Mostrando entradas con la etiqueta Haruki Murakami. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Haruki Murakami. Mostrar todas las entradas

13 de febrero de 2021

Sauce ciego, mujer dormida, Haruki Murakami

No puedo evitarlo, lo reconozco, y lo peor, o mejor, quizá sea que tampoco pongo medios para intentarlo. 
Murakami me sigue fascinando a pesar de todo y de todos y creo que así seguirá siendo aunque pasen muchos años. 
Creo que le cogí gusto a los relatos, fórmulas literarias que nunca me habían llamado especialmente la atención anteriormente por su brevedad y porque, tal vez, carezco de la mesura necesaria para digerir, en cierto modo, el atropellado tropel de sucesos que acontecen en estas novelas condensadas, como me gusta llamarlas, pero habiendo encontrado esta joya, reconozco que, viéndolo en perspectiva, quizá fui demasiado exigente y no supe obtener el verdadero fruto de estos pequeños cuentos. 
Así fue hasta que llegó a mis manos este libro deliciosamente japonés, tan colmado de naturaleza, e indiscutiblemente "Murakaminiano", por su plenitud de símbolos, fórmulas típicas y su surrealismo tan despiadado. 
Son veinticuatro cuentos de expiación, de purga, de la obtención de una visión del mundo totalmente antagónica a la que se nos ha impuesto por convención y por aceptación. 
Las pérdidas marcan las vidas de los protagonistas, en mayor o menor medida, y son las que dan cuerda al mundo en el que viven. 
Lo que más me gusta de Murakami tal vez sea el hecho de que vive en un mundo antagónico, en el que las contraposiciones son tan frecuentes como la respiración misma, y que extrapola su visión a sus hijos literarios hasta el punto en el que, cogiendo a cualquier viandante completamente seguro de sí mismo y de su realidad, puede hacer que empiece a dudar de tal manera que la realidad torne sueños y se empiece a preguntar el por qué de esto o de aquello. 
Es la búsqueda por la búsqueda, el declive de lo civilizado y el aflorar de lo primigenio, de lo animal que se adueña de nuestra —poca— humanidad. 
Lo de hoy ha sido breve, pero no puedo decir más. Sólo invitaros a leerlos y dejar que os cambie, que descubráis.

6 de agosto de 2020

La caza del carnero salvaje, Haruki Murakami

De nuevo os traigo un viaje trepidante y surrealista de la mano del japonés Haruki Murakami, siendo esta novela una fantástica descripción de la geografía japonesa y de, según nos tiene acostumbrados, la psicología de sus personajes.
Esta vez es un publicista mediocre el que, tras hacer una campaña, se ve envuelto en una espiral de misterio a contrarreloj acompañado de su amiga —con derecho a roce, todo hay que decirlo—, la cual es modelo de orejas y es precisamente con ellas que obtiene una suerte de predicciones, tal vez pálpitos, que la orientan en cierto modo para hacer lo que ha de hacerse.
Esta espiral a contrarreloj viene de la mano de un importante grupo con peso en la política que le conmina a encontrar el carnero que aparece en la fotografía que usó en su campaña publicitaria, y es necesario que resuelva el misterio, puesto que la conminación acaricia la amenaza de no poder salir adelante con su empresa nunca más. Un socio alcohólico, el divorcio del personaje principal, el eterno gato al que Murakami nos tiene acostumbrados en sus novelas —llamado Boquerón por el chófer del grupo—, el sexo —satisfecho o no—, Hokkaido y la extraña amiga constituyen el elenco y el trasfondo de esta novela, que, si bien no puede compararse a mi adorada «Tokio Blues» —que os traeré más pronto que tarde—, me resulta deliciosamente fantástica.
Me reitero en la genialidad de las descripciones, pareciera que estés caminando por las montañas de Hokkaido, pero reconozco que esta edición de Anagrama que tengo —aunque os esté ilustrando la entrada con la de Tusquets—, siendo, por otro lado, ésta la única obra que tiene editada Murakami en España en esta editorial, no me termina de convencer, aunque ya se hayan producido cambios editoriales a día de hoy desde que me la compré. 
En mi edición había ciertas referencias que, si bien pueden aparecer en el original —cosa que desconozco— me descuadran en demasía, pero, a estas alturas del cuento, naturalmente no voy a cambiar de ejemplar. 
Tal vez sea que esté acostumbrada a Tusquets, pero esto, como la elección de los libros, queda a gusto del consumidor, aunque en este caso no se pueda elegir.

27 de diciembre de 2019

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

He decidido que sea esta novela la que casi nos dé paso al fin de este año porque a veces me gustaría ser ese pájaro del que habla, si bien reconozco que no precisamente el que da cuerda al mundo: ya he tenido demasiada responsabilidad para mis hombros y ahora quiero, necesito, elegir mis responsabilidades futuras.
Este es uno de esos libros donde la realidad se difumina y se aleja de lo real, y los sucesos extraños e inexplicables quedan de la mano de lo surrealista para acercarse a lo mundano, que, lejos de ser el remanso de certeza, nada parece tener sentido y no se puede encontrar lógica coherente a la mayoría de situaciones.
Los sueños parecen imperar y son estos y las ocurrencias oníricas que se van sucediendo las que nos guiarán entre las letras de esta novela del eterno aspirante al Nobel Haruki Murakami, y la verdad es que la mejor recomendación que puedo haceros si decidís leerla es que os dejéis llevar, olvidándoos de todo lo que creéis saber y habéis aprendido a lo largo de vuestra vida. 
Esto, a mi parecer, es imprescindible.
Esta vez es la vida —y la búsqueda desesperada de su sentido, una búsqueda en la que todos en cierto modo estamos embarcados con mayor o menor fortuna— de Tooru Okada la que nos cuenta a lo largo de sus páginas. 
La confusión le atrapa y parece ser esta misma confusión la que le lleva a dejar su trabajo en un alarde de radicalidad inusitada. Como consecuencia de este acto, o, por lo menos, esa es la impresión que nos llevamos como lectores, su gato —animal indispensable como sabréis en la obra de Murakami— y, posteriormente, su mujer desaparecen, y es tras estos hechos que Tooru Okada se lanza en su búsqueda intentando entender lo sucedido, pasando de una realidad normal y prácticamente rutinaria a una sucesión de personas y actos impensables si no vienen de la pluma de Murakami. 
Los símbolos, la prostitución, la historia velada que nos muestra si leemos entre líneas y metáforas nos muestran cómo pueden influir los hechos pasados en el presente de las personas; la incertidumbre, la irrealidad y la confusión vuelven a hacer acto de presencia en una novela que te invitará a dejarte atrapar, que hará, a veces, que te replantees lo vivido para considerarlo de otra forma haciéndote dudar. 
Y qué mejor forma de ir acabando un ciclo para empezar otro, ¿no creéis?

1 de octubre de 2019

Baila, baila, baila, Haruki Murakami


No sé por qué extraña razón solo os he traído en este año largo de vuelta del blog únicamente un libro de Haruki Murakami. 
Es un autor que me produce sentimientos encontrados. Admito que preferiría que le dieran el Nobel porque ya hemos llegado a un punto en el que la eterna nominación debe suponerle una carga mental dolorosísima —o quizá le da igual, vaya usted a saber—, pero únicamente por esa razón. 
No me parece mal autor, de verdad que no, incluso lo disfruto bastante en épocas en las que necesito no pensar y leer en modo automático, pero supongo que todos tenemos épocas de ese estilo. Lo que me chirría es que una vez has leído cinco o seis libros suyos —por poner una cifra— encuentras siempre las mismas cosas, y podríais decirme que es metaliteratura, que sus libros conforman un universo propio y que por eso sucede, pero en mi humilde opinión de lectora ávida creo que trasciende la metaliteratura.
En cualquier caso, vayamos al lío.
Nuestro protagonista es un redactor freelance cuyo nombre desconocemos que poco a poco se va acercando a la mitad de su vida y se siente tan vacío que precisa volver a su pasado para reencontrarse a sí mismo. 
Con esta excusa, tan válida como otra cualquiera, Murakami nos hace un recorrido por Japón y su geografía, e incluso va más allá dando respuestas a aspectos de su vida que él creía olvidados o acaso inexistentes.
«Baila, baila, baila» es uno de los mejores ejemplos de las características de la escritura de Murakami: adora las metáforas. Si puede construye un mundo solo con ladrillos hechos de metáforas y por eso su obra roza el surrealismo —a veces se mete de lleno en él— y muchas veces necesitamos hacer uso de referencias para encontrarle el sentido, si lo encontramos, a las páginas que escribe.
En esta búsqueda que nuestro protagonista hace yo veo un ciclo, una especie de espiral de crecimiento —cuyo inicio es el mismo de su final— que sucede desde lo más profundo, donde está hundido, hasta la búsqueda de sus porqués, siendo este el final de ciclo, y como si fueran los círculos de Dante va recorriendo la nostalgia, la melancolía, la soledad y después se descubre en la cima del mundo intentando resolver el vacío de su existencia en el que se halla sumergido. 
Murakami se vuelve a prodigar en este libro en la fina línea que divide la realidad real y tangible de la realidad onírica para encontrarse a sí mismo mientras se personifica en su personaje, y qué queréis que os diga, este tipo de lectura me gusta mucho cuando necesito desconectar porque si bien puede resultar complicada a mí me centra, necesito activarme para poder comprender y disfrutar la obra. 
En ella se advierte ya la simbología clásica del Murakami más obsesivo, valga la expresión, y debo reiterarme en que, en efecto y sin duda, todas sus obras están entrelazadas y en mi caso me parece que esta cercanía sucede especialmente con otra de sus novelas, la cual no voy a desvelar —pues sería descubriros parte de la trama— y os invito a que me digáis cuál pensáis que es. 
Podemos considerarlo un juego, ¿no os parece?

21 de septiembre de 2018

Al sur de la frontera, al oeste del Sol, Haruki Murakami


Reconozco que de vez en cuando me gusta dejarme llevar por todas las sensaciones que me procura la lectura del surrealismo desenfadado de mi querido Haruki Murakami, y por eso he decidido volver a encontrarme de frente con él con esta novela, que a mi parecer es una de las más introspectivas —con perdón de tantas otras— y que me envolvió desde primera hora, pese a que lo que me encontré, y como es habitual en su corpus bibliográfico, me trasladó a otro de sus libros.
Los prejuicios, las renuncias, los rechazos y el amor se hacen eco de nuevo en las palabras del japonés eterno candidato al Nobel de Literatura y se reflejan en esta novela en la que el alejamiento es el orden del día de Hajime.
Él es un hombre que fue hijo único rodeado de otros niños con hermanos, y en la novela se trata cómo este hecho le marca de forma trascendental en su vida hasta el punto de que cuando se encuentra con su única amiga de la infancia lo revive todo de una forma tan brutal que se ve impelido a retomar todo lo que dejó atrás en su adolescencia, cuando pasó a la universidad, planteándose incluso el abandonar el vidrio de felicidad que ha creado con el tiempo y la estabilidad familiar y laboral que logró con su matrimonio y su club de jazz. 
Volvemos a encontrarnos con los grandes tópicos usados por Murakami en toda su literatura: la indecisión, los famosos «¿y si...?» que a todos nos asaltan y el ansia por descubrir lo que pudo haber sido se ciernen sobre la vida de Hajime planeando sin control.
Vuelve a haber un triángulo amoroso, casi indispensable en sus novelas, y este hace que recordemos «Tokio Blues» —que traeré más pronto que tarde, confío—, y admito que quizá por eso este libro no me gustó tanto, porque los patrones que sigue mientras escribe parecen ser los mismos de cada una de sus novelas, y aun así dentro de este parecido hay diferencias, mínimas, pero si las buscamos están ahí. 
De todas maneras bien es cierto que sigue siendo un escritor a mi parecer fantástico, a pesar de que las novelas sean prácticamente gemelas. El estilo directo y claro y el lenguaje empleado hacen que sea una novela de fácil lectura que sigue consiguiendo, pese a todo, que te enganches, buscando saber más de la trama y de las vidas de los personajes.
Supongo que sin todos estos parecidos que consiguen que se difuminen todas las novelas como si se tratase de capítulos de una sola no sería Murakami quien escribiera.