dragonlance. En la segunda parte, reanudada meses después de los hechos que cerraron el primer libro, nuestros héroes continúan con su misión. A la vez de la misión, que acaba conmoviéndoles por encontrar la tumba del legendario Huma, se van desarrollando cada vez más los personajes, se empiezan a ver los caminos que van a tomar —aunque en realidad queramos que siga siendo como lo planeamos al leer el primer tomo—, y, paradójicamente, va girando desde las aventuras hasta el misterio, cuando deben descubrir cuáles son las motivaciones ocultas de ellos mismos, casi como si a través de sus peripecias pudiéramos descubrir, a la par de ellos, cuáles son las causas que les llevan a esta o a aquella decisión. 
Lo único que no me gustó nada es la muerte de un personaje que era muy querido para mí. 
Ya sé que es un ciclo natural, no sólo la muerte, sino la muerte de un personaje. 
Es algo necesario para dar continuidad a la historia y para justificar los motivos de esta o aquella acción, pero, al igual que cuando lo leí la primera vez —y admito que estuve llorando horas y dejé el libro aparte y no quise leerlo más, aunque luego me pudo la curiosidad—, sigo pensando que la historia podría haber seguido con la muerte de otro personaje menos especial y que podría habérsele más jugo al que murió. 
La verdad es que Margaret Weis y Tracy Hickman nunca me decepcionan. 
Y cada vez que me introduzco en los fantásticos mundos del universo Dragonlance siempre acabo contenta y feliz, porque no es fantasía épica al uso. 
Podría decirse que fueron casi pioneros, y, por suerte, no han conseguido equipararles, por mucho que se hayan hecho libros absolutamente fantásticos pertenecientes al género. Siempre me resulta divertido, y reconozco que necesario, volver a los juegos de rol
Es una de las formas que tengo para comprobar cómo olvido lo que me hizo «sobrevivir» en mi adolescencia y darme un pequeño toque de atención para que no deje ir una de los pilares en los que me apoyé para superarla y, por qué no decirlo, recordarme que la literatura también podemos escribirla nosotros mismos, siendo, incluso, los personajes que decidamos ser. 
Porque la literatura no tiene que limitarse sólo a los libros, ¿no creéis?

8 de mayo de 2021

Crepúsculo, Stephenie Meyer

Si mantuviera la infame categoría de Infumables, este libro, culpable de que si ponemos en Google imágenes "crepúsculo" nos salgan fotos de vampiros bañados en brillantina en lugar de los atardeceres tan preciosos que nos brinda la vida, estaría ahí.
De todas formas, con el paso de los años, he atemperado un poco mi opinión y ahora pienso que si a alguien le gusta algo, siempre y cuando no dañe a nadie, me parece maravilloso y espero sinceramente que lo disfrute, por más que a mí no me guste. 
El caso es que, antes, me habría mostrado del todo intransigente, considerando del libro que lo único bueno es que los adolescentes saben qué significa esta palabra, desconocida, en principio, para muchos de ellos, y que ha hecho que la lectura —ah, esa gran olvidada— crezca en sectores en los que brillaba por su ausencia, pero la verdad es que para un entretenimiento anestesiado, en el que solo necesitas desconectar, es perfecto. 
También hay que admitir que, en su momento, consiguió que tiernos jovenzuelos —aunque creo que entre el sector femenino es donde más ha calado, desde luego— despreocupados, centrados únicamente en vacilar por la calle con motos, maquillajes imposibles y pantalones escasos de tela hagan el esfuerzo —¿sobrehumano?— de sentarse con un señor tocho de los que hacen historia, y no solo uno, sino cuatro; próximamente cinco, aparentemente. 
Y así estaban todas, emocionadísimas con que un vampiro se enamore de ellas y lo dé todo por ellas. Y luego vino la película. Y la histeria se multiplicó por mil. Empezó a surgir un alarmante número de adaptaciones —incluso españolas—, vampiros por todas partes, libros, series, películas... y lo que pasa es que cuando explotas demasiado un formato, se agota. Se agota y hastía. 
Así que pasaron a los zombis, que también da para hablar largo y tendido. 
Pero bueno, si bien me gustan las cosas empalagosas, esto es una vuelta de tuerca que hace que hasta a mí, a veces, me resulte grimoso, y hace unos años tenía la teoría de que haría temblar a Bram Stoker en su propia tumba. 
La historia de amor de estos vampiros llenos de purpurina, la chica en apuros y el lobezno puede llegar a ser cuestionable, pero, de nuevo, al final se trata de desconectar. 

3 de mayo de 2021

El lector de cadáveres, Antonio Garrido

Esta preciosa portada —porque no me negaréis que es maravillosa, espero— nos lleva a la mismísima China, donde Antonio Garrido ha tenido a bien ambientar su novela, que debo reconocer que cogí con cierto temor pero que, sin embargo, me ha enamorado.
Los lectores de cadáveres en la China de hace unos cuantos siglos eran unos forenses muy especiales, unos jueces que solo llegaban a ser lectores por su avidez al descubrir hasta los más pequeños secretos de las muertes y no dejar que quedasen sin castigo hasta los crímenes más irresolubles, y Ci es uno de ellos, un joven que ha ascendido desde lo más miserable al puesto, quizá, de mayor consideración en la China imperial, y donde destaca por ser revolucionario con sus métodos e implacable con los culpables. 
De su mano, nos introducimos en una época que desde luego nos es extraña, como puede serlo el siglo XIII, y a su vez en un asesinato terrible que sólo él puede solventar, un crimen que pone en peligro a la mismísima estructura imperial amenazando con su destrucción. 
No es solo que la ambientación y la caracterización de los personajes sea impecable, que lo es, es que me parece de un tremendo valor criminológico, en su vertiente histórica, porque poco a poco nos cuenta cómo se sientan las bases de una profesión que hoy en día está en auge y es famosa por las chorrocientas series que hay del tema, y me consta que esa es la causa de que sea una de las carreras más solicitadas. 
Aparte, es el trazado histórico que recorre, que, con las pertinentes licencias históricas, es fidedigno y, sobre todo, verosímil, algo que consigue el autor con unas maravillosas descripciones y, como digo, con unos personajes que si pecan de poca credibilidad es por lo perfectos que son. 
Decía al principio que era un libro que me había enamorado, y la razón es que China, sobre todo en sus años imperiales, y al igual que Japón por la época del shogunato, me parece un país que destila misterio, precisamente por lo herméticos que han sido a lo largo de la historia y que, indudablemente, siguen siendo. 
Pero ese afán exclusivista, ese aislamiento voluntario hacia prácticamente todo lo que viniera del extranjero y luego solo permitirlo con cuentagotas me parece fascinante. 
Los países asiáticos suelen ser reservados, y quizá eso sea lo que aliente el interés por descubrirlos, y Antonio Garrido lo ha reflejado de una forma deliciosa, así que os invito a que os sumerjáis en él sin temores, porque, aunque sea novela, vais a descubrir mucho de lo más desconocido de esos países, las estructuras sobre las cuales sustentaron el secreto.

30 de abril de 2021

Hamlet, William Shakespeare

«Ser o no ser, esa es la cuestión». 
Una simple frase que esconde mucho detrás y que creo —y espero no estar equivocada— que ha calado en la imaginería popular hasta el punto de llegar a convertirse en un recurso ampliamente empleado, casi en un chascarrillo con el que aderezar un momento dramático con una pizca de sarcasmo; y es que William Shakespeare, además de un visionario, fue prácticamente un pionero. 
Esta frase, ligada a la calavera que ilustra la portada que he escogido —me parece una delicia; bravo, Elkar—, es casi tan conocida como la corruptela. 
La elección de esta obra en la que el tema de la venganza es el eje central no ha sido premeditado, pero supongo que es culpa de la primavera. 
Esta no es la historia de la venganza por una condena, es la historia de la venganza por una muerte que se multiplicará hasta límites insospechados, como típico era en la época y como era del gusto popular, dado que lo sangriento estaba, prácticamente, a la orden del día. 
Es en el lejano —¿y exótico para los ingleses?— reino de Dinamarca donde el príncipe Hamlet lleva a cabo su venganza contra su tío por haber matado a su padre para casarse con su madre y usurpar un trono que no le pertenece, ni por derecho dinástico, ni por dignidad. 
Lo cierto es que en esta obra caben múltiples interpretaciones. 
Para un lego en la materia, quizá y solo quizá, puede ser considerada como una bonita obra de teatro, pensada para entretener y mantener a un público exigente contento y atento a nuevos estrenos. Para alguien que busque destripar su contenido, tal vez pueda encontrar mucho más. 
Al principio mencionaba la frase que casi todo el mundo conoce aun sin haber leído esta obra y decía que la venganza era el eje central. Bien, me ratifico y me explico. 
La carga moral que esconde la obra es indudable, mencionaba antes la dignidad necesaria y carente de Claudio, el tío de Hamlet, aquel que usurpa el trono, pero es también la representación de una duda existencial, cual soliloquio de Segismundo, del destino y de la crueldad de lo que acecha. 
Todo esto parece ser producto de una época sumida en la crueldad y en la doble moral, hija de guerras y madre de un tiempo iluminado bajo el gobierno de una poderosa reina
Será que no controlamos los tiempos, sino que somos reflejo de ellos.

24 de abril de 2021

La importancia de llamarse Ernesto, Oscar Wilde

Si esta obra de teatro me gusta y me parece divertidísima es por la ambigüedad de la que goza y que el gran Oscar Wilde supo dar tan bien en un texto tan breve. 
La pena es que con la traducción al español se pierde parte, puesto que las ambigüedades comienzan con el mismo título. En inglés sería «The importance of being earnest», donde Earnest, además de Ernesto, o una aproximación, viene a significar «serio», y Wilde, jugando con la homonimia, traza el contenido y el resumen de su drama justo en el título, que pretende ser una crítica desatada a la sociedad victoriana en la que le tocó vivir, en la que la hipocresía y el aparentar se anteponen al ser uno mismo, y que, aunque algunos me podréis decir que no es nada nuevo en esta época, diré que al menos no es tan sumamente descarado, bueno, en algunos casos. 
La obra trata de un enredo, que cada vez se hace más y más grande cuando Jack, formal y correcto, que desea casarse con una dama de la alta sociedad británica, debe convertirse en Ernesto para sobrevivir y casarse, una forma de escapar de lo encorsetado y dar rienda suelta a su instinto y a su deseo; se complica cuando, afirmando que tiene un familiar que yace enfermo, Mr. Bunbury, inexistente, por otro lado, su amigo Algernon descubre su doble vida en el campo, donde mantiene a una pupila que le estima mucho. 
Algernon, afirmando ser el familiar, acude allí con el desconocimiento de Jack, que también va diciendo que su familiar ha muerto. La pupila se enamora de Algernon, ahora Ernesto, aduciendo la misma razón que la prometida de Jack, si no se llamaran Ernesto, no sería igual, puesto que Ernesto es un nombre serio y formal, y que, por tanto, la persona debe de serlo, inexcusablemente. 
De esta obra se han hecho tres películas, y a pesar de que es una obra de teatro, las últimas adaptaciones no terminaron de convencerme; en mi opinión, si hay que ver una, que sea la de 1952, tiene un encanto que las otras no tienen, y si tenéis la opción de ver la película o ver la obra... no dudéis en ver la obra. 

19 de abril de 2021

La Celestina, Fernando de Rojas

He tenido a bien empezar con una de las primeras portadas de este genial libro que rompió moldes en su época —y puedo asegurar que para alguien medianamente «inocente» puede llegar a suponer una lectura poco menos que escandalosa— puesto que refleja o resume un poco el contenido del libro, adelantándonos uno de los oficios de Celestina. 
Su ambigüedad se hace patente desde el principio, y, adentrándonos, nos damos cuenta de que no sólo caracteriza a los personajes —que aparentan en ocasiones una inocencia que no tienen—, sino que constituye igualmente su estructura. 
Esta obra no se puede catalogar de dramática ni de narrativa. No es dramática, porque los parlamentos son demasiado largos como para ser representados, pero tampoco es narrativa porque está escrita de forma que los diálogos quedan patentes —se introduce el personaje que habla con su nombre—, está dividida en actos y, a pesar de que las acotaciones no aparecen, sí que se intuyen los apartes. 
Podemos decir que es un protodrama o un híbrido entre teatro y novela. Calisto entra al huerto de Melibea buscando un halcón y se enamora perdidamente de la dama, pero su amor está proscrito —no se especifica el motivo— y Melibea, emulando a la «dame sans merci» del amor cortés le rechaza. Calisto busca la ayuda de sus criados, que le indican que debe acudir a Celestina, una alcahueta famosa que bajo su oficio de costurera y otros tantos entre los que se encuentra la hechicería, esconde el verdadero. Celestina invoca a Plutón —bonísimo el conjuro, final del tercer acto— y entra en casa de Melibea con el pretexto de vender hilado. 
Poco a poco, Celestina irá embaucando a Melibea hasta que cede y accede a los encuentros furtivos con Calisto... y, con la excusa de librarse de la sacrosanta Inquisición que ya tenía el ojo sobre el autor, por presunto converso, y sobre la obra, por lo evidente para la época, el pecado hará castigar a sus personajes de una forma u otra, pero ninguno se librará. 
Fernando de Rojas hace una excelente caracterización de los personajes, maneja de una forma deliciosa el lenguaje bajo propio de la calle y el alto de la nobleza combinándolos además de parodiar en cierto modo el amor cortés que tanto fruto había dado en los altos círculos con la actitud de algunos de sus personajes, siendo más evidente en Calisto. 
Todo esto hace que su obra se convierta en una de las cumbres de la literatura española. Es una buena obra para desmitificar la época. 
No todos eran tan santos como parecía o como reflejan los libros. Al final, el destino hará su trabajo. 

14 de abril de 2021

El misterio de la cripta embrujada, Eduardo Mendoza

Reconozco que tenía ganas de afrontar de nuevo la prosa de Eduardo Mendoza pero que aún no me había sentido con fuerzas para intentarlo, ya que es un autor al que no todos gusta pero que a mí me fascina absoluta y rotundamente, y no se me ocurría una forma mejor de hacerlo —y honrarle a mi manera— que trayéndoos la "Trilogía del detective innombrado". 
Supongo que me frenaba de alguna manera que desconozco. El primero de los tres libros que la constituyen es este, «El misterio de la cripta embrujada», en la que un comisario de la Brigada de Investigación Criminal acaba negociando con un asesino internado en un manicomio para esclarecer la desaparición de una niña en su colegio interno. 
Suele pasar que como más conoces al enemigo es uniéndote a él, o, por lo menos, intentando sacar conclusiones y pistas de su comportamiento, ¿y quién mejor para descubrir a un criminal que otro? 
Se juega con la libertad y los bajos fondos para descubrir dónde está la niña con la crítica velada a una sociedad aún oprimida por viejos fantasmas que no termina de despertarse del sueño impuesto. 
Es precisamente en las pesquisas que se empieza a relacionar el tema con la cripta, y las puntadas comienzan a dar forma cuando el asesino se vislumbra entre las niñas acusadas. Huelga decir —otra vez— que la novela policíaca es de mis géneros favoritos, porque creo que contiene todas las claves para conseguir que la gente se interese y llegue hasta el meollo de la cuestión. 
También hay que decir que no es sólo el género el que me atrae. 
Sin Eduardo Mendoza, para mí, estaría huérfano, y es que nadie como él —o muy pocos— consigue caracterizar así los personajes, lograr que te introduzcas en la obra y que pases a ser un viandante más y arañar con los dedos lo sublime en un género que se considera facilón. 
Son esos tintes de drama, suspense y comedia los que la hacen fantástica en su género, y, para mí, es altamente recomendable, dado el exquisito lenguaje con el que describe y descubre las actitudes y los lugares más sórdidos y crueles. 
Espero que la disfrutéis.

9 de abril de 2021

El peregrino, Jesús Torbado

A veces se me puede considerar una mujer de extremos. 
La mayoría de las veces no puedo evitarlo y soy incapaz de ver el término medio de las cosas, aunque me esfuerzo terriblemente por hacerlo, ya que, como bien decía Aristóteles, "entre el exceso y el defecto se halla la virtud". 
Así, partiendo de esta premisa, podría decirse que soy apasionada, que amo o aborrezco con la misma fuerza. 
Lo que está en medio me suele dar bastante igual salvo que se acerque a un extremo, y, para mí, uno de los escritores que se acercan al extremo de adoración, a pesar de que hace tiempo que no traigo un libro suyo y que este sería sólo el segundo, es Jesús Torbado.
Jesús Torbado me gusta desde que leí, por una de estas casualidades de la vida, «En el día de hoy», un libro que llevaba años en una de mis estanterías y en el que acaso me había fijado un par de veces sin el menor interés, pero que una vez leí me enamoró. 
La causa principal, aunque lo pudiera parecer, no es lo que me gusten los temas que trata y cómo los trata, que también, sino porque es uno de los autores que he tenido oportunidad de disfrutar que es capaz de caracterizar al personaje, sea trágico o no, con una especie de humor negro subyacente en todas sus acciones que hace que te rías de ellos y a la vez con ellos, y, sobre todo en los trágicos o lejanos en cuanto a ideas o acciones, como si te compadecieras. 
A mí, personalmente, es algo que pocas veces me ha pasado. 
Este libro de hoy es el retrato de la España —cañí— medieval
Llena de miseria, de pícaros, de excesos, de putas y de enfermedades. 
En la que no todo era tan bueno como pretendía parecer y en la que los que tenían el poder eran los únicos que se creían esa mentira creada por ellos mismos. 
Lo curioso es que no es la picaresca al uso, sino que está fuertemente influenciada por el escenario en el que se dibuja, el Camino de Santiago, algo tan propio del país como la exacerbada religiosidad de la época, y mientras Martin, nuestro personaje, viene de Francia recorriéndolo para purgar los pecados de su aldea y evitar una nueva oleada de peste, bajo cuyo auspicio podría decirse que nació, nos descubre lo que podríamos considerar lo mejor y lo peor de la época y de la zona. 
Es uno de esos libros que te cambian por completo, y que imagino que tendrá mayor relevancia si has hecho el Camino en un momento dado. 
Quizá sea ese émulo de Lázaro lo que añade gracia al libro, precisamente porque lo que se supone un camino de purgación, una iniciación en nuestro propio interior, se profana con las tropelías del peregrino y de los que se encuentra a través de su recorrido, y los contrastes siempre son apetecibles.

4 de abril de 2021

La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz

A pesar de que no me satisfizo del todo una de las partes de la asignatura de literatura hispanoamericana que tuve en la carrera, eso no significa que no la aprecie en todas sus formas. 
Y precisamente de este modo llegó a mí, ya que, si bien cada país de Hispanoamérica tiene un representante del que, automáticamente, imaginamos su bibliografía —Gabo en ColombiaVargas Llosa para Perú, etcétera—, para el caso de República Dominicana es Junot Díaz el que hizo que el país se situara en el mundo de la literatura. 
Óscar es un adolescente dominicano que vive con su madre en un gueto en Nueva Jersey, y su mayor sueño es convertirse en el Tolkien dominicano, junto con el de encontrar al amor de su vida, pero por sus características tan peculiares lo tiene bastante difícil, todos sabemos lo superficial que puede llegar a ser la gente, y, para colmo, le persigue el fukú, una extraña maldición que persigue a su familia particularmente y que le condena a, sin pretenderlo, tener predisposición a los desastres, a la cárcel y a lo que más le duele, al desamor.
Pero como él no es un chico que atienda a esas cosas, no olvidemos que ya vive en la sin par Norteamérica, decide cambiar su vida, dejar a un lado todos los problemas que arrastra él y su familia y apartar el fukú de él mismo y de los suyos, y persigue sus sueños.
Aunque no es un tema fácil el que se narra en la obra que os traigo hoy, sí que se advierte las reminiscencias de un humor bastante resignado en ella, casi como una parodia de la propia migración desde los países hispanoamericanos hacia Norteamérica, y eso es algo que me ha gustado, porque le da otra dimensión a un asunto que nos pilla tan cerca y tan lejos a la vez, y nos ayuda a suponer acaso todos los problemas que derivan de apartarte de tus raíces, de tu familia y hasta de tus enemigos. 
Es una obra para pensar, aunque no lo parezca a primera vista, porque es de un realismo tan tan crudo que duele, a pesar de los tintes de humor con los que Junot Díaz la pincela. 
Abriéndonos a ella encontraremos mucho más de lo que se supone que hay, porque huir nunca fue fácil, y mucho menos si como a Óscar nos persigue una maldición familiar que nos impide tener pareja; pero lo cierto es que yo esto lo veo como una metáfora ¿no os parece?

1 de abril de 2021

El médico, Noah Gordon

Hoy voy a hacer algo a lo que no estoy acostumbrada. Empezar una trilogía por el principio.
Resulta, cuando menos, curioso en mí, ¿verdad? Pues Noah Gordon lo ha conseguido. 
Lo cierto es que yo era una niña fácil para decidir qué regalar —y sigo siéndolo, pero no tan niña. 
Mi cumpleaños y Reyes caen muy cerca, y, entre los dos, raro ha sido el año en el que no he tenido aproximadamente cuatro o cinco libros, si no más. Era tal la forma en que los devoraba que antes del mes ya los había finiquitado. 
Os contaré un pequeño secreto más. Mi madre, las pocas veces que me ha castigado, lo ha hecho prohibiéndome leer. 
Pues bien. En uno de esos Reyes, cuando ya era un poco mayor, encontré este libro. 
Me pareció muy curioso, porque fue en una época en la que yo aún albergaba esperanzas hacia mí para con las Ciencias y tenerlo fue una especie de iluminación, aunque conforme empecé a pasar sus páginas descubrí algo totalmente nuevo que me fascinó más si cabe, la Historia. 
Advierto desde ya que es un libro bastante denso, que cuesta un tanto de digerir, pero lo bueno es que su prosa se hace amable y amena cuando nos identificamos, lo queramos o no, con el pequeño niño que comienza siendo Rob Cole, nuestro protagonista. 
Nacido en un ambiente totalmente antagónico, y es en el momento en que la tragedia visita su vida, puesto que sus padres mueren, cuando descubre que posee un don un tanto desconcertante, a simple vista, que le permite saber si alguien está próximo a su deceso sólo con tocarlo. Ante estas circunstancias tan adversas en las que sus hermanos se ven dispersos por diferentes familias debido a su orfandad y auspiciado por el gremio de carpintería en el que estaba su familia, se ve en peligro de convertirse en esclavo, pero por un golpe de fortuna, se ve como el aprendiz de un dicharachero barbero que mediante la farándula y el malabarismo, se gana los clientes. 
Poco a poco vemos cómo crece y cómo encuentra su vocación al encontrar a un viejo médico judío que le muestra qué es lo que puede llegar a hacer si emplea bien su don. Y bajo este velo de la profesión elegida, recorre mundo, historia y vidas hasta decidir qué hacer con la suya propia. 
La Historia es mi vocación frustrada, y supongo que los tintes históricos de los que presume esta novela son los que me la hacen tan interesante. 
Espero que a vosotros os pase lo mismo.

28 de marzo de 2021

Tiempo de odio, Andrzej Sapkowski

Sigue pareciéndome de lo más curioso esta saga de libros, aunque también debo admitir que sigue resultándome difícil escribir sobre ellos, quizá porque me cuesta sintetizar de una manera correcta lo que se ha escrito sobre la base del relato corto —algo revolucionario y a la vez útil para algo tan denso y lleno de características y personajes como suele ser la novela de tintes fantásticos— o quizá porque por ellos mismos ya dicen todo lo que tienen que decir. 
Yo pensaba que era imposible, pero no, Andrzej Sapkowski consiguió sorprenderme de nuevo con «Tiempo de odio», la obra que continúa en cuarto lugar la saga de Geralt de Rivia, uno de mis brujos literarios favoritos hasta el momento. 
Aunque si bien sigue recordando sobre todo a la parte anterior, sobre todo por su forma y contenido, ahora todo es más oscuro, más catastróficos. 
La posibilidad de una guerra es inminente, ya no hay marcha atrás, y como tal, en este periodo de paz armada, como diría una profesora de historia que tuve que, por desgracia, ya no está entre nosotros, las fuerzas contingentes, magos, brujas, reyes, taberneros, se preparan para el choque, que será, de nuevo, épico.
Desde luego que no son sólo los prolegómenos de la batalla los que expone Sapkowski. 
Si estáis familiarizados con sus obras sabréis que no están exentas de una reflexión filosófica que creo que es fácilmente extrapolable a nuestra realidad. 
En este caso es referida al nivel de tensión creciente, a las barbaridades que la gente está dispuesta a prometer en pos de una causa que olvidarán en el campo de batalla porque ya no sabrán para quién luchan, habrán perdido sus ideales y hasta la poca humanidad que les pudiera quedar. 
Esta es la segunda entrega de una saga que sigue estando al mismo nivel de genialidad. 
Coincidiréis conmigo en que si ya es complicado mantener un nivel constante en una obra, más aún cuando son chorromil —permitidme la expresión—; pero en este caso se da.
Yo, personalmente, sigo disfrutando tanto con este libro como lo he hecho con el resto y como espero hacerlo con los que me quedan por leer, y podría decir que incluso más.
Ya sabéis que las catástrofes me pierden, no sé si porque a veces me gustaría organizar una de proporciones descomunales o porque me resultan catárticas en su grandeza. 
Por cierto. ¿Soy la única a la que la chica que ilustra la portada le recuerda a Audrey Tautou?

23 de marzo de 2021

Macbeth, William Shakespeare

Una tiene días en los que se levanta de diferentes maneras: inspirada, triste, trágica... pues bien, hoy me he levantado trágica y con una duda existencial general—sí, es la influencia de la primavera la que potencia mi vis trágica, cada vez estoy más convencida. 
Y al hilo de todo lo que veo y me rodea, pensé que vendría bien una dosis de vacuna contra la ambición desmedida y la traición. Rápidamente se ha encendido en mi cabeza una bombillita... ¡plinc! Macbeth, de William Shakespeare
Este hombre me puede. Lo admito. 
A mi parecer, es de las más oscuras que escribió, dadas las circunstancias y la época. 
Conjuros, crímenes, amoralidad, discordia, alucinaciones y rencillas... ¿qué le falta? yo creo que nada. 
Empieza con un vaticinio de las tres brujas, que recordando —a mí, por lo menos— la figura de las Moiras, auguran a Macbeth su futuro como rey, pero para ello, comprende que ha de asesinar al rey Duncan. Expuesta la profecía en una carta a su mujer —chicas, ¿os recuerda a algo?—, ella alienta su ambición para que lo consiga, y, aunque duda, cede a esas pretensiones de grandeza y poder y es ahí donde nuestro protagonista se pierde y condiciona su vida, su alma y su destino a las brujas, que a mi parecer resultan ser las protagonistas verdaderas y en la sombra de la obra, porque son las que marcan el ritmo. 
Si por algo me gusta, es porque pone en evidencia lo peor del ser humano, lo que puede parecer un tema manido, pero Shakespeare da una vuelta de tuerca importante, sitúa la trama en una familia real, algo que, si bien era algo frecuente —y da igual cuán atrás nos remontemos, las puñaladas, tanto metafóricas como literales, solían estar a la orden del día por tal de arañar el poder—, no era tan fácil o habitual ver representado. 
El que pagaba, mandaba, y normalmente los mecenas eran aquellos que gobernaban; una representación así antes habría supuesto mínimo el ajusticiamiento por sedición o algo peor. 
En un trasfondo de crítica a estas preocupaciones humanas, aparece esta joya del teatro, como bien anuncia la portada que os he puesto, para redimir al lector y al espectador que la ve representada de estos males, advirtiendo de las consecuencias que pueden llegar a tomar estas acciones contra la vida, contra la moral y contra la humanidad, y a pesar de que se sitúa en una época que nos puede quedar muy atrás, creo que puede extrapolarse, en cierto modo, a nuestros días.

18 de marzo de 2021

La caverna, José Saramago

Quizá, si tenéis en cuenta alguno de los libros que os he traído, pensaréis que soy una descastada, o tal vez una persona que critica simplemente por estar en contra.
Y tal vez, quizá por eso, inconscientemente, he escogido este libro por todo lo que significa para mí, porque creo que no hay manera mejor de desmontar algo construido en el afán de consumir que ilustrar con hechos, con las palabras de un grande de la literatura que, por desgracia, nos dejó cuando más falta nos hacía, y cómo no, me refiero a José Saramago.
Efectivamente, este libro se basa en el mito platónico de la caverna, en el que se nos presenta la premisa de que, grosso modo, la verdad no es lo que parece ser, y construye este mito para explicarlo partiendo de la base de que hombres encadenados desde su nacimiento en una caverna creerán que las sombras que se proyectan son la realidad —versión sucinta, más o menos.
Así, nos compara a nosotros con esos hombres encadenados que solo ven lo que le dejan ver, y a través de una familia de alfareros va replanteando y destruyendo dogmas que parecen escritos a fuego pero que, en realidad, hace tiempo que el viento se los llevó consigo.
El libro es una constante de rupturas, de bofetadas de realidad que hacen que los pies del lector se acerquen a la tierra y, sobre todo, hace pensar. 
Es quizá lo que más me gusta del libro, que sientas lo que sientas, pienses que es verdad la descripción tan devastadora que hace de la sociedad que se desmorona con sus propias acciones o que no creas que es tan drástico lo que vivimos, por lo menos hace que recapacites, que dudes, y la duda, mis queridos, es la base de la existencia.
No en vano Saramago afirmó que «la caverna ha sido escrita para que la gente salga de la caverna», y, personalmente, creo que cumplió con su objetivo, por lo menos conmigo.
Así que este es mi pequeño regalo para vosotros, la duda. Creo que es lo mejor que puedo daros.

13 de marzo de 2021

Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría

Hay libros cuyo contenido te gusta porque en su momento te entretuvieron o porque realmente la historia te llama sin que el autor o la autora, por decirlo diplomáticamente, te sean afines, y este libro de Lucía Etxebarría que os traigo hoy podría considerarse perteneciente a esa categoría, incluso podría ser el libro que la corone. 
Como si de un satélite en dirección a su Órbita Cementerio se tratara, Beatriz recorre su vida a través de Mónica, Cat, Ralph y las ciudades que marcan su existencia, Madrid y Edimburgo. 
En una espiral de destrucción adolescente entre presiones familiares por los que no siente cariño, pues ve que todo no deja de ser un teatro a ojos del mundo, decide evadirse, escaparse de lo planeado y arriesgarse a la aventura. 
Yendo a parar con sus huesos a Edimburgo inicialmente por un único año, prolonga su estancia , Beatriz, que considera que el amor no tiene género, conoce a Cat, con la que comparte su vida hasta que se marcha sin despertarla, y decide volver a su Madrid, aquel Madrid que tanto extrañó cuando lo dejó atrás. 
Una vez allí, se da cuenta de que el tiempo y la distancia no han sido tan benévolos con Mónica como con ella. Mónica no pudo escapar a aquél «inocente» juego de las drogas e hizo mella en ella y en su cuerpo. 
La vida de Bea nunca fue fácil y el amor será su guía, tanto para lo bueno como para lo malo. A través de Mónica, Cat y Ralph irá creciendo hasta convertirse en lo que es, y cuando llegó a mí este libro, allá por mis tiernos —y lejanos ya— dieciocho años, en los que era una adolescente frustrada y, sobre todo, muy intensa —como todos—, me marcó de una forma bastante potente.
Después lo lees y te das cuenta de que es porque, naturalmente, siendo adolescente te sientes incomprendido —la mayor parte de las veces lo eres, tampoco os quiero engañar—, y viéndote raro y desubicado es fácil ver que no eres el único que se siente así, y, aunque no lo quieras, es un pequeño paso que das para asentarte y, por extensión, asentar tus sentimientos.
En esa época en la que te sientes solo, a pesar de estar rodeado de gente, las más de las veces a disgusto, a mí me resultó útil identificarme en cierto modo con la protagonista y las presiones familiares que tiene, y me hubiera gustado evadirme, no lo niego, pero solo podía hacerlo a través de un libro. 
De todas formas, y viéndolo en retrospectiva, me parece que no me ha salido tan mal. 

9 de marzo de 2021

No tengo boca y debo gritar, Harlan Ellison

Parece que cuando se acerca el buen tiempo es para mí la época de los Premios Hugo, teniendo en cuenta que con este es el tercer —si mal no recuerdo— elemento literario que ha sido galardonado con este premio de la ciencia ficción
No lo conocía, lo admito, fue un buen amigo, un apasionado del tema y de los videojuegos, el que me puso al tanto hace unos años de su existencia. 
También admito que fui posponiendo, y cuando lo leí, vi que había sido bastante a mi pesar, porque reconozco que, aunque quizá no sea igual que las obras de otros maestros del terror, Harlan Ellison ha conseguido que me estremezca pensando en el destino de los que protagonizan este relato de sólo catorce páginas. 
Es un futuro distópico, en el que un ordenador toma conciencia de sí mismo y conocedor de todas las cosas, decide provocar un holocausto nuclear que acabe con la humanidad, rescatando únicamente a cinco personas, una mujer y cinco hombres. 
Y no contento con haberles destruido, continúa su venganza, torturándoles y otorgándoles lo que a mi parecer es el peor don que puede dárseles en este contexto desolador, la inmortalidad, pero, lo que me resultó extraño, el suicidio les está concedido, pero no permitido, y precisamente contra el hecho de que lo lleven a cabo lucha AM, el ordenador rebelde. 
La desesperación toma partido y la humanidad vence a la lógica consiguiendo que uno de los habitantes mate a sus compañeros, poniendo fin a su sufrimiento y a la tortura, pero la venganza vuelve a girar la tuerca del dolor, convirtiéndole el ordenador cuando intenta suicidarse en una masa deforme incluso sin boca para impedir que se autolesione, que grite o que oponga resistencia, siendo la tortura mayor. 
Es de lo más violento que he leído últimamente, y lo único que en mucho tiempo ha hecho que la metaparanoia que a veces me asalta se alimente. 
Cuando lo acabé, reconozco que estuve parada bastante tiempo, intentando recomponer en mi mente los fragmentos del relato y tratando de buscarle una lógica coherente a los sucesos que cuenta. Parece mentira como en un cuento, a mi modo de ver, predecesor absoluto del cyberpunk más actual, se puede concentrar tanto odio, tanta venganza y tanta muerte. 
No sé si es idóneo para estas tardes que, al hilo del relato, va acercándose el calor, pero sí sé que es fantástico para queramos pasar un poco de miedo, del sano. 
Yo no sé vosotros, pero yo, desde entonces, intento mirar con otros ojos a mi ordenador.

4 de marzo de 2021

Ventana secreta, jardín secreto, Stephen King

Siento no haber encontrado una portada mejor y con menos comentarios críticos, pero me apetecía comenzar el mes con un poco de terror, que no hace daño a nadie mientras se quede en los libros; y haciendo cábalas sobre quién podría ser el elegido, pensé que no había nadie mejor —en mi humilde opinión bibliófila— entre los escritores actuales de este género que Stephen King. Entre los estantes encontré esta pequeña joya del suspense y del thriller psicológico más puros, que pertenece a la serie «Las cuatro después de la medianoche», una especie de compendio de novelas cortas. 
Esta muestra de las dotes de King la descubrí de la mano de una película que compré por casualidad hace años y que escogí porque me llamó la atención el nombre que tenía y su sinopsis, que me pareció increíblemente interesante. 
Es la historia de un escritor frustrado, Mort Rainey, con la vida hecha pedazos, bloqueado por los derroteros en que ha acabado desempeñándose, que se aísla del mundo en una cabaña en medio del bosque. 
Pronto aparecerá un personaje que le acusa de plagio con un énfasis que pronto le hará dudar de sí mismo y dará comienzo a una serie de sucesos que le aterrorizarán y le desesperarán de una forma que sólo puede desencadenarse de la lucha contra uno mismo. 
Perderá el control de sí mismo y la conexión con la realidad desde el momento en que aparece este personaje que le confunde, que le ataca, pero que acaba siendo una revelación sorprendente. 
Si bien la película no es exactamente fiel al libro aunque esté basada en él, creo que es tan buena como el propio libro. La verdad es que la actuación de Depp es fantástica; lo cierto es que, a pesar de todo, su carrera cinematográfica demuestra que es un gran actor y que su identificación con el personaje que le toque interpretar es total y es como si lo absorbiera, y el director es capaz de crear ese ambiente necesario para el terror más profundo que puede sentir una persona, el psicológico.

27 de febrero de 2021

Las brujas de Salem/El crisol, Arthur Miller

Creo que una de las figuras que, sin duda, más me agrada es la alegoría
Aparte de tener una nombre bonito, me resulta muy interesante el hecho de que, para mostrar o denunciar una cosa, se emplee algo, en apariencia, diametralmente opuesto. Es, un poco, como un truco de magia en el que dices lo que hay que decir pero, a la vez, consigues que el público no se dé cuenta de dónde está la trampa. 
No es algo directo, no hace las cosas fáciles, sino que obliga a poner el cerebro en marcha para descubrir qué es lo que se esconde veladamente tras el telón del espectáculo. 
Con ese criterio, Arthur Miller hace un retrato bastante exacto y alegórico totalmente de la sociedad de su tiempo basándose en un hecho que, aunque patrio, sucedió siglos antes. 
Miller denuncia la opresión sucedida durante el McCarthismo en los Estados Unidos de los años cincuenta escribiendo esta deliciosa obra de teatro en la que lo ilustra representando los juicios de Salem y las causas que acabaron haciéndolos realidad en los que se persiguió y finalmente ajustició a parroquianos de la localidad de Salem por la simple sospecha social de que ejercían la brujería. 
Evidentemente se juega con la licencia del autor para ajustar los hechos pasados con los actuales, pero el límite de la paranoia que alcanza tanto una sociedad como otra es el mismo, llevándoles a convertirse en los jueces de ellos mismos, puesto que nadie podía estar a salvo de acusaciones que muchas veces no se podían demostrar y que, a pesar de esto, les llevaban a la destrucción, tanto social como literalmente, aunque, de manera obvia, esta se tapaba para no incriminar a la democracia supuestamente defendida. 
Resulta aterrador confirmar a qué puede llevar la histeria colectiva y los actos que nosotros mismos llevamos a cabo. 
Es casi pueril, lo admito, pero yo lo que concluyo cuando leo algo así es que el miedo es el peor arma de la humanidad. Es el que más daño hace y el que más daño hace hacer, valga la redundancia, y es terrible que hechos así sigan llevándose a cabo, y, por qué no, permitiéndose, en años tan cercanos y en los que vivimos.

22 de febrero de 2021

Ulises, James Joyce

Siempre que se suele escuchar algo de este libro, se alude a la tremenda dificultad que conlleva su lectura, y hace un tiempo recordé esta fantástica novela, densa, confusa, genial. Pero quizá no era el momento y por eso la pospuse hasta encontrar en mí cierta paz que me permitiese asimilar más fácilmente su lectura. 
Es esta novela de James Joyce la que hizo más conocido —si bien no es la única buena de su producción— a este representante ínclito del modernismo anglosajón de principios de siglo. 
A pesar de que puede considerarse caótica, los vínculos con la realidad siguen patentes. Es el pensamiento el que lleva las riendas, y el que arrastra la vida de los personajes. No es sólo su nombre el que le acerca a la Odisea homérica, es también la analogía con el viaje, el ciclo que debe recorrer para alcanzar sus objetivos, su Ítaca. 
Es un compendio de su época, de las tendencias y las las psicologías de los personajes. Una lucha de contrarios antagónicos pero iguales. 
A primera vista y por la ya mencionada estructura caótica, puede resultar contradictoria. Es fácil amarla u odiarla, pero si acabas odiándola desde el principio, yo animo a que se siga leyendo, porque un mundo fantástico y real se esconde entre sus páginas. 
Si he puesto esta portada es porque me resulta irónicamente tranquila si la relacionamos con el contenido de la obra, mi edición es la de Tusquets, que, ciertamente, me gusta más; además de ser la edición que reposa tranquila en mi estantería, es porque me parece muy interesante el prólogo a la obra, ya que da muchas indicaciones y pautas desgranando la novela. Yo, personalmente, leí un capítulo y luego leía la recomendación prologal. Además, al final del grueso del texto, aparece un esquema lineal de la novela hecho por el mismo Joyce en una suerte de guía a través de las palabras y las analogías. 
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17 de febrero de 2021

Mejor Manolo, Elvira Lindo

Ya sé que quedan muchos Manolitos en medio hasta llegar a este, pero como es el último es más seguro que os lo hayáis leído recientemente. 
Y qué diablos, no lo he podido —ni he querido— evitar. Ha sido como volver a mi infancia.
Cuando vi que Elvira Lindo, por fin, sacaba la siguiente entrega de la vida de Manolito Gafotas tuve una reacción un poco extraña e histérica. Y os preguntaréis por qué digo que fue así. 
Mi reacción natural cuando leí que habría más Manolito fue la de salir corriendo hacia mi madre dando gritos como si estuviera poseída diciéndoselo, y luego me volví al cuarto al recuperar la compostura. 
Pasional que es una.
El caso es que lo conseguí hace relativamente poco y me pasó algo raro. No podía abrirlo. 
No por nada físico, claro, sino porque me daba miedo encontrarme algo que no me hiciera gracia como antes o que me motivara a acabarlo como me pasaba cuando me leía del tirón los otros, la mayor parte de las veces uno detrás de otro, sin parar. 
Y no precisamente porque Elvira Lindo no hubiera conseguido de nuevo el "toque Manolito", sino porque yo misma hubiera cambiado de tal forma que no supiera reconocerlo, como cuando volví a probar los Huesitos, que, aunque obviamente me gustaron, me quedé decepcionada y sorprendida al mismo tiempo, sorprendida de que de pequeña me encantasen.
Pero por fin me armé de valor ayer por la tarde y debo decir que me supo a poco, me faltaron como cien páginas más. 
Ahora Manolito prefiere que le llamen Manolo, ya es un adolescente. El Imbécil ha crecido y es prácticamente un genio informático —aunque ya apuntaba maneras cuando cantaba lo de "cómo nos gusta el arroz, cantamos los japoneses, por eso nos lo comemos felices los doce meses"—, y lo que yo no me esperaba, porque me negué a leer cualquier adelanto, ¡tiene una hermana! Catalina como la madre, aunque más conocida como la Chirli, por Shirley Temple, ya sabéis, y que como ella apunta maneras de artista. 
Y con este nuevo personaje y con los antiguos como Luisa, Bernabé, el Orejones —que da una sorpresa que yo, por lo menos, no me esperaba—, el abuelo y el resto de la familia, Elvira Lindo se mete en lo más actual, en los timos por parte de empresarios que prometieron el oro y el moro y luego sólo daban deudas, en Lady Gaga, y hasta en una crítica social que pone en boca de Manolito y de su abuelo. 
Como digo, aunque me faltaron cien páginas o más, no pude dejar de reír desde que cogí el libro hasta que lo solté, así que os animo a leerlo, a que, si lo tenéis, venzáis el miedo de no saber qué esperar de vosotros mismos y a hacerle hueco completando la colección de Manolitos, que es la que vale de verdad.

13 de febrero de 2021

Sauce ciego, mujer dormida, Haruki Murakami

No puedo evitarlo, lo reconozco, y lo peor, o mejor, quizá sea que tampoco pongo medios para intentarlo. 
Murakami me sigue fascinando a pesar de todo y de todos y creo que así seguirá siendo aunque pasen muchos años. 
Creo que le cogí gusto a los relatos, fórmulas literarias que nunca me habían llamado especialmente la atención anteriormente por su brevedad y porque, tal vez, carezco de la mesura necesaria para digerir, en cierto modo, el atropellado tropel de sucesos que acontecen en estas novelas condensadas, como me gusta llamarlas, pero habiendo encontrado esta joya, reconozco que, viéndolo en perspectiva, quizá fui demasiado exigente y no supe obtener el verdadero fruto de estos pequeños cuentos. 
Así fue hasta que llegó a mis manos este libro deliciosamente japonés, tan colmado de naturaleza, e indiscutiblemente "Murakaminiano", por su plenitud de símbolos, fórmulas típicas y su surrealismo tan despiadado. 
Son veinticuatro cuentos de expiación, de purga, de la obtención de una visión del mundo totalmente antagónica a la que se nos ha impuesto por convención y por aceptación. 
Las pérdidas marcan las vidas de los protagonistas, en mayor o menor medida, y son las que dan cuerda al mundo en el que viven. 
Lo que más me gusta de Murakami tal vez sea el hecho de que vive en un mundo antagónico, en el que las contraposiciones son tan frecuentes como la respiración misma, y que extrapola su visión a sus hijos literarios hasta el punto en el que, cogiendo a cualquier viandante completamente seguro de sí mismo y de su realidad, puede hacer que empiece a dudar de tal manera que la realidad torne sueños y se empiece a preguntar el por qué de esto o de aquello. 
Es la búsqueda por la búsqueda, el declive de lo civilizado y el aflorar de lo primigenio, de lo animal que se adueña de nuestra —poca— humanidad. 
Lo de hoy ha sido breve, pero no puedo decir más. Sólo invitaros a leerlos y dejar que os cambie, que descubráis.

9 de febrero de 2021

La muerte en Venecia, Thomas Mann

Traer este libro hoy es una especie de acto de contrición bastante particular, literariamente hablando. 
Reconozco que este pequeño gran libro de Thomas Mann en un principio, la primera vez que lo leí no me gustó, y me explico.
Nunca fui una apasionada de la novela corta, tenía la —¿estúpida? ¿incorrecta? ¿infundada?— sensación de que en tan pocas páginas no se podía condensar algo bueno, que para que se hiciera legible tenía que ser extenso, con multitud de detalles... 
Sí, admito que, en algunos momentos, mi gusto por la descripción rozaba la parafilia, porque me encanta recrearme en detalles, paisajes y hechos, es algo que me evade, y si precisamente destaca por algo este libro es por su contenido casi minimalista, con desarrollo en apariencia sencillo y un escenario bastante escueto, algo que, sin duda, estaba muy lejos —o eso creía yo— de mis gustos literarios particulares. 
Con este conjunto de pequeñas cosas que me resultaban un insulto a mi intransigencia —voy puliéndola poco a poco— lo dejé de lado hasta que, hace no mucho, lo redescubrí y me di cuenta de que, lo que en apariencia parecía sencillo y simple era sólo el portal hacia un profundo drama, un desquiciado mundo interior que me sorprendió. 
Lo que en apariencia consideraba insulso resultó ser algo maravilloso, una fantástica descripción de los personajes y del propio entorno que se derrumba poco a poco por una plaga que las autoridades quieren ocultar, aun a costa de las muertes, para conservar un turismo creciente, una entrada efímera de dinero que, al fin y al cabo, en todos los tiempos ha sido el que ha regido nuestras vidas. Teniendo en cuenta los hechos recientes, me resulta una mezcla de la realidad y de la eterna «La máscara de la muerte roja» de Poe
Si gustáis de retos mentales, de un simbolismo casi puro que evoca recuerdos de grandes pasados, os la recomiendo, veréis que la ironía y la decadencia por la que navega la obra son deliciosas, dotándola de un realismo que roza lo grotesco y que, precisamente por eso, se hace maravillosa.