4 de enero de 2019

Persépolis, Marjane Satrapi


No sé si alguna vez lo he mencionado —pero desde luego sí sé que quería hacerlo— pero escribir este blog me da la oportunidad de descubriros —y descubrirme— nuevas lecturas, nuevos mundos en los que sumergirme. 
Y en una época en la que por suerte poco a poco vamos abriendo nuestras mentes para abandonar clichés manidos por el tiempo tengo la oportunidad de tocar en este pequeño anaquel que voy reconstruyendo poco a poco todos los géneros y todos los tipos de literatura escrita por mujeres que se me ocurriesen alejados de lo típico de mazapanear y tener sexo sin fin con el caballerizo de la hacienda de turno, y no me malinterpretéis, eso también está bien y es lícito disfrutarlo, lo que me escama es que hubo un tiempo en el que la literatura escrita por y para mujeres se centraba simplemente en variaciones de lo que os he contado arriba.
Así que no podía faltar entre mi selección una novela gráfica, una de las que me han resultado más emotivas por la carga autobiográfica que contiene. 
Este cómic de Marjane Satrapi quizá sea uno de los más representativos, no solo por su contenido, sino porque creo que es uno de los trazos más sinceros que he encontrado últimamente en este género.
La vida de Marjane fue fácil en algún momento. Su familia era progresista y además acomodada, eran los descendientes de la anterior dinastía reinante en Irán derrocados por el Shah, y en 1979, con diez años, se produce una revolución con la que, en principio, su familia simpatiza y que luego se convierte en la vuelta a un fanatismo religioso que va minando su país. 
Por este progresismo mencionado Marjane fue criada en un sentido occidental, y en vista de la actitud del nuevo régimen con sus detractores la envían a Europa a estudiar; sin embargo la vuelta no será tan fácil ya que la creen «contaminada» pues está educada en un mundo en el que la mujer es libre en comparación con la mujer iraní postrevolución, y es una especie de flor en un campo de hierbas, extraña y propia al mismo tiempo. 
Imagino el revulsivo que tuvo que suponer este cómic para cualquier tipo de sociedad cuando apareció.
Para la suya por las reivindicaciones, por las comparaciones que hace de la talla del mismísimo dios comparándolo con Marx, porque quiere parecerse a Mahoma y a Jesús y ser profeta en su tierra, porque bajo su pañuelo su sudadera afirma que el punk no ha muerto y porque su abuela, a pesar de todas las restricciones sigue siendo libre, porque había escogido su enclaustramiento. Para la sociedad ajena presentaba un mundo lejano que en nada se parecía al propio, exótico y distante, que no sabía que alguien se podía rebelar silenciosamente pero al mismo tiempo a gritos. 
Es imposible que con el libro que os traigo hoy sea parcial. 
Como os digo más arriba no deja de ser la vivencia de esta mujer cuando era niña, las vicisitudes por las que tuvo que pasar para llegar a Francia donde ahora reside y, por tanto, la historia la cuenta a su manera. Igualmente es innegable que la revolución benefició a muchos y que no todos eran beneficiados por causas políticas; las envidias también supusieron un empuje importante para la caída del Imperio iraní, y al final se les fue de las manos y se convirtió en algo que quizá no deseaban. 
Sin embargo y a pesar de todo lo que relata a mí me parece que lo hace con cierta añoranza, como si todo lo vivido no hubiese contado y si las cosas cambiaran pudiera volver. 

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