Otro año que se va. ¿Qué hay mejor para simbolizar el cambio de año que la propia muerte? No la muerte como estamos acostumbrados a verla, como nos han acostumbrado a verla, segadora de vidas y algo para temer, sino como algo necesario que equilibra la frágil línea de la continuidad y que es inevitable. Esta Muerte es bastante especial porque pertenece al universo de Terry Pratchett, y eso, mis queridos, ya es decir mucho. Resulta que tras siglos y siglos de transportar las almas hacia el otro lado, nuestro Muerte, que adora el curry, y a los gatitos, sufre, además, de pánico escénico, y está cansado de ir y venir en el eterno estancamiento del tiempo, así que decide contratar a un ayudante, Mort, un chico terriblemente patoso que, realmente, vaticina en su caracterización que acabará formando más problemas de los que resolverá, y mientras la Muerte -la de verdad de Pratchett- se dedica a filosofar en un bar, pues uno de sus mayores afanes es el de parecer humana, Mort, su ayudante, creará una paradoja al perdonar la vida -¿o la muerte?- a la princesa Keli, algo que hará peligrar al mismísimo Mundodisco. Si os digo la verdad, creo que aunque el tema es merecedor de la gravedad con la que se trata, este libro debería ser de lectura obligatoria, sobre todo para aquellos niños que empiezan a hacer preguntas incómodas para los adultos. Es otro punto de vista, que aunque banaliza la figura de la Parca pues como que ayuda a digerirla, hablando en plata. El miedo que le tenemos a la Muerte radica en el desconocimiento, en la ignorancia de lo que la sucederá, así que creo que tomárselo con humor no puede ser tan malo. Con esta reseña cierro el año, uno que, a veces, se me ha hecho terriblemente largo, pero valoro lo que he aprendido durante él, todo lo que he obtenido, lo que he perdido y lo que he vuelto a recuperar y me ha hecho crecer como persona. Sólo me queda desearos todo lo bueno, y esperar que, el año que entra -¿el último de todos?- sea incluso mejor que este y que, por qué no, seamos muchos más en este anaquel virtual que, cada vez, y, sobre todo, gracias a vosotros, se va haciendo más grande.
Sabéis que soy un poco dramática y que me gustan especialmente los libros que me hacen "sufrir", entendido en el sentido de ponerme en tensión, sorprenderme y disfrutar de esa adrenalina que se agolpa conforme voy leyendo más y más páginas. También disfruto especialmente con esas obras que se adelantan a su tiempo y parecen prevenir a los lectores de una época extraña, como si el autor fuera una especie de profeta o visionario, y John Brunner es uno de ellos. Nos encontramos en el año 2010 -cercano en el tiempo, pero que en el momento en que se escribió, 1975, aún estaba lejos y la imaginación se disparaba acerca de lo que podía pasar en ese futuro aún ignoto-, donde una red informática abarca todo Estados Unidos, pero en contra de las ventajas que podría suponer este acceso a la información, porque da igual que no estés ahí, con un código basta, la sociedad se consume, intenta encontrar algo a lo que agarrarse, pero es imposible. Se ha vuelto al primitivismo, en el sentido peyorativo de la palabra, en contra de lo que se podría suponer en todo este entorno futurista. Y en este entorno hostil, surge un informático, reclutado por el gobierno en un plan de sobredotación intelectual, que no es nunca quien dice ser, o que puede ser nadie, y trata de desmontar esta red que reduce a la sociedad a prácticamente nada. Como veis, un fantástico hijo del cyberpunk más duro. Me encanta. Se me queda corto este espacio para recomendaros todas las obras de Brunner. Cada cual es mejor que la anterior, y lo cierto es que consigue innovar, aunque el tema, claro está, esté relacionado. Pero os iré trayendo poco a poco más obras suyas, para que las disfrutéis tanto como lo hago yo. La verdad es que, a veces, me da por pensar y es un preludio bastante aterrador de lo que podría venir. Está claro que no hay que ser alarmista, lo que sea que elijamos, será, pero es curioso cómo se puede tergiversar algo tan útil -pero que, seamos sinceros, promueve la vagancia extrema, porque el tiempo que antes pasábamos buscando en libros o en bibliotecas, por ejemplo, ahora con un sólo golpe de ratón ya lo tenemos, eso y mil ediciones complementarias que refutan la información que buscábamos- hasta convertirlo en una especie de Gran Hermano, en el detonante de lo peor que puede haber en nosotros mismos. Mi mejor amigo dice que la información es poder; está claro que sí, el problema es en las manos de quién cae ese poder y cómo lo usa.
Qué alegría, qué alboroto, otro año que se va y yo me hago más vieja. Quizá peco de poco original con el libro, bueno, el cuento, que os traigo hoy, pero creo que es atemporal, porque las situaciones y los personajes se pueden extrapolar a cualquier tiempo, y bastante revelador, aunque la idea de "buenrollismo" generalizado a muchos les puede dar bastante grima. Sin embargo creo que hay que quedarse con lo importante. Yo era considerablemente feliz de pequeña cuando llegaba Reyes, porque siempre, siempre, aunque cayera otra cosa, siempre había un libro por lo menos, un libro que, muchas veces, leía en el mismo día y los adultos se exasperaban -rebelde que es una-, así que se lo tomaban como un reto y cada año me regalaban un libro con más páginas, más denso, sin ilustraciones...pero todo en vano. Me resultaba bastante divertido, creo que al final acababa tomándome como un reto aquello de terminarlo pronto. Y uno de esos años, vino este. Bueno, la edición de la que os pongo imagen debajo. Admito que le cogí un poquito de asco al pobre Charles Dickens "gracias" a una asignatura que tuve hace relativamente poco tiempo en la carrera, pero, una vez superado, he vuelto a disfrutar de su peculiarísima forma de escribir, tan propia de su tiempo y tan personal. He decidido, en lugar de reseñar la versión íntegra, algo que no me gusta porque al final acabas hablando de todo y de nada, el que considero el cuento más famoso de todos. El señor Scrooge -¿quién no le conoce?- es la representación antinavidad por excelencia, es tacaño, avaro -roñica que se diría por aquí por el sur- y odia profundamente a todo el mundo y todo lo que tenga que ver con la alegría y las personas. Él es «feliz» en su propio mundo, tratando mal a sus familiares y a sus trabajadores siendo lo único importante ganar dinero, hasta que una noche, de improviso, recibe la visita del fantasma de su mejor amigo, que le cuenta lo que le ha pasado en la eternidad por haber sido avaro y tacaño, y que, al haber sido peor que él, deberá llevar una cadena más gruesa y más larga; asimismo, le anuncia la visita de los tres espíritus de la Navidad, en un último intento porque se salve. Qué decir. Es completamente diferente a cuando se lee de niño y a cuando se lee de mayor, con ciertas cosas a la espalda. De pequeño sólo se ve la moraleja, si eres malo acabarás mal y más vale que quieras a todo el mundo o todo será sufrimiento y horror cuando te mueras -es un poco exagerado quizá, pero en esencia es eso- y cuando eres mayor y a lo mejor ya ha habido roces inevitables con la familia, estamos hastiados del trabajo, de los estudios, de todo en realidad, pues acabas entendiendo que no merece la pena estar a malas siempre, que aunque, en mi opinión, es un poco hipócrita -esa no es la palabra, pero esta es muy ilustrativa- estar juntos sólo un par de días al año celebrando, en el sentido de que se debería hacer siempre y no cuando dicten unos centros comerciales determinados, siempre hace bien pensar que, al fin y al cabo, les quieres a ellos y no a otros. Así que sólo me resta felicitaros lo que sea que celebréis, ya sea Yule, las Saturnalias, la propia Navidad, el nacimiento de Mitra o que os ha germinado la semilla que plantasteis hace una semana sin ninguna esperanza. Que el mundo está lleno de festividades y no todas ellas tienen por qué estar marcadas por el calendario oficial, ¿no creéis?
Sigo un día más con la novela escandinava para recuperar la primera entrada de este blog, que, la verdad, no sé por qué, se perdió en la red -¿en Matrix?- y no he conseguido rescatarla. Como no me gustaría que se perdiera, he decidido volver a traérosla. Está claro que este libro es especial para mí. Ya sabéis que casi empecé el blog por casualidad, por una especie de reto, hace ya casi tres años, y la verdad es que no sabía cómo reseñar. Puede que ahora tampoco sepa cómo, sé que divago demasiado, pero admito que a fuerza de práctica he ido aprendiendo a sacar lo más importante y a relacionarlo con lo que me inspiró en ese momento, y espero mejorar a cada libro que os traiga, palabra. No estaba muy segura de cómo hacerlo -a veces sigo sin estarlo- y de por cuál empezar, había tantos y casi todos me gustaban...pero en mi escritorio estaba un ejemplar de esta fabulosa novela, para mi gusto, de María Gripe. Me la regaló una amiga de mi madre en un verano, para que me lo pasara leyendo, claro que con lo finito que es me duró una tarde, pero me gustó mucho, muchísimo. Tres niños, Annika, Jonas y David, acceden a cuidar las plantas de una quinta durante el verano, mientras su dueña estaba fuera. Allí, una de ellas les llama profundamente la atención, la Selandria, una planta cuya flor tiene preciosos pétalos azules y que, incomprensiblemente, parece conocer a la gente, parece estar ligada a los sentimientos de la gente y ser sensible a ellos. Mientras ellos están en la finca, David recibe llamadas de teléfono de la dueña, en las que juegan ambos al ajedrez y ella les va proporcionando pistas al respecto de la historia que cuenta y que esconde la planta, la Selandria. Durante el tiempo que pasan allí, investigan el pasado de la quinta, recorriéndola, y descubren unas cartas que les traslada a la Suecia del siglo XVIII y a una historia de amor desgraciado cuyo escenario fue la casa y que tuvo el principio del fin con unas estatuas traídas de Egipto. El párroco Lindroth, será también una ayuda importante para descubrir el misterio, desarrollándose la novela entre la iglesia y la propia finca Selanderschen. Creo que en esa época ya se perfilaban mis intereses. Siempre he sido una fanática de Egipto y su mitología y del misterio, y empezaba a demostrar interés en el ajedrez, un juego de mayores -para mí en ese tiempo- que me gustaba especialmente, y la verdad es que no es una novela juvenil al uso, y me explico. Sin ánimo de generalizar y siempre de acuerdo con mis experiencias lectoras, me ha parecido la mayoría de las veces que las novelas destinadas a niños o a adolescentes están cortadas por el mismo patrón, como si fuera una fórmula mágica que les indujera a leer, y no creo que sea una postura correcta. Si bien consigue lo que pretende, que se lea, cuando ya te has leído la octava o la décima te aburre, porque sabes lo que va a pasar, los estereotipos que vas a encontrar y la resolución que tendrá. En este caso no es así. María Gripe consigue dar los golpes de timón necesario para que lo que predecimos se quede en agua de borrajas y cambie por completo. Y el viaje en el tiempo que hace entre el siglo XVIII, el XIX y la actualidad es altamente interesante, porque refleja que, aunque en tiempos diferentes, al fin y al cabo hay cosas que nunca van a cambiar, y esas pinceladas de mitología y misterio hacen de esta novela una lectura necesaria y deliciosa.
Creo que ya os comenté una vez que la novela escandinava me gustaba especialmente. No sólo porque, como muchas veces pasa con los escritores, se ambienta en lo más cercano, en el terreno que conocemos, y a mí Escandinavia me pierde, sino porque tienen una gran tradición por lo policíaco y por el suspense, algo que también me fascina, así que cuando vi en un blog de los que soy asidua que mencionaban algo al respecto de esta autora, que no conocía, y del género en que se movía pensé que había sido una señal importante de la Justicia Librera y allí que fui a buscar libros de Camilla Läckberg. Este, en concreto, fue el primero que conseguí, y podría decirse que prácticamente lo devoré, porque me lo leí de principio a fin en una noche insomne de las mías, aunque admito que fueron las ganas de saber más las que me llevaron a aparcar el sueño en esa ocasión. A mi estilo, es el segundo de una trilogía, pero he decidido romper el orden porque, siendo completamente sincera, me gustó muchísimo más que el primero y porque a mi parecer, aunque ligados de manera obvia, son bastante independientes. La pareja formada por Erica y Patrik, escritora y detective respectivamente, está de vacaciones. Ella está embarazada, casi a punto de parir, e, interrumpiéndoles, vuelve a escena el comisario Mellberg, que les comunica un nuevo asesinato que deben investigar. Podría pasar por uno más de no ser porque junto a este cadáver de mujer, descubierto por un niño, aparecen los restos de otras dos mujeres que desaparecieron anteriormente, cuyas muertes no fueron resueltas. Para saber qué y quién está detrás de estos hechos, tendrán que hurgar en hechos no demasiado...agradables, por decirlo de alguna manera, moviéndose en algo tan complejo como lo es el mundo de los sentimientos. A pesar de que disfruto enormemente con libros tremendamente plásticos, o más bien, con aquellos que se extienden en cada detalle para dibujar perfectamente la escena, de vez en cuando no viene mal una literatura como la de Läckberg. Ella no precisa de millones de palabras para describir una escena del crimen, es rotunda y aparta la paja que podría entorpecer la resolución del caso, es casi como nos presentara las pruebas para que nosotros, junto con nuestros protagonistas, seamos los que descubramos quiénes fueron los artífices de algo tan terrible. Me gusta que sea capaz de combinar el amor con algo tan terrible como lo es un asesinato. Quiero decir. A la vez de la historia de suspense que se va desarrollando como es obvio al descubrir el cadáver y los restos como detonante, somos espectadores privilegiados de la historia de amor de la pareja, que aún encuentra momentos tiernos entre todo lo que se les presenta. Y no sé, me parece bastante original -y necesario- que decidiera caracterizarla como embarazada; es algo que no se suele ver, en lo que a literatura se refiere, y mucho menos si casi se convierte en una especie de escritora superheroína que descubre mano a mano con su pareja los puntos más oscuros de las desapariciones y los asesinatos.
La verdad es que, no sé si por azar o por qué razón, tuve la suerte de nacer en una época de grandes cambios de diversos ámbitos; en la línea divisoria de un tiempo fragmentado y otro que giraría drásticamente para abrirse a todos sin distinción, por lo menos en la teoría. Un poco después, casi al borde del nuevo milenio, fue un poco la culminación de estos cambios, y creo que estos se vieron reflejados también en la literatura, y en este aspecto, la novedad más rompedora fue la que nos trajo J.K. Rowling en 1997. Es curioso, al principio nadie apostaba por ella ni por sus hijos literarios, nadie creía que un mago huérfano fuera a tener siquiera un poco de éxito o rentabilidad, hasta tuvo que ocultar su nombre porque le dijeron que una mujer nunca podría alcanzar el estrellato literario, por decirlo de alguna forma, y la obligaron prácticamente a usar sólo sus iniciales, y aquí estamos, ante uno de los mayores revulsivos de la historia de la literatura contemporánea, que ha conseguido reflejo en el cine con suculentos resultados y merchandising de todo tipo. Lo que más gracia me hace es la cara de pánfilos -bueno, seamos sinceros, lo que son- que se les quedaría a todos esos ejecutivos de editoriales que se permitieron el lujo de rechazar una serie de novelas así sólo por el pequeño detalle de innovar. Harry Potter vive con sus tíos, que le tratan mal, demasiado mal para lo que un niño se merece, acosado por su primo Dudley y obligado a llevar sus viejas ropas, siempre disimulando por el qué dirán los vecinos, y un día, glorioso para él, llega una extraña carta del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, sin poder ver el contenido. Al principio sus tíos se alarman, y aunque tratan por todos los medios de apartarle de las cartas, Hagrid, el guardián de Hogwarts, acude a buscarle personalmente, y Harry descubre que ha vivido una gran mentira. Sus padres no murieron en un accidente de coche, sino que lo hicieron combatiendo y protegiéndole del mago más malvado de todos los tiempos, Lord Voldemort. Una vez en la escuela se suceden las aventuras con sus nuevos amigos, Hermione Granger y Ron Weasley, y tendrán que ir descubriendo, bajo el auspicio de Dumbledore especialmente, el camino que, poco a poco, les llevará hacia su futuro. Huelga decir que es una de mis sagas favoritas de libros, y aunque ya me pille un poco mayor -sólo un poco- me gusta todavía releérmelos, tanto que casi me los sé de memoria, los libros y los diálogos de las películas. Y creo que todos los que hemos crecido con las aventuras de Harry Potter, yo, por ejemplo, en algún momento hemos deseado que a los once años, o tal vez un poco después, nos llegara la carta de Hogwarts, en parte porque la educación que le proporcionaban en ese colegio nos parecía mucho más divertida que la que teníamos y por otro lado por correr todas esas aventuras. Yo lo tengo claro, los guardo como uno de mis tesoros, en el futuro...quién sabe a quién pueden servir.
Mi euskofilia y yo. La verdad es que es una pasión que poca gente entiende, pero a mí me satisface bastante. Ella me ha llevado a aprender euskera por puro placer, aunque aún me queda mucho por hacer, y a descubrir libros que nunca hubiera encontrado de otro modo. Y este es uno de ellos. Me encontré con Bernardo Atxaga casi por casualidad, en un tema de literatura, en una asignatura en la que me matriculé, y aunque no era lectura obligatoria, decidí sumergirme en sus páginas, para ver qué me deparaba, y la verdad es que me pareció fantástico. Dentro, estaremos en Obaba, una pequeña población vasca ficticia, donde no hay límites entre lo que es real y la imaginación o la fantasía, y dentro de Obaba, conoceremos a sus habitantes, que con sus actos, con sus pensamientos, nos irán descubriendo un mundo en el que yo, por lo menos, me replanteé muchas cosas, empezando por la repercusión de mi propia conducta. La obra me recuerda a una especie de caja china, en la que diferentes cajitas se entrelazan y se convierten en una sola. Algo así pasa con la historia que nos narra Atxaga. Actos aparentemente no ligados se van entretejiendo hasta que les encontramos coherencia como un todo. ¿Recordáis aquellos cuentos que aunque no tuvieran relación al final se acababan centrando en las moralejas? Pues un tanto así ocurre con Obabakoak, como si las historias que aparecen intentasen instruirnos contemplando los actos de otros. Algo que, al menos yo, entreveo es un poco la reivindicación de la imaginación y de todo aquello que olvidamos en pos de la modernidad y la tecnología. Obviamente no voy a erigirme en "antiavances", está claro que me sirvo de ellos para contaros lo que pienso de los libros que leo y para llegar a vosotros, pero, por ejemplo, destacaría el uso de las cartas entre el profesor de geografía y su chica; a través de ellas la conoce, puede olerla, sentirla, imaginar qué es lo que pensaba en ese momento para llegar a la palabra precisa. Es algo que me parece muy hermoso, por eso atesoro todas las cartas y las postales que me han mandado, incluso aquellas que me mandaron personas con las que hoy en día ya no tengo relación; algunas, las más importantes para mí, sigo releyéndolas de cuando en cuando, como si fuera una forma de acercarme a ellos o a otro tiempo.
Me apetecía, de nuevo, girar el rumbo hacia un tipo de literatura totalmente contrapuesto a la anterior entrada, y, ¿qué hay más rompedor contra la moral previctoriana -aunque fuese descaradamente irónica- que lo erótico? Almudena Grandes es otra autora que conocí en un aeropuerto. No en persona, sino en literatura. Y me resultó tremendamente curiosa y, a la vez, fantástica por la forma que tiene de explicar esos pequeños detalles que rompen tabúes y que, a la vez, consiguen hacer que nuestra mente se relaje y se traslade a nuestras fantasías más ocultas y perversas, aunque no tengan nada que ver con las que se exponen en el libro. Y, al margen de lo sexual y erótico que rezuma por cada página de la novela, se encuentra la explicación de la espiral de placeres por la que se deja caer nuestra protagonista, un excelente tratado psicológico encubierto por el deseo que deja ver las carencias que llevan a nuestra Lulú adolescente a buscar aquello que no tiene en lo más rompedor que se le ocurre, el sexo. Como digo, la novela empieza con tabúes y a romperlos con la propia edad de la protagonista, una tierna jovenzuela de quince años que ya experimentado el dolor más grande de todos, la soledad y, ligada a esta, la necesidad de afecto. Es un punto importante, por lo menos bajo mi parecer, porque aunque se entregue a todas esas perversiones seguirá estando vacía y encontrando el sexo como una mera aceptación social, incapaz de amar completamente porque no sabe lo que es sentirse amada y, con cada cesión, va destruyéndose cada vez más. Pero sí que siente atracción, cada palabra buena es confundida con un sentimiento real y cae en el mito del amor, una mentira cada vez más grande que la lleva prácticamente a la locura y, por qué no decirlo, al desfase. Es un libro que seduce, no sólo por lo que narra, que está claro que a todos, en mayor o menor medida, nos atrae leer ciertas perversiones que no somos capaces de poner en práctica...o que ya hemos puesto en práctica pero que guardamos el silencio debido; seduce porque consigue poner en evidencia un problema bastante importante, del que casi todo el mundo adolece, la inseguridad y el desafecto. Me explico, porque así dicho parece que todos somos unos descastados. Lo que pienso cuando leo esta novela es la tremenda disfunción social de Lulú. Es rompedora, se entrega a todos los placeres -y ya imagino a muchos diciendo o pensando que qué suerte tiene de poder entregarse a ellos-, pero no siente nada aparte de un goce vacío que cada vez la hunde más. Os lo advierto, este libro no está hecho para mentes cerradas. Es tremendamente explícito. Y estoy segura de que muchos lo disfrutaréis si no pensáis más que en las narraciones y no advertís lo que creí advertir yo cuando lo leí por primera vez. La segunda vacié mi cabeza de prejuicios y me deleité.
He de haceros una confesión. Adoro absoluta e incondicionalmente al señor Darcy, tanto en lo que se refiere a literatura como a ficción cinematográfica, incluyendo las versiones en películas que no tienen mucho que ver con la trama de la novela que os traigo hoy. De hecho, creo que es el único personaje que me ha enamorado platónicamente en todo lo que llevo leído. Sé que no soy la única, pero ya lo he dicho. Ahora pasemos a lo que nos ocupa. Siempre bajo mi criterio, si en el siglo XIX hay un paradigma de romanticismo, ese era «Jane Eyre», y si lo hay de ironía, mordacidad y crítica social, es «Orgullo y prejuicio» de Jane Austen, una novelista inglesa que vivió los últimos estertores de una sociedad corrompida que había perdido ya todos los rasgos que hacían que fuese ensalzada, en la que el caos social era el que reinaba y se advertían los primeros repuntes de statu quo victoriano, perfeccionado, claro está, por la soberana que le da nombre. Es en este entorno en el que se sitúa la novela. Elizabeth Bennet, nuestra protagonista, tiene 21 años, una edad que la hace mayor en una sociedad donde jovencitas menores que ella ya están cargadas de niños, así que su familia, desesperadamente, decide casarla cuando llega a su entorno el señor Bingley, un joven adinerado y soltero, junto con su amigo, el señor Darcy. En un principio, Elizabeth y el señor Darcy adolecen de los dos «pecados» que dan nombre al libro, con una especie de resentimiento mutuo que les impide cualquier tipo de relación, incluso cordial, pero a medida que ambos maduran y que, ya se sabe, «los amores reñidos son los más sufridos», acaba surgiendo el amor incondicional que les une. Obviamente no es todo lo bonito que parece. Tras esta historia de amor que vemos en lo superficial, entre líneas encontramos la crítica social mencionada, que hace uso de las personas como si fuesen mercancía para lograr esta o aquella mejora, reflejada, a mi parecer, en la familia Bennet, que busca casar a sus hijas a cualquier precio y siempre con uniones ventajosas. Ya sabéis, si habéis repasado mi trayectoria de pseudocrítica literaria y ha coincidido que lo comenté, que las adaptaciones no suelen ser mis favoritas. Yo pienso que es prácticamente imposible -salvo notables excepciones, está claro- adaptar correctamente un libro a la pantalla, sea al cine o como serie, principalmente porque considero que la interpretación que hace cada uno del libro es personalísima y un director o guionista difícilmente puede entrar en todas las mentes para siquiera vislumbrar un collage de estas interpretaciones que se adecúe a todas ellas. Sin embargo, las adaptaciones, con mayor o menor fortuna, de esta fantástica novela me han gustado, y se han hecho muchas. Pasando de las que se ceñían a la historia desde una con zombies hasta otra de Bollywood. Esta última me pareció especialmente original y divertida, otra forma de ver la misma historia.
¿Recordáis a Geralt de Rivia? Pues bien, os lo traigo de vuelta con más aventuras fantásticas llenas de monstruos y criaturas mitológicas que hacen las delicias de cualquiera, por lo menos las mías. Andrzej Sapkowski sabe qué teclas pulsar para convertirme en una lectora voraz de sus obras. Esta vez es una bestia terrible la que amenaza la ciudad, y nuestro brujo tendrá que ir en su búsqueda, salvando sitios realmente insalubres para acabar con este hecho. Y, con ella, una cacería de dragones a la que acude sin quererlo prácticamente, serán las que nos adentren en la faceta de cazador de monstruos de este brujo de fantasía. Sin embargo, a pesar de que, bajo mi punto de vista, constituyen el eje central de la trama porque en realidad es una especie de justificación para mostrarnos este lado de matador y liberador, por decirlo de alguna manera, pienso que lo más importante es lo que se lee entre líneas. En realidad, el problema de la ciudad no es sólo la bestia, la causa de la cacería no es sólo el dragón, la dificultad vendrá cuando se vayan introduciendo más y más personajes, con sus características, con su psicología y sean más para repartir el botín. Es un poco como humanizar a seres que nada tienen que ver con los humanos, bajo el prisma de la fantasía. Me gusta mucho la forma en la que escribe este hombre. Aun sin ser el magnífico Terry Pratchett con su humor inigualable y su prosa aún más divertida, Sapkowski también nos regala ciertos toques de humor, ciertos momentos divertidos dentro del mundo cada vez más oscuro del brujo Geralt. Además, creo que la estructura en cuentos hace la lectura mucho más fácil, sobre todo de cara a una juventud e incluso a una infancia que poco a poco se va dejando atrás, y me explico. A pesar de que prácticamente sean capítulos, grosso modo y pensando en aquellos que no disfrutan plenamente de la lectura o apenas se están iniciando en ella, creo que siempre es más sencillo afrontar algo breve con un inicio y un final marcado, aunque dependa de un todo, que un capítulo que continúa, es algo inconsciente, inherente, supongo, a la condición de impaciente del ser humano.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, esto quiere decir que, si quieres, puedes usar el contenido del blog o fragmentos de las entradas, pero diciendo de dónde lo obtuviste, poniendo un enlace a mi sitio y siempre y cuando sea sin ánimo de lucro; tampoco podrás alterar el contenido para hacerlo pasar por tuyo.
El porqué de este lugar
Este blog comenzó el 4 de marzo de 2009 pretendiendo ser un lugar de fomento de la lectura, que tan olvidada se encuentra en muchos casos. Aquí hago, como me gusta llamarla, pseudocrítica literaria amateur. Comento los libros que más me han llamado la atención de entre todos los que me he leído, y son muchos. Sólo soy una filóloga en formación, en proceso, que pasa por una profundísima crisis existencial de la que espero reponerme más pronto que tarde. Yo, como bien decía Borges, siempre pensé que el paraíso sería una especie de biblioteca. Soy una bibliófila empedernida, y después de algunas personas y un gato un poco loco, los libros son lo más importante de mi vida. Con estas recomendaciones, que puede que no sean las mejores del mundo, pero que, al fin y al cabo, son mías, espero evolucionar poco a poco en mi forma de expresar lo que me inspiran estos libros y en la calidad de las pseudocríticas que hago. Mi intención no es otra que transmitir mi profundo amor por los libros y la literatura. Si con alguna de mis notas, como me gusta llamarlas, os pica la curiosidad y consigo que tengáis ese libro entre las manos y lo disfrutéis, puedo darme por satisfecha. Y, por cierto, si consideráis que algún comentario está fuera de lugar, que os ataca directamente o que, quizá, alguna imagen os pertenece, o no tiene por qué ser todo «malo», sino que queráis decirme algo y no queréis que se publique o similar, no tenéis más que escribirme a lacrimaeamoris@gmail.com y lo quitaré u os contestaré sin ningún problema. Gracias por venir. Sin más, bienvenidos a mi humilde biblioteca.