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30 de octubre de 2019

La carnicería, Bastien Vivès


«Algún día lo entenderás.»
¿Hay acaso muchas más frases más dolorosas en una relación? Estoy convencida de que a más de uno de nosotros nos vienen muchas, muchísimas, basadas en nuestras propias experiencias y en la mochila que llevamos colgada en la espalda, esa que de vez en cuando nos da todavía en las piernas y nos asusta de pensar que todo puede volver a ser igual que antes. 
Bastien Vivès nos trae con este cómic la vida misma. 
Una relación amorosa en la que todo parece ir bien, es hasta dolorosamente común y anodina, y en la que de repente todo se pone patas arriba cuando se produce la ruptura. 
Nos muestra cómo cometemos errores pensando que las cosas pueden funcionar cuando se rompen y que a veces es una trampa perversa —o amable, según el caso— que nos tiende el universo para mostrarnos que podemos y que podemos buscar la esperanza hasta en la más profunda oscuridad, solo hay que buscar la luz.
Y os preguntaréis por qué precisamente hoy me decido por esta historia, aparentemente tan simple y tan cotidiana. 
La respuesta es también simple: a veces también tengo miedo de que las cosas salgan mal, de que todo salte por los aires, de que la esperanza que siento desaparezca sin poder retenerla en la caja, y «La carnicería» me sirve precisamente como recordatorio de que no tiene por qué suceder y de que puedo cambiarlo si sucede.
A veces nos centramos en todo el miedo en lugar de en disfrutar de lo que tenemos, las cosas en las que nos fijamos a toro pasado, y, aunque creáis lo contrario, la cotidianidad y la franqueza con la que Vivès nos plantea un tema tan natural como el viento que sopla me produce un cierto respiro. 
En mi cabeza tiene todo el sentido del mundo. Y sin embargo me quedo con esta viñeta, hacia el final del cómic, en la que creo que se resume la historia:
—«Bueno... tomaré un poco de compasión.»
—«Lo siento, pero ya no nos queda.»

28 de septiembre de 2019

La levedad, Catherine Meurisse


Creo que todos recordamos con más o menos impacto, puesto que se trata de un evento reciente, el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Fue hace cuatro años. 
Desde luego la revista había tenido anteriores ataques, cuando haces humor irreverente ocurre porque , pero ninguno como aquél.
Y en esa revista trabajaba nuestra autora, Catherine Meurisse, cuando ocurrieron los hechos. 
Podéis imaginaros que este cómic es el resultado de la supervivencia, la forma de sobreponerse a todo el dolor y todo el miedo derivados del atentado y de la muerte de sus compañeros. 
Sin embargo, si bien es inabarcable todo el dolor que transmite porque es su experiencia en algo tan cruento como puede ser un atentado, lo cierto es que Catherine Meurisse consigue algo extraordinario: dota su propósito de curación de una belleza delicada; no se recrea en la derrota, sino que emerge más fuerte y más válida, no hay morbo, es la vida misma la que se cuenta.
El cómic tiene dos partes, la que se desarrolla en París y la que se desarrolla en Roma. 
La primera parte se corresponde con su trabajo en Charlie Hebdo y en la Catherine de después del atentado, traumatizada, dolida y asustada, que se deja llevar por la corriente y a la que le cuesta sobreponerse. La segunda comprende su estancia en Roma, ciudad en la que vuelve a ver la luz de la serenidad y la calma y lo consigue a través de la búsqueda de la belleza pura, la vida le viene dada por la belleza que aun en esas circunstancias encuentra. 
Y a la vez que Catherine encontramos nosotros mismos un nuevo sentido a nuestra existencia, haciendo un ejercicio de introspección que nos sirve de catarsis para seguir vivos.
No sé qué más puedo deciros de esta pequeña joya porque las palabras no son suficientes.  
Es un cómic-sentimiento. 
Las viñetas están inundadas de verdad y de todo el interior de la autora volcado en ellas, y eso te atrapa de tal forma que es imposible ser impasible a toda la esperanza que aun así transmite. 
Catherine Meurisse nos demuestra que es posible volver a encontrar la felicidad y a encontrarnos a nosotros mismos incluso si padecemos las más terribles circunstancias. 
Pandora dejó el regalo correcto en la caja. 

27 de agosto de 2019

Los surcos del azar, Paco Roca


Para mí este año, y especialmente este verano, ha sido de descubrimientos a todos los niveles.
Me he descubierto a mí misma, física y espiritualmente, he descubierto que soy capaz de muchas más cosas de las que creía y que con confianza y apoyo se llega a cualquier parte.
Pero esta serie no acaba conmigo misma, sino que se extiende también a la vertiente literaria.
Siempre he sido de leer cómics, recuerdo que los Mortadelos me duraban un suspiro y siempre quería más, pero luego tuve una época de sequía, digamos, y lo abandoné porque al final prefería otro tipo de literatura, supongo que es lo que tiene ir creciendo como persona con distintas obligaciones.
Hoy en día he recuperado el viejo gusto por la novela gráfica —por eso procuro traer uno al mes al menos— y también por la novela gráfica nacional, en la que tenemos grandísimos referentes y unas obras deliciosas que no dejan indiferente a nadie una vez se conocen.
Paco Roca es uno de esos autores, y aprovechando que hace unos días se conmemoró el aniversario de la Liberación de París, hoy os traigo «Los surcos del azar», que reconstruye la historia de «La Nueve», la primera división del Ejército de la Francia Libre formada por republicanos españoles que entró en París para su liberación, republicanos que tuvieron que exiliarse por la Guerra Civil y la Dictadura consecuente. Y esta historia no empieza en el momento en que están en Francia luchando en la Resistencia, comienza en Alicante, en la huida de esos españoles de una tierra que sangraba todavía.
Roca nos lleva desde una España que no se parece en nada a la que fue en años anteriores al Protectorado francés donde se desprecia a los refugiados y no se les permite bajar a tierra —¿os suena de algo?—; la única opción es volver a un país que quería asesinarlos, ir a campos de trabajo o la Legión Extranjera, luchar en nombre de Francia y volver a derramar sangre.
Este cómic es una de esas pequeñas joyas que debería estar en cualquier anaquel y en cualquier instituto porque es la historia de nuestros abuelos y de nuestro pueblo y a veces se intenta esconder o blanquear aunque fueron hombres que, por suerte, cambiaron el curso de los años venideros y el destino de toda Europa.
Quizá lo que más me gusta es que no se decanta por un bando o por otro, sino que cuenta la guerra como es, una sucesión de miserias y desastres en la que no gana nadie y en medio de ese horror nacen historias personales de amistad y de apoyo sin las que no habría sido posible escapar de una situación tan sórdida.
Y en torno a esa camaradería Paco Roca nos desgrana tal mezcla de emociones que nos desgarra, aun recordándonos la obra en algunos momentos a un documental ajeno a nosotros mismos, quizá porque aunque se cuenta en tercera persona y por supuesto es historia y forma parte de ella, al final somos nosotros los que nos introducimos en las calles de París a través de los ojos de Miguel, el protagonista. 

31 de julio de 2019

Animal, Colo


Llevo mucho tiempo pensando en este cómic, en cómo me cambió la vida y en que debería traerlo más pronto que tarde; primero por el favor que me hicieron escaneándome la portada que no encontraba por ninguna parte en una calidad decente que yo considerara apropiada para ilustrar la entrada —gracias, sé que me lees—, y segundo porque de verdad que, al margen de zarandajas, este es un cómic que te cambia la forma de ver la vida y no estoy exagerando en absoluto. 
De un tiempo a esta parte estoy dejándome querer por los cómics y especialmente por los autores españoles de cómic. Si  estamos versados y pensamos en la novela gráfica actual a nuestra mente viene enseguida el nombre de Alan Moore o el de Frank Miller, por mencionar solo dos, pero muchas veces nos olvidamos de delicias como las de Paco Roca, Miguelanxo Prado o el de Colo, autor de esta obra que os traigo hoy. 
La premisa de la que parte es bastante original, si es que se puede calificar así. 
Nuestro protagonista quiere dejar de ser humano. Quiere renunciar a su humanidad y para ello hace todo lo posible, desde recurrir a un abogado hasta seguir adelante a los juzgados, pero no nos cuenta directamente por qué. Los motivos nos lo dan los personajes con los que se cruza en su vida y que le han tratado siendo estos los que vertebran la historia de nuestro protagonista. 
De él se habla en tercera persona: este nos cuenta que siempre ha sido callado y que parecía estar de acuerdo en todo, aquel nos enseña que en cierto modo siempre ha estado de paso, observando, ignorando, que hasta de niño era raro, y a través de él y sus acciones, y, sobre todo, de sus deseos, Colo nos enseña que somos reflejo de él, como individuos y como sociedad. 
La sociedad está deshumanizada, el sueño de la razón ha producido monstruos y nos escudamos en el Ellos, en que los monstruos son los demás para no ver que nosotros también lo somos y que estamos ciegos a ese hecho, ¿pero realmente está todo tan perdido como para ser ajenos a la realidad?
Por eso creo que este es un cómic de lectura obligatoria, si bien recomiendo que no se lea en un momento de bajo ánimo porque toca cada una de nuestras fibras al hacer que nos replanteemos si esa pérdida de humanidad que persigue el protagonista con tanta ansia ya es un hecho y esta pretensión es únicamente un conjunto de palabras. 
Mediante sus páginas llegaremos a conocernos un poco más a nosotros mismos, pues este cómic es acaso un espejo. La única advertencia que tengo que haceros es que quizá no nos guste lo que veamos en él. 

5 de junio de 2019

Maus, Art Spiegelman


A veces, cuando no puedo concentrarme, procuro volver a lugares donde me siento cómoda, y estos lugares pueden ser tanto físicos como literarios, y si bien los temas no tienen por qué serme agradables sí que agradezco volver a historias que me hacen pensar y reactivarme poco a poco.
Art Spiegelman, con esta obra que os recomiendo hoy, nos trae la biografía de un superviviente del Holocausto en Auschwitz, su propio padre, Vladek. 
A pesar del trazo amable, aunque tosco, el libro recoge las mil y una vejaciones, crueldades y malos modos que nunca debería padecer una persona, y menos por algo tan circunstancial como es la creencia. Y no es que les reste valor, sino que pienso que ninguna es más o menos que otra y que el hecho de destruir a esa otra que nos es ajena por no pertenecer a ella me parece terrible. 
Asimismo, y muy ligado a este tema, creo que es muy propia y acertada la animalización de los personajes, pues es algo que consigue mostrar la diferencia y la igualdad al mismo tiempo.
Spiegelman, así como lo mejor, nos trae lo peor de la humanidad dotando de otro enfoque a un tema que, en apariencia, pueda haber sido exprimido ya hasta la saciedad: no solo de la perspectiva del superviviente, sino la influencia que estos hechos han tenido en él, descendiente de superviviente. Aunque pueda considerarse grotesco, se magnifica el trauma en el propio Vladek, con ese afán recaudatorio de víveres como reflejo de la época de prisión y de todo el hambre, la enfermedad, los trabajos forzados y la muerte que trajo consigo. 
Este hecho repercute en la extraña relación de amor y odio que tiene con su hijo, el autor, algo que, dibujado, hace cercana la historia al lector y hace que se enganche a ella. 
Lo que más me ha gustado de «Maus» es el planteamiento que Spiegelman le ha dado. De hecho y haciendo memoria me parece que es de las pocas, si no la única, novelas gráficas que exponen esta parte tan terrible de la historia. Creo que rebosa de una intención didáctica por cada viñeta, a pesar de ser en esencia una biografía, y también que este es uno de los métodos que más llegan por la ligereza que, erróneamente, asociamos a los dibujos, aunque tengan tanta o más historia detrás que una retahíla de letras.
Sin embargo, debo discrepar en una cosa con la obra. Mientras que la primera parte —el tomo que yo tengo, por lo menos, y que creo que es el que habitualmente se comercializa, contiene las dos partes, la obra completa— me fascinó absolutamente, la segunda parte, especialmente el principio, no me terminó de llenar.
A pesar de la catarsis buscada que se advierte en toda la obra —es incuestionable—, pues está más que claro desde las primeras viñetas, la segunda parte comienza, para mi gusto, muy enfocada en el autor que, aunque es obvio que es un protagonista ineludible dado que es hijo de Vladek y Anja, considero que puso la parte de humano y ratón muy cerca, casi metida con calzador. Para mi gusto, y me reitero en esto, creo que habría sobrado esta disquisición extraña que, si bien justifica —o lo intenta— la relación con el padre, a lo mejor habría sido mejor seguir con el hilo de cosechar la historia para dibujarla después, siempre desde el punto de vista del lector. 
Con todo, como digo, es una novela gráfica necesaria, otra forma, en fin, de entender una parte de la historia humana más cruel y, a la vez, una de las más cercanas. No en vano ha sido el único cómic, si no me equivoco, que ha ganado el Premio Pulitzer, ¿no creéis?

8 de mayo de 2019

Kafka, Robert Crumb y David Zane Mairowitz


Este fue un regalo de cumpleaños hace ya muchos, muchos años, pero no fue hasta tiempo después que pude sentarme a leerlo con toda la calma y tranquilidad mental que a mi parecer exige una obra como esta. En su momento porque la emoción me embargaba hasta niveles inenarrables, para la relectura porque no son precisamente buenos tiempos en algunos aspectos y me cuesta concentrarme. 
Ahora que he vuelto a disfrutar de cada una de sus páginas con la visión y la distancia que dan los años os brindo mis pensamientos para que, como yo, os dejéis atrapar por la vida hecha cómic de uno de los escritores más especiales de los últimos tiempos, Franz Kafka. 
De la mano y la pluma de Robert Crumb y David Zane Mairowitz surge esta peculiar biografía, e insisto en lo de «peculiar» porque en mi humilde parecer no es una novela gráfica al uso. 
Estamos acostumbrados —o yo por lo menos estaba de algún modo acostumbrada— a ver las novelas gráficas casi como un tebeo de aquellos de nuestra infancia, ligeros, con cierta sátira presente pero nada muy «elaborado», digamos, y por eso me hice el propósito de traeros aunque fuese una de estas obras al mes. 
Y este es uno de los mejores ejemplos que puedo encontrar para sacudir a los iniciados o recordar a los avanzados en estos mundos literarios, pues esta obra, titulada en inglés «Kafka for beginners» o «Introducing Kafka», nos muestra de una forma casi educativa al Kafka menos complejo para el lector menos acostumbrado a sus mundos surrealistas y simbólicos.
Yo, que me considero una lectora empedernida de la literatura en general y con gusto por Kafka en lo particular, descubrí la primera vez que llegó a mis manos muchas cosas que no conocía y reinterpreté pequeños detalles que tal vez, bajo mi criterio, había entendido de otras maneras, quizá con la que provee la literatura que más que formar parte de la vida es la vida misma. 
Y por eso me parece una obra tan didáctica como original, una buena forma de acercar a autores a los que en cierto modo se les teme por su dificultad —que, seamos sinceros, Kafka la tiene en alguno de sus libros, sobre todo si no estamos versados en sus símbolos, sus metáforas o incluso su tortura interior—; esta novela gráfica es una más que recomendable manera de desentrañar parte de su misterio y disfrutar de una forma más plena de sus obras.
Decidme si le dais una oportunidad. 

16 de abril de 2019

Virginia Woolf, Michèle Gazier y Bernard Ciccolini


Hace bastante tiempo que no os traigo una novela gráfica bibliográfica —sí, me ha gustado el soniquete— y he pensado que ya iba siendo hora, aunque se trate de una que me produjo sentimientos encontrados.
Y digo sentimientos encontrados porque, a pesar de que soy una enamorada de Virginia Woolf y de su obra y de que me ilusionó tremendamente saber que existía esta biografía tan particular y corrí a comprarla, no sé si fue el hecho de que me supo a poco y que encontré que divagaba demasiado —y sé que divagar no siempre es malo, yo misma divago como una condenación y suelen recordármelo con relativa frecuencia—, pero aunque me gustó no me terminó de llenar del todo, algo que sí sucedió con la de Kafka, por ejemplo, una novela gráfica que os traeré el mes que viene si la vida no me lleva por otros derroteros.
Quizá es que el libro, cuya edición es indiscutiblemente preciosa —como todas las de Impedimenta, y no, Impedimenta no me paga ni me provee—, es tan controvertido como la figura de la que habla y precisa de más de una relectura para poder asentar en el lector su grandeza.
No os desvelo nada si os digo que es, obviamente, un repaso a la vida y obra de tan genial escritora y ahonda en detalles que, por lo menos para mí, algunos me eran desconocidos, detalles que hacen que acabes comprendiendo el cómo y el por qué de las decisiones y las letras de Virginia, hasta la de entregarse al río con piedras en los bolsillos.
Pero desde luego no es esta imagen, la que, por desgracia, es casi la única que se recuerda y poco más, la que recorre la novela gráfica que os traigo hoy.
Como digo, el diablo está en los detalles, unos detalles que nos acercan a lo más personal de una escritora que fue para su época —y para la nuestra— un revulsivo y un estandarte de ideas; y resulta que Michèle Gazier y Bernard Ciccolini nos acercan a otra faceta de Virginia, a la más optimista —quizá me ha parecido hasta demasiado optimista, pero puede que sea por la imagen sesgada que todos tenemos de personas como ella o Alejandra Pizarnik, por poner un ejemplo—, la juvenil y despreocupada Virginia, la que se estaba empezando a formar y ser lo que fue, incluyendo un repaso a su vida editorial.
Lo único malo es que tal vez la haya idealizado y en ocasiones los autores la presentan tan despreocupada que la hacen banal y eso es algo que no me cuadra precisamente en ella.
Puede ser curioso comprobar cómo estamos de equivocados respecto a alguien o algo, cuán poco conocemos y cuánto creemos conocer, así que os invito a que lo leáis y que os desconcierte.
Al fin y al cabo un poco de confusión no viene mal de vez en cuándo, ¿no creéis?

30 de marzo de 2019

Bordados, Marjane Satrapi


Me enamoré de los cómics de Marjane Satrapi la primera vez que llegó a mis manos Persépolis. 
Me fascinó cómo trataba la crudeza del tema con su buena dosis de cinismo, con cierta ironía, como si desprendiera la importancia que tenía algo tan serio como un golpe militar y la imposición de una teocracia con un movimiento desganado de la mano y mucho humor negro sobre el tema, porque hay que admitirle que todos admiramos, o por lo menos yo, esa forma de expresarse y de dibujar, con esas ganas de equipararse a santos para hacer justicia y de luchar con armas domésticas pequeñas batallas que la llevan a vencer.
Así que como me gustó tanto y es un cómic que no he dejado de leer desde aquella primera vez decidí que su obra era algo que tenía que tener en cuenta para esos momentos en los que no pudiera centrarme en una lectura más densa y necesitase algo en apariencia más ligero, y digo en apariencia porque si habéis leído, pongamos como ejemplo ya que nos atañe, cualquiera de estas dos novelas gráficas sabréis que de ligero no tiene nada. Pero ya sabéis, «con un poco de azúcar esa píldora que os dan...».
De este modo llegó «Bordados» a mis manos, un cómic que podríamos catalogar de costumbrista puesto que la historia que narra, y siguiendo la definición, refleja los usos y costumbres de una sociedad, y si bien no pierde ese cariz autobiográfico, pues la autora es personaje y narradora al mismo tiempo, no deja de reflejar una parte de la sociedad árabe, en concreto la de las mujeres iraníes, las pasadas y las presentes. 
A la hora del té y mientras los hombres duermen la siesta ellas «airean el corazón», esto es, despotrican de diestro y siniestro, rememoran viejas historias de amor y desamor y se ponen al día entre ellas mismas, tejiendo una red entre ellas que ninguna vicisitud puede romper. 
Es indescriptible la fuerza que puede guardar dentro de sí una persona que ha pasado tanto y que ha visto tanto. Y a la vez cómo narra historias que todos conocemos pero que nos negamos a admitir. 
Y me resulta maravillosa la forma que tienen de contar sus historias, sus penas y sus alegrías, y cómo se comparan con las occidentales sin saber que en el fondo todas tenemos las mismas cuitas. Son sencillas y directas, y por eso quizá llegan tan dentro. 
Es bueno porque es verdad, no son caricaturas de las mujeres, ni siquiera de las mujeres iraníes. Cualquier lectora puede identificarse en ellas, yo misma estuve enseñándole páginas a mi mejor amiga mientras lo leía y se lo recomendaba sin haberlo acabado siquiera, y ahora os lo traigo a vosotros para que también los disfrutéis, a ser posible con un té en la mano para sentiros en la tertulia de las señoras que ilustran el cómic. 
«El amor es todo lo contrario al sentido común», afirma en un momento una de los personajes que dan vida a estas páginas, y esa mezcla de cinismo, decadencia e indiferencia me resulta muy punk. 


11 de febrero de 2019

Pyongyang, Guy Delisle


Aunque intento que al menos haya un cómic al mes —porque, lo creáis o no, organizo con bastante antelación los libros que os quiero traer para buscar las portadas y demás— sí que reconozco que no fue hace mucho que descubrí el potencial de las novelas gráficas y desde entonces no he dejado de sumergirme en un mundo que me resulta delicioso y cómodo por la facilidad de lectura, no necesariamente por los sentimientos que me provoca. 
La capacidad que tienen de reflejar una realidad que muchas veces nos es desconocida y descubrirnos un mundo que, quizá, ni siquiera imaginemos me parece maravillosa, bien porque no queremos descubrirlo, bien porque no podemos.
Y en este ámbito se desarrolla el «Pyongyang» de Guy Delisle, y casi el emblema actual de la combinación de estas dos circunstancias.
Corea del Norte es, tal vez, el país más hermético y desconocido del mundo. Lo que sabemos está contado por sus enemigos, por los que han desertado o por los pocos extranjeros que han tenido la oportunidad de pasear por sus calles de reducto comunista, y es inevitable que esta información esté si bien no mediatizada, sí que tremendamente influenciada y sea parcial, porque desde luego el mundo no es como lo vemos, sino como el conjunto de gente que lo ve. Y con esto no digo solo que la información que recibimos esté sesgada —que lo está—, sino que cuando viajamos recorremos los mejores sitios, los más emblemáticos, y nos olvidamos de los más pequeños o los más alejados. 
Quizá sea este último grupo, el de los extranjeros que pasan allí una temporada bien por trabajo o bien por turismo, el que menos sesgado esté porque tiene la experiencia directa de haber estado allí y aun así no me parece infalible, pero esto es lo que nos ofrece Delisle en su historieta, la visión obtenida a través de su estancia en el país y su relación con distintos individuos, tanto norcoreanos como extranjeros que igualmente hacen allí su trabajo.
El dibujo, desde luego, es genial.
Algo que siempre me pasa cando leo este tipo de obras es que me entra una envidia tremenda por no ser capaz de dibujar, o al menos hacerlo con un mínimo de criterio para crear algo identificable, pero me gusta poder encontrar este tipo de novelas, tan válidas como la que más, y, como digo, muy reveladoras; hasta cierto punto me parecen más libres, más capaces de transmitir, porque el ser humano es un animal vago por naturaleza y solemos preferir «algo con dibujitos» aunque tenga una tremenda carga detrás de esos dibujos que nos suele impactar por lo imprevisto.
Así que hoy os ofrezco este pequeño viaje a uno de los lugares más remotos del mundo y espero que os guste tanto como me gustó a mí cuando llegó a mis manos hace muchos años.

4 de enero de 2019

Persépolis, Marjane Satrapi


No sé si alguna vez lo he mencionado —pero desde luego sí sé que quería hacerlo— pero escribir este blog me da la oportunidad de descubriros —y descubrirme— nuevas lecturas, nuevos mundos en los que sumergirme. 
Y en una época en la que por suerte poco a poco vamos abriendo nuestras mentes para abandonar clichés manidos por el tiempo tengo la oportunidad de tocar en este pequeño anaquel que voy reconstruyendo poco a poco todos los géneros y todos los tipos de literatura escrita por mujeres que se me ocurriesen alejados de lo típico de mazapanear y tener sexo sin fin con el caballerizo de la hacienda de turno, y no me malinterpretéis, eso también está bien y es lícito disfrutarlo, lo que me escama es que hubo un tiempo en el que la literatura escrita por y para mujeres se centraba simplemente en variaciones de lo que os he contado arriba.
Así que no podía faltar entre mi selección una novela gráfica, una de las que me han resultado más emotivas por la carga autobiográfica que contiene. 
Este cómic de Marjane Satrapi quizá sea uno de los más representativos, no solo por su contenido, sino porque creo que es uno de los trazos más sinceros que he encontrado últimamente en este género.
La vida de Marjane fue fácil en algún momento. Su familia era progresista y además acomodada, eran los descendientes de la anterior dinastía reinante en Irán derrocados por el Shah, y en 1979, con diez años, se produce una revolución con la que, en principio, su familia simpatiza y que luego se convierte en la vuelta a un fanatismo religioso que va minando su país. 
Por este progresismo mencionado Marjane fue criada en un sentido occidental, y en vista de la actitud del nuevo régimen con sus detractores la envían a Europa a estudiar; sin embargo la vuelta no será tan fácil ya que la creen «contaminada» pues está educada en un mundo en el que la mujer es libre en comparación con la mujer iraní postrevolución, y es una especie de flor en un campo de hierbas, extraña y propia al mismo tiempo. 
Imagino el revulsivo que tuvo que suponer este cómic para cualquier tipo de sociedad cuando apareció.
Para la suya por las reivindicaciones, por las comparaciones que hace de la talla del mismísimo dios comparándolo con Marx, porque quiere parecerse a Mahoma y a Jesús y ser profeta en su tierra, porque bajo su pañuelo su sudadera afirma que el punk no ha muerto y porque su abuela, a pesar de todas las restricciones sigue siendo libre, porque había escogido su enclaustramiento. Para la sociedad ajena presentaba un mundo lejano que en nada se parecía al propio, exótico y distante, que no sabía que alguien se podía rebelar silenciosamente pero al mismo tiempo a gritos. 
Es imposible que con el libro que os traigo hoy sea parcial. 
Como os digo más arriba no deja de ser la vivencia de esta mujer cuando era niña, las vicisitudes por las que tuvo que pasar para llegar a Francia donde ahora reside y, por tanto, la historia la cuenta a su manera. Igualmente es innegable que la revolución benefició a muchos y que no todos eran beneficiados por causas políticas; las envidias también supusieron un empuje importante para la caída del Imperio iraní, y al final se les fue de las manos y se convirtió en algo que quizá no deseaban. 
Sin embargo y a pesar de todo lo que relata a mí me parece que lo hace con cierta añoranza, como si todo lo vivido no hubiese contado y si las cosas cambiaran pudiera volver. 

5 de diciembre de 2018

From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell


De nuevo elijo a Alan Moore, teniendo de compañero esta vez a Eddie Campbell, para recomendaros un nuevo cómic. 
De la mano de ellos dos nos trasladamos a la Inglaterra victoriana, en la que la vida de casi nadie valía nada a pesar de que, poco a poco, se iban haciendo nuevas concesiones que costaron mucha lucha y mucha sangre. 
Entre los que se consideraba que tenían vidas valiosas encontramos a una nueva clase pujante derivada de la Revolución Industrial, la burguesía, aunque obviamente ya llevaba cierto tiempo haciendo su aparición en el panorama de clases, y ya sabemos que por mucho poder o dinero que se tenga, siguen siendo movidos por los mismos impulsos que asaltan al resto de los humanos, por los mismos instintos que los del trabajador más miserable y desharrapado. 
Es al auspicio de esta sociedad decimonónica que se forman sociedades secretas —o discretas— que pretendían buscar más allá de la trascendencia humana y en las que se agrupaba la flor y nata del país en el que se encontraban.
En este caso Moore y Campbell trazan una teoría —aunque por teoría no es menos probable— acerca de la identidad de Jack el Destripador, algo que aestas alturas me temo que nunca se sabrá, y que pronto, por desgracia se acabará olvidando. Junto con la teoría de de la identidad ambos ilustran los crímenes de una forma muy cruda y sórdida, casi tanto como en la misma época, y cimentan los asesinatos cometidos en una conspiración fabulosa entre los masones —demasiado vilipendiados desde su origen— y el propio poder de la Casa Real británica de la época para ocultar el matrimonio católico del potencial heredero del príncipe de Gales y el consecuente nacimiento de una niña cuya existencia se presupone —aunque técnicamente su desaparición y la de su madre no fue tan violenta— que darían al traste con la Iglesia Anglicana tal y cómo se la conoce, fundamentada en el protestantismo, ya que el papel de cabeza de la misma está destinado al propio monarca.
Se hizo una película homónima que protagonizaba Johnny Depp, y a pesar de que me gustó en el momento en el que leí el cómic que hoy he decidido traeros reconozco que, aunque en las bases sí se puede identificar la historia, lo cierto es que no tiene demasiada relación, omitiendo aspectos importantes de la historia gráfica. 
En cuanto llegó a mis manos este cómic pasó a ser de mis favoritos precisamente porque contempla una posibilidad tan válida como cualquier otra y la argumenta de forma fantástica, y porque, qué puedo decir, el misterio, los crímenes y las investigaciones me pierden.
Quizá algún día se descubra quién fue el verdadero asesino de esas mujeres que, según cuenta la historia, guardaban un secreto que podía afectar a los cimientos del propio país, unas mujeres cuyo mayor crimen fue no tener un oficio mejor y nadie que las protegiera y se vieron abocadas a ser las víctimas de un asesinato terrible e injusto, quizá uno de los crímenes más famosos de todos los tiempos y uno de los que más literatura ha generado.
Que se plasmara en un cómic no iba a ser la excepción.

19 de noviembre de 2018

Sin City, Frank Miller


Continúo hoy en el mundo de las novelas gráficas para traeros uno de los mejores regalos de cumpleaños y reyes que tuve hace unos años ya, la pecaminosa Sin City de Frank Miller. 
En estos días de otoño en los que nos puede la pereza y acaso la desgana se necesitan distracciones, desconectar, no leer como si fuese una obligación y creo que estos dos tomos son precisamente lo que se necesitan. 
En ellos se recoge la edición íntegra de Sin City, la historia de la ciudad de Basin City, paradigma y entorno prototipo de la novela más negra, llena de sexo, alcohol, muerte y, en definitiva, pecados por doquier, y Marv es nuestro protagonista en este mundo sórdido. 
Marv es corrupto, esquizofrénico, violento y podría decirse que hasta cruel, pero ¿hasta qué punto influye el entorno en la persona? Él se ve guiado hacia la venganza tras una noche de sexo con una prostituta llamada Goldie que aparece muerta y él no sabe por qué.
A pesar de los clichés —erróneos— que pueden asaltar nuestra mente cuando sabemos que es prostituta, Goldie es la única mujer que le ha tratado bien y por eso se ve impelido a vengar su muerte y la utiliza de detonante, de hilo del que tirar para descubrir quién anda detrás de todo lo malo que corrompe la ciudad y por extensión a sus habitantes.
En última instancia la única que prevalece es la ciudad como recipiente, así que siendo el nexo común de todos estos pecados que cometen sus habitantes, como una especie de imán que les atrae, en cierto modo se la puede considerar como la principal protagonista. Casi como un reflejo de todo lo que pasa, ella es la que sufre, la que manda, la que organiza; es la artífice de los excesos y en los diálogos —que son pequeñas delicias y hay algunos que impactan especialmente— se puede vislumbrar esta conexión ineludible e impalpable entre la ciudad y sus ciudadanos.
Sin embargo, aunque como he dejado patente el vicio y el pecado son como el agua que beben se destila cierto humor santurrón, casi como una rebelión silenciosa que pretende purgar y expiar todos los males de los que se duele. ¿Y cómo se expían esos males? Lo habéis adivinado: matando y haciendo que sobreviva el más fuerte.
En este cómic he encontrado enseñanzas que ni siquiera imaginaríais. No es, como parece ser, la muerte por la muerte, sino todo lo que conlleva y lo podéis adivinar por la magnífica caracterización psicológica de los personajes, tan buena que os descubriréis conforme avancéis en la trama apiadándoos de ellos, quizá porque nos consideramos moralmente mejores que ellos y, en cierto modo, queremos traerles a la luz, aun cuando desde principio a fin la obra no es sino un retrato esperpéntico de nosotros mismos y en lo que podríamos acabar convirtiéndonos sin un mínimo de sensatez.

8 de octubre de 2018

La encrucijada, Paco Roca


Hace tiempo que tengo ganas de traer este cómic porque no concibo la vida sin música y es la música el eje central que vertebra esta obra de Paco Roca, coautor junto con José Manuel Casañ, vocalista de Seguridad Social. 
La verdad es que no es un cómic al uso porque la historia que narra es una suerte de autobiografía aderezada de la construcción del proceso creativo a través del diálogo de estos dos grandes referentes, cada uno en su campo. 
En estos diálogos se ponen de manifiesto el proceso de creación, qué lleva a una persona a sentarse delante de una hoja en blanco y escribir, dibujar o lo que quiera que haga con esa hoja y desarrollar algo más, algo que marque y cambie la vida al recipiente futuro de lo que se convertirá esa hoja, en este sentido me recuerda a «Mientras escribo» del siempre enorme Stephen King. Son las experiencias de cada uno, sus reflexiones acerca de adónde van y de dónde vienen, la inseguridad, los miedos, las ganas y, en definitiva, todo lo que conlleva la creación. 
Si recordáis cuando os traje «Arrugas» del mismo autor os dije que era puro sentimiento, que era la vida misma contada por diferentes personajes. Este sin embargo, aunque es la vida desconocida de los autores que leemos y de los cantantes que oímos y con los que pasamos horas tal vez sin ser conscientes de ello. Es lo que hay detrás de lo que consumimos y nos da consuelo, la evolución que se hace de la mano de lo que absorbemos y el camino que buscas y que encuentras exponiéndote a horizontes nuevos.
El cómic incluye un disco que complementa al cómic, haciendo repaso de la historia del grupo en la música y de géneros como el punk y el rock y yo recomiendo escucharlo mientras se lee después de haberle dado una oída como se merece, a solas, interiorizando cada letra, y aun así no creo que sea necesario que te guste Seguridad Social para disfrutarlo. A mí me gusta mucho el rock y no he escuchado antes mucho más de ellos que los grandes clásicos que sonaron en mi infancia en la radio, y eso no ha sido óbice para no empaparme de ellos a través de las conversaciones que mantienen en las páginas del cómic. 
Dadle una oportunidad, no os va a defraudar.

17 de septiembre de 2018

Watchmen, Alan Moore y Dave Gibbons


No sé si es que últimamente estoy más pesimista de lo normal, que puede ser, pero cada vez tengo más claro que esto acabará mal, pero no mal de algo ligero que se pueda arreglar, no, mal de hecatombe apocalíptica de acabar todos muertos.
Y mientras tanto y locuras agoreras aparte, y muy en relación con la ucronía en la que se desarrolla, he decidido volver a traeros una novela gráfica que, personalmente, me encanta. 
Alan Moore haciendo un dueto inestimable con Dave Gibbons en lo que se refiere a ilustraciones vuelve a tocar la llaga de una sociedad zaherida para hacernos ver adónde podemos llegar si no se detiene este frenesí de poder y ansia capitalista que, como todo en esta vida, en exceso es terriblemente pernicioso para todo y para todos. 
Es con esta base que se desarrolla una historia de superhéroes que se alejan del uso habitual, puesto que técnicamente no tienen poderes que los saquen de lo normal si obviamos el caso del Doctor Manhattan, que obtuvo los suyos debido a una exposición a la radiación, y solo son gente muy entrenada y vestida con vistosos trajes que se adecuan a su personalidad para luchar por su país en un tiempo convulso.
Estamos en un 1985 alternativo, si bien en la obra encontramos un repaso desde la creación de este cuerpo de héroes hasta la actualidad propuesta.
Frente al transcurso normal de la historia en esta realidad alternativa Estados Unidos ha ganado la Guerra de Vietnam, y lo que supuso un revulsivo social para apartarse —en cierta medida— de conflictos armados durante un tiempo se ha convertido en la gran victoria americana, la que permite que su camino hacia el capitalismo típicamente conservador estadounidense sea imparable. 
Al principio, y debido al éxito de la guerra por su mano, estos superhéroes son socialmente aceptados, sin embargo, conforme pasa el tiempo y la sociedad se va degradando más y más, dejan de ser las estrellas para ser considerados una carga y hasta se les persigue, considerándose a ellos y a sus métodos ilegales.
Algunos continúan con su quehacer en la sombra, otros aprovechan ese tirón mediático inherente a la popularidad, otros prefieren asumir su recuperado anonimato, y todos se unirán para protagonizar esta historia que llega a nuestras manos en forma de novela gráfica. 
Huelga decir que el planteamiento es impecable y que en cierto modo podemos extrapolar esta historia que nos ocupa a la nuestra.
Bajo la frase "¿quién vigila al vigilante?" encontramos ya una bofetada de realidad importante, y más con los tiempos que corren y lo que estamos empezando a acostumbrarnos —si es que no lo estamos ya— a ver y oír en nuestros televisores y radios, y junto con ella la psicología de los personajes, que fácilmente se pueden identificar con cualquiera.
La verdad es que toda la obra en sí es un golpe a lo establecido, a lo que por predisposición —de cualquier tipo— estamos acostumbrados a aceptar.
Personalmente, aunque es una obra dura en ese sentido, me gusta precisamente por eso, porque ofrece la otra cara de la moneda, una nueva impresión de algo que pretendemos controlar y nos muestra que quizá lo que tenemos o tendremos no es tan bonito como quieren hacernos ver. 

4 de agosto de 2018

Arrugas, Paco Roca


Si recordáis cuando empecé con esta nueva etapa con el blog y os traje Ardalén os comenté que me lo recomendó un amigo mío que tuvo a bien regalarme nombres de libros y cómics que os iré trayendo poco a poco, porque sería irresponsable por mi parte que no os dejarais llevar por todas esas maravillas. 
Entre todas esas recomendaciones que me hizo y, por suerte, aún hoy en día me hace, me dio a conocer a Paco Roca, autor de esta novela gráfica que os traigo hoy, Arrugas, y de muchas más que vendrán con el tiempo, porque de verdad que son libros insoslayables y necesarios para aprender más del mundo y de nosotros mismos. Aprovechando que hoy es su cumpleaños vamos a ponernos sentimentales y disfrutar de esta pequeña maravilla.
A Emilio le meten en una residencia porque empieza a dar síntomas de que su cabeza ya no es la que era, se pierde en sus recuerdos y ya la realidad no es su realidad, y su familia no puede proporcionarle los cuidados necesarios debido al trabajo y obligaciones, y en la residencia el panorama es desolador.  
A través de los personajes que viven en ella se muestran las realidades que viven los ancianos, pasando desde el olvido propio, el olvido ajeno, el uso y la tristeza, la infinita tristeza de quienes se saben olvidados. Sin embargo no todo es malo, a su retorcida manera también hay amor, de una forma u otra, y se muestra en la ternura y en el humor —de verdad— con que están ilustrados los personajes. Y de algún modo eso también da esperanza, porque aunque sí que es cierto que está toda esa vertiente negativa en esa residencia muchos encuentran la familia que merecen y necesitan y no la que les ha tocado. Y también hay lugar para... llamémoslo maldad o aburrimiento mal encauzado.
Al fin y al cabo, mayores o no, todos somos humanos. 
Además de los sentimientos de los ancianos que viven en la residencia muestra la realidad de estas en lo que se refiere a personal y medios. Muchas veces son insuficientes para prestar la atención debida, y esto confiere una dificultad adicional a las circunstancias, que ya son suficientemente terribles per se. 
No os voy a engañar y deciros que es una historia fácil. La verdad es que lo único que tiene de fácil es lo sencilla que es de leer, quizá porque se te mete dentro y acabas bebiéndotela y queriendo más, pero me parece necesaria en los tiempos que vivimos, aprendiendo de los pequeños trucos que contienen sus páginas, disfrutando una historia que en el fondo es la historia de cada vida vivida; el pequeño truco que empieza por entenderlo todo porque se ha querido a alguien y cómo se va cambiando debido a esto. 
Este cómic no trata de juzgar a nadie, cada familia tiene sus circunstancias y sus necesidades. Este cómic trata de que las relaciones humanas no se acaban cuando cumplimos un propósito vital o determinados años, trata de que sigue haciendo falta, quizá más que nunca, el cariño y la humanidad cuando se acerca el fin del camino, un camino al que, después de todo, acabaremos llegando todos antes o después. Conviene no olvidarse. 
Os dejo con la frase introductoria que eligió Paco Roca para que penséis en ella: "La nube no desaparece, se convierte en lluvia", y para quien me la recomendó deseo que sirva esta entrada como felicitación.

16 de junio de 2018

V de Vendetta, Alan Moore y David Lloyd


Podría decirse que soy una mujer de obsesiones. 
Bueno, qué diablos, no me voy a quitar méritos, soy una mujer bastante obsesiva con según qué cosas.
Sé que no tiene por qué ser bueno, pero tampoco necesariamente malo, y a mí, de momento, me satisface razonablemente. De esta manera y siguiendo el dicho popular que reza "si algo funciona, no lo toques" mientras no me afecte demasiado en mi vida cotidiana pienso seguir llevando a cabo mis pequeñas manías que, en fin, no sé si me proporcionan suerte o tranquilidad o una mezcla inefable de ambas. 
Esta obsesión en concreto tuvo su inicio cuando empecé la carrera y consiste en que la noche anterior a comenzar las semanas de exámenes siempre veo "V de Vendetta". Es una especie de desconexión que me permito y que hace que ya me sepa prácticamente de memoria casi todos los diálogos de la película, tan fantásticamente protagonizada por Hugo Weaving —¿quién no recuerda al Agente Smith de Matrix o a Cráneo Rojo en el Universo Marvel?— y por Natalie Portman. 
Me gusta mucho, me gusta el tema, los actos y disfruto como una niña con la banda sonora y fue la película lo primero que llegó a mí.
Un tiempo más tarde supe que era la adaptación de una novela gráfica, esta que nos ocupa hoy, escrita por Alan Moore e ilustrada por David Lloyd, y digo adaptación porque aunque capta la esencia del cómic obviamente no es una reproducción fidedigna, algo que, sin embargo, sí que ocurre con otra novela gráfica que os traeré dentro de un tiempo y que, igualmente, me fascina, tanto el original como la adaptación cinematográfica, "Watchmen". 
Así que esta es mi decisión de hoy, traeros esta obra —a mi parecer prácticamente maestra— del cómic que considero ineludible en cualquier anaquel.
Estamos en unos años en el futuro, ha habido una guerra nuclear a escala mundial y ahora Inglaterra está bajo el control totalitario del partido Fuego Nórdico, un partido de ultraderecha liderado por el Líder Susan. La gente ha cedido su libertad y hasta su vida para "protegerlos" de un peligro ideado precisamente por los ideólogos del régimen, que los crea en las mentes de los ciudadanos para seguir ostentando el poder. A cambio reprime en campos de concentración y experimenta con judíos, homosexuales, musulmanes e izquierdistas, pero todos callan, todos salvo uno, V, un misterioso enmascarado con la faz de Guy Fawkes. Con la ayuda de Evey Hammond, encontrada prácticamente por casualidad y salvada de los Dedos del partido, le dará a la gente algo por lo que luchar y en lo que creer, un camino inevitable de vuelta hacia la democracia.
Creo que una de las cosas que más curiosas me resultó de la adaptación fue precisamente el papel que interpreta John Hurt, actor que tristemente nos dejó hace relativamente poco. Y la causa de que me pareciera curioso y hasta divertido es que en esta película interpretara al opresor mientras que en otra memorable adaptación, en este caso de 1984, obra que os traeré con el tiempo, interpretara al oprimido, al siempre interesante Winston Smith. 

5 de mayo de 2018

Ardalén, Miguelanxo Prado


Una vez presentadas las excusas y esperando no volver a desaparecer en algún momento, es hora de proseguir.
Si habéis seguido mi trayectoria anterior en este mismo blog sabréis que soy bastante sentimental. Un mazapán escondido bajo un caparazón casi indestructible en el que los resquicios son tan poquitos que últimamente solo pasan libros o solo dejo pasar libros, aunque no siempre es así.
Hace unos meses conocí a una persona que me abrió los ojos a muchos mundos distintos y me hizo recordar el mundo del cómic. 
Esta persona me presentó, por decirlo de alguna manera, a Paco Roca, a Colo y a Miguelanxo Prado, que es quien hoy nos ocupa, y creo que nunca se lo agradeceré lo suficiente. 
Ardalén es una historia deliciosa que nos habla de la memoria, de los recuerdos y de las jugadas que nos hacen al bailar en nuestra memoria.
Ardalén es la historia de Sabela, que acude a una pequeña aldea de Galicia en busca de sus recuerdos. Desde que era pequeña su familia ha contado una historia sobre el abuelo que emigró a Cuba en busca de fortuna en una España destruida por la guerra y sus consecuencias. De él solo sabe las palabras que su tía le contó a escondidas, los silencios de su abuela y los restos de unas cartas que son las que la dirigen hacia esa aldea, pues en ellas habla de que embarcó con uno de sus habitantes, Fidel, y con él recorrerá lugares imaginados, personajes que se cuelan y alteran cualquier percepción que consideremos real. Y con él los habitantes del pueblo, que guardan silencio, secretos, envidias y viejas inquinas que se esconden en los cajones de la memoria. 
Cuando antes decía que era una historia deliciosa creo que me he quedado corta.
Admito que tuve que releerlo una vez lo cerré, tenía que seguir empapándome de recuerdos porque no había podido controlar las lágrimas.
No os voy a engañar diciéndoos que es una historia fácil, porque no es así, especialmente para las personas que están inundadas de recuerdos y que son estos los que las mueven a seguir caminando entre los vivos. 
Ardalén es el dolor que golpea por la noche cuando te quedas a oscuras intentando dormir, es la fuerza que te ayuda a seguir adelante cuando solo te quedan los recuerdos que atesoras en el sitio más profundo de tu mente. Es, en definitiva, el vaivén al que nos vemos sometidos si vivimos.
Miguelanxo Prado trabajó en él durante mucho tiempo para regalarnos esta pequeña maravilla, y eso se nota en sus ilustraciones, en sus diálogos y en toda la sensibilidad que transmite a lo largo de la obra. Juega con nosotros igual que juegan los recuerdos con Sabela y Fidel, y el hecho de que hasta el último momento consiga hacer que guardes la emoción que te aprieta el pecho hace justo comenzar con Ardalén el nuevo camino de este blog.
Comencemos.