10 de septiembre de 2021

La canción del verdugo, Norman Mailer


Lo cierto es que hoy me apetece cambiar un poco de registro. 
Creo que han sido pocas las ocasiones en las que os he traído un ejemplo del periodismo literario, y, siendo como es el periodismo otra de mis vocaciones frustradas —sí que me inclinaba más hacia otras opciones, pero el periodismo en sí no me desagradaba; por lo menos uno que en mi cabeza concibo decente—, qué mejor que una novela ganadora y merecedora del prestigiosísimo Premio Pulitzer —aunque, recordad que no por ser clásico o por ganar premios un libro tiene que ser necesariamente bueno, su grandeza o su vileza están determinadas sólo por nosotros y la subjetividad con que los miramos— del autor norteamericano Norman Mailer
Esta pequeña joya periodístico-literaria es la crónica y biografía de Gary Gilmore, quien tuvo el dudoso honor de ser la primera persona ejecutada legalmente en los Estados Unidos sin oponerse ni recurrir después de la restitución de esta condena infame que, a pesar de que en muchas ocasiones y apelando al instinto la imposición está relativamente aceptada, en caso de inocencia, y ahí radica su ineficacia, es imposible de subsanar. 
La historia comienza relatando su libertad condicional, nos lo muestra como lo que es, un inadaptado social —¿su culpa o la del sistema?— que ha pasado media vida en la cárcel y que lo único que puede caracterizarle acaso como humano es la relación que mantiene con su novia y los intentos, fallidos, cosa obvia dado el fin que se nos presenta, de reinsertarse en la sociedad. 
Cualquier situación acometida para convertirse en parte del engranaje se ve frustrado por sus malos hábitos, comienza con hurtos y acaba con el homicidio, y este será el principio del fin. 
Junto con su vida, lo que encontramos es una mordaz crítica a un país joven poblado con los descendientes de la más baja estofa del viejo mundo que domina ahora desde una posición hegemónica, un país que, con un sistema judicial que no siempre es como debería esperarse consigue imponerse sobre inocentes y culpables y la hipocresía propia del puritanismo más extremo y de quien tiene mucho que callar pero que prefiere hablar del entorno. 
Mailer consigue que, a pesar de los hechos, nos compadezcamos en cierto modo de Gary con los detalles dados, todos los pequeños matices que muestra y los resquicios de humanidad que quedan en él cuando ama a Nicole. 
Después del ajusticiamiento, vuelve la crítica, pero esta vez critica al capitalismo más cruento y despiadado, reflejado en los medios de comunicación que buscan la carroña de quien ha decidido no defenderse para, en última instancia, humillar al poderosísimo sistema judicial americano y que acaba siendo el colchón en el que reposarán sus familiares. 
Si os la he traído es porque me parece que es un ejemplo cercano. Cada día vemos muestras más salvajes de esto que nos refleja Mailer en su novela. 
En cualquier medio de comunicación podemos observar que quien manda no es el más apto, sino aquél que sabe vender mejor su historia y sacarle más partido, y un día la cuerda dejará de tensarse y acabará por romperse. 

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