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20 de agosto de 2020

El amargo don de la belleza, Terenci Moix

He decidido volver con esta fabulosa crónica porque me fascina el tema que trata y la forma en que lo hace.
De nuevo Terenci Moix nos lleva al Antiguo Egipto, pero esta vez nos arrastra a la herejía de Tell el Amarna desde el punto de vista de Keftén, un pintor que tras la masacre de su pueblo natal cretense se ve acogido en la niñez por el faraón y crece como igual al futuro faraón Amenhotep IV, más tarde conocido como Akenatón, y junto a Nefertiti, la bella que llegó.
Tras volver a su hogar en Creta y algunas crecidas del Nilo, es requerido por la corte para decorar la nueva ciudad, Aketatón, y allí descubre que las cosas han cambiado, mucho, demasiado tal vez, en una sociedad como la egipcia. El fanatismo religioso ahora inunda cada calle de las Dos Tierras, no hay lugar para los antiguos dioses, que se ven relegados y olvidados, encuentra que tiene un hijo que está cumpliendo con el noviciado de Atón y que Nefertiti, más bella que nunca, es aún más terrible en lo que respecta a la religión que su esposo.
Lo efímero se hace patente en la epidemia desconocida que ataca la ciudad y la puebla de muerte, y esa muerte no deja escapar siquiera a la familia real, pareciendo ser enviada por los antiguos dioses. 
Muere Akenatón, y Nefertiti, aferrada a los nuevos dogmas monoteístas, maneja los hilos para que sea su hija y Tutankatón, después conocido como Tutankamón, los que continúen con la herejía, pero lo que parecía estar bien atado se deshilacha como una antigua tela, puesto que Atón se olvida para dejar paso a Amón, y con él, la vuelta a los antiguos dioses. Nefertiti, desencantada y traicionada, decide morir sola, y Keftén vuelve a Creta, donde se le presentarán diferentes situaciones, incómodas algunas, con su hijo, dudando de si el sueño de volver lo inundó todo cubriendo a la realidad con su manto.
De nuevo Moix nos hace amar lo antiguo, acercándonoslo de forma que casi se puede acariciar con los dedos, sin dejar de lado el recapacitar sobre lo vivido y lo soñado, lo pasado y lo presente y lo que se puede obtener de ello.
Dejarse atrapar por las hojas de esta novela es, a mi parecer, una fantástica forma de descubrir lo ajeno, y el calor que reina en estos días contribuye a dar un paso más allá, a introducirnos en la vida de los adoradores del Sol, pero recordad, los fanatismos son odiosos y dañinos, y, por desgracia, no siempre tan efímeros.

3 de agosto de 2019

El sueño de Alejandría, Terenci Moix


No es la simple segunda parte de «No digas que fue un sueño», que ya os traje hace unos meses, no. 
Es la historia de lo que sucede tras la muerte de Antonio y Cleopatra, de cómo sus hijos van a Roma con Octavia, la esposa de Antonio, mientras Alejandría cae en manos del Imperio. 
Esta vez la acción no se centra en la provincia romana de Egipto propiamente, si bien sigue siendo el telón de toda la obra. 
Esta vez la historia se desarrolla en la Mauritania de la época donde Cleopatra Selene, hija de los desdichados amantes, se casará con su rey.
Allí, el jardinero, Fedro, se convierte en el motor de la novela y centra la profunda búsqueda espiritual que le guía hacia adelante, constituyendo otra muestra —maravillosa, por cierto— de lo que para el grandísimo Terenci Moix significaba y tenía de necesario lo iniciático en el discurrir de la vida de sus personajes y, trasladado, a todo ser humano. 
Los destinos y las pasiones vuelven a jugar a las cartas guiados por los detalles y los pequeños momentos de inspiración propia, lejanos de la historia fidedigna, porque qué sería una novela sin imaginación, ¿no creéis?
En lugar de desmerecerla, dan a la obra un ritmo ameno de lectura, algo que para mí, personalmente me hace tener ganas de devorarla de principio a fin.
Roma seguirá adueñándose de todo a cualquier precio, da igual las vidas que tenga que arrasar o los poblados que tenga que subyugar.
Roma ha de ser grande, y si para ello ha de usar a sus más egregios ciudadanos de forma que actúen como meras marionetas a su antojo lo hará.
Siempre que la leo esta novela me recuerda al desierto.
Podría pensarse que es algo obvio si tenemos en cuenta la localización, donde se desarrolla el nudo de la novela, pero pienso que es más por la forma de narrar que tiene Moix, en la que se ve la pasión que tenía por Egipto y la manera en que consigue que te traslades en el tiempo y en el espacio hasta convertirte en un personaje secundario más. 

20 de abril de 2019

No digas que fue un sueño, Terenci Moix


Si unimos a uno de los grandes de la literatura nacional —en mi humilde opinión, como todo lo que digo en este blog día a día, mes tras mes— y Egipto, el eterno Egipto, majestuoso y fascinante, misterioso y hundidas sus raíces en el mito, a nuestra mente viene —por lo menos a la mía— sin un ápice de duda el nombre de Terenci Moix. 
Es la historia de Cleopatra que llora su luto por un amor que la abandona, un amor por el que lo hubo dado todo y ni siquiera vuelve la cabeza para decir adiós, porque tuvo la desfachatez de decirle simplemente «hasta luego». Cleopatra, la gloria del padre, le odia por haberla dejado así pero también le ama, le ama de una forma tan infinita como el modo en que le odia.
Casi podría equipararse su historia de amor con Marco Antonio con otras tragedias históricas amorosas como la de Romeo y Julieta salvando las distancias, y con el pequeñísimo detalle que de su amor dependían imperios, porque junto con esta tragedia se nos narra como escenario los últimos años del Egipto Ptolemaico antes de ser definitivamente una provincia romana y perder así su soberanía. 
A la misma vez que el amor quiebra la realidad de la reina egipcia es su tierra dominada, Egipto, la que se convulsiona ante malos años de cosecha y el acecho inexorable del Imperio Romano, que viene a adueñarse de todo lo hermoso que ven sus ojos.
No es solo Alejandría donde se sitúa la acción, sino que Moix nos lleva a recorrer las calles de otras ciudades del Imperio, Judea, Antioquía o Atenas, y en ellas, latiendo en su mismo pulso, a Cesarión, hijo de Cleopatra y el divino César, a Octavio Augusto, que en su afán de dominio elimina a todo el que interfiere en sus planes de grandeza y a la buena Octavia, su hermana, casada según convenía a Augusto para cumplir con sus planes. 
Además de la maestría de Moix para trasladarnos a cada uno de los lugares que describe, ya sea la villa de Octavia, el palacio de Cleopatra o el prostíbulo donde Marco Antonio pasa sus horas entre borrachera y borrachera, su grandeza se proclama a la hora de humanizar los personajes, haciendo que nos sintamos uno de ellos acercándolos a nosotros con sus rasgos.
Una maravillosa novela para calurosas tardes de verano.

4 de noviembre de 2018

El arpista ciego, Terenci Moix


He decidido empezar por esta novela de Terenci Moix porque me falta algo de humor en este momento de mi vida, pero no significa que me olvide de traeros más adelante sus novelas históricas que me fascinan.
La diferencia entre esta y las otras radica en que el irreverente —y adoradísimo— Moix escribe esta fascinante novela en clave de humor sin olvidar los momentos dolorosos, el esperpento y la tragicomedia van de la mano en una novela en la que lo imposible se hace tan cierto como cualquier cosa que ves alrededor y el favor de los dioses y sus secretos marcan su existencia.
El libro es una fantasía, tal y como indica el subtítulo, del reinado de Tutankamón, y es en esta época cuando nacen Ipi, un niño ciego, y Jonet, un picaruelo al más puro estilo del Lazarillo, y en la ciudad hereje de Akenatón nace el que luego será conocido como Tutankamón. Podríamos decir, por tanto, que sus vidas están ligadas.
Irremediablemente, éstas se entrelazarán en una fantasía surrealista llena de ironía y giros sorprendentes, y serán estos giros los que expliquen las motivaciones y las actuaciones de unos humanos que alternan con los dioses de una manera absolutamente cotidiana. 
El tiempo y el comadreo aderezados con amores imposibles, según la moral de la época, pero que no tienen de malo por su naturaleza, serán guía para unas situaciones rocambolescas en las que unos jóvenes vivirán unas aventuras que, quizá, nunca habrían podido imaginar.
Aquí Moix vuelve al rito iniciático que parece llenar todas sus novelas como el agua del Nilo que lo inunda todo, y será ineludible, puesto que, en cierto modo, la vida no deja de ser el más grande ejemplo de iniciación para cualquiera que la viva, con cualquier fin que ésta presente.
Es una de mis novelas favoritas, lo admito, ya no solo por el humor y la picardía, que llega al erotismo que destila, sino por cómo narra, por cómo presenta unas situaciones que acarician lo trágico y que, sin embargo, por la ironía de la que van cargadas no dejan de ser cómicas. 
Una sonrisa triste para situaciones tristes. Yo creo que os gustará.