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12 de julio de 2021

Mar al fondo, José Luis Sampedro

Admito que no me había planteado traeros de nuevo a José Luis Sampedro tan pronto. 
De hecho pasaba por mi mente otro libro diametralmente opuesto, pero mientras leía Twitter de repente ha aparecido un tuit que me lo ha recordado. 
De primeras había pensado en traeros uno de sus clásicos, «La sonrisa etrusca», un libro maravilloso que dejo para más adelante, pero me decidí por este, uno que es algo desconocido pero que, sin embargo, es absolutamente fantástico. 
Siempre bajo mi criterio, claro. Como bien indica el título, o más bien, pincela, es un compendio de cuentos centrados en el mar, de diferentes mares que otorgan o retiran privilegios a las gentes que puebla las localidades que lo bordean. 
Lo preferí porque el mar es algo importante en mi vida. 
Cuando estoy fuera de mi ciudad siento que lo necesito, y cuando estoy nerviosa me acerco y es casi como un bálsamo que consigue tranquilizarme, y la verdad es que me gustó el planteamiento que ofrece Sampedro del mar ligado a las emociones humanas, realmente porque entiendo que es cierto. 
Me resulta muy interesante la analogía que establece, como algo inseparable de la naturaleza humana y como fin último de la persona. 
Traéroslo me parece un reconocimiento absolutamente merecido por un hombre que ha dotado a la literatura española de aire fresco e interés y que, sobre todo, se ha erigido en rompedora de un statu quo que no beneficia a nadie, dándonos la posibilidad de decidir, algo tan importante y, a la vez, tan olvidado. 

28 de mayo de 2020

El amante lesbiano, José Luis Sampedro


La verdad es que no recuerdo cómo llegó a mí este libro de José Luis Sampedro, un autor al que había tenido el placer anteriormente de leer y de estudiar, pero puedo decir que me encandiló desde el primer momento.
No es una novela al uso, incluso diría que se aleja mucho del "uso", pero no por ello deja de ser absolutamente fantástica en un mundo en el que, por suerte, la tolerancia hacia lo diferente empieza a crecer y las opciones son sólo eso, opciones, y no enfermedades.
Mario, el protagonista, a través de unas sesiones de terapia que ayudan al paciente a vivir conforme él mismo es con el respeto como único límite, descubre que, en realidad, es una lesbiana, y se enamora de Farida, la psiquiatra que le guía a través de esta peculiar terapia, de origen árabe pero totalmente occidentalizada. Con esta premisa, y sabiendo ella siempre lo que había detrás de él, le otorga un nuevo nombre, Miriam, para su nueva faceta femenina, y se convierte en una especie de Ama que va desenvolviendo y destapando los más profundos deseos de su mente, relacionados con el fetichismo y la sumisión como fin absoluto para convertirse en la mujer que desea ser, una fantasía erótica que irán descubriendo poco a poco con sus relaciones y en la exploración de su pasado, marcado por una madre autoritaria que dominaba incluso en su matrimonio en una época en la que la mujer era poco menos que la colilla del cenicero.
La verdad es que afronta la sexualidad y las fantasías desde un punto de vista diferente y abierto. 
La gente tiende a ocultarse, a reprimirse a ellos mismos en la peor censura que creo que puede haber, y el libro, aparte de explicar la reveladora terapia de Mario hacia ser lo que realmente quiere ser, real o no, con los límites únicamente fijados en el respeto —que creo que es donde deberían estar—, es una suerte de terapia para el lector.
Desde luego que para algunos puede resultar chocante, que lo es, y lo dejarán a un lado, lo leerán a hurtadillas y luego se culparán por haberlo hecho, pero, para otros, se erigirá en la ayuda necesaria para tomar la determinación que quieran tomar, para terminar de comprender que una mente abierta no tiene por qué ser necesariamente mala y que se pueden disfrutar de muchas formas, sin tener que adecuarse a los paradigmas establecidos por una sociedad represora en muchos casos.
Es un canto, en fin, a la pasión en su estado puro, incorrupto.

11 de agosto de 2019

La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro


Creo que José Luis Sampedro es uno de esos autores a los que odias o amas si te fijas en algo más que en su literatura. 
Él daba buen uso a su fama y se comprometía con causas más o menos perdidas que muchos temen aceptar por miedo a determinado tipo de represalias, léase menor venta o cualquier cosa que se pase por las cabezas respectivas. 
Al margen de estas circunstancias que en poco aquí nos atañen hoy os traigo el que quizá sea el libro que se asociará eternamente a su nombre, uno de aquellos que le dieron fama internacional y que se alejaba del campo económico en el que había desarrollado su profesión antes de acercarse a la literatura. 
Nuestro protagonista es Salvatore, al que todos llaman Bruno, sobre todo sus viejos camaradas partisanos. Él es un anciano cabezota —como todos a esa edad supongo, a esas alturas de la vida ya no consienten, o no quieren, que nadie les maneje lo que les quede por vivir— que va a casa de su hijo para que le traten una enfermedad que es, por desgracia, mortal.
Lo que no espera Bruno es que a pesar de todo lo que gruñó para que no le movieran de su tierra calabresa a la que tiene tantísimo amor es que encontraría un amor aún más grande y, sobre todo, nuevo, el que siente por su nieto, también Bruno, que le hará más fácil el tránsito y que le descubrirá nuevas facetas, nuevos momentos en los que no creía porque pensaba que no los iba a conocer.
Y allí, en Milán, también encuentra otra pasión, este caso por una mujer, quizá la última, que le dará un poquito de más sentido a su vida.
Con este cuadro casi costumbrista, por decirlo de alguna forma, Sampedro también ofrece dos realidades distintas: la del pasado, la de la juventud de Bruno, en la guerra y con los partisanos, y la del presente de su hijo y de su nuera, que a su vez se dividen de otra forma, Bruno en su Calabria natal, ruda y campestre y no exenta de encantos y Renato, su mujer y el pequeño Brunettino en el Milán más urbano y moderno.
No sé si he sabido expresar todo lo que es la obra, en todo lo que consiste, pero sí os puedo decir que siempre que la leo me hace sentir, con todas sus letras.
Es de nuevo un libro-llorera, como yo los llamo, un libro que te remueve cada fibra del cuerpo porque es una historia de amor tan profunda, tan profunda, que acaba doliendo.
Nosotros vamos cambiando con los cambios que sufre Bruno, aunque por suerte no son tan drásticos en nuestro caso.
Cuando llegué al final, un final que sin duda se advierte casi desde la primera página —no os lo voy a negar— me di cuenta de que cuántas veces hacemos un mundo de lo que nos toca vivir y muchas de esas veces son cosas que, aunque nos parezcan tremendas, en realidad no lo son tanto, y no somos capaces de notar, de apreciar todo lo que tenemos y todo lo que somos, y creo que de cuando en cuando no viene mal tampoco hacer que algo, en este caso un libro, sea capaz de removernos aunque sea un ratito y nos haga mejor persona.