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4 de marzo de 2021

Ventana secreta, jardín secreto, Stephen King

Siento no haber encontrado una portada mejor y con menos comentarios críticos, pero me apetecía comenzar el mes con un poco de terror, que no hace daño a nadie mientras se quede en los libros; y haciendo cábalas sobre quién podría ser el elegido, pensé que no había nadie mejor —en mi humilde opinión bibliófila— entre los escritores actuales de este género que Stephen King. Entre los estantes encontré esta pequeña joya del suspense y del thriller psicológico más puros, que pertenece a la serie «Las cuatro después de la medianoche», una especie de compendio de novelas cortas. 
Esta muestra de las dotes de King la descubrí de la mano de una película que compré por casualidad hace años y que escogí porque me llamó la atención el nombre que tenía y su sinopsis, que me pareció increíblemente interesante. 
Es la historia de un escritor frustrado, Mort Rainey, con la vida hecha pedazos, bloqueado por los derroteros en que ha acabado desempeñándose, que se aísla del mundo en una cabaña en medio del bosque. 
Pronto aparecerá un personaje que le acusa de plagio con un énfasis que pronto le hará dudar de sí mismo y dará comienzo a una serie de sucesos que le aterrorizarán y le desesperarán de una forma que sólo puede desencadenarse de la lucha contra uno mismo. 
Perderá el control de sí mismo y la conexión con la realidad desde el momento en que aparece este personaje que le confunde, que le ataca, pero que acaba siendo una revelación sorprendente. 
Si bien la película no es exactamente fiel al libro aunque esté basada en él, creo que es tan buena como el propio libro. La verdad es que la actuación de Depp es fantástica; lo cierto es que, a pesar de todo, su carrera cinematográfica demuestra que es un gran actor y que su identificación con el personaje que le toque interpretar es total y es como si lo absorbiera, y el director es capaz de crear ese ambiente necesario para el terror más profundo que puede sentir una persona, el psicológico.

9 de febrero de 2021

La muerte en Venecia, Thomas Mann

Traer este libro hoy es una especie de acto de contrición bastante particular, literariamente hablando. 
Reconozco que este pequeño gran libro de Thomas Mann en un principio, la primera vez que lo leí no me gustó, y me explico.
Nunca fui una apasionada de la novela corta, tenía la —¿estúpida? ¿incorrecta? ¿infundada?— sensación de que en tan pocas páginas no se podía condensar algo bueno, que para que se hiciera legible tenía que ser extenso, con multitud de detalles... 
Sí, admito que, en algunos momentos, mi gusto por la descripción rozaba la parafilia, porque me encanta recrearme en detalles, paisajes y hechos, es algo que me evade, y si precisamente destaca por algo este libro es por su contenido casi minimalista, con desarrollo en apariencia sencillo y un escenario bastante escueto, algo que, sin duda, estaba muy lejos —o eso creía yo— de mis gustos literarios particulares. 
Con este conjunto de pequeñas cosas que me resultaban un insulto a mi intransigencia —voy puliéndola poco a poco— lo dejé de lado hasta que, hace no mucho, lo redescubrí y me di cuenta de que, lo que en apariencia parecía sencillo y simple era sólo el portal hacia un profundo drama, un desquiciado mundo interior que me sorprendió. 
Lo que en apariencia consideraba insulso resultó ser algo maravilloso, una fantástica descripción de los personajes y del propio entorno que se derrumba poco a poco por una plaga que las autoridades quieren ocultar, aun a costa de las muertes, para conservar un turismo creciente, una entrada efímera de dinero que, al fin y al cabo, en todos los tiempos ha sido el que ha regido nuestras vidas. Teniendo en cuenta los hechos recientes, me resulta una mezcla de la realidad y de la eterna «La máscara de la muerte roja» de Poe
Si gustáis de retos mentales, de un simbolismo casi puro que evoca recuerdos de grandes pasados, os la recomiendo, veréis que la ironía y la decadencia por la que navega la obra son deliciosas, dotándola de un realismo que roza lo grotesco y que, precisamente por eso, se hace maravillosa.

11 de enero de 2021

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

Quizá pocos sepáis —o muchos de vosotros, no lo sé— que en este librito de Joseph Conrad que aparenta ser un insulso —en apariencia, siempre en apariencia, y no os olvidéis de que estas suelen engañar con relativa frecuencia— monólogo que reflexiona acerca de la vida, la muerte y todo lo demás se inspiró la archiconocida película de Coppola «Apocalypse Now», interpretada por un fabuloso Marlon Brando que, aunque reflejada en una situación histórica bastante posterior, muestra con exactitud los horrores de cualquier momento así. 
No sé si es mi predilección por Coppola —que es posible, no lo niego—, pero las adaptaciones cinematográficas que hace de libros no me suelen parecer atentados literarios. 
Es la historia de un viaje a través del río Congo, en una época en la que todavía estaba oprimido por los belgas, y las vicisitudes acaecidas a lo largo de él, como si se tratara de un cruel descenso a los infiernos, purga y expiación de cualquier pecado. Lo que se esconde es una crítica velada al devastador imperialismo de principios de siglo y el intento de saber qué es realmente la locura. Me impactó desde el momento en que le vi. Además de por su leve grosor, porque desconocía que la película estuviese basada en una novela corta, por la parsimonia y la densidad con la que las palabras fluyen a lo largo de ella. 
Es dura y melodramática, y, en mi opinión, es el reflejo afortunado de una época en la que la oscuridad estaba presente por doquier y afloraba por cualquier parte. Es época de guerras, rupturas, uniones locas, golpes y sangre, y creo que por eso gusta, porque explota el lado más dramático de la humanidad, de lo que no debería volver a ser y de lo que lamentablemente aún hoy es. Es búsqueda y horror, y la aparición de las brutalidades propias de una época en la que era el pan de cada día, y extrapolable a situaciones denigrantes sucedidas no hace tanto. 
Al igual que con «La Carretera» —que os traeré pronto, espero—, debo decir que no se lea en esos momentos en los que la elocuencia y la alegría brillen por su ausencia. De lo contrario, la espiral de dolor que contiene el libro se hará presente y arrastrará todo a su paso. 
Sólo es un consejo.